¿Qué experiencias y libros salieron del taller de expresión escrita de la UBA?

Explorando la Creación Literaria desde la UBA

10/03/2022

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¿De dónde brota ese impulso inagotable que lleva a un escritor a llenar páginas, a tejer historias, a moldear poemas que conmueven, interpelan o maravillan? La escritura es un acto misterioso, pero a la vez profundamente posible, un ejercicio que se nutre tanto de la lectura voraz como de la creatividad más pura, del juego y de la ineludible necesidad de expresar. Para escribir, es cierto, hay que leer; la literatura se alimenta de sí misma. Pero, de igual forma, para escribir se necesita escribir: tomar el lápiz, la pluma, abrir el cuaderno o la pantalla, y empezar a anotar ideas, frases, sensaciones, un verso solitario, una imagen fugaz. Así, palabra tras palabra, se va hilvanando una voz, un recorrido, una mirada única, una peripecia o un tono que, con el tiempo, se convierte en la esencia de un autor.

¿Qué experiencias y libros salieron del taller de expresión escrita de la UBA?
Impulso para siempre. Del Taller de expresión escrita de la UBA salieron más experiencias y libros, como los de Irene Klein, Cuando escribir se hace cuento (Prometeo) y De la trama al relato.

Pero, ¿cómo dar ese primer paso? ¿Por dónde empezar en este vasto océano de posibilidades? Para muchos, la respuesta se encuentra en los llamados “libros de escribir”: un género particular que ofrece propuestas, ejercicios, y hasta los secretos mejor guardados de grandes autores. Son verdaderos trampolines mágicos, incitadores de aventuras personalísimas, estimulantes, inquietantes y, a menudo, subversivos. Libros que se convierten en compañeros infaltables en la vida de quienes abrazan el oficio de las letras, y que en Argentina encontraron un fértil terreno de exploración, especialmente en el seno de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Índice de Contenido

Oulipo y la Literatura Potencial: El Juego como Creación

En el vibrante panorama cultural de los años 60 en Francia, surgió una idea revolucionaria: la escritura de hoy es la literatura que vendrá. Bajo esta premisa, el escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais acuñaron el término «Literatura Potencial» y fundaron el grupo Oulipo (acrónimo de «Ouvroir de littérature potentielle», es decir, «Taller de literatura potencial»). Este colectivo, que aún hoy se mantiene vigente, contó entre sus filas a figuras de la talla de Georges Perec e Italo Calvino, quienes se atrevieron a desafiar el romanticismo expresivo dominante, proponiendo una escritura basada en juegos combinatorios, principios algebraicos y una fascinante variedad de procedimientos reglados.

El libro Oulipo. Ejercicios de literatura potencial (Caja Negra) es una ventana a esta experiencia, reuniendo manifiestos, propuestas y reflexiones que invitan a sumergirse en el pensamiento oulipeano. Como explica Marcel Benabou en su introducción, el proyecto del Oulipo consiste en una exploración metódica de las potencialidades de la literatura y la lengua. Para ello, se asignaron dos misiones fundamentales: “inventar estructuras, formas o nuevos desafíos que permitan la producción de obras originales”, utilizando conceptos matemáticos y recursos combinatorios; y “examinar antiguas obras literarias para encontrar huellas [...] de la utilización de estructuras, formas o restricciones”.

Los oulipianos, considerados hijos rebeldes del surrealismo, sostenían que el poeta no vive de la inspiración mítica, sino del trabajo riguroso, de la búsqueda constante a través de la forma y la estructura. Para ellos, la restricción, lejos de ser un obstáculo, es un motor creativo. «Todos aquellos que comulgan con las concepciones románticas del genio creador y de la inspiración [...] desconfían de Oulipo», señala Benabou, pero subraya que ciertas restricciones (como palíndromos o lipogramas) poseen un carácter universal que las protege de juicios apresurados. El supuesto mensaje o el sentido del texto, para Oulipo, viene después, y tiene más que ver con el lector que con el proceso de producción literaria. Al fin y al cabo, ¿existe un texto sin lector?

El libro de Oulipo incluye una “Caja de herramientas” con propuestas sugerentes. Dos ejemplos notables son: el ejercicio “Leiris”, que consiste en definir una palabra apoyándose en sus letras y sonoridades (por ejemplo, Glosario: Globo de Rosario); y el “Poema fundido”, donde se extrae un poema menor (como un haiku) de uno mayor (un soneto), utilizando solo las palabras del texto original sin alterar su cantidad ni el orden, aunque la puntuación del texto base no tenga importancia. ¡Una invitación directa a jugar con el lenguaje!

