02/08/2024
En el vibrante escenario político de Argentina, el 12 de octubre de 1928 marcó el inicio del segundo mandato presidencial de Hipólito Yrigoyen, un líder carismático que, a sus 78 años, había regresado al poder con un triunfo arrollador en las urnas. Conocido popularmente como “el peludo” por sus años de lucha en el llano y luego como “el apóstol” por la devoción popular, Yrigoyen encarnaba el primer populismo del país, abriendo las puertas de la Casa Rosada a los más necesitados. Sin embargo, el país de 1930 era un caldero de tensiones. El radicalismo, dividido desde 1924, enfrentaba una fuerte oposición en el Senado, y un heterogéneo grupo de conservadores, radicales antipersonalistas, socialistas independientes y militares, habían llegado a un inquietante consenso: el de conspirar.

El clima político se enrareció rápidamente, alimentado por rumores y una narrativa opositora que pintaba a Yrigoyen como un anciano senil, lento en sus decisiones y fácilmente irritable. Aunque la crueldad de esta versión era evidente, la percepción de un presidente debilitado caló hondo. La conspiración no era un secreto a voces; se gestaba abiertamente, con figuras clave como los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo a la cabeza, ambos con visiones distintas sobre el futuro del país, pero unidos por el objetivo común de derrocar al gobierno constitucional.
- Un Presidente Bajo Asedio: La Escalada de la Crisis
- El Día del Quiebre: El 6 de Septiembre de 1930
- ¿Por Qué Uriburu Anuló los Comicios?
- Preguntas Frecuentes
- ¿Quién fue Hipólito Yrigoyen y por qué fue derrocado?
- ¿Cuál fue el papel de José Félix Uriburu en el golpe de 1930?
- ¿Qué pasó con Yrigoyen después del golpe?
- ¿Cuál fue la diferencia entre Uriburu y Agustín P. Justo durante la conspiración?
- ¿Qué significa que Uriburu anuló los comicios y por qué lo hizo?
Un Presidente Bajo Asedio: La Escalada de la Crisis
Agosto de 1930 fue un mes de acelerados acontecimientos. El 21, una multitudinaria marcha de militantes radicales, en un intento por mostrar apoyo al presidente, recorrió las calles de Buenos Aires para concentrarse en la Plaza Once y dirigirse a la casa de Yrigoyen en la calle Brasil. A pesar de la devoción popular, las señales de advertencia se multiplicaban.
El 23 de agosto, la agrupación fascista Legión de Mayo lanzó una denuncia pública que resonó en la sociedad: “La Patria está en peligro”. Sus comunicados eran claros y contundentes: “el Congreso no existe, la autonomía provincial no existe. El presidente de la República tampoco existe…”. La tensión escaló aún más el 29, cuando los porteños se encontraron con afiches que sentenciaban: “Advertencia perentoria: la Renuncia Presidencial o la Guerra Necesaria”. Estos panfletos, firmados por el dirigente nacionalista Manuel Carlés, futuro admirador de Hitler y Mussolini, interpelaban directamente a Yrigoyen, instándolo a renunciar “como Rivadavia” al haber perdido la confianza de la República. La respuesta radical no se hizo esperar, con un acto y una marcha de antorchas que, tristemente, culminó en un tiroteo al pasar por el Círculo de Armas.
La falta de reacción del gobierno fue un factor determinante. El ministro de Guerra, teniente general Luis Dellepiane, un militar de prestigio que había demostrado su idoneidad en el manejo de los disturbios de la Semana Trágica de 1919, tenía información fresca sobre el inminente estallido revolucionario. Intentó persuadir a Yrigoyen de reorganizar el gabinete e incluso arrestó a algunos jefes conspiradores, pero el presidente los hizo liberar. Esta inacción, o quizás una excesiva confianza en la lealtad de las fuerzas armadas, sellaría su destino.
