18/05/2025
El proceso de creación de un libro a menudo es un viaje planificado, con esquemas, borradores y revisiones meticulosas. Sin embargo, en ocasiones, las obras más impactantes nacen de la necesidad más íntima y urgente. Este es precisamente el caso de 'Yo nena, yo princesa', el conmovedor relato de Gabriela Mansilla sobre la vida de su hija Luana, la primera niña trans en Argentina, y en el mundo, en obtener un DNI acorde a su identidad de género sin una sentencia judicial que lo ordenara. Lo que comenzó como una serie de anotaciones personales en cuadernos espiralados, lejos de cualquier intención de publicación, se transformó en un faro de esperanza y una herramienta fundamental para muchas familias.

El Origen: Un Diario Íntimo para no Olvidar
En 2011, Gabriela Mansilla inició un hábito que cambiaría el rumbo de su vida y la de muchas otras personas: escribir. Sus primeros cuadernos, de tapa blanda y espiralados, no tenían el propósito de convertirse en un libro para el público. Eran, en esencia, un diario personal, un registro meticuloso de la increíble transformación que su hijo Manuel estaba experimentando al convertirse en Luana. Cada palabra, cada gesto, cada diálogo de la pequeña era anotado con precisión. La principal razón de este registro era poder transmitir toda la información detallada a la psicóloga que acompañaba a la familia en las sesiones de los sábados. Gabriela necesitaba recordar cada matiz, cada expresión de Luana para asegurar que el apoyo profesional fuera lo más ajustado posible a la realidad de su hija.
Con el tiempo, la escritura trascendió su función inicial de mero registro. Se convirtió en un refugio, un espacio de desahogo y una compañía constante para Gabriela. Lo que en un principio era una necesidad pragmática, se transformó en una costumbre arraigada. En lugar de guardar sus sentimientos y preocupaciones para las sesiones de terapia, comenzó a plasmarlos en las páginas de sus cuadernos. Este acto de volcar sus emociones y vivencias diarias le proporcionó un alivio inmenso, permitiéndole procesar la compleja realidad que enfrentaba su familia. Así, de manera orgánica y sin un plan editorial preconcebido, fue tomando forma el borrador de lo que eventualmente se convertiría en 'Yo nena, yo princesa. Luana, la niña que eligió su propio nombre'. Era un testimonio crudo y honesto, escrito en primera persona y dirigido, en su esencia más pura, a su propia hija Luana, como una carta de amor y fortaleza para el futuro.
De Notas Personales a un Coro de Voces
La gestación del libro no se limitó únicamente a las vivencias y reflexiones de Gabriela. La idea de incluir otras voces surgió de una conversación particularmente emotiva con su madre, María Esther, la abuela de Luana. María Esther, una empleada doméstica de 64 años, expresó una preocupación profunda y universal: el miedo de que Luana sufriera en la adolescencia, de no estar allí para abrazarla y apoyarla cuando más lo necesitara. Esta inquietud, compartida por toda la familia, encendió una chispa en Gabriela. Le sugirió a su madre que le escribiera una carta a Luana, un mensaje de amor y apoyo que perdurara en el tiempo.
La iniciativa fue contagiosa. Hermanas, hermanos y amigos cercanos de Gabriela se sumaron a la propuesta, redactando sus propias cartas dirigidas a Luana. Estos mensajes, llenos de cariño y esperanza, fueron inicialmente adjuntados con un clip a los cuadernos de Gabriela. La intención era clara: que Luana supiera, a través de las palabras de quienes la amaban y aceptaban, cuánto habían luchado por ella y cuánto significaba para ellos. Gabriela era consciente de que, a pesar de todos los esfuerzos por allanar el camino de su hija, Luana inevitablemente enfrentaría desafíos y discriminación en una sociedad que aún no estaba completamente preparada para la diversidad. 'Por lo menos hasta los 18 años no va a tener el cuerpo que desea. Y va a tener conflictos, alguien la va a despreciar, alguien la va a discriminar, y algo le va a pasar. Estoy segura. Entonces quería dejarle algo', reflexionó Gabriela. La inclusión de estas cartas no solo enriqueció el contenido del borrador, sino que también transformó la narrativa de un diario individual a un testimonio colectivo de amor y aceptación.
