13/11/2023
La lucha contra las carreras de galgos clandestinas en Argentina es una batalla que se libra día a día, a pesar de que la Ley 27.330 las prohíbe expresamente desde 2016. Un reciente suceso en Vista Alegre, Neuquén, ha vuelto a poner de manifiesto la persistencia de esta actividad ilícita, revelando no solo la audacia de quienes las organizan, sino también la incansable labor de las autoridades y organizaciones como Proyecto Galgo en su intento por erradicarlas. Este incidente, que tuvo lugar en el mismo predio donde ya se había desarticulado otra competencia ilegal apenas un mes antes, subraya la complejidad y los desafíos inherentes a la aplicación de la ley y la protección animal.

El domingo por la mañana, la tranquilidad de una chacra en Vista Alegre, conocida como Anabalón, ubicada en calle 11 y Ruta 7, se vio interrumpida por la presencia de personal de la policía de Neuquén. Cerca de las 11, el movimiento inusual de vehículos y personas alertó a las fuerzas de seguridad. El comisario inspector Daniel Segura, coordinador de la dirección de Delitos, relató cómo los agentes del área de Seguridad observaron un flujo constante de gente, sugiriendo la inminente realización de un evento. Al acercarse, la escena confirmó sus sospechas: unos 50 vehículos y entre 150 y 200 personas, con toda la infraestructura ya montada para lo que, sin duda, sería una carrera de galgos.
El Incidente en Vista Alegre: Una Redada a Tiempo
La rápida actuación policial permitió frenar la competencia antes de su inicio formal, un factor crucial que, según Segura, evitó el secuestro de animales y detenciones en el lugar. El propietario de la chacra fue citado a la Comisaría 49, donde se le notificó sobre la prohibición de este tipo de eventos. Su argumento, un presunto desconocimiento de la ley, es una excusa recurrente que resalta la necesidad de una mayor difusión y concientización sobre la normativa vigente. Una vez notificados, los asistentes comenzaron a dispersarse, dejando atrás una infraestructura preparada para la ilegalidad. La versión oficial, recogida por La Mañana de Cipolletti, enfatiza que la intervención ocurrió justo a tiempo, antes de que los galgos comenzaran a correr, lo que simplificó el procedimiento al no haber una actividad ilícita en curso al momento de la llegada policial, sino solo los preparativos.
Este no es un hecho aislado. La repetición de este tipo de eventos en el mismo lugar, en un lapso tan corto, sugiere una red de organizadores persistente y un desafío constante para las autoridades. A pesar de las advertencias y la aplicación de la ley, la tentación de la clandestinidad y los posibles beneficios económicos que estas carreras generan parecen ser un motor suficientemente fuerte para que algunos sigan desafiando el marco legal y la ética.
La Ley 27.330: Un Marco Legal Ignorado
La Ley 27.330, sancionada el 17 de noviembre de 2016 por la Cámara de Diputados con un contundente apoyo de 132 votos a favor y solo 17 en contra, y en vigencia desde diciembre de ese mismo año, fue un hito en la protección animal en Argentina. Su objetivo principal fue poner fin a las crueles carreras clandestinas de perros, especialmente galgos, que por años habían sido objeto de controversia y denuncias de maltrato. El artículo 1° de la norma es categórico: “Queda prohibido en todo el territorio nacional la realización de carreras de perros, cualquiera sea su raza”. Esta prohibición es total y abarca cualquier tipo de perro, no solo galgos, aunque estos sean los más asociados a esta práctica.
Las consecuencias para quienes infrinjan esta ley son severas. El artículo 2° establece claramente que “el que por cualquier título organizare, promoviere, facilitare o realizare una carrera de perros, cualquiera sea su raza, será reprimido con prisión de tres (3) meses a cuatro (4) años y multa de cuatro mil pesos ($ 4.000) a ochenta mil pesos ($ 80.000)”. Esta disposición busca disuadir a los organizadores y participantes, aplicando penas que van más allá de una simple multa, afectando directamente la libertad de quienes incurren en estas prácticas. Si se hubiera confirmado que hubo una carrera en Vista Alegre, los organizadores enfrentarían estas graves penas.
La sanción de esta ley en 2016 no fue un proceso sencillo. Estuvo precedida por un intenso debate público que generó “cruces callejeros entre defensores y detractores de las carreras de galgos”. Por un lado, grupos de proteccionistas y defensores de los derechos animales argumentaban sobre el maltrato animal inherente a estas competencias, que a menudo implican el uso de drogas para mejorar el rendimiento, condiciones de vida deplorables, y el descarte de animales que ya no son útiles para la carrera. Por otro lado, los defensores de las carreras las presentaban como una tradición cultural o incluso una actividad económica legítima, ignorando el sufrimiento de los animales involucrados. Este contexto histórico demuestra que la prohibición no fue una medida arbitraria, sino el resultado de una demanda social creciente por la protección de los animales.
La Versión de Proyecto Galgo: ¿Una Historia Diferente?