El Día del Quiebre: El 6 de Septiembre de 1930
El domingo 31 de agosto, Yrigoyen, afectado por una gripe, permaneció en su hogar. Su casa se convirtió en un ir y venir de miembros de su gabinete. Mientras tanto, el vicepresidente Enrique Martínez, quien ejercería la presidencia por unas horas en medio de un desconcierto general, se encontraba en una situación precaria. Elpidio González, ministro del Interior, se reunió con los militares acusados de conspiración, Uriburu y Justo, para comunicarles que Yrigoyen estaba al tanto del complot pero que no detendría a nadie, priorizando al país y a las fuerzas armadas. Los militares se hicieron los desentendidos, aunque Uriburu, quien conspiraba desde fines de 1929, pretendía el poder total, mientras que Justo, más pragmático, buscaba una transición controlada hacia nuevas elecciones.
El 1 de septiembre, una autodenominada Juventud Universitaria denunció el “desquicio administrativo, bancarrota moral y económica” del gobierno. La renuncia de Dellepiane el 2 de septiembre, quien denunció “pocas lealtades y muchos intereses” cerca del presidente, fue un golpe más. La “prensa seria”, a diferencia de los diarios oficiales, ya anunciaba que “la revolución está como tema en todos los labios”.
La situación se precipitó. El 4 de septiembre, el ministro de Justicia e Instrucción Pública, Juan De la Campa, un viejo militante del partido, solicitó a Yrigoyen que delegara el mando en su vice. Aunque reacio al principio, Yrigoyen accedió a pensarlo. Ese mismo día, una marcha de cinco mil estudiantes universitarios terminó en la Plaza de Mayo con la muerte de un policía y un empleado del Banco Nación, Juvencio Aguilar, quien fue erróneamente presentado como estudiante, en un confuso episodio que los golpistas utilizaron para avivar el fervor popular.
Finalmente, el 5 de septiembre, desde su lecho de enfermo y visiblemente cansado, Yrigoyen firmó varios decretos, pero fue convencido de delegar el mando. Esa misma tarde, el vicepresidente Martínez fue informado de que era el presidente en ejercicio. Sin embargo, la exigencia de los conspiradores ya se había cumplido a medias. Aunque el golpe parecía no tener sentido, Martínez decretó el estado de sitio en la Ciudad de Buenos Aires. Los golpistas, reunidos en el diario Crítica, contaban con el compromiso de la marina y parte de la aviación militar, pero no con unidades importantes del ejército.
Al amanecer del sábado 6 de septiembre, Uriburu salió de su casa rumbo al Colegio Militar. A pesar de la oposición de la mayoría de sus capitanes, el director del colegio, coronel Francisco Reynolds, se había plegado al golpe. Aviones comenzaron a sobrevolar la ciudad, arrojando panfletos. Desde las carteleras del diario Crítica se anunciaba que Uriburu, al frente de unos 1500 hombres (600 cadetes del Colegio Militar y efectivos de la Escuela de Comunicaciones), marchaba hacia el centro de la ciudad, sumando civiles armados a su paso.
En la Casa Rosada, el gabinete de Martínez estaba sumido en el desconcierto. Se decidió extender el estado de sitio a todo el país y suspender las elecciones de Mendoza y San Juan. A las 11 de la mañana, el médico Osvaldo Meabe llevó un mensaje de Yrigoyen: resistir. Pero una hora después, un telegrama de Uriburu exigía la renuncia de todo el gobierno, responsabilizando a Martínez por la sangre que pudiera derramarse. Ante la incertidumbre sobre la composición de las fuerzas rebeldes y la falta de lealtad en las propias filas, Martínez, en un acto de rendición, hizo izar una bandera blanca de parlamento hecha con un mantel en los techos de la Casa Rosada. A pesar de los esfuerzos de militares leales como el teniente coronel Gregorio Pomar, quien intentó organizar la resistencia, Martínez estaba decidido a no combatir.
Mientras la columna golpista pasaba por el Congreso, se produjeron disparos. Dos cadetes, Güemes y Larguía, resultaron muertos, y hubo varios heridos. Los insurgentes destrozaron el bloque radical en el Congreso y la Confitería del Molino. Horacio Oyhanarte, ministro de Relaciones Exteriores y amigo personal de Yrigoyen, corrió a la casa del presidente, quien aún insistía en resistir o buscar asilo. Finalmente, Yrigoyen, febril, decidió viajar a La Plata en busca de fuerzas leales, solo para descubrir que el gobernador bonaerense ya había recibido órdenes de solicitarle la renuncia. Todo estaba perdido.
