¿Cuál es el último libro de Marcelo Larraquy?

El Último Libro de Marcelo Larraquy: Ezeiza y la Primavera Sangrienta

09/03/2024

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Marcelo Larraquy, reconocido periodista e historiador, nos sumerge en uno de los períodos más complejos y traumáticos de la historia argentina con su último trabajo: «Primavera Sangrienta. Argentina 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal». Publicado por Editorial Sudamericana, este libro no solo aborda los años previos al golpe de Estado de 1976, sino que se detiene con particular énfasis en un evento que marcó un antes y un después en la dinámica política del país: la masacre de Ezeiza, ocurrida el 20 de junio de 1973.

¿Qué charló Marcelo Larraquy con el coronel Esteban Vilgré La Madrid?
El jueves 17 de junio de 2021 el libro se presentó en un encuentro online organizado por el ICC – Instituto de Cultura. El autor Marcelo Larraquy charló con el coronel Esteban Vilgré La Madrid, veterano de Malvinas, sobre la guerra de 1982 y las experiencias de los soldados.

La obra de Larraquy, a través de una investigación profunda y el análisis de testimonios clave, desentraña las intrincadas relaciones de poder, las facciones internas del peronismo y el germen de la violencia que eclosionaría de forma dramática en aquel fatídico día. No es solo un recuento de hechos, sino una inmersión en las motivaciones, los conflictos y las decisiones que llevaron a un país al borde del abismo, ofreciendo una perspectiva crucial para comprender la Argentina contemporánea.

Índice de Contenido

Ezeiza: El Día Que El Peronismo Estalló

El 20 de junio de 1973 amaneció con un aire de fiesta, un día de regocijo nacional. Millones de argentinos se movilizaban hacia el aeropuerto de Ezeiza para recibir a Juan Domingo Perón, quien regresaba al país de manera definitiva después de casi 18 años de exilio. La autopista Riccheri se convirtió en un torrente humano, con banderas de gremios, de la Juventud Peronista (JP), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, de municipios. Un helicóptero de las organizaciones sobrevolaba el palco, estratégicamente montado sobre un puente de la autopista, supervisando el inmenso desplazamiento de la multitud.

El palco, un símbolo de la esperanza y la unidad peronista, estaba custodiado por la Juventud Sindical y SMATA, identificados con brazaletes. Al mediodía, se estimaba que casi medio millón de personas se habían congregado. La atmósfera era eléctrica. El cineasta Leonardo Favio, desde el micrófono, arengaba a la multitud sobre el peronismo y el inminente regreso del Líder, llamando a la paz y la armonía. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires entonaba la marcha peronista, mientras Perón, junto al presidente Cámpora, se encontraba en vuelo, a poco más de una hora de aterrizar.

Sin embargo, la euforia se transformó en horror. La Columna Sur de Montoneros, buscando posicionarse al frente del palco, fue el catalizador del desastre. A las 14:35, una descarga de ametralladoras impactó contra ellos, buscando frenar su avance. Los disparos no solo provenían de la zona del palco, sino también del Hogar Escuela, situado a 300 metros. Lo que siguió fue un caos indescriptible: fuego cruzado, corridas desesperadas, vehículos abriéndose paso a toda velocidad por el pasto. Favio, a pesar de estar cuerpo a tierra, no soltaba el micrófono, clamando por la paz en medio de la balacera.

A las 15:20, los tiros cesaron. La imagen de un automóvil en llamas y las ambulancias del Ministerio de Bienestar Social, que trasladaban heridos y militantes dispersos al Hotel Internacional del Aeropuerto, pintaban un panorama desolador. Este hotel, lejos de ser un refugio, se convirtió en un improvisado centro de interrogatorios y torturas. La violencia resurgió con francotiradores ocultos entre los árboles, lo que llevó a Favio a pedir desesperadamente que la gente se bajara de las ramas. A las 16:55, su voz resonó por los altavoces: «Les ruego a los peronistas que no hagan uso de las armas». Poco después, se informó que Perón había aterrizado en la base aérea de Morón. El acto en Ezeiza se suspendía. La fiesta se había transformado en tragedia. El cuerpo orgánico del peronismo, que se esperaba unificado, estallaba en pedazos, dejando un saldo de 13 muertos y una cantidad indeterminada de heridos. Ezeiza fue la primera expresión abierta de violencia interna que fracturaría al movimiento.

