¿Qué es la metodología cualitativa para la lectura y el análisis de los paisajes en México?

Explorando el Paisaje Mexicano: Métodos Cualitativos

30/04/2026

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El paisaje, más allá de ser una mera postal visual, es un lienzo dinámico donde se entrelazan la naturaleza, la cultura y la historia humana. En México, un país de vastas y diversas geografías, comprender sus paisajes requiere de herramientas analíticas que permitan ir más allá de lo evidente. El libro “El paisaje: reflexiones y métodos de análisis”, coordinado por Martín M. Checa-Artasu y Pere Sunyer Martín, y editado en 2017 por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Ediciones del Lirio, emerge como una obra fundamental para adentrarse en esta compleja tarea. Este texto no solo es un referente académico, sino una invitación a “aprender a mirar” el entorno, a sensibilizarnos y a comprender las intrincadas relaciones que modelan nuestros territorios.

¿Qué pretenden los autores para la defensa activa de paisaje?
Los autores pretenden incentivar e interesar al lector para que tome parte en la defensa activa de paisaje. Existe un capítulo de la II Parte de documento disponible en formato pdf Disponibilidad: Centro de Documentación del CENEAM.

La obra, estructurada en 11 capítulos distribuidos en tres secciones —Reflexiones en torno al paisaje; Métodos para el estudio y análisis del paisaje; y El paisaje como instrumento para el estudio del territorio—, ofrece una perspectiva integral y multidisciplinaria. Su riqueza radica en la presentación de tres enfoques distintos pero complementarios para abordar el análisis del paisaje, invitando al lector a retomar el trabajo de campo y a desarrollar una profunda sensibilidad hacia lo que acontece en nuestras regiones. A continuación, exploraremos en detalle la metodología cualitativa para la lectura y el análisis de los paisajes en México, así como otras valiosas aportaciones del libro.

Índice de Contenido

El Paisaje como Instrumento para el Análisis Geográfico y Educativo

Uno de los ejes centrales del libro es el potencial educativo y formativo del paisaje. Pere Sunyer, en su capítulo “Trabajo de campo, paisaje y enseñanza de la geografía en la universidad: una propuesta desde el constructivismo”, resalta cómo el estudio del paisaje puede sensibilizar a estudiantes de todos los niveles sobre problemas ambientales y sociales. Más allá de la conciencia, contribuye a formar profesionales con habilidades críticas para investigar, diagnosticar y tomar decisiones. Sunyer subraya la desconexión de las nuevas generaciones con su entorno rural-productivo y ambiental, y propone la lectura del paisaje como un método fructífero que combina actividades de gabinete, excursiones de campo, dibujos, fotografías y entrevistas.

Aprender a “ver el paisaje” permite a niños y jóvenes comprender sus componentes, interrelaciones, procesos, dinámicas y los efectos negativos, así como las formas de prevención. Esta experiencia fomenta un aprendizaje significativo, desarrollando la capacidad de “vivir en el mundo, no en nosotros mismos”. El paisaje, entonces, trasciende su definición como mero objeto de estudio para el geógrafo; se convierte en un medio poderoso para aproximarse y comprender la relación entre las sociedades humanas y el medio ambiente, llevando a una profunda conciencia sobre nuestra huella en el territorio.

Complementando esta visión, Manuel Bollo Manent, en “La geografía del paisaje y la geoecología: teoría y enfoques”, traza la evolución del concepto de paisaje en la geografía, desde sus raíces eminentemente físicas en las escuelas rusa, alemana, francesa y norteamericana, hasta su concepción actual como un concepto integrador, complejo y jerarquizado. El paisaje, según esta perspectiva, está conformado no solo por componentes observables (geológicos, geomorfológicos, climáticos, biológicos), sino también por flujos de materia y energía, y por las ineludibles relaciones sociales que lo modifican. Esta visión es crucial en el contexto actual del cambio climático, ya que facilita la identificación de medidas de adaptación y mitigación. La obra enfatiza que el paisaje posee un inmenso valor educativo y formativo, enseñando a observar, a relacionar y a comprender sus potencialidades, sus efectos y las complejas relaciones socio-ambientales que lo definen. La habilidad de aprender a mirar es, sin duda, la primera gran lección.

La Metodología Cualitativa para la Lectura y el Análisis de los Paisajes en México

El corazón de la pregunta que nos convoca reside en el capítulo de Virginie Thiébaut, “Una metodología cualitativa para la lectura y el análisis de los paisajes en México”. La autora presenta un método detallado para la lectura de paisajes culturales rurales, ilustrándolo con ejemplos concretos en Michoacán y Veracruz. Su propuesta parte de una premisa fundamental: el paisaje es una construcción social y cultural, cuya percepción está intrínsecamente ligada a los códigos culturales, las prácticas colectivas, las historias locales y los valores estéticos de quienes lo habitan o lo observan.