Mientras la policía de Neuquén presentaba la operación como un éxito preventivo, la organización Proyecto Galgo ofreció una versión que, si bien no contradice la prohibición, sí añade matices importantes sobre lo sucedido. Una vocera de la asociación aseguró que la intervención policial no fue espontánea, sino el resultado de una intensa presión ciudadana. Según su relato, la competencia se pudo frenar gracias a la alerta de varias personas que, a través de la página de Facebook de la asociación, informaron sobre los movimientos en la chacra. Esta información llevó a que se realizaran “como 15 veces” llamadas a la Comisaría 49, hasta que, según la vocera, a las autoridades “no les quedó más alternativa que ir a la chacra”.
Además, la versión de Proyecto Galgo difiere en un punto crucial: la posibilidad de que algunas carreras ya hubieran tenido lugar. “Una seguidora de nuestra página nos indicó que encontraron 200 personas y 30 galgos, que suspendieron todo y que ya habían corrido cuatro carreras cuando llegó la Policía, pero no lo pudimos confirmar todavía, vamos a ir en la semana a Fiscalía para tener datos oficiales”, señaló la vocera. Esta discrepancia es vital, ya que si se confirma que se corrieron carreras, las implicaciones legales para los organizadores serían mucho más graves, activando las penas de prisión y multas establecidas por la Ley 27.330. La dificultad para obtener pruebas concretas en eventos clandestinos es un desafío constante para las organizaciones y la justicia.
La Persistencia de las Carreras Clandestinas: ¿Por Qué Siguen Ocurriendo?
A pesar de la existencia de una ley clara y las consecuencias penales, las carreras de galgos siguen organizándose de manera clandestina en diversas partes del país. Varios factores contribuyen a esta persistencia. Primero, la naturaleza misma de la clandestinidad hace que sean difíciles de detectar y desarticular. Los organizadores suelen utilizar lugares apartados y de difícil acceso, como chacras o campos, y operan con redes de comunicación discretas.
Segundo, el argumento de “desconocimiento de la ley”, aunque legalmente no exime de responsabilidad, refleja una posible falta de concientización o una deliberada ignorancia por parte de algunos involucrados. La cultura galguera, arraigada en ciertas comunidades, puede llevar a que algunos consideren estas carreras como una actividad lúdica o económica, minimizando la crueldad animal y el carácter ilegal de la práctica.
Finalmente, la falta de denuncias formales es un obstáculo significativo. Si bien en el caso de Vista Alegre hubo una fuerte movilización en redes sociales, con usuarios señalando a supuestos organizadores, la ausencia de una denuncia formal dificulta la acción judicial. Las autoridades necesitan pruebas y denuncias concretas para poder avanzar con las investigaciones y aplicar las sanciones correspondientes. La colaboración ciudadana, como la que impulsó la intervención en Vista Alegre según Proyecto Galgo, es fundamental, pero debe ir acompañada de la formalización de las denuncias para que tengan un peso legal efectivo.
Preguntas Frecuentes sobre las Carreras de Galgos en Argentina
La recurrencia de estos eventos genera muchas dudas en la población. A continuación, algunas de las preguntas más comunes:
¿Son legales las carreras de galgos en Argentina?
No, las carreras de galgos están prohibidas en todo el territorio nacional desde la sanción de la Ley 27.330 en noviembre de 2016 y su entrada en vigencia en diciembre de ese año.
¿Qué pena reciben quienes organizan o participan en carreras de galgos?
La Ley 27.330 establece penas de prisión de tres meses a cuatro años, y multas que van desde los cuatro mil pesos ($4.000) hasta los ochenta mil pesos ($80.000) para quien organice, promueva, facilite o realice una carrera de perros.
¿Qué hacer si sospecho de una carrera clandestina de galgos?
Es fundamental denunciar a las autoridades competentes. Puede ser a la policía local, fiscalías o, en muchos casos, a organizaciones de protección animal como Proyecto Galgo, que pueden asesorar sobre cómo proceder y canalizar la información. Es importante proporcionar la mayor cantidad de detalles posible (ubicación, hora, cantidad de personas, vehículos, etc.).
¿Por qué se prohibieron las carreras de galgos?
Se prohibieron principalmente debido a las graves denuncias de maltrato animal. Los galgos utilizados en estas carreras a menudo sufren condiciones de vida deplorables, son sometidos a entrenamientos forzados, reciben drogas para mejorar su rendimiento y, una vez que ya no son útiles, son abandonados o sacrificados. La ley busca proteger la integridad y el bienestar de estos animales.
¿Qué rol juegan las organizaciones como Proyecto Galgo?
Organizaciones como Proyecto Galgo son cruciales en la lucha contra las carreras clandestinas. Realizan campañas de concientización, rescatan galgos en situación de vulnerabilidad, promueven su adopción y, como se vio en el incidente de Vista Alegre, actúan como intermediarios entre la ciudadanía y las autoridades, canalizando denuncias y presionando para la aplicación de la ley. Su activismo es un pilar fundamental para visibilizar el problema y exigir justicia.
El incidente en Vista Alegre es un recordatorio de que la lucha por los derechos de los animales es continua y requiere la colaboración de todos. La Ley 27.330 es una herramienta poderosa, pero su efectividad depende de la vigilancia ciudadana, la acción policial y el compromiso de la justicia para aplicar las sanciones correspondientes a quienes persisten en estas prácticas crueles e ilegales. La historia de Proyecto Galgo y su intervención en este caso demuestra el poder de la organización y la denuncia en la defensa de aquellos que no tienen voz.
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