En un breve encuentro con Martínez, Uriburu lo obligó a renunciar. El manifiesto de los golpistas, redactado por Leopoldo Lugones, dejó claro que se trataba de un gobierno de fuerza, dispuesto a apelar a ella para sostenerse. Civiles descontrolados incendiaron comités radicales, la casa de Yrigoyen y las sedes de los medios oficialistas La Calle y La Época, mientras las sirenas de los diarios anunciaban la “emocionante entrega del poder”, que en realidad era la intimidación de Uriburu a Martínez.
La Renuncia de Yrigoyen y el Nuevo Régimen
En la capital bonaerense, Yrigoyen dictó su renuncia: “Ante los sucesos ocurridos, presento en absoluto la renuncia al cargo de presidente de la Nación Argentina”, y agregó de su puño y letra: “Dios guarde a usted”. La entregó en mano al jefe de las fuerzas militares de La Plata, quien le cedió su propio dormitorio. “No tengo a dónde ir…”, se sinceró el anciano presidente, dejando el poder en medio de la indiferencia general.
¿Por Qué Uriburu Anuló los Comicios?
Una de las acciones más significativas y controvertidas del gobierno de facto de Uriburu fue la anulación de los comicios. El golpe del 6 de septiembre de 1930 no solo derrocó a un presidente constitucional, sino que también inauguró un período de profunda inestabilidad y reconfiguración política en Argentina, conocido como la Década Infame. La anulación de elecciones no fue un acto aislado, sino una estrategia deliberada para consolidar el poder y reordenar el mapa político según los intereses de la dictadura.
El texto señala explícitamente que “Uriburu anuló los comicios. Es por ello que al convocar nuevamente a elecciones /esta vez presidenciales/ vetó el nombre de Marcelo T. de Alvear y se preocupó de asegurar los resultados por medio del fraude.” Esto nos da varias claves sobre sus motivaciones:
- Consolidación del Poder: Al anular los comicios y suspender elecciones ya programadas (como las de Mendoza y San Juan el mismo día del golpe), Uriburu eliminó cualquier vestigio de legitimidad democrática y se aseguró el control total sobre el proceso político. Un gobierno de facto, por definición, no se legitima a través de elecciones populares, sino por la fuerza.
- Exclusión de Opositores: La anulación le permitió a Uriburu vetar directamente a figuras políticas que consideraba una amenaza o que no encajaban en su visión de país. El caso de Marcelo T. de Alvear es el ejemplo más claro, ya que su nombre fue explícitamente vetado para futuras elecciones presidenciales. Esto aseguraba que el radicalismo, y en particular sus facciones más populares, no pudieran regresar al poder por vía democrática.
- Manipulación de Futuros Procesos Electorales: Al anular los comicios existentes, Uriburu sentó las bases para redefinir las reglas del juego electoral a su conveniencia. El objetivo no era restaurar la democracia, sino crear un sistema que le permitiera a su facción o a sus aliados controlar el poder. Esto se lograría, como indica el texto, “por medio del fraude”. La anulación era el primer paso para establecer un marco donde la voluntad popular sería sistemáticamente ignorada o distorsionada.
- Restauración de un Orden Conservador: Los conspiradores, en su mayoría, buscaban restaurar un orden político y social que consideraban perdido bajo el yrigoyenismo, al que veían como un populismo desordenado y corrupto. La anulación de elecciones y el subsiguiente control electoral eran herramientas para devolver el poder a las élites conservadoras y militares que habían dominado el país antes de la Ley Sáenz Peña.
En resumen, la anulación de los comicios por parte de Uriburu fue una acción estratégica destinada a desmantelar el sistema democrático que había llevado a Yrigoyen al poder, excluir a las fuerzas políticas no afines a la dictadura y pavimentar el camino para una nueva era de control político basada en la fuerza y el fraude electoral.