Grafein: La Semilla del Taller en la UBA

En las décadas de los setenta y principios de los ochenta, Argentina vio nacer un grupo local que, siguiendo la estela de Oulipo, se dedicó con pasión a investigar el misterio de la escritura. Se llamó Grafein, un nombre que significa “yo escribo” en griego, y dejó un legado de trabajo e investigación que culminó en su influyente libro Grafein. Teoría y práctica de un taller de escritura (Altalena).

El prólogo de este libro es conciso y potente, y desde sus primeras líneas establece su propósito: “Este libro no es un ensayo, no es una crónica, no es un manifiesto. Es un lugar de trabajo.” Presentado como el resumen de seis años de labor para sus autores, y como “una tarea a realizar” para el lector, su consigna principal es clara: “fascinarlo con su propio trabajo. Tómela o déjela.” La obra se erige como un testimonio de que la escritura es, ante todo, un trabajo continuo.

¿Cómo se cita la fuente original de 'Experimentation (Science)?'?
Para citar la fuente original de 'Experimentation (science)', se debe mencionar que la información fue tomada de The Encyclopaedia Britannica. Es importante dar crédito a los autores correspondientes y evitar incurrir en plagio.

El corazón de Grafein… reside en sus ochenta consignas, “no son todas, pero están las principales”, advierten los autores fundacionales: Maite Alvarado, María del Carmen Rodríguez y Mario Tobelem, a quienes se sumaron Alcira Bas, María Trinidad Correa, Silvia Adela Kohan y Cristina Santiago. Este grupo se expandió, incluso a España, a través de exilios y viajes, generando una revista, nuevas producciones y numerosas aventuras.

Uno de los mayores desafíos de Grafein fue replantear el lugar de la escritura en el ámbito académico. ¿Por qué la Facultad de Letras no incluía (o no solía incluir) la práctica de la escritura creativa? Esta tensión fue un motor para el grupo. El libro relata su enfoque teórico: “Textos tales como los de Barthes, Todorov, Derrida o Kristeva, compartían la mesa con Welleck y Warren, con la Poética aristotélica, con un cuento de Borges, que funcionaba como pretexto teórico.” La discusión no buscaba un acuerdo absoluto, sino “jugar también esta partida (como jugadores profesionales)” para fundamentar su actividad.

Con el tiempo y un arduo trabajo, algunos integrantes de Grafein, como Maite Alvarado, Gloria Pampillo y Alcira Bas, lograron un hito fundamental: fundar en la Universidad de Buenos Aires la cátedra de Taller de Expresión de Escritura, dentro de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales. Este logro permitió a futuros periodistas y comunicadores tener un contacto directo con la escritura, tanto desde la práctica como desde la reflexión teórica, alejando la idea de la inspiración divina y acercándola al rigor de la máquina de escribir (y luego la computadora), los libros, las discusiones y, sobre todo, los innumerables borradores.

Maite Alvarado: La Consigna como Impulso Creativo

Un capítulo aparte en esta historia merece el trabajo incansable de Maite Alvarado, cuyo legado trasciende las aulas universitarias para llegar a la escuela. Sus libros El pequeño Escriturón y el Nuevo Escriturón (Editorial El Hacedor), este último en coautoría con Gustavo Bombini, Istvansch y Daniel Feldman, son verdaderas aventuras literarias diseñadas para escritores nóveles y experimentados. Sus consignas, estimulantes y divertidas, abordan diversos aspectos de la escritura, convirtiéndolos en herramientas esenciales para el desarrollo de la inventiva.

Alvarado, reconocida como maestra de maestros, ha plasmado sus ideas sobre “el poder de la consigna” en diversos ensayos. En Escritura e invención en la Escuela (Fondo de Cultura Económica), afirma: “Si la consigna es ambigua o muy general o incompleta, es decir, si no circunscribe correctamente el problema que el alumno deberá resolver escribiendo, este no podrá encauzar eficazmente su inventio (invención o búsqueda).” Para ella, una consigna bien formulada no cierra, sino que abre; al acotar, permite que la imaginación se canalice y se concentre, potenciando sus efectos. La consigna, ya sea que linde con el juego o con un problema matemático, siempre tiene “algo de valla y algo de trampolín, algo de punto de partida y algo de llegada.” Un impulso que perdura en el tiempo.

