¿Es mal decir que quiero ser feliz?

¿Es Mal Desear la Felicidad? La Búsqueda Profunda

20/08/2022

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¿Es mal decir que quiero ser feliz? Esta pregunta, aparentemente sencilla, encierra una de las búsquedas más profundas y universales del ser humano. Lejos de ser un capricho egoísta, el deseo de felicidad es una aspiración inherente a nuestra existencia, un motor que nos impulsa a buscar sentido, propósito y plenitud en cada paso que damos. Sin embargo, la verdadera felicidad no es un destino fácil ni una posesión material; es el fruto de un maduro discernimiento y de una entrega constante, tanto a nosotros mismos como a los demás.

¿Quién puede ser feliz?
Solo puede ser feliz quien se entrega a lo que fue llamado. El joven Samuel estaba al servicio del Señor con Elí. La palabra del Señor era rara en aquel tiempo y no eran frecuentes las visiones. Un día estaba Elí acostado en su habitación. Sus ojos comenzaban a debilitarse y apenas podía ver. La lámpara de Dios todavía no se había apagado.

La vida nos presenta innumerables opciones, desde la carrera profesional hasta el lugar donde deseamos vivir. Pero más allá de estas decisiones cotidianas, existe una opción trascendental que define el rumbo de nuestra existencia: descubrir el sentido y el propósito con el que viviremos. Para muchos, esta búsqueda está intrínsecamente ligada a la vocación y al plan que una fuerza superior, como Dios, tiene para cada individuo. Es un camino que, aunque no exento de desafíos, promete conducirnos hacia una felicidad duradera y significativa.

Índice de Contenido

La Felicidad en las Relaciones: El Camino del Matrimonio

Una de las avenidas más importantes para explorar la felicidad es a través de las relaciones interpersonales, y el matrimonio se presenta como un claro ejemplo de este viaje compartido. Elegir el camino del matrimonio es una decisión que va mucho más allá de las preferencias personales; es un compromiso profundo que requiere consideración y un fundamento sólido. Para aquellos que optan por esta senda, existen pilares esenciales que iluminan el camino hacia la felicidad conyugal.

El Amor Incondicional con Sus Condiciones

Cuando una pareja se promete amor en la salud y en la enfermedad, en la alegría y la tristeza, en la adversidad y la prosperidad, para el resto de la vida, se está haciendo una entrega total, un compromiso absoluto. Es un verdadero «salto al vacío», porque ninguno de los dos sabe lo que deparará el futuro. En este sentido, el amor es incondicional; no se basa en expectativas de lo que el otro debe ser o hacer, sino en una aceptación plena del ser del otro.

Pero, paradójicamente, este amor incondicional también tiene sus condiciones. No son condiciones que invalidan la entrega, sino que la sostienen y la hacen posible. Por ejemplo, la opción por el cónyuge implica una renuncia radical a querer estar con otras personas. Las promesas que se hacen en el altar —en la alegría y tristeza, la salud y la enfermedad— no son meras palabras, sino condiciones activas que deben vivirse día a día para que ese amor incondicional perdure. Es precisamente la falta de consideración de estas "condiciones" de lealtad y perseverancia lo que, lamentablemente, lleva a muchas separaciones hoy en día.

La Felicidad Compartida: "Tu Felicidad es Mi Felicidad"

Al casarse, uno busca ser feliz en esa aventura de vida compartida. Sin embargo, es crucial entender que el cónyuge no es un mero medio para alcanzar la felicidad individual. La verdadera felicidad en el matrimonio surge del descubrimiento de que, juntos, ambos desean ser felices. ¿Cómo se logra esto? A través de la entrega generosa y sacrificada del uno por el otro. El camino hacia la felicidad conyugal reside en la propia entrega hacia el otro.

Cuanto más se opte por renunciar a los caprichos personales, a las preferencias individuales (no necesariamente malas, pero que no contribuyen al bien común), y se elija vivir aquello que ayuda a la realización de ambos, mayor será la felicidad compartida. Es fundamental recordar que esposo y esposa se convierten en una sola carne. No está mal desear ser feliz; lo que sí puede estar mal es pensar solo en la propia felicidad. Cuando el egoísmo se apodera del corazón, se abren puertas a la infidelidad y a la insatisfacción, porque siempre se encontrarán razones para no ser feliz si la mirada se centra únicamente en el "yo". La felicidad auténtica en el matrimonio se construye entendiendo que la propia felicidad está ligada a la felicidad común, que ambos deben aprender a vivir y construir a lo largo de su vida. Para quienes abrazan una visión más profunda, el matrimonio no solo tiene una dimensión "horizontal" de amor entre los esposos, sino también una "vertical", una apertura al amor divino, nutriéndose diariamente de la fuente inagotable del amor de Dios.

