23/03/2022
El Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Chile y Argentina, firmado en enero de 2018 y actualmente en tratamiento parlamentario en ambos países, representa mucho más que una simple extensión del Acuerdo de Complementariedad Económica (ACE) N°35, vigente desde 1996. Aunque a primera vista podría parecer una actualización rutinaria, este acuerdo bilateral se enmarca en un objetivo político y económico mucho más ambicioso: el acercamiento entre los bloques de la Alianza del Pacífico y el Mercosur, buscando sentar las bases para una futura "gran zona de libre comercio en América Latina". Sin embargo, su complejidad radica en las nuevas disciplinas y los profundos cambios regulatorios que propone, trascendiendo la mera reducción de aranceles y abriendo un debate crucial sobre la soberanía estatal y el bienestar social.

El ACE N°35, que entró en vigencia en octubre de 1996, ya había logrado la liberalización del comercio de bienes entre Argentina y Chile para el año 2011, con la excepción de productos provenientes de zonas francas. Esto significa que, en esencia, las condiciones arancelarias para el intercambio de mercancías ya eran prácticamente nulas. Ante esta realidad, surge la pregunta fundamental: ¿Cuál es entonces el propósito de este nuevo Tratado de Libre Comercio si no modifica sustancialmente las condiciones comerciales de bienes? La respuesta, según analistas y críticos, reside en que los TLC modernos abordan mucho más que tarifas. Se centran en la desregulación y la liberalización de amplias actividades económicas, muchas de las cuales han estado tradicionalmente bajo control estatal, especialmente los servicios públicos.
- El Nuevo ALCA Regional: Profundizando la Liberalización
- Capítulos “Modernos” o Cáscaras Vacías: La Crítica Social
- Falta de Transparencia y Estudios de Impacto
- Preguntas Frecuentes sobre el TLC Chile-Argentina
- ¿Cuál es el principal objetivo del Tratado de Libre Comercio entre Chile y Argentina?
- ¿Cuándo se firmó y entró en vigencia el nuevo TLC entre Chile y Argentina?
- ¿Ya existía libre comercio de bienes entre ambos países antes de este TLC?
- ¿Qué nuevos temas o capítulos incluye este TLC en comparación con acuerdos anteriores?
- ¿Cómo impacta este acuerdo en los servicios públicos de cada país?
- ¿Qué controversias genera la inclusión de los mecanismos de solución de controversias inversor-estado (ISDS)?
El Nuevo ALCA Regional: Profundizando la Liberalización
Lejos de ser un mero ajuste técnico, el TLC Chile-Argentina ha sido presentado como un "nuevo marco regulatorio" que busca profundizar y extender el espacio económico bilateral. Sin embargo, su verdadero calado radica en la incorporación de los llamados "temas regulatorios" o "temas asociados al comercio". Estos incluyen, entre otros, Servicios, Contratación Pública, Telecomunicaciones, Inversiones, Propiedad Intelectual, Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, y Comercio Electrónico. Estas disciplinas, impulsadas por empresas transnacionales desde la década de 1990 y presentes en acuerdos como el NAFTA o el fallido ALCA, buscan facilitar la inversión extranjera y la operación de grandes corporaciones, a menudo a expensas de la capacidad regulatoria de los Estados.
Uno de los mecanismos más controvertidos introducidos es la Coherencia Regulatoria y las "buenas prácticas regulatorias". Este concepto implica una tendencia a la compatibilización y homogeneización de las legislaciones internas de los países, así como de sus procesos regulatorios. Bajo el pretexto de la "transparencia" y el diálogo con los "sectores interesados" (stakeholders), se busca que los Estados faciliten al máximo la circulación de las empresas, liberando a los inversores extranjeros del "peso" de la burocracia. Críticos señalan que estos mecanismos, impulsados por foros como la OCDE y el G20, intervienen directamente en los procesos democráticos de toma de decisiones de los Estados, privilegiando los intereses corporativos sobre el desarrollo de políticas públicas autónomas.
