Tras los Sueños de Don Bosco: Una Vida Transformadora

23/11/2022

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La historia de Juan Bosco, conocido universalmente como Don Bosco, es un fascinante tapiz tejido con hilos de fe, visión y una incansable dedicación a la juventud. Nacido en 1815, en un siglo XIX convulso y revolucionario, su vida y obra no solo dejaron una huella imborrable en la Italia de su tiempo, sino que trascendieron fronteras para convertirse en un faro de esperanza para millones. Este artículo explora el camino de Don Bosco, desentrañando cómo sus tempranos sueños, especialmente el enigmático 'sueño de los nueve años', se convirtieron en la brújula que guio su apostolado, la fundación de la Congregación Salesiana y su expansión global, enfrentando desafíos políticos y eclesiásticos con una sorprendente mezcla de audacia y diplomacia.

¿Qué trata el libro 'tras los sueños de Don Bosco'?
«Tras los sueños de don Bosco. Las misiones salesianas a finales del siglo XIX». XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. San Miguel de Tucumán: Departamento de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Tucumán. ↑ Nicoletti, María (2012).
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El Siglo XIX: Un Telón de Fondo de Profundas Transformaciones

El nacimiento de Don Bosco en 1815 coincidió con un periodo de agitación y cambio a nivel mundial. El Imperio español, debilitado por las ambiciones napoleónicas, veía nacer nuevas repúblicas en Hispanoamérica, mientras África y Asia eran repartidas por el colonialismo europeo. El siglo XIX, a menudo llamado «el siglo de las libertades», fue una era de revoluciones industriales que redefinieron las estructuras sociales y económicas, dando lugar al desarrollo del capitalismo y, con él, a profundas injusticias para las mayorías desposeídas.

En Italia, este fue el periodo de la unificación o el Risorgimento (1815-1914), un proceso complejo que buscaba la cohesión de diversos estados ligados a dinastías extranjeras. El Reino Piamonte-Cerdeña, hogar de la Casa de Saboya (considerados los únicos auténticamente «italianos»), jugó un papel crucial, convirtiéndose Turín en su capital y más tarde en la primera capital del Reino de Italia. La Iglesia Católica, por su parte, ejercía soberanía sobre los Estados Pontificios, que serían integrados a Italia en 1870.

Fue en este contexto de efervescencia política y social que Turín, con su rápido desarrollo industrial a partir de 1841, se convirtió en un imán para la emigración campesina, especialmente de niños y jóvenes empobrecidos. Estos jóvenes, a menudo sin experiencia, terminaban explotados y negados en sus derechos en fábricas y construcciones, o deambulando ociosos y abandonados, sumidos en la miseria y expuestos a antros de diversión barata, embriaguez y violencia. Don Bosco, una figura emblemática que llegaría a Turín en 1841, se dejaría impresionar profundamente por esta cruda realidad juvenil, marcando el inicio de su apostolado.

La Infancia de Juan Bosco y el Sueño que lo Marcó

Juan Melchor Bosco nació en I Becchi, una pedanía de Castelnuovo d'Asti, el 16 de agosto de 1815. Hijo de Francisco Luis Bosco y Margarita Occhiena, su infancia fue marcada por la tragedia temprana, ya que su padre falleció cuando Juan apenas tenía 21 meses. La responsabilidad de la familia recayó entonces en su madre, Margarita, una mujer de carácter férreo, profunda devoción y una intensa fidelidad familiar. Mamá Margarita, como sería conocida, no buscó un segundo matrimonio, dedicándose por completo a la formación de sus tres hijos varones (Antonio, José y Juan), enfrentando la pobreza y las hambrunas causadas por las guerras napoleónicas.

La educación religiosa y la disciplina impartidas por Margarita fueron fundamentales para el futuro de Don Bosco. Ella le enseñó las oraciones, lo preparó para su primera confesión y le inculcó un espíritu de piedad que lo acompañaría toda su vida. Sin embargo, la pobreza y la oposición de su hermanastro Antonio, quien prefería que Juan se dedicara a las faenas del campo, fueron obstáculos constantes en su deseo de estudiar y progresar.