La Esencia de la Comunicación: Más Allá de las Palabras

La comunicación en el matrimonio es un tema universalmente reconocido como vital, pero irónicamente, su deficiencia es una de las principales causas de divorcio. Más allá de las palabras, la comunicación conyugal abarca dimensiones que van mucho más allá de lo audible. Es el "metalenguaje": una mirada, una caricia, un abrazo, un gesto de cercanía o simplemente estar sentado en silencio al lado del otro. Si no se cultiva este amor en todas sus expresiones, desde lo corporal hasta lo espiritual, la relación se debilita progresivamente.

¿Es mal decir que quiero ser feliz?
No está mal decir que quiero ser feliz. Pero sí puede estar mal, pensar solo en mi felicidad. Cuando esa idea empieza a tomar posesión del corazón, el paso para la infidelidad se acerca más, porque cada vez se descubrirán más razones que no lo hacen a uno feliz. Todos podemos tener problemas, estilos de vivir y maneras de ser, que no nos gustan.

Sorprendentemente, la comunicación también implica saber vivir el silencio. No se trata de la ausencia de palabras, sino de un silencio que denota armonía interior, una sintonía consigo mismo. Solo cuando la persona está en contacto con su interior, en paz consigo misma y dueña de su ser, es capaz de un encuentro auténtico con el otro. Una persona que no sabe vivir ese silencio —un silencio de paz interior, libre de ruidos y frenesí— difícilmente podrá comunicarse de manera genuina con su pareja.

La Riqueza en la Diferencia: Unidad en la Diversidad

En la sociedad actual, a menudo se cree que para estar de acuerdo, todos deben pensar igual. O en el otro extremo, se confunde tolerancia con indiferencia, respetando opiniones sin buscar un mutuo acuerdo. Ambos extremos son erróneos. El camino más hermoso, aunque más desafiante, es el de la unidad en la diversidad. Lo bello de un hombre y una mujer que se aman reside precisamente en cómo dos personas, con características, riquezas y dones personales distintos, se complementan y se nutren mutuamente.

Es natural que existan opiniones y formas distintas de abordar un mismo problema o situación. El punto clave es que ambos deben llegar a una postura común, donde cada uno aporte su riqueza personal. Esto no solo genera un complemento mutuo, sino que da origen a una nueva idea, una nueva percepción, fruto de la relación amorosa entre los dos. Más allá de la mente y el corazón, la búsqueda de la unidad de vida puede llevar a una finalidad aún más hermosa: la creación de una vida totalmente nueva. El fruto más maravilloso del amor entre un hombre y una mujer es una nueva persona, una sola carne, única e irrepetible en la historia de la humanidad, la expresión singular y encarnada de esa unión amorosa: el hijo concebido.

La Felicidad y el Propósito Personal: Escuchar la Vocación Interior

Más allá del matrimonio, la felicidad individual también se arraiga en el descubrimiento de un propósito personal. Para muchos, este propósito se revela a través de la escucha de una voz interior o, en un contexto de fe, la voz de Dios. Dios, o el universo, nos habla constantemente, pero para poder escucharlo, es necesario hacer silencio, aquietar los pensamientos y el corazón. En un mundo lleno de ruido y distracciones, abstraerse de lo que nos rodea es un desafío, pero fundamental para la introspección.

El llamado que resuena en el corazón es un deseo profundo, un lugar donde uno encuentra alegría verdadera y paz profunda. Este llamado es único para cada persona, diseñado a la medida de nuestros anhelos, talentos y debilidades. Como un buen padre, el universo o Dios quiere lo mejor para nosotros, incluso si no siempre lo comprendemos. Escuchar esta voz interior implica un camino de autodescubrimiento, donde paso a paso, se va aclarando la voluntad para nuestra vida. Requiere confianza y la disposición de ponernos en manos de ese plan mayor.

El Llamado de Samuel: Una Metáfora para el Discernimiento

La historia del joven Samuel en la Biblia ofrece una poderosa metáfora sobre cómo escuchar un llamado, incluso cuando estamos distraídos o "en otra". Samuel estaba al servicio del Señor, pero al principio no reconocía la voz que lo llamaba. Estaba durmiendo, o "distraído", sin distinguir entre su sueño, la voz de su mentor Elí y la voz divina. Fue Elí quien, con sabiduría, le enseñó a Samuel a estar atento y a responder: "Habla, Señor, que tu siervo escucha".

Nuestra experiencia de vida no es muy diferente. A menudo, el propósito o la guía para nuestra felicidad se nos presenta de diversas formas, pero estamos tan inmersos en las distracciones modernas —la tecnología, el entretenimiento, el ritmo frenético— que nos volvemos "sordos" a esa voz. Nos anestesiamos y nos hipnotizamos con cosas que no siempre valen la pena, perdiendo la capacidad de saborear la vida. La historia de Samuel nos recuerda la importancia de la atención plena, de crear espacios de silencio y de buscar guía cuando la necesitamos para discernir nuestro propio camino hacia la felicidad.