Las Consecuencias Políticas Inmediatas de la Masacre

La jornada de Ezeiza dejó tres datos políticos de una contundencia brutal, que el libro de Larraquy analiza con precisión:

  1. Polarización Irreversible: A partir de ese día, el peronismo quedó dividido de forma tajante. Ya no había lugar para los matices; se estaba de un lado o del otro. La fractura entre las facciones ortodoxas y la Tendencia Revolucionaria se hizo insalvable.
  2. Cámpora Deslegitimado: El presidente Héctor Cámpora, quien había logrado la victoria y el regreso de Perón al país, no pudo presentarse como el artífice de la unidad. Su figura quedó debilitada y asociada al desorden y la violencia.
  3. Montoneros Sin Bendición: La organización Montoneros no logró exhibir su poder de movilización frente a su Líder para obtener su bendición. Por el contrario, al día siguiente, el 21 de junio, Perón marcó límites claros por cadena nacional, advirtiendo a quienes «ingenuamente piensan que pueden copar nuestro Movimiento o tomar el poder que el pueblo ha reconquistado». Este mensaje fue un claro desaire a las alas más radicalizadas de su movimiento.

Estos acontecimientos pueden interpretarse como la consumación de un enfrentamiento interno gestado en los meses previos, una consecuencia irreversible de la victoria de Cámpora y la compleja dinámica que Perón había diseñado para su retorno.

El Ajedrez del Poder: Perón, Cámpora y la Dinámica Peronista

Marcelo Larraquy profundiza en el porqué de la elección de Cámpora como candidato presidencial. Perón, imposibilitado de ser candidato por la cláusula electoral impuesta por el general Lanusse, necesitaba una instancia intermedia. Cámpora, su delegado, cumplió ese rol. El 17 de noviembre de 1972, Perón regresó al país y nominó a Cámpora, una decisión que el congreso justicialista avaló por disciplina, aunque no sin sobresaltos internos.

El peronismo de la época era un «magma abierto», permeable a la incorporación de diversos sectores (izquierda, disidentes, nacionalistas, cristianos). Sin embargo, la disputa interna era feroz entre el aparato gremial y político (los ortodoxos) y la «nueva estrella del Movimiento», la Tendencia Revolucionaria, que aglutinaba a la Juventud Peronista y Montoneros. Perón había alentado a esta última desde el secuestro y crimen de Aramburu, pero el conflicto latente entre las facciones mayoritarias era innegable.

La elección de Cámpora, preferido por la Tendencia, sobre Antonio Cafiero, predilecto de los gremios, provocó una reacción gremial que anticipó el conflicto. Aunque la lucha interna se manifestaba hasta entonces con acusaciones verbales o atentados aislados, el germen de la violencia más desgarradora ya se incubaba. Cámpora, garantía de lealtad para Perón, también lo era para la izquierda peronista y Montoneros, a quienes les hablaba al referirse a los «mártires que cayeron en la lucha por el retorno de Perón», en alusión a los fusilados en Trelew.

A pesar de la reticencia gremial, Cámpora ganó las elecciones con el 49,59% de los votos el 11 de marzo de 1973. A partir de ese día, Perón comenzó a mostrarse molesto y distante tanto con Cámpora como con la Tendencia Revolucionaria. Temía que el caudal de movilizaciones de la Tendencia se tradujera en un control excesivo del futuro gobierno. Despreció la larga lista de ministros y funcionarios que la conducción montonera solicitó y que Cámpora le trasladó en Puerta de Hierro. Perón ya no los quería, o los quería disciplinados y subordinados a su jefatura.

En abril de 1973, desde Madrid, Perón lanzó su primer «grito de alarma» por la «infiltración» de «elementos disolventes». Ese mismo mes, despidió a su delegado juvenil Rodolfo Galimberti por haber convocado a las «milicias populares peronistas», a pesar de la aclaración de que el llamado era para el «control de precios». Perón tampoco esperaba que la guerrilla multiplicara sus acciones en la transición de poder, con tomas de pueblos, robos a bancos y secuestros a empresarios, incluyendo acciones de Montoneros. Perón suponía que con el peronismo en el poder, la guerrilla desaparecería; Cámpora, en cambio, solo esperaba una tregua.

La Conspiración Interna y la Caída de Cámpora

Marcelo Larraquy revela cómo José López Rega, conviviente con el matrimonio Perón en Puerta de Hierro, se convirtió en una figura central en la conspiración contra Cámpora, o el «camporismo». López Rega, con el apoyo silencioso de Isabel Perón, expresó su preocupación por la concentración de poder en la familia de Cámpora, temiendo quedar excluido del nuevo gobierno. La gran pregunta que el autor plantea es: ¿qué quería Perón de Cámpora después de la victoria? ¿Cuál era su plan?