Pero, sin duda, la experiencia más trascendental de su infancia ocurrió en 1825, cuando Juan tenía solo nueve años: el «sueño de los nueve años». Este sueño, que se repitió siete veces a lo largo de su vida, ha sido descrito como el «paradigma de su vida» y una premonición de su misión entre los jóvenes más necesitados. Don Bosco relató cómo en un gran patio de juegos, al intentar detener a unos muchachos que decían malas palabras con golpes, apareció un Personaje que le dijo: «No con puños, sino con amabilidad vencerás a estos muchachos». Luego, una Mujer de majestuosa presencia (que él interpretaría como la Virgen María) le indicó: «Hazte humilde, fuerte y robusto… y lo que tú ves que sucede a estos animales, tú lo tendrás que hacer con mis hijos». Los animales salvajes se transformaron en mansos corderos. Esta frase, «no con puños, sino con amabilidad vencerás a estos muchachos», se convertiría en la base del futuro Sistema Preventivo de Don Bosco y en la inspiración de la espiritualidad salesiana.

Formación y los Primeros Pasos Sacerdotales

Impulsado por su deseo de estudiar, Juan Bosco trabajó desde muy joven, aprendiendo oficios como pastelería, sastrería, herrería y zapatería, habilidades que más tarde le serían de gran utilidad en su obra. Su inteligencia y memoria prodigiosa le valieron el aprecio de sus maestros, y llegó a fundar un movimiento juvenil llamado «La Sociedad de la Alegría», demostrando desde temprano su capacidad de liderazgo y su apostolado informal entre los jóvenes.

Su vocación sacerdotal lo llevó a ingresar al Seminario diocesano de Turín en 1835. Durante su formación, la Iglesia europea estaba fuertemente influenciada por el jansenismo, una corriente teológica que propugnaba un rigorismo moral extremo y una severidad que alejaba a los fieles de los sacramentos. Aunque Don Bosco sufrió el rigor de esta corriente, su búsqueda diaria de la comunión y su elección de San Francisco de Sales como modelo de amabilidad, dulzura y caridad pastoral, demuestran su propia visión optimista de la gracia. San Francisco de Sales, junto a San Felipe Neri y San Alfonso María de Ligorio, serían pilares fundamentales en su apostolado. Finalmente, el 5 de junio de 1841, Juan Bosco fue ordenado sacerdote por Mons. Franzoni, arzobispo de Turín.

El Nacimiento del Oratorio: Un Refugio en Turín

Con 26 años, Don Bosco se trasladó a Turín para profundizar sus estudios sacerdotales en el Instituto Pastoral del padre Cafasso. Allí, se encontró de lleno con la desoladora realidad de la juventud turinesa: miles de niños menores de diez años empleados en oficios precarios, trabajando hasta 14 horas por salarios míseros, y cárceles atestadas de muchachos de tan solo 12 años. Esta situación lo conmovió profundamente y lo impulsó a rechazar ofertas de una vida más cómoda para dedicarse a los más necesitados.

El 8 de diciembre de 1841, un encuentro fortuito marcaría el inicio de su obra. Don Bosco intervino para salvar a Bartolomé Garelli, un muchacho huérfano de dieciséis años, de una violenta reprimenda por parte de un sacristán. Tras la misa, Don Bosco le dio sus primeras lecciones de catecismo. Al domingo siguiente, Garelli regresó con veinte muchachos, y en marzo del año siguiente, ya eran ochenta. Así comenzó el Oratorio de Don Bosco.

Los inicios no fueron fáciles. Muchos sospechaban de Don Bosco, creyendo que planeaba una revolución o que robaba feligreses. Incluso, fue objeto de intentos para internarlo en un hospital mental. Sin embargo, Don Bosco, considerado un visionario, perseveró. El Oratorio, en sus primeras fases, fue itinerante, moviéndose por varios lugares de Turín: desde la iglesia de San Francisco de Asís hasta los patios del Instituto Pastoral, capillas improvisadas, y hasta un cementerio abandonado. Fue en estos peregrinajes que conoció a figuras clave como Miguel Rúa, quien se convertiría en su mano derecha y primer sucesor.