Otros Legados del Taller de la UBA

El Taller de Expresión Escrita de la UBA ha sido un semillero de experiencias y publicaciones. Entre ellas, destacan los trabajos de Irene Klein, con sus libros Cuando escribir se hace cuento (Prometeo) y De la trama al relato. Teoría y práctica del taller de escritura (La parte maldita). En estas obras, Klein aborda ejercicios fundamentales para el escritor, como la observación, la construcción del verosímil, el extrañamiento, la creatividad, la planificación, la corrección y la investigación literaria. Su enfoque busca brindar al escritor las herramientas necesarias para tomar el control pleno de su producción textual, transformando el proceso creativo en un acto consciente y dominado.

¿Qué experiencias y libros salieron del taller de expresión escrita de la UBA?

La Cocina del Escritor: Cuando los Autores Abren sus Secretos

Más allá de las consignas estructuradas de los talleres, muchos escritores profesionales han decidido compartir sus propios modos de trabajo, su aproximación a la página en blanco, y ofrecer pistas, consejos e ideas para quienes buscan adentrarse en el oficio. Estos libros, escritos por quienes transitan diariamente el singular y maravilloso arte de escribir, son una fuente inagotable de inspiración y aprendizaje.

La reconocida escritora Liliana Heker, por ejemplo, publicó en 2019 La trastienda de la escritura (Alfaguara). Su propósito, como ella misma explica, era “Indagar los móviles ocultos, las intervenciones del azar, las búsquedas, coartadas y manías que intervienen en la escritura de una ficción. En suma: ahondar en mi propio secreto y comunicárselo a otros.” Este libro generoso abre las puertas a su “cuartito de tesoros secretos”, revelando sus motivaciones, imágenes, anécdotas, técnicas y reflexiones sobre ellas. Heker sostiene que “Las ganas de escribir vienen escribiendo” y que ser escritor implica “la búsqueda obsesiva de algo que se escapa pero que una se empecina con pasión en atrapar.” También aborda la tensión entre realidad y ficción, argumentando que el escritor no debe fidelidad a los hechos, sino a la “impresión compleja” que lo llevó a privilegiar un incidente, ya que el solo acto de seleccionar un segmento de la realidad es intervenir en ella. La realidad no construye hechos estéticos; es el escritor quien la dispone para construirlos. Heker incluso comparte ejemplos personales de vivencias que se transformaron en cuentos memorables, como “La sinfonía pastoral” o la alquimia detrás de “La fiesta ajena”. Este libro estimula y (des)orienta, abriendo nuevas posibilidades con un tono ameno y profundo, distintivo de su estilo.

Otra escritora argentina contemporánea que ha decidido abrir la cocina de su escritura es Gabriela Bejerman, en su libro El libro de escribir (Rosa Iceberg). En él, comparte muchas de las consignas que despliega en sus talleres. Un ejemplo es el ejercicio “Abdominales”: “Acá hay que arremangarse, meterle todos los días. Son párrafos diarios de gimnasia. Te la digo puntual: Escribir un párrafo cada día describiendo una brevísima situación vista o vivida.” Desde el cambio de un semáforo hasta revolver una taza, o un chisme fugaz, el ejercicio busca la observación precisa, evitando la interpretación o el juicio de valor. “Describir no es tipear con desgano un informe policial. Ser precisos no es ser un plomazo,” advierte Bejerman, invitando a la risa, la ironía y el ojo que sabe “recortar justo donde se enciende la visión.” Los capítulos del libro llevan títulos seductores como “Revolver un cajón”, “A la cucha”, “10 ideas para ser feliz este verano”, o “Todo lo que dejé”, invitando a una exploración infinita.

Dentro de esta línea de escritores que comparten su zona de pruebas, uno de los títulos imperdibles es Las clases de Hebe Uhart (Blatt & Ríos), de Liliana Villanueva. Este libro es un compendio de los modos, ejercicios, tono y el amor que la escritora Hebe Uhart (fallecida en 2018) impartía en sus talleres en Almagro. Liliana Villanueva, quien fue alumna de Uhart por más de una década, recopila y sistematiza la práctica de su maestra: acompañar en la búsqueda de temas, tonos y modos de navegar en el mar de la escritura, siempre “a media rienda”, como decía Uhart. Villanueva es también autora de Maestros de la escritura (Ediciones Godot), un libro que compila intensas investigaciones sobre el proceso creativo de figuras como Leila Guerriero, Alberto Laiseca, Mario Levrero y María Esther Giglio, entre otros.