Fases de la Metodología de Thiébaut:

  1. Observación del Paisaje en Distintas Escalas: El primer paso es “aprender a mirar” el paisaje de manera sistemática. Esto implica definir y delimitar grandes unidades de paisaje, reconociendo las diferencias morfológicas visibles, los usos del suelo, la estructura parcelaria, la vegetación y la organización de los espacios según su función dominante (agrícola, ganadera, forestal, urbana, industrial, entre otras). Esta observación inicial permite una comprensión macro de la configuración territorial.
  2. Análisis Fino y Generación de Preguntas de Investigación: A partir de la observación general, se generan preguntas de investigación que orientan un cambio de escala hacia un análisis más detallado. Aquí, el investigador se adentra en los elementos individuales, tanto los comunes como los excepcionales. Se camina el terreno observado, se identifican las organizaciones productivas y espaciales, y se toman notas exhaustivas, fotografías, croquis y diagramas. El objetivo es delimitar unidades homogéneas y generar una representación de la diversidad y riqueza de la organización territorial.
  3. Reconstrucción de Paisajes Pasados: Para comprender la evolución del paisaje, es esencial reconstruir sus configuraciones anteriores. Esto se logra mediante la consulta de archivos y documentos históricos, pero, crucialmente, también a través de entrevistas con ancianos y otras personas con información fidedigna. Las observaciones en campo son vitales para identificar rasgos de actividades ya desaparecidas, como el ilustrativo ejemplo de las ruinas de una exhacienda dedicada al cultivo y elaboración del añil, que revelan capas de historia y uso del suelo.
  4. Análisis de la Percepción Actual del Paisaje: Esta fase se enfoca en cómo la población actual vive y percibe su propio paisaje. Thiébaut sugiere identificar informantes clave y realizar entrevistas semiestructuradas con preguntas abiertas. En el estudio de las culturas locales, el territorio y los paisajes son elementos centrales que otorgan sentido de pertenencia e identidad a los grupos sociales. La autora enfatiza que “Los paisajes no son solamente una realidad física, sino una construcción social, cargada de valores culturales y de significados”. Por ello, insiste en la necesidad de que el investigador entienda la lógica territorial del grupo estudiado, poniéndose “en los zapatos del otro” para comprender su vivencia del paisaje.

La metodología propuesta por Thiébaut se caracteriza por su flexibilidad, haciendo uso de diferentes métodos, distintas escalas y múltiples fuentes de información. Sin embargo, su éxito radica en una condición esencial: que “el estudioso del paisaje aprende a mirar, y aprende a escuchar al entrevistado”. Esta doble habilidad es la clave para desentrañar la complejidad de los paisajes culturales.

Otros Enfoques Cualitativos: La Visión de Brigitte Boehm

José de Jesús Hernández López, en un capítulo igualmente revelador, presenta “La metodología boehmiana de la lectura del paisaje cultural: una propuesta interdisciplinaria”, que explora el pensamiento de la etnohistoriadora y antropóloga Brigitte Boehm. Boehm, quien supo conjugar su formación marxista con la ecología cultural de Julian Steward, concebía los paisajes no como meramente estéticos o armónicos, sino como reflejos de procesos socioculturales particulares, intrínsecamente ligados a tecnologías, patrones de conducta y relaciones de poder. Para ella, el paisaje era una herramienta analítica para responder a una pregunta generadora: ¿A través del análisis de un paisaje pueden leerse las relaciones de poder, así como las características de los procesos adaptativos?

Su metodología constaba de tres pasos:

  1. Identificar los artificios: Reconocer las huellas que dejan en un paisaje intervenido (no prístino), lo que implicaba una intensa labor de campo: caminar, observar, fotografiar, entrevistar y visitar frecuentemente a los informantes.
  2. Reconocer a los artífices: Identificar a quienes crearon esas huellas, sus patrones de uso y manejo de los recursos, las tecnologías empleadas, la organización social y la división del trabajo, siempre incorporando una dimensión temporal o diacrónica.
  3. Identificar las motivaciones o intenciones: Desentrañar los patrones de conducta y, crucialmente, las relaciones de poder que subyacen a la transformación del paisaje.

En palabras de Boehm, citada por Hernández López, “los paisajes no eran naturales, ni prístinos, tampoco eran inocuos, sino que están atravesados por relaciones de poder”. Sus estudios sobre el manejo del agua en el lago de Chapala, donde desarrolló esta metodología, se enfocaron en analizar los procesos de cambio en las sociedades a partir del aprovechamiento de determinados recursos naturales y sociales.