Inversiones y el Polémico CIADI
El capítulo de inversiones es central en este nuevo acuerdo. Chile es el quinto inversor productivo en Argentina, con un stock de Inversión Extranjera Directa (IED) de 4.000 millones de dólares. El TLC busca mantener e impulsar estos flujos, reemplazando el Tratado Bilateral de Inversiones de 1991. Si bien el acuerdo reafirma el derecho de los Estados a regular para alcanzar objetivos legítimos de política pública (salud, seguridad, medio ambiente), también actualiza las reglas de solución de controversias inversor-estado, incorporando estándares internacionales. Sin embargo, la inclusión de tribunales de arbitraje internacional, como el CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones), ha sido fuertemente criticada. Estos mecanismos permiten a las empresas transnacionales demandar a los Estados en cortes internacionales, mientras que los Estados solo pueden llevar a una empresa por violación de derechos humanos o ambientales a sus propios tribunales nacionales, lo que genera una notoria asimetría en los derechos y obligaciones.
Nuevas Disciplinas: Servicios, Comercio Electrónico y Telecomunicaciones
El acuerdo moderniza significativamente el comercio de servicios, profundizando los compromisos del ACE 35. Argentina, con su creciente potencial en servicios basados en conocimiento (SBC), ve en Chile un destino clave para estas exportaciones. El TLC establece condiciones claras de acceso a mercados y trato nacional, lo que significa que los proveedores de servicios argentinos competirán en igualdad de condiciones con los chilenos en una amplia gama de sectores.
El capítulo de Comercio Electrónico es el primero de su tipo que firma Argentina en un acuerdo internacional. Aborda temas cruciales como la protección al consumidor en línea, la protección de datos personales, la transferencia transfronteriza de información, y el reconocimiento de la firma digital. Dado el rápido crecimiento del e-commerce en ambos países, este capítulo busca facilitar y regular un ámbito de creciente importancia económica.
Una de las novedades más destacadas en el capítulo de Telecomunicaciones es el compromiso de que, un año después de la entrada en vigor del acuerdo, los proveedores de servicios de roaming internacional en Chile y Argentina apliquen a los usuarios las mismas tarifas/precios que cobran por utilizar dichos servicios móviles en su propio país. Esta medida busca eliminar los altos costos asociados al roaming, beneficiando directamente a los ciudadanos de ambos países.

Contratación Pública: Un Mercado Abierto con Excepciones
Por primera vez en un tratado internacional, Argentina firma un capítulo de Contratación Pública. Esto permite que los proveedores argentinos accedan al mercado chileno de contrataciones públicas en igualdad de condiciones que los chilenos, y viceversa. El acuerdo asegura la apertura del mercado de compras públicas chileno en entidades centrales y subcentrales, así como en empresas portuarias y aeropuertos, para bienes y servicios (excepto financieros). Sin embargo, Argentina ha incluido reservas importantes, preservando su derecho a aplicar las preferencias y exigencias de la Ley de Compre Argentino y Desarrollo de Proveedores, que favorece a empresas y productos nacionales, especialmente a las MIPYMES.
El TLC incluye capítulos que se presentan como "modernos", tales como Género y Comercio, Medio Ambiente y Desarrollo, y Asuntos Laborales, con un énfasis en el rol de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyME). Sin embargo, estos capítulos han sido objeto de fuertes críticas por parte de la sociedad civil, que los considera "cáscaras vacías" o meramente declarativos. La objeción principal es que no son operativos: no establecen objetivos específicos, cronogramas de trabajo ni obligaciones concretas para los Estados. Además, y esto es crucial, se aclara que los Estados no pueden hacer uso del mecanismo de Solución de Controversias del propio Tratado para reclamar el incumplimiento de estos objetivos.
Por ejemplo, el capítulo de Género y Comercio se enfoca en el "empoderamiento económico de las mujeres" y el aumento de su participación económica, pero omite analizar los impactos diferenciados que la liberalización comercial puede tener en la vida de las mujeres, como la precarización laboral o el refuerzo de desigualdades estructurales, como se ha visto en experiencias como las maquilas en México tras el NAFTA.