Colecciones Editoriales Dedicadas a la Escritura

El interés por la escritura como oficio y arte ha llevado a algunas editoriales a crear colecciones enteras dedicadas a este tema, convirtiéndose en lecturas esenciales para quienes desean escribir. La colección “Escribir” de Documenta/escéncias, por ejemplo, ofrece libros cuidadosamente editados donde diversos escritores reflexionan sobre su relación con la escritura. Es una “zona reflexiva” que permite cruzar experiencias. En esta serie, Eugenia Almeida, en su libro Inundación, define la escritura como un “Desfiladero”: “La escritura como un entre: el espacio indefinido entre una cosa y otra. Una brecha. Un camino tan angosto que solo puede caminarse de a uno a la vez. Otro modo de nombrar un desfiladero es decir garganta. Ahí donde bulle lo que está por decirse.” Otros escritores como Juan Forn (Cómo me hice viernes), Camila Sosa Villada (El viaje inútil) y el cronista chileno Leonardo Sanhueza (La partida fantasma) han desplegado sus ideas, propuestas y reflexiones en esta serie en constante crecimiento.

Factotum Ediciones, por su parte, lanzó su colección “Tinta”, con libros totalmente experimentales que invitan al riesgo y al juego, a poner cuerpo y emociones en palabras. El último de la serie (por ahora) es Ahora escriba usted – 25 ejercicios de escritura, del premiado autor chaqueño Mariano Quirós. El libro parte de una anécdota personal: la pandemia y una crisis laboral lo llevaron a crear su propio taller, “La luz mala”, y a apuntarse a sí mismo como alumno. Quirós propone ejercicios que beben de la experiencia personal del lector, como “Retorne usted a la niñez”, “Adolezca usted un poco”, “Altere usted su rutina”, “Saque el monstruo que hay en usted”, o “Violéntese, usted”. Cada ejercicio, detalladamente propuesto, es seguido por el trabajo del propio Quirós, el primer integrante de su taller. Un ejercicio de escritura con la escritura, y contra ella, y desde ella, y entre ella, que solo un escritor podía concebir y aceptar como un auto-desafío.

¿Qué es la historia de mis experimentos con la verdad?
La historia de mis experimentos con la Verdad es la autobiografía de Mahatma Gandhi, que recorre su vida desde la infancia hasta el año 1921. Dicha biografía fue escrita y publicada en su periódico, el Navjivan, entre 1925 y 1929.

Preguntas Frecuentes sobre Escritura y Talleres

¿Es necesario asistir a un taller para escribir bien?

No es estrictamente necesario, pero los talleres ofrecen una estructura, consignas, y un espacio de intercambio y crítica constructiva que puede acelerar el aprendizaje y la disciplina. Muchos escritores han desarrollado su oficio de forma autodidacta, pero los talleres brindan herramientas y una comunidad que a menudo resultan muy valiosas.

¿Qué tipo de libros me ayudan a mejorar mi escritura?

Más allá de los manuales de gramática y estilo, los libros que abordan el proceso creativo desde la experiencia de otros escritores (como los mencionados de Heker, Bejerman o Uhart) son muy útiles. También lo son aquellos que proponen ejercicios prácticos y lúdicos, como los de Oulipo o Grafein, o los de Maite Alvarado, que te desafían a pensar la escritura de formas nuevas.

¿La inspiración es más importante que la disciplina al escribir?

Como señalan los oulipianos y Liliana Heker, la inspiración es un punto de partida, pero la disciplina es el motor que sostiene el trabajo. Las “ganas de escribir vienen escribiendo”. La constancia, el ejercicio diario y la revisión son fundamentales para transformar una idea fugaz en una obra completa y pulida.

¿Los ejercicios de escritura son solo para principiantes?

¡Absolutamente no! Como demuestran los ejemplos de Oulipo, Grafein, y los libros de escritores contemporáneos, los ejercicios son herramientas valiosas tanto para quienes dan sus primeros pasos como para autores experimentados que buscan desbloquearse, explorar nuevas avenidas creativas o simplemente mantener su músculo escritor activo. Son una forma de juego y experimentación continua.

La escritura es un universo vasto y fascinante: un juego, una pasión, un modo de vida, fuente y remedio de ansiedades, un pozo de hallazgos, alegrías, calenturas, llantos y risas locas, todo hecho de palabras y desde ellas. Solo se trata de elegir el juego y dejarse llevar. Ahora, es su turno.

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