Un detalle particularmente conmovedor fue la solicitud de Gabriela a la madre de la 'otra Luana', la niña del jardín de infantes por la que su hija eligió su nombre. Gabriela quería conocer su perspectiva, su sentir ante el hecho de que su propio hijo se identificara con el nombre de su hija. La respuesta fue una aceptación total y una amistad sincera, lo que demostró el poder de la comprensión y el respeto. Esta diversidad de voces y perspectivas añadió una capa de autenticidad y universalidad al relato, mostrando cómo el amor y el apoyo pueden trascender las expectativas sociales.
El Catalizador: La Necesidad de Compartir para Iluminar
Aunque Gabriela había estado escribiendo durante años, la idea de publicar el material no había sido su prioridad. Para ella, los cuadernos eran un legado privado para Luana. Sin embargo, el evento que precipitó la decisión de convertir sus notas en un libro público fue la lucha por el DNI de Luana. Cuando la noticia de que Luana se había convertido en la primera niña trans en obtener un documento de identidad acorde a su género sin necesidad de una orden judicial se hizo global, muchas personas comenzaron a sugerirle a Gabriela que escribiera un libro. Su respuesta inicial era siempre la misma: 'Es que yo ya escribí, para ella'.
El verdadero punto de inflexión llegó al recordar un documental de National Geographic que había visto en televisión. Ese documental fue clave para que Gabriela comprendiera lo que le estaba sucediendo a su hijo. 'Si yo no lo hubiera visto, no hubiera sabido que era una nena trans', se dijo. Esta revelación fue contundente: si su propia experiencia podía ayudar a una sola familia a entender y acompañar a un hijo o hija trans, entonces tenía la obligación de compartirla. La visibilidad se convirtió en un motor. 'Cuanto más se hable del tema, cuantos más chicos trans haya, cuanto más natural se haga el tema, mi nena va a tener una vida más tranquila', razonó Gabriela. La publicación del libro se transformó así en un acto de militancia, una forma de abrir corazones y mentes, de desterrar prejuicios y de allanar el camino para futuras generaciones de niños y niñas trans.
El Proceso de Publicación y su Propósito Transformador
Una vez tomada la decisión de publicar, el proceso fue sorprendentemente rápido. Gabriela pasó sus cuadernos en limpio en tan solo un mes, entre el 27 de octubre y el 28 de noviembre. La psicóloga Valeria Paván, quien acompañaba a la familia desde la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y el Centro de Salud Mental Cooperativo Ático, supervisó la tarea y fue quien hizo el contacto con la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Pablo Bonaldi, secretario de Investigación de la UNGS, quedó tan conmovido con el manuscrito que lo devoró en una noche y se convenció de que la Universidad debía publicarlo.
Gabriela Mansilla, una mujer que vive en el oeste del conurbano bonaerense y hace malabares para llegar a fin de mes vendiendo comida, dejó claro que la publicación del libro no tenía fines de lucro. 'Esto no es para hacer plata', afirmó, subrayando su compromiso con la causa. Su motivación era puramente altruista: 'Sentí que tenía la obligación de hacer algo. El tema ya está expuesto. Ahora que se conozca de otra manera', reafirmó. La UNGS, al publicar el libro, no solo respaldó una historia conmovedora, sino que también contribuyó a la difusión de un mensaje crucial sobre la identidad de género en la infancia. El lanzamiento oficial en la Feria del Libro, con la presencia de importantes figuras de la CHA y profesionales de la salud mental, así como la maestra de Luana y la directora de su escuela, fue un evento que simbolizó la importancia y el impacto que la historia de Luana ya estaba generando.