Valdocco: Cuna de un Carisma Global

El 5 de abril de 1846, Don Bosco arrendó un cobertizo y una franja de tierra a Francisco Pinardi en Valdocco. Este lugar, que originalmente había sido una casa de citas, se convertiría en el centro neurálgico del apostolado salesiano. En 1851, Don Bosco compró todo el edificio, estableciendo las primeras habitaciones de acogida y aulas para el aprendizaje de oficios.

En Valdocco, el número de muchachos creció rápidamente. Aunque el conde de Cavour, el influyente ministro, inicialmente intentó prohibir el Oratorio por temor a una contrarrevolución religiosa, la intervención favorable del rey Carlos Alberto de Piamonte-Cerdeña lo evitó. Cavour, de hecho, cambió su perspectiva y en 1848 llegó a elogiar la obra de Don Bosco, deseando que cada ciudad tuviera un oratorio similar, lo que ahorraría al gobierno el costo de mantener a jóvenes en la cárcel y, en cambio, formaría a ciudadanos productivos.

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La intensidad del trabajo de Don Bosco en Valdocco lo llevó al borde de la muerte por agotamiento. La devoción de sus muchachos, que ofrecieron oraciones y ayunos por su recuperación, conmovió profundamente al sacerdote, quien afirmó que su restablecimiento fue un milagro obrado por ellos. Tras un periodo de descanso, Don Bosco regresó a Turín el 3 de noviembre de 1846, acompañado por su madre, Mamá Margarita, quien, con 58 años, se unió a su hijo para ayudar en la obra. Los jóvenes huérfanos del Oratorio la adoptaron como su propia madre, y su presencia fue fundamental para el desarrollo de la casa salesiana hasta su fallecimiento en 1856.

Expansión del Carisma Salesiano: Talleres y Vocaciones

El Oratorio de Don Bosco en Valdocco se consolidó como un espacio integral donde los muchachos podían aprender un oficio útil, asistir a los sacramentos y disfrutar de un ambiente sano para jugar. La figura de San Francisco de Sales, con su modelo de amabilidad y dulzura, fue central desde el principio. Don Bosco visitaba las fábricas para asegurar que sus muchachos no fueran explotados y buscaba trabajos dignos, haciendo que los empleadores firmaran contratos que garantizaban los derechos de los jóvenes, una práctica adelantada a su tiempo.

En mayo de 1847, el Oratorio dio un paso crucial al iniciar el proyecto del internado. A petición de un joven huérfano, Alejandro Percamona, Don Bosco y Mamá Margarita abrieron las puertas de Valdocco para acoger a los muchachos que no tenían dónde dormir. Esta iniciativa, según Don Bosco, era esencial para la eficacia de su obra: «si no se recogen en un internado, [a los jóvenes abandonados] resultan del todo ineficaces cuantos cuidados se les prodiguen». Así, el Oratorio se convirtió en una casa que ofrecía todos los servicios dentro de sus muros.

La obra salesiana se extendió rápidamente dentro de Turín con la apertura de un segundo oratorio, San Luis Gonzaga (1847), y un tercero, del Ángel Guardián (1849). Pero una de las innovaciones más significativas fue la creación de talleres dentro del Oratorio a partir de 1853. Talleres de calzado, sastrería, carpintería, imprenta y metalistería permitieron que cientos de muchachos dejaran los peligros de las fábricas. Para 1869, 375 jóvenes residían en el internado, y más de 800 habían pasado por él entre 1854 y ese año.

Además de la formación en oficios, Don Bosco se preocupó por la educación académica, y para 1860, el Oratorio ofrecía educación media completa. La calidad de la enseñanza era tal que un profesor universitario de Turín comentó: «En el lugar de Don Bosco usted tiene que estudiar, realmente estudiar». En un tiempo en que los seminarios eran cerrados y las órdenes religiosas perseguidas por el avance del nacionalismo italiano, el Oratorio de Don Bosco se convirtió en un oasis para la Iglesia, atrayendo a numerosos seminaristas. Don Bosco formó a miles de sacerdotes para la diócesis de Turín y, según algunas fuentes, llegó a dar a la Iglesia un total de 2500 sacerdotes, y otras fuentes elevan la cifra a 6000 en 34 años.