Esteban Righi, exministro del Interior de Cámpora y entrevistado por Larraquy para «Primavera Sangrienta», aporta una perspectiva crucial. Según Righi, Perón era un «gran ambiguo» y no estaba claro si Cámpora pensaba ser presidente por cuatro años o si su renuncia estaba pactada. Righi cree que Perón siempre quiso ser presidente, o que la idea de la renuncia de Cámpora se consolidó por la influencia de su círculo íntimo y los acontecimientos. Perón, quizás con una visión desactualizada de la Argentina tras 20 años de exilio, creía que su regreso calmaría todo. Lo que se le reclamaba era claridad.

López Rega obtuvo un puesto clave en el gabinete, siendo colocado por Perón en el Ministerio de Bienestar Social, a pesar de que Cámpora había propuesto a Isabel. El 25 de mayo de 1973, día de la asunción de Cámpora, la presión popular llevó a la liberación de los presos políticos sin indulto ni amnistía, un hecho que Perón le imputó a Cámpora por «no haberlo podido manejar». Más allá de este incidente, a Perón le preocupó el descontrol inicial del gobierno de Cámpora, con la ocupación de 180 dependencias estatales por facciones de la Tendencia y la ortodoxia, lo que reflejaba las dificultades de Cámpora para gestionar la disputa interna.

¿Cuál es el último libro de Marcelo Larraquy?
Marcelo Larraquy es periodista e historiador. Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal". Ed.

El Protocolo y la Conspiración que Derrocaron a Cámpora

Desde Madrid, Perón observaba con disgusto un progresivo caos social e institucional. Este disgusto se hizo evidente cuando Cámpora viajó a Madrid para acompañar el regreso de Perón el 20 de junio. Para entonces, la conspiración interna contra Cámpora, orquestada por López Rega con grupos ortodoxos y gremiales, ya estaba en marcha. Perón despreció el protocolo, negándose a participar en la cena de gala ofrecida por Franco a Cámpora y recibiéndolo en pijama en Puerta de Hierro, marcando distancia institucional.

La maniobra para controlar el acto de retorno se ejecutó con la conformación de la «Comisión Organizadora». López Rega puso al servicio las estructuras del Ministerio de Bienestar Social, y a ella se sumaron grupos desplazados de la campaña electoral, como gremios y agrupaciones ortodoxas, que buscaban romper la alianza implícita de Cámpora con la Tendencia. El coronel Jorge Osinde, secretario de Deportes y Turismo del Ministerio de Bienestar Social, coordinó a los grupos de seguridad que controlaron el acto. El Hotel Internacional del Aeropuerto de Ezeiza fue el centro de operaciones, donde se torturaría a detenidos. Las ambulancias del Ministerio transportaron armas, y los estuches de los instrumentos de la Orquesta Filarmónica ocultaron ametralladoras. La Policía Federal no participó de la seguridad, argumentando que el peronismo «no podía ser custodiado por quienes lo persiguieron». La falta de seguridad estatal fue deliberada.

El horror de Ezeiza se manifestó cuando Leonardo Favio, al llegar al Hotel Internacional, encontró en la habitación 108 a un grupo de torturados. Pidió un médico y propuso un pacto a los torturadores para que dejaran de golpear a los detenidos, a cambio de olvidar sus rostros, llevándose el nombre de ocho de ellos.

Al día siguiente, Perón, por cadena nacional, abandonó definitivamente sus discursos de «socialismo nacional» de los tiempos de Lanusse, afirmando: «No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina y a nuestra ideología. Somos lo que las veinte verdades peronistas dicen». Este fue el Perón «real» presentándose por primera vez en el país, distanciándose de las corrientes más radicalizadas.

La CGT, en sintonía con Perón, aseguró que defendería «a cualquier precio y en cualquier terreno la doctrina peronista». En contraste, el 26 de junio, Clarín publicó una solicitada de FAR y Montoneros acusando a «un puñado de asesinos con brazaletes del Ministerio de Bienestar Social, Concentración Nacional Universitaria (CNU) y Comando de Organización» de masacrar al pueblo. En una reunión de gabinete, Abal Medina pidió a Cámpora que responsabilizara a López Rega y Osinde, pero Cámpora se preocupó por las consecuencias: «¿Cómo vamos a hacer eso con el General? Nos va a echar a todos», dijo.

Esteban Righi relata que, tras Ezeiza, Osinde tuvo un desempeño desastroso en las reuniones de gabinete. Cámpora le contó a Perón, pero regresó sin la renuncia de Osinde, lo que para Righi fue una clara señal de que el fin del gobierno de Cámpora era inminente. Cinco días después de Ezeiza, el 25 de junio, Perón visitó el Ministerio de Bienestar Social acompañado por López Rega, recorriendo pasillos y saludando empleados. Este fue un aval explícito a López Rega. Perón nunca visitaría a Cámpora en la Casa Rosada; incluso una reunión de gabinete se realizó en su domicilio de Vicente López el 4 de julio.