Contenidos Cruciales y Mensajes Empoderadores
'Yo nena, yo princesa' es mucho más que un relato autobiográfico; es una herramienta multifacética pensada para educar y apoyar. Gabriela Mansilla se aseguró de que el libro incluyera varios elementos clave que lo hacen invaluable:
- La Voz Auténtica de Luana: El libro incorpora diálogos textuales de Luana y, fundamentalmente, sus dibujos. Gabriela insistió en la inclusión de los dibujos de su hija no solo para mostrar cómo se expresa un niño a la edad de tres años, sino también como un mensaje directo a docentes de jardín de infantes y psicólogos infantiles. Su objetivo era sensibilizar sobre la importancia de prestar atención a las señales no verbales de los niños. 'Hay chicos trans que lo pueden hablar y otros que no, que lo expresan con otras cosas del cuerpo, que no pueden dormir. Cuando un nene es abusado lo hacen dibujar, jugar con muñecos... Si una maestra de jardín de infantes ve que un chico de tres años dibuja durante todo un año muñecas, nenas y princesas rosas como puede, porque hace garabatos, algo está pasando', cuestiona Mansilla. Denuncia cómo muchos profesionales y educadores hicieron 'oídos sordos' a las claras expresiones de Luana, incluso tirando sus dibujos. Esta sección es un llamado de atención urgente para reconocer y validar la identidad de género desde la primera infancia.
- Datos y Herramientas Prácticas: Pensando en las familias que pudieran estar atravesando una situación similar, Gabriela se puso 'en la piel de la madre' y decidió incluir una pila de datos y herramientas prácticas. El libro contiene información sobre a quién consultar, incluyendo el correo electrónico de Gabriela, el del Área de Salud de la CHA y el de Atico-Cooperativa. Esta sección es crucial, ya que ofrece un camino claro y accesible para aquellos que se sienten desorientados y solos, proporcionando recursos concretos para la contención y el acompañamiento profesional.
- El Sueño de una Fundación: A lo largo del libro y en sus declaraciones, Gabriela Mansilla expresa su profundo deseo de crear una fundación. Su visión es que esta organización ofrezca apoyo integral a las familias de niños y niñas trans, con psicólogos, psiquiatras y otros profesionales que brinden contención y un mensaje claro: 'Que te diga que tu hijo no es defectuoso, no es un monstruo, es una nena'. Este sueño subraya el compromiso de Gabriela de transformar su experiencia personal en una estructura de apoyo duradera para la comunidad.
La Emoción Cruda y el Legado de Luana
Releer su propio libro es para Gabriela un acto de profunda emoción. Lo hace mientras prepara las empanadas que vende para subsistir, y cada página la retrotrae al dolor y la lucha de tantos días. 'Hay momentos en que voy para adelante y encaro un tren, y hay momentos en que quiero que la tierra me trague', confiesa. El libro no es una obra de ficción; es la vida real de su hija, un testimonio del sufrimiento y la perseverancia. De sus 250 páginas, solo una relata la felicidad de la entrega del DNI; las demás son el reflejo de seis años de una batalla constante.
La historia de Luana Mansilla, la niña que eligió su propio nombre, se ha convertido en un símbolo de la lucha por la identidad de género. Nacida como varón en 2007 y llamada Manuel, Luana comenzó a manifestar su identidad femenina desde los dos años. Su persistente disconformidad con ser tratada como varón, su elección de llamarse Luana, y la posterior lucha de su madre por el reconocimiento legal de su identidad, marcaron un hito. Después de enfrentar la incomprensión de algunos profesionales y la expulsión de su primer jardín de infantes, la familia encontró apoyo en la psicóloga Valeria Paván de la CHA. A pesar de la Ley de Identidad de Género sancionada en 2012, la justicia inicialmente negó el DNI a Luana, argumentando su corta edad. Fue la intervención directa de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2013 la que dejó sin efecto la decisión judicial, permitiendo que Luana obtuviera su nuevo documento. De este modo, Luana Mansilla se convirtió en la pionera mundial en ser reconocida por el Estado con su identidad de género autopercibida sin necesidad de una sentencia judicial que lo ordenara, un logro que resalta la importancia de la ley y el coraje de su familia. Esta historia, plasmada en el libro, no solo cuenta la vida de Luana, sino que también es un reflejo de la evolución social y legal en materia de derechos trans.
Preguntas Frecuentes sobre 'Yo nena, yo princesa' y la Historia de Luana
¿Quién es Luana Mansilla?