¿Qué trata el libro 'tras los sueños de Don Bosco'?
«Tras los sueños de don Bosco. Las misiones salesianas a finales del siglo XIX». XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. San Miguel de Tucumán: Departamento de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Tucumán. ↑ Nicoletti, María (2012).

La Congregación Salesiana y las Hijas de María Auxiliadora

La visión de Don Bosco iba más allá de un solo oratorio; soñaba con una comunidad religiosa que continuara su misión. El 26 de enero de 1854, los primeros jóvenes del Oratorio de Valdocco, como Miguel Rúa y Juan Cagliero, hicieron la promesa inicial para la fundación de lo que Don Bosco llamó los salesianos, en honor a San Francisco de Sales. Miguel Rúa fue el primero en hacer sus votos el 25 de marzo de 1855, y la Congregación recibió la aprobación del Papa Pío IX en 1858. Don Bosco también ideó la figura de los coadjutores, laicos consagrados que no eran sacerdotes, pero que compartían el mismo propósito de santificación personal y servicio a los jóvenes. La Sociedad de San Francisco de Sales, como se conoció oficialmente, buscaba la santificación de sus miembros y la continuidad de la obra educativa entre los muchachos más necesitados.

Crecimiento de la Congregación Salesiana (1863-1888)

AñoNúmero de Salesianos
186339
186580
1874320
1888768

La otra obra perenne de Don Bosco fue la fundación de las Hijas de María Auxiliadora. Inspirado por un sueño en el que la Virgen María le pedía interesarse también por las muchachas, Don Bosco encontró en María Dominga Mazzarello, una joven de Mornese con gran devoción y carisma, a la persona ideal para esta tarea. El 8 de octubre de 1864, de su encuentro surgió la fundación del Instituto de hermanas que llevarían el carisma salesiano a las jóvenes.

Además, para promover la veneración a la eucaristía y la devoción a María Auxiliadora, Don Bosco solicitó la erección canónica de la Asociación de María Auxiliadora, que obtuvo la aprobación del arzobispo de Turín en 1869 y fue elevada a la categoría de archicofradía por Pío IX en 1870.

Conflictos y Consolidación: La Lucha por la Obra

La visión de Don Bosco de una nueva comunidad religiosa chocó con el tenso clima político-legal de la Italia del siglo XIX, donde la lucha entre el poder del Estado y la Iglesia era constante. La ley Rattazzi de 1855 suprimió numerosas órdenes religiosas y privó a sacerdotes de sus derechos civiles, y una nueva ley prohibía la fundación de nuevas instituciones religiosas sin aprobación gubernamental. Sorprendentemente, fue Urbano Rattazzi, un declarado anticlerical, quien aconsejó a Don Bosco cómo fundar su Congregación sin enfrentarse a la legislación civil. Su consejo fue formar una sociedad clerical que fuera a la vez una asociación de ciudadanos libres, es decir, «ciudadanos cara al Estado y religiosos cara a la Iglesia». Esta estrategia permitió a los salesianos depender de la Iglesia en lo religioso, pero actuar como ciudadanos libres en lo social, evitando conflictos con las leyes estatales. Esta particularidad, como no llamar a los laicos consagrados «fray» sino «señor», o a los superiores «director» en lugar de «prior», fue clave para la expansión del carisma salesiano en los cinco continentes.

Don Bosco también enfrentó serios conflictos con las autoridades eclesiásticas locales. Mons. Alessandro Ottaviano Riccardi di Netro, arzobispo de Turín (1867-1870), no estaba convencido del sistema de formación de futuros sacerdotes de Don Bosco, argumentando que se dedicaban demasiado a tareas pedagógicas y descuidaban los estudios de teología. Esta postura amenazó con desmoronar la obra salesiana, ya que Don Bosco necesitaba urgentemente sacerdotes para atender a sus miles de alumnos. A pesar de la intervención del Papa Pío IX, Riccardi se mantuvo intransigente, y los novicios salesianos enviados al seminario diocesano no permanecieron en la Sociedad.