Falta de Transparencia y Estudios de Impacto
El proceso de ratificación del TLC Chile-Argentina ha seguido un "modus operandi" criticado en la región: se ha llevado a cabo a espaldas de la ciudadanía y sin estudios de impacto exhaustivos que acrediten su necesidad o evalúen sus consecuencias. En Argentina, el debate parlamentario en el Senado se limitó a la comisión de Relaciones Exteriores, invitando solo a cámaras empresariales, excluyendo a representantes de organizaciones de la salud, educación, mujeres, sindicatos o PyMES, que podrían verse afectados por los capítulos regulatorios.
En Chile, aunque la bancada de diputados de Revolución Democrática logró la aprobación de un proyecto de Resolución que solicita una evaluación de los tratados de libre comercio existentes y un mayor estándar para futuros acuerdos, esto subraya el malestar creciente en ciertos sectores políticos y sociales sobre los efectos de estos TLCs. La falta de transparencia en la discusión y la ausencia de estudios de impacto previos que muestren los efectos sobre un amplio abanico de sectores sociales y económicos son dos de los reclamos más persistentes, especialmente cuando estos acuerdos impactan directamente en la capacidad de regulación de los Estados y, consecuentemente, en los derechos sociales.
En un contexto de incertidumbre global, la estrategia de firmar TLCs sin un debate profundo y sin evidencia empírica clara sobre sus beneficios y costos sociales, sigue generando preocupación. La crítica central es que no se puede continuar firmando tratados que, en la práctica, privilegian los derechos de las corporaciones transnacionales por encima de los derechos sociales y ambientales de los ciudadanos.
Beneficios Clave del Acuerdo (Visión Oficial)
- Agilización de trámites del comercio exterior para exportadores.
- Eliminación de barreras para productos agropecuarios y manufacturados.
- Reducción de costos de transacción (transparencia, simplificación de procesos, certificados digitales).
- Fomento de la internacionalización de MIPYMES.
- Mayor seguridad jurídica y previsibilidad para las inversiones.
- Apertura del mercado de compras públicas chileno para proveedores argentinos y viceversa.
- Eliminación de cargos por roaming internacional entre ambos países tras un año.
Preguntas Frecuentes sobre el TLC Chile-Argentina
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre este importante acuerdo:
¿Cuál es el principal objetivo del Tratado de Libre Comercio entre Chile y Argentina?
El objetivo principal del Tratado es extender y profundizar el Acuerdo de Complementariedad Económica (ACE) N°35, buscando ir más allá de la liberalización de bienes (ya lograda) para abarcar y desregular amplias actividades económicas, servicios, inversiones y temas regulatorios. Se enmarca en la visión de una "gran zona de libre comercio en América Latina" que vincule a la Alianza del Pacífico y el Mercosur.

¿Cuándo se firmó y entró en vigencia el nuevo TLC entre Chile y Argentina?
El Tratado de Libre Comercio fue firmado en enero de 2018 como el Sexagésimo Primer Protocolo Adicional al ACE N°35. Entró en vigencia el 1 de mayo de 2019, una vez finalizado su tratamiento parlamentario en ambos países.
¿Ya existía libre comercio de bienes entre ambos países antes de este TLC?
Sí, el libre comercio para la mayoría de los bienes entre Argentina y Chile se alcanzó en 2011, como resultado del programa de desgravación arancelaria del Acuerdo de Complementariedad Económica N°35 (ACE 35), que está vigente desde 1996.
¿Qué nuevos temas o capítulos incluye este TLC en comparación con acuerdos anteriores?
Además de profundizar en áreas como servicios e inversiones, el TLC incorpora nuevas disciplinas como Comercio Electrónico, Telecomunicaciones (incluyendo la eliminación de roaming), Contratación Pública, Facilitación del Comercio, y temas relacionados con