Luana Mansilla es la protagonista del libro 'Yo nena, yo princesa'. Nació en 2007 y fue asignada con el género masculino al nacer, siendo llamada Manuel. Sin embargo, desde los dos años de edad, Luana se identificó consistentemente como una niña. Su historia es significativa porque, gracias a la lucha de su madre, Gabriela Mansilla, se convirtió en 2013 en la primera niña trans del mundo en obtener un Documento Nacional de Identidad (DNI) acorde a su identidad de género autopercibida sin que fuera necesaria una sentencia judicial que lo ordenara. Su caso visibilizó la necesidad de respetar la identidad de género desde la infancia y fue un catalizador para la aplicación de la Ley de Identidad de Género en Argentina.
¿Qué es la Ley de Identidad de Género en Argentina y cómo se relaciona con Luana?
La Ley de Identidad de Género (Ley N° 26.743) fue sancionada en Argentina en 2012. Esta ley es pionera a nivel mundial porque permite que las personas puedan registrar su identidad de género autopercibida en su DNI sin necesidad de trámites judiciales, cirugías o tratamientos hormonales. En el caso de Luana Mansilla, aunque la ley ya existía, la justicia inicialmente denegó su pedido de DNI argumentando su corta edad. Sin embargo, la intervención directa de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dejó sin efecto esa decisión judicial, permitiendo que Luana obtuviera su DNI femenino. Esto convirtió a Luana en un símbolo de la aplicación de esta ley y demostró la importancia de reconocer la identidad de género desde la infancia.
¿Cómo se convirtió Luana en la primera niña trans con DNI sin sentencia judicial?
La historia de Luana es única debido a que, a pesar de que la Ley de Identidad de Género permitía el cambio de género en el DNI, los tribunales argentinos inicialmente rechazaron el pedido de Luana y sus padres, alegando que era 'demasiado joven' (cinco años en ese momento) y que debía esperar hasta los ocho. Ante esta negativa judicial, Gabriela Mansilla apeló directamente a la entonces presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. La presidenta, haciendo uso de sus facultades y en cumplimiento del espíritu de la ley, dejó sin efecto la resolución judicial y ordenó la emisión del nuevo DNI de Luana con su nombre y género femenino autopercibido. Esta decisión histórica estableció un precedente global y reafirmó el derecho a la identidad de género desde la infancia.
¿Cuál es el mensaje principal que Gabriela Mansilla busca transmitir con el libro?
Gabriela Mansilla busca transmitir varios mensajes fundamentales a través de 'Yo nena, yo princesa'. Principalmente, desea educar y concientizar sobre la realidad de los niños y niñas trans, destacando la importancia de la escucha, la aceptación y el acompañamiento familiar y social desde la primera infancia. Anhela que su historia sirva como una guía para otras familias que atraviesan situaciones similares, ofreciéndoles recursos y herramientas para que no se sientan solas. Además, el libro es un llamado de atención a docentes y profesionales de la salud mental para que estén atentos a las señales de identidad de género en la infancia y actúen con empatía y conocimiento, evitando la discriminación y el sufrimiento innecesario.
¿Ha sido adaptado el libro 'Yo nena, yo princesa' a otros formatos?
Sí, la conmovedora historia de Luana Mansilla y el libro 'Yo nena, yo princesa' trascendieron las páginas para llegar a la pantalla grande. En 2021, la historia fue adaptada al cine con una película del mismo nombre, 'Yo nena, yo princesa'. La película fue dirigida por Federico Palazzo y protagonizada por Eleonora Wexler y Juan Palomino. Fue exhibida internacionalmente por el canal de cable Star+, lo que permitió que la historia de Luana y el mensaje de su madre alcanzaran una audiencia aún más amplia, contribuyendo a la visibilidad y el entendimiento de las infancias trans a nivel global.
En definitiva, 'Yo nena, yo princesa' no es solo un libro; es un testimonio de amor incondicional, una guía práctica y un grito de esperanza. La pluma de Gabriela Mansilla, inicialmente un desahogo personal, se convirtió en una poderosa herramienta de cambio social. Con las últimas palabras de su libro, un deseo a las hadas para su 'Luleta', Gabriela resume la esencia de su lucha: 'Deseo que seas feliz, que lo sigas intentando, que nunca te rindas, que jamás des un paso atrás, que logres ser fuerte, que te sientas libre, que te quieras mucho y que sigas siendo un ser tan lleno de luz porque el camino es oscuro y sos vos quien lo va a iluminar'. Un legado de luz para un camino que recién comienza a desandar la sociedad.
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