Ese día, 4 de julio, se selló la suerte de Cámpora. Righi fue testigo. López Rega preguntó cuál sería el rol de Perón en el gobierno, y Cámpora respondió que el único rol posible era el de Presidente, si el General lo decía. Perón, según Righi, que en ese momento estaba flotando en las nubes y se había recuperado de un paro cardíaco, les dijo a Cámpora, Solano Lima y Taiana que si había que sacrificarse por el país, él se sacrificaba. La renuncia no sorprendió a Righi, quien ya sabía que se irían del gobierno. Aunque la prensa no informó de inmediato sobre la renuncia de Cámpora, esta se hizo pública una semana después. La balacera de Ezeiza se había llevado puesta su Presidencia.

Cronología de Eventos Clave (1973)

FechaAcontecimientoDescripción Breve
11 de marzoElecciones presidencialesHéctor Cámpora gana con el 49.59% de los votos.
25 de mayoAsunción de CámporaLiberación de presos políticos por presión popular.
20 de junioMasacre de EzeizaViolentos enfrentamientos en el acto de regreso de Perón.
21 de junioDiscurso de PerónPerón marca límites a las facciones radicalizadas del peronismo.
25 de junioVisita de Perón a López RegaPerón avala explícitamente a José López Rega en su ministerio.
4 de julioReunión de gabinete en casa de PerónSe sella la decisión de la renuncia de Cámpora.
13 de julio (aprox.)Renuncia de CámporaHéctor Cámpora y Vicente Solano Lima renuncian a la presidencia y vicepresidencia.

Preguntas Frecuentes sobre la Obra de Marcelo Larraquy

¿Cuál es el título completo del último libro de Marcelo Larraquy mencionado en el texto?

El título completo del último libro de Marcelo Larraquy es «Primavera Sangrienta. Argentina 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal».

¿De qué trata principalmente «Primavera Sangrienta»?

«Primavera Sangrienta» aborda el período de 1970 a 1973 en Argentina, centrándose en la creciente violencia política, la guerrilla, los presos políticos, la represión ilegal y, especialmente, la masacre de Ezeiza del 20 de junio de 1973, analizando cómo estos eventos sentaron las bases para la dictadura militar posterior.

¿Qué fue la Masacre de Ezeiza y por qué fue tan importante?

La Masacre de Ezeiza fue un violento enfrentamiento armado ocurrido el 20 de junio de 1973 en el Aeropuerto de Ezeiza, durante la concentración popular para recibir a Juan Domingo Perón. Fue un punto de inflexión porque marcó el estallido de la violencia interna dentro del peronismo, evidenciando la fractura entre sus facciones y el inicio de un período de gran inestabilidad política.

¿Por qué renunció Héctor Cámpora a la presidencia tan poco tiempo después de asumir?

Héctor Cámpora renunció a la presidencia, en gran medida, debido a la presión interna ejercida por Juan Domingo Perón y su círculo más cercano, especialmente José López Rega e Isabel Perón. Perón buscaba retomar el control total del movimiento y del gobierno, y la figura de Cámpora, quien había generado expectativas en las alas más radicalizadas del peronismo, ya no encajaba en sus planes tras el caos de Ezeiza y el inicio de su distanciamiento con la Tendencia Revolucionaria.

¿Qué papel jugó José López Rega en estos acontecimientos?

José López Rega jugó un papel crucial en la conspiración contra Cámpora y en la organización de la seguridad del acto de Ezeiza. Como ministro de Bienestar Social, utilizó los recursos de su cartera para movilizar grupos afines a la derecha peronista y para coordinar las acciones que derivaron en la masacre. Fue una figura clave en la presión para la renuncia de Cámpora y en la consolidación del poder de Perón, actuando como un operador central en la intriga palaciega.

El Legado de un Período Sangriento

La obra de Marcelo Larraquy es fundamental para entender cómo las tensiones internas del peronismo, las ambigüedades de Perón y la brutalidad de facciones en pugna, desembocaron en una era de violencia sin precedentes. «Primavera Sangrienta» no solo narra los hechos, sino que los contextualiza en un momento de ebullición política, donde cada decisión, cada alianza y cada enfrentamiento tenían consecuencias directas y devastadoras para el futuro del país. El libro es una invitación a reflexionar sobre las causas profundas de una de las etapas más dolorosas de la historia argentina, un testimonio imprescindible para comprender las raíces de nuestra memoria colectiva y las cicatrices que aún persisten.

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