La situación se agudizó con Mons. Lorenzo Gastaldi, sucesor de Riccardi y quien había sido amigo y propulsor de la obra salesiana. Tras su nombramiento como arzobispo en 1870, Gastaldi adoptó una postura contraria a Don Bosco, viéndolo como una merma a su autoridad arzobispal. Tomó determinaciones severas, como la suspensión a divinis de sacerdotes que colaboraban con Don Bosco y la prohibición del Seminario de vocaciones tardías. Retrasó las ordenaciones de nuevos sacerdotes salesianos y promulgó un decreto que derogaba todos los favores y privilegios concedidos a los salesianos. Don Bosco interpretó este giro como una señal divina para no confiar excesivamente en medios humanos. A pesar del apoyo del Papa, la situación solo se resolvió con la muerte de Gastaldi en 1883, momento en que León XIII finalmente concedió a Don Bosco los privilegios solicitados para su congregación. Estos conflictos, aunque dolorosos, forjaron la identidad y la resiliencia de la obra salesiana.

Don Bosco en el Mundo: La Expansión Misionera

La fama de Don Bosco y su obra trascendieron rápidamente las fronteras italianas. Fue llamado «el tesoro de Italia» por el Papa Pío IX y «un santo» por León XIII. Incluso anticlericales como Urbano Rattazzi lo consideraron «quizá el más grande milagro de nuestro siglo». Además de sus numerosos viajes por Italia, Don Bosco visitó Francia, Austria y España, donde la gente corría a verlo y tocar su ropa, sintiendo que un aura especial de santidad emanaba de él. Dominaba varios idiomas, lo que facilitó su conexión con diversas culturas.

En los últimos 14 años de su vida, Don Bosco envió a miembros de su congregación a numerosos países, marcando el inicio de la expansión global salesiana. La primera expedición, el 11 de noviembre de 1875, fue a la Patagonia argentina, liderada por Juan Cagliero. Este destino fue crucial para el ideario misionero de Don Bosco, a pesar de las tensiones entre la Iglesia y el Estado argentino (que incluyeron la ruptura de relaciones diplomáticas en 1884) y la coincidencia con la «Conquista del Desierto» (1878-1885). Los salesianos llegaron con el mandato de evangelizar la Patagonia, pero se encontraron con un gobierno con objetivos de violencia y exterminio hacia los indígenas.

A pesar de ser, en cierta medida, instrumentalizados por los colonizadores, muchos salesianos misioneros fueron muy críticos con la Conquista del Desierto. Testimonios como los de Juan Cagliero y José Fagnano denunciaron la violencia ejercida por el ejército, lamentando masacres como la de Ramón Lista contra los selk’nam. Don Bosco mismo se quejó amargamente de que sus misioneros tuvieran que ir acompañados de soldados que mataban a los indígenas, exclamando: «¡Quiero que los misioneros vayan solos, sin ser escoltados por las armas! Si no es así será infructuosa su predicación. ¡Sería mejor no ir que hacerlo de esa manera!»

Los salesianos, aplicando las estrategias aprendidas en Italia, lograron el reconocimiento civil del Estado argentino al ofrecer servicios sociales y educativos, conservando sus bienes y pagando impuestos como cualquier ciudadano, fieles a la idea de «salesiani nel secolo». A pesar de las dificultades con el Estado y la Iglesia local, en pocos años crearon una red de misión y educación en toda la Patagonia, Argentina y Chile, desde donde el carisma salesiano se extendió a otras naciones latinoamericanas.

Los Sueños de Don Bosco: Guía y Premonición

Los sueños fueron una constante en la vida de Don Bosco y una fuente de estudio para sus biógrafos. Don Bosco no los presentaba de manera espectacular, sino con un objetivo pedagógico, buscando dejar una enseñanza o prevenir un peligro para sus muchachos. Se documentan más de 170 sueños, que pueden clasificarse en dos tipos principales:

  • Sueños relacionados con su persona y misión: Como el fundamental «sueño de los nueve años», que prefiguraba su apostolado. Muchos de estos sueños contenían premoniciones de muertes de sus muchachos y salesianos, tanto en Turín como en las misiones extranjeras, y revelaban aspectos de su arte educativo.
  • Sueños sobre eventos políticos o religiosos: Destaca el «gran funeral de la corte real» de 1854, que anunció el fallecimiento de varios miembros de la familia real tras la firma de la «ley Rattazzi», que suprimió congregaciones religiosas.

