¿Qué pasó con el buque más emblemático de Bahía Blanca?

El Destino del ARA Santísima Trinidad: ¿Patrimonio o Chatarra?

08/11/2025

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La historia del destructor ARA Santísima Trinidad, una nave emblemática de la Armada Argentina y protagonista crucial en la Gesta de Malvinas, ha estado marcada por un destino turbulento, alejado de la gloria naval que alguna vez representó. Tras años de abandono y un lamentable hundimiento en la Base Naval Puerto Belgrano, su futuro pende de un hilo, envuelto en una batalla legal que busca preservarlo como un invaluable pedazo del patrimonio cultural e histórico de la nación, en contraposición a la intención de convertirlo en simple chatarra.

¿Qué pasó con el buque más emblemático de Bahía Blanca?
Los camaristas de Bahía Blanca Pablo Larreriera y Leandro Picado avalaron la medida contra el decreto que habilitaba el desguace y venta del buque más emblemático. Los VGM calificaron la decisión como traición a la Patria

Este buque, un destructor misilístico de la clase 42, gemelo del HMS Sheffield británico hundido en el conflicto, no es solo un montón de acero; es un símbolo vivo de la valentía y el sacrificio de aquellos que lucharon por las Islas Malvinas. Fue la nave que lideró el desembarco de las tropas argentinas el 2 de abril de 1982, un hecho que lo inscribe indeleblemente en la memoria colectiva del país.

El Doloroso Declive y el Hundimiento

La odisea del Santísima Trinidad tomó un giro trágico en 2013. Bajo la gestión del entonces Ministro de Defensa, Arturo Puricelli, la nave, que ya sufría las consecuencias de años de falta de inversión y mantenimiento, se hundió en su propio muelle en la Base Naval Puerto Belgrano. Este suceso, lejos de ser un acto de terrorismo como inicialmente se especuló, fue el resultado directo de una simple entrada de agua en su sala de máquinas, una consecuencia previsible de la negligencia y la falta de presupuesto para su adecuado cuidado. Las imágenes del imponente destructor semi-sumergido en el muelle conmocionaron a la opinión pública y, especialmente, a los veteranos de guerra, quienes veían cómo un pedazo de su historia se desvanecía lentamente.

Tras el hundimiento, y a pesar de los esfuerzos por reflotarlo, la Armada Argentina dictaminó que el buque era irrecuperable. La situación era tan crítica que incluso la idea de remolcarlo hasta alta mar para ser hundido con honores fue descartada por considerarse demasiado riesgosa. Existía la preocupación fundada de que pudiera naufragar en el canal de acceso al puerto comercial de Bahía Blanca, bloqueando por completo el tráfico mercante y generando un desastre económico y logístico de gran magnitud. Esta decisión, si bien pragmática desde una perspectiva técnica, dejó un sabor amargo en la boca de quienes anhelaban un final más digno para el histórico navío.

La Batalla Legal por su Preservación

El punto de inflexión llegó en diciembre de 2020, cuando el Poder Ejecutivo Nacional, a través del decreto número 1017/20, dispuso la “Venta como chatarra” del Santísima Trinidad. Esta medida desató una ola de indignación, particularmente entre los Veteranos de Guerra de Malvinas, quienes no estaban dispuestos a ver cómo el buque que simbolizaba el inicio de la gesta era desguazado sin más. Fue entonces cuando el ciudadano civil Jorge Oliver, un incansable defensor de la memoria de Malvinas, interpuso una acción de amparo judicial. Su objetivo era doble: impedir la destrucción de la nave y lograr que fuera puesta bajo la tutela y guarda de la “Fundación 20 de Noviembre”, amparándose en la Ley 25.197, que establece el Régimen del Patrimonio Cultural.

La acción de amparo recayó en el juzgado federal de Bahía Blanca, a cargo del Dr. Walter López Da Silva, quien de inmediato hizo lugar a la solicitud. Esta decisión fue posteriormente ratificada por la sala II de la Cámara Federal de Bahía Blanca en septiembre pasado. Los camaristas impidieron cualquier medida relacionada con el destino final del destructor, ordenando al Estado Nacional que se atuviera a lo que se resolviera en un juicio de fondo, donde se abordaría la cuestión de su afectación al patrimonio cultural de la Nación o su eventual venta como chatarra.

Los argumentos esgrimidos por los letrados del Estado Nacional para justificar la venta eran contundentes: el riesgo que conllevaba el mantenimiento de la unidad naval a flote, la imposibilidad fáctica y pecuniaria de encarar su reparación y la supuesta falta de recursos técnicos y monetarios de la Fundación 20 de Noviembre para hacerse cargo del buque. Sin embargo, los camaristas tuvieron un criterio diferente, basándose en un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Citaron que “La naturaleza de medidas como la solicitada no exige un examen de certeza sobre la existencia del derecho pretendido, antes bien, solo resulta exigible el fumus boni iuris, pues el juicio de verdad en esta materia se encuentra en oposición a la finalidad del instituto cautelar”. En términos sencillos, esto significa que una medida cautelar, como la solicitada por Oliver, no requiere una prueba definitiva de que el derecho existe, sino solo una apariencia de buen derecho. Su propósito no es resolver el fondo de la cuestión, sino proteger un derecho o bien mientras se resuelve el litigio principal, evitando daños irreparables.