Tabla Comparativa: Enfoques Metodológicos del Paisaje

EnfoqueAutor/PerspectivaObjetivo PrincipalCaracterísticas Clave
Análisis GeográficoPere Sunyer, Manuel Bollo ManentEducación y comprensión del funcionamiento del paisaje y relaciones socio-ambientales.Sensibilización, formación de profesionales, conjuga gabinete y campo, evolución del concepto de físico a integrador (componentes observables, flujos, relaciones sociales). Énfasis en la observación y comprensión.
Análisis Socio-AmbientalVirginie ThiébautLeer paisajes culturales rurales, comprender su construcción social y cultural.Observación multiescala, delimitación de unidades, análisis fino de elementos, reconstrucción histórica (archivos, entrevistas), análisis de percepción actual (entrevistas semiestructuradas). Énfasis en la percepción y contexto cultural.
Análisis de PoderBrigitte Boehm (vía J. Hernández López)Leer relaciones de poder y procesos adaptativos en paisajes intervenidos.Identificación de artificios (huellas), reconocimiento de artífices (uso de recursos, tecnología, organización social, dimensión diacrónica), identificación de motivaciones/intenciones (conducta, poder). Paisajes como reflejo de poder.

El Paisaje como Entidad de Acción Colectiva y Defensa del Territorio

El libro no se limita al análisis metodológico; profundiza en la dimensión política y social del paisaje. Martin Checa-Artasu, en su capítulo “En defensa del derecho al paisaje, algunos ejemplos en México”, aborda la polémica cuestión de si existe un “derecho al paisaje” en América Latina, un debate que en Europa fue resuelto afirmativamente con el Convenio Europeo del Paisaje (Florencia, Italia, 2000). Aunque en México esta discusión es incipiente, con algunos gremios profesionales impulsando documentos jurídicos, la pregunta subyacente es compleja y revela fuertes diferencias entre grupos sociales e intereses económicos.

El debate radica en la confrontación entre el interés privado y la cultura local, el bien común colectivo y el disfrute público. Se trata de una tensión entre derechos individuales y derechos colectivos, el derecho a la propiedad frente al bien común, lo que incide directamente en la construcción política de un territorio y su sociedad. Checa-Artasu ejemplifica estas confrontaciones con dos casos paradigmáticos: el Cerro de la Bufa en Guanajuato, donde el paisaje natural se fusiona con tradiciones culturales, y los viñedos en Ensenada, Baja California. En ambos escenarios, la movilización popular generó procesos colectivos de diálogo y revisión de reglamentos, logrando el reconocimiento y la protección formal de estos paisajes para la sociedad local. Estos ejemplos demuestran el poder de la acción colectiva en la defensa del paisaje.

¿Qué es la metodología cualitativa para la lectura y el análisis de los paisajes en México?
Virginie Thiébaut, en “Una metodología cualitativa para la lectura y el análisis de los paisajes en México”, describe en detalle un método para leer los paisajes culturales rurales, a través de dos ejemplos en Michoacán y en Veracruz.

Complementando esta perspectiva, Carlos Rodríguez-Wallenius, en “Geopolítica local y paisaje: la defensa comunitaria del territorio”, describe, a través de un enfoque de análisis geopolítico local, la confrontación de dos formas de apropiación del espacio. Por un lado, los pueblos rurales con sus tradiciones, formas de vida y cultura, que han generado un paisaje campesino; por el otro, las corporaciones empresariales y el gobierno, para quienes el territorio es un mero instrumento o fuente de materiales para producir plusvalía. Esta confrontación, explica Rodríguez-Wallenius, genera un “paisaje del despojo” con serios problemas ambientales indelebles, donde un paisaje cultural campesino lucha por perdurar contra el poder de economías transnacionales. La defensa del paisaje se convierte, entonces, en una lucha por la supervivencia cultural y ambiental.

Preguntas Frecuentes sobre el Análisis del Paisaje

¿Qué se entiende por paisaje “antropizado” en el contexto del libro?

Un paisaje antropizado es aquel que ha sido significativamente modificado, modelado o influenciado por la actividad humana a lo largo del tiempo. A diferencia de un paisaje prístino o natural, el antropizado refleja la interacción constante entre las sociedades y su entorno, incorporando elementos culturales, históricos y productivos. El libro enfatiza que la mayoría de los paisajes en México, especialmente los rurales, son antropizados y, por lo tanto, portadores de un profundo significado cultural y social.

¿Por qué es importante estudiar la percepción del paisaje?

Estudiar la percepción del paisaje es crucial porque el paisaje no es solo una realidad física, sino una construcción social y cultural. La forma en que una comunidad percibe su entorno está ligada a sus valores, prácticas, historias y sentido de identidad. Comprender estas percepciones permite al investigador entender la lógica territorial de los grupos humanos, sus apegos, conflictos y cómo se relacionan con su espacio, lo cual es fundamental para cualquier intervención o política territorial.