Cultivando la Felicidad: Autoestima y Gestión Emocional

La felicidad no es solo un gran propósito o una relación perfecta; también se construye desde adentro, a través del desarrollo personal. Conceptos como la positividad, la autoestima y la gestión emocional son fundamentales, incluso desde la niñez, como lo ilustran libros que buscan enseñar a los más pequeños la importancia de valorarse a sí mismos y de comprender sus emociones.

¿Por qué es importante ser feliz?
Porque ser feliz no es solo estar contento cuando las cosas van bien. Porque en gran parte la felicidad depende de uno mismo y ser consciente de ello es el primer paso para SERLO. Y así fue cómo empezé a escribir cuentos para hablarles de positivdad y autoestima, dos factores importantes a la hora de hablar de felicidad.

¿Qué hacemos con nuestras emociones? Esta pregunta, que a menudo nos cuesta responder como adultos, es clave. Muchas veces, sentimos que hacemos malabarismos con ellas, tratando de mantener un equilibrio precario. Aprender a identificar, comprender y gestionar nuestras emociones es un paso vital para no dejarnos abrumar por los desafíos y para cultivar un bienestar interno que nos permita responder de manera constructiva a la vida. Una sana autoestima nos permite reconocer nuestro valor intrínseco, lo cual es la base para una felicidad que no depende exclusivamente de factores externos.

Tabla Comparativa: Enfoques de la Felicidad

AspectoFelicidad Egoísta/SuperficialFelicidad Auténtica/Profunda
FuentePlacer inmediato, posesiones, reconocimiento externo.Propósito, servicio, relaciones significativas, crecimiento personal.
DuraciónEfímera, dependiente de circunstancias.Duradera, resiliente, construida sobre valores.
Enfoque"Lo que puedo obtener para mí.""Lo que puedo dar y compartir."
ResultadoInsatisfacción recurrente, vacío.Plenitud, paz interior, sentido.
RelacionesEl otro como medio para mi beneficio.El otro como fin, fuente de crecimiento mutuo.

Preguntas Frecuentes sobre la Felicidad

¿Es egoísta querer ser feliz?

No, desear ser feliz no es egoísta. Es una aspiración natural y fundamental del ser humano. Lo que podría ser considerado egoísta es la forma en que se busca la felicidad, si es a expensas de los demás o solo para beneficio propio, sin considerar el impacto en el entorno o en las personas queridas. La felicidad auténtica a menudo se encuentra en la entrega y el servicio a los demás.

¿La felicidad es un destino o un camino?

La felicidad es, sin duda, un camino y no un destino final. Es un proceso continuo de crecimiento, aprendizaje y adaptación. Habrá momentos de alegría intensa y también de desafíos. La clave está en aprender a encontrar sentido y propósito en todas las etapas, disfrutando el viaje y construyendo la felicidad día a día, en lugar de esperar a que llegue un momento futuro ideal.

¿Cómo puedo empezar a buscar mi propósito de vida?

Buscar tu propósito de vida comienza con la introspección. Dedica tiempo al silencio y a la reflexión. Pregúntate qué te apasiona, qué problemas te gustaría resolver, qué talentos tienes y cómo puedes utilizarlos para contribuir al mundo. Experimenta, prueba cosas nuevas y presta atención a lo que te da verdadera alegría y paz. A veces, el propósito se revela a través del servicio a los demás.

¿Qué papel juegan las relaciones en la felicidad?

Las relaciones humanas son un pilar fundamental de la felicidad. Somos seres sociales y necesitamos la conexión, el apoyo y el amor de los demás. Las relaciones saludables (familiares, de amistad, de pareja) nos brindan un sentido de pertenencia, nos permiten crecer a través del espejo del otro, y nos ofrecen la oportunidad de dar y recibir amor, lo cual es una de las fuentes más profundas de alegría y plenitud.

En resumen, querer ser feliz no solo no es malo, sino que es una aspiración noble y el punto de partida para una vida con sentido. La felicidad no es un concepto superficial, sino un viaje profundo que implica discernimiento, entrega incondicional (especialmente en las relaciones), una comunicación auténtica que trasciende las palabras, y la capacidad de encontrar unidad en la diversidad. Es un camino de descubrimiento del propósito personal, de escucha interior y de superación de las distracciones que nos alejan de nuestra esencia. Cultivar la autoestima y gestionar nuestras emociones son herramientas esenciales en este viaje.

A todos aquellos que sienten esa hermosa vocación a la felicidad, ya sea a través del matrimonio o de cualquier otro camino de vida, les exhorto a compartir y esforzarse por vivir con un solo corazón. No se desalienten y nunca pierdan la esperanza. La vida nos ama y quiere que seamos felices, más allá de cualquier cruz o desafío que tengamos que cargar a lo largo del camino. El deseo de felicidad es una invitación a vivir plenamente, a dar lo mejor de nosotros mismos y a construir una vida con significado y alegría duraderos.

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