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Reconocimiento como Patrimonio Cultural

Un punto clave en el fallo judicial fue el énfasis de los magistrados en el carácter indiscutible de la participación de la nave en el conflicto bélico de las Islas Malvinas. Indicaron que este solo hecho hace a la nave susceptible de ser catalogada como patrimonio cultural de la nación, en los términos de la ley 25197. Esta ley es fundamental para la protección de bienes que, por su valor histórico, artístico, científico, técnico o social, forman parte de la identidad y memoria colectiva del pueblo argentino. La presencia del Santísima Trinidad en el desembarco del 2 de abril no es un detalle menor; es un hito que lo eleva de simple objeto material a un símbolo con un profundo significado nacional.

Además, el tribunal encontró llamativo que el propio Gobierno manifestara que “la concreción de la enajenación de la unidad naval se vio demorada toda vez que existieron múltiples tratativas con autoridades municipales de distintas comunas con el objeto de convertirla en buque museo, sin que las mismas prosperaran”. Para los jueces, esto fue una clara demostración de que, incluso el Estado, prefería transformar al buque en museo antes que en chatarra, lo que reforzaba la idea de su valor intrínseco más allá de su condición operativa.

La predisposición del Ministerio de Cultura de la Nación, a través de la Comisión Nacional de Monumentos y Museos, para incluir a la emblemática nave dentro del patrimonio cultural nacional, también quedó expresamente manifestada en los considerandos del fallo. Esta postura oficial, aunque tardía, brindó un respaldo adicional a la causa de los veteranos y defensores del patrimonio.

El Futuro del Santísima Trinidad: ¿Museo o Desguace?

El fallo judicial ha generado una enorme satisfacción en todas las organizaciones relacionadas con la gesta de Malvinas. Existe una esperanza palpable de que el Presidente Alberto Fernández desista de su intención de venta y, en su lugar, otorgue la partida presupuestaria necesaria para poner al “Santísima” en valor y transformarlo en un museo malvinero. La Federación de Veteranos de Guerra ha expresado su confianza en que el Poder Ejecutivo Nacional encontrará la forma de asignar los recursos, incluso si esto implica cobrar una entrada para solventar el mantenimiento del futuro museo. Esta visión no solo honraría la memoria de los caídos y combatientes, sino que también ofrecería un espacio tangible para la educación y el recuerdo de una de las páginas más significativas de la historia argentina.

Convertir el Santísima Trinidad en un museo implicaría desafíos técnicos y financieros considerables, dada su avanzada deterioración y el hundimiento previo. Sin embargo, la voluntad política y el apoyo de la sociedad civil podrían hacer posible este ambicioso proyecto. Un museo flotante en Puerto Belgrano o Bahía Blanca no solo sería un atractivo turístico, sino, y más importante, un centro de memoria y homenaje permanente a la Gesta de Malvinas, permitiendo a las nuevas generaciones comprender la magnitud de los eventos de 1982 y el sacrificio de quienes participaron.

Preguntas Frecuentes sobre el ARA Santísima Trinidad

A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre el destino de este histórico buque:

¿Qué es el ARA Santísima Trinidad?

El ARA Santísima Trinidad fue un destructor misilístico de la clase 42, construido en el Reino Unido para la Armada Argentina. Es tristemente célebre por haber liderado el desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982, marcando el inicio del conflicto bélico.

¿Cuánto cuesta un buque de Puerto a Bahía Blanca?
Como vemos en el cuadro, los costos portuarios totales para este hipotético buque ascienden a 420.956 U$S, el cual se compone por costos para llegar y operar en el Gran Rosario (U$S 239.416) y 167.479 U$S para completar las bodegas en Bahía Blanca.

¿Cuándo y por qué se hundió?

El buque se hundió en diciembre de 2013 en el muelle de la Base Naval Puerto Belgrano, debido a la falta de mantenimiento y una entrada de agua en su sala de máquinas. Este incidente ocurrió durante la gestión del ex Ministro de Defensa, Arturo Puricelli.

¿Quién impulsó la acción legal para salvarlo?

La acción de amparo judicial fue interpuesta por el ciudadano civil Jorge Oliver, un veterano y defensor de la memoria de Malvinas, en respuesta al decreto presidencial de 2020 que ordenaba la venta del buque como chatarra. Su objetivo era preservar la nave como patrimonio cultural.

¿Por qué es considerado patrimonio cultural?

Los tribunales, basándose en la Ley 25197 (Régimen del Patrimonio Cultural), han sostenido que su participación central en la Gesta de Malvinas lo convierte en un bien de valor histórico innegable, susceptible de ser catalogado como patrimonio cultural de la Nación.

¿Cuál es el futuro deseado para el buque?

El deseo de los veteranos de guerra y de diversas organizaciones culturales es que el ARA Santísima Trinidad sea restaurado y transformado en un buque museo malvinero, sirviendo como un recordatorio permanente de la historia y el sacrificio de 1982, en lugar de ser desguazado como chatarra.

La saga del ARA Santísima Trinidad es un claro recordatorio de la importancia de preservar nuestra historia, especialmente aquellos elementos tangibles que encarnan momentos cruciales de nuestra nación. Su lucha por la supervivencia, reflejada en el litigio judicial, es también la lucha por la memoria y el reconocimiento de un pasado que no debe ser olvidado ni desmantelado. La esperanza es que, finalmente, este icónico buque encuentre su lugar no en un desguace, sino como un faro de la memoria malvinera para las futuras generaciones.

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