¿Qué papel juegan las relaciones de poder en la conformación del paisaje?

Según la perspectiva de Brigitte Boehm, las relaciones de poder son un factor determinante en la conformación del paisaje. Lejos de ser neutrales o armónicos, los paisajes reflejan quién tiene el control sobre los recursos, la tierra y las decisiones de uso del suelo. Esto se manifiesta en la infraestructura, los patrones de producción, la distribución de la riqueza y las transformaciones ambientales. El “paisaje del despojo” es un claro ejemplo de cómo el poder económico puede alterar drásticamente un territorio, socavando identidades y tradiciones locales.

¿Cómo puede el estudio del paisaje contribuir a la educación?

El estudio del paisaje es una herramienta pedagógica poderosa. Permite a los estudiantes de todos los niveles educativos desarrollar una visión integral de su entorno, conectando disciplinas como la geografía, la historia, la sociología y la ecología. Al aprender a observar y analizar los componentes y procesos del paisaje, los estudiantes no solo adquieren conocimientos, sino que desarrollan habilidades críticas, conciencia ambiental y social, y un sentido de responsabilidad hacia su territorio, formándolos como ciudadanos y profesionales más conscientes.

¿Es el “derecho al paisaje” un concepto reconocido en México?

Aunque el Convenio Europeo del Paisaje ha formalizado el “derecho al paisaje” en Europa, en México, como en gran parte de América Latina, esta discusión es aún incipiente. Si bien existen esfuerzos por parte de gremios profesionales para influir en definiciones jurídicas, el concepto formalmente no está ampliamente reconocido en la legislación. Sin embargo, las movilizaciones ciudadanas en defensa de sus territorios y formas de vida, como las ejemplificadas en el libro, reflejan una demanda social latente por el reconocimiento de este derecho, aunque no se manifieste explícitamente bajo ese término.

Conclusiones Finales y Reflexiones

Los paisajes son, en esencia, un resultado cultural; son paisajes antropizados que, lejos de ser meramente estéticos o prístinos, se sustentan en una base física y ecológica que ha sido moldeada históricamente por diversas sociedades, prácticas tecnológicas y, fundamentalmente, por relaciones de poder. Los ejemplos expuestos en este libro demuestran cómo estas relaciones de poder pueden transformar tan profundamente un paisaje que llegan a socavar la identidad de los pueblos, debilitar o hacer desaparecer tradiciones ancestrales y vulnerar la calidad de vida de sus ciudadanos. Las modificaciones drásticas de esta índole revelan una faceta brutal y a menudo aterradora del capitalismo salvaje, que nos obliga a plantearnos preguntas incómodas: ¿Qué puede hacer una persona, un ciudadano, contra una empresa que despoja y destroza tradiciones, el ambiente y la calidad de vida? ¿Qué tipo de esperanza puede existir de que algo más allá de la ganancia económica pueda sobrevivir después de tales embates?

Sin embargo, la obra también nos ofrece un contrapunto esperanzador. En diversas regiones del país, existen movilizaciones que, aunque no siempre se manifiestan explícitamente en defensa del “paisaje” como tal, sí lo hacen en pro de la calidad de vida local, las formas de producción tradicionales, la defensa de los ríos libres, los bosques y la biodiversidad. Ejemplos como las luchas en Veracruz contra proyectos que amenazan manantiales, bosques mesófilos, cauces de ríos o cerros costeros con fragmentos de encinos tropicales y restos arqueológicos, demuestran que, afortunadamente, el despojo no siempre prevalece. Estas movilizaciones están inmersas en el mismo proceso geopolítico local descrito por Rodríguez-Wallenius y, al menos por ahora, han logrado evitar la destrucción total.

“El paisaje: reflexiones y métodos de análisis” es, sin duda, una referencia invaluable para estudiantes de nivel preparatoria o profesional, e incluso para maestros de cualquier nivel educativo. Es un texto que tiene el poder de despertar esa veta tan rica y, paradójicamente, relajante que es la de observar y escudriñar un paisaje diverso y antropizado. Es deseable que su contenido sea incorporado en los textos educativos y que genere innumerables experiencias de campo, aplicando cualquiera de sus propuestas metodológicas. En esta era de lo fácil, del sedentarismo en un cuarto cerrado y de la omnipresencia del internet, el acto de “aprender a ver” dónde vivimos resulta esencial, no solo para formar profesionales competentes, sino, y quizás más importante, para educar una ciudadanía consciente, comprometida y capaz de defender el valioso patrimonio que nos rodea. La observación es el primer paso hacia la acción.

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