La interacción de elementos religiosos y éticos en sus sueños reflejaba las profundas convicciones cristianas de Don Bosco y su capacidad para interpretar los signos de su tiempo a través de una óptica de fe.

El Legado Perenne del Apóstol de los Jóvenes

Extenuado por una vida de incansable trabajo y casi ciego, Don Bosco realizó su último viaje a Roma en 1887. El 31 de enero de 1888, a las 4:45 de la madrugada, falleció en su habitación del Oratorio de Valdocco, a la edad de 72 años. Su funeral fue descrito como una «apoteosis», con la asistencia de unas 200,000 personas en una ciudad que entonces tenía cerca de 300,000 habitantes. Sus restos, inicialmente sepultados en Valsalice, reposan hoy en la Basílica de María Auxiliadora.

Don Bosco, el «apóstol de los jóvenes», dejó un legado que se extiende mucho más allá de su tiempo y lugar. Su Sistema Preventivo de educación, basado en la razón, la religión y el amor (amabilidad), sigue siendo un modelo pedagógico vigente. Sus obras, la Congregación Salesiana y las Hijas de María Auxiliadora, continúan su misión en más de 130 países, dedicadas a la educación y evangelización de niños, adolescentes y jóvenes, especialmente los más pobres y abandonados. Su vida es un testimonio inspirador de cómo un sueño de infancia, alimentado por la fe y el amor, puede transformar el mundo.

Preguntas Frecuentes sobre Don Bosco y su Obra

¿Qué fue el «sueño de los nueve años» de Don Bosco?

Fue una experiencia onírica fundamental que Don Bosco tuvo a los nueve años, donde un personaje misterioso y una mujer (que él interpretó como Jesús y la Virgen María) le indicaron que no debía usar la fuerza, sino la amabilidad, para guiar a los muchachos difíciles, y le mostraron animales salvajes transformándose en mansos corderos. Este sueño se convirtió en la base de su sistema educativo y de su misión.

¿Qué es el Oratorio de Don Bosco?

El Oratorio fue la primera obra de Don Bosco en Turín, un espacio de encuentro para jóvenes abandonados y en riesgo. Comenzó siendo itinerante y se estableció finalmente en Valdocco. Ofrecía educación, formación en oficios (talleres), instrucción religiosa, y un ambiente seguro y alegre para el juego y la sana diversión. Con el tiempo, incluyó un internado para los muchachos huérfanos o sin hogar.

¿Qué es el Sistema Preventivo de Don Bosco?

Es el método pedagógico desarrollado por Don Bosco, basado en tres pilares: la razón (explicar las normas y motivaciones), la religión (formación moral y espiritual) y el amor (presencia amorosa y acompañamiento constante del educador, creando un ambiente de familia y confianza). Se opone al sistema represivo, que se enfoca en el castigo después de la falta.

¿Por qué Don Bosco tuvo conflictos con las autoridades eclesiásticas y civiles?

Don Bosco enfrentó conflictos con las autoridades civiles debido a las leyes anticlericales de la época en Italia, que restringían las órdenes religiosas y su autonomía. Sin embargo, logró sortearlas gracias a la estrategia de Urbano Rattazzi, quien le aconsejó formar una sociedad con una doble naturaleza: religiosa para la Iglesia y ciudadana para el Estado. Con las autoridades eclesiásticas, tuvo disputas por su innovador sistema de formación de sacerdotes, que algunos obispos consideraban deficiente o demasiado alejado de las normas tradicionales, así como por la autonomía de su obra.

¿Cuál fue el legado de Mamá Margarita en la obra de Don Bosco?

Mamá Margarita, la madre de Don Bosco, fue una figura esencial. Tras la muerte de su esposo, crió a sus hijos en la pobreza, inculcándoles una profunda fe y disciplina. Cuando Don Bosco cayó gravemente enfermo, ella se trasladó a Valdocco para ayudarlo, convirtiéndose en la «madre» de los muchachos del Oratorio, muchos de ellos huérfanos. Su presencia y dedicación fueron fundamentales para el ambiente familiar y acogedor que Don Bosco quería para sus jóvenes.

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