El Legado de Uriburu y el Fin de una Era
El 10 de septiembre de 1930, Uriburu asumió como presidente de facto, convalidado por la Suprema Corte. Su gobierno fue breve pero sentó las bases de un nuevo paradigma político en Argentina, caracterizado por la intervención militar en la vida civil. En 1932, Uriburu entregó el poder a Agustín P. Justo y viajó a Europa, donde falleció de cáncer de estómago al año siguiente.
Mientras tanto, Yrigoyen, el mandatario depuesto, fue encarcelado preventivamente en la isla Martín García, cuando los militares descubrieron una conspiración radical. Liberado a comienzos de 1933, su corazón dijo basta el 5 de julio de ese mismo año. Todo un pueblo lo lloró, marcando el fin de una era y el comienzo de un período de inestabilidad y autoritarismo en la historia argentina.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue Hipólito Yrigoyen y por qué fue derrocado?
Hipólito Yrigoyen fue un líder carismático y dos veces presidente de Argentina, representando el primer populismo en el país. Fue derrocado el 6 de septiembre de 1930 mediante un golpe de estado liderado por el General José Félix Uriburu. Las razones incluyeron acusaciones de senilidad y lentitud en la toma de decisiones, una fuerte oposición política y militar, divisiones dentro del radicalismo y un consenso conspirativo para poner fin a su gobierno, que era percibido como caótico y corrupto por ciertos sectores.
¿Cuál fue el papel de José Félix Uriburu en el golpe de 1930?
José Félix Uriburu fue el principal cabecilla del primer golpe militar contra un gobierno democrático en Argentina. Lideró la marcha de las tropas hacia la Casa Rosada el 6 de septiembre de 1930, forzó la renuncia del vicepresidente Enrique Martínez (quien ejercía la presidencia en ese momento) y asumió como presidente de facto el 10 de septiembre. Su objetivo era asumir el poder total y establecer un gobierno de fuerza.
¿Qué pasó con Yrigoyen después del golpe?
Después de firmar su renuncia en La Plata, Hipólito Yrigoyen fue eventualmente encarcelado en la isla Martín García por los militares, ante sospechas de una conspiración radical. Fue liberado a principios de 1933 y falleció el 5 de julio de ese mismo año, siendo despedido por un gran luto popular.
¿Cuál fue la diferencia entre Uriburu y Agustín P. Justo durante la conspiración?
Aunque ambos generales conspiraron contra Yrigoyen, tenían visiones distintas. Uriburu pretendía asumir el poder total y establecer un gobierno de fuerza. Agustín P. Justo, más pragmático e inteligente, buscaba que la presidencia pasara al vicepresidente radical y que se llamara a elecciones en tres meses, abriendo el juego a los partidos políticos. Finalmente, Uriburu se impuso y Justo lo sucedió en la presidencia en 1932.
¿Qué significa que Uriburu anuló los comicios y por qué lo hizo?
Significa que Uriburu, una vez en el poder, invalidó y dejó sin efecto los procesos electorales ya existentes o previstos. Lo hizo para consolidar su gobierno de facto, excluir a figuras políticas como Marcelo T. de Alvear que no eran afines a su régimen, y asegurar que futuras elecciones (si las hubiera) pudieran ser controladas y manipuladas a través del fraude, garantizando así la permanencia en el poder de las fuerzas que él representaba.
El golpe de estado de 1930 en Argentina no fue solo un cambio de gobierno, sino un quiebre fundamental en la historia política del país. Marcó el fin de un período de creciente participación democrática y el inicio de una era caracterizada por la intervención militar, la inestabilidad política y el fraude electoral. La figura de Hipólito Yrigoyen, “el apóstol” caído, se convirtió en un símbolo de la democracia vulnerada, mientras que José Félix Uriburu inauguraba una secuencia de gobiernos de facto que, lamentablemente, se repetirían en las décadas siguientes.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Golpe de 1930: Fin de una Era Democrática puedes visitar la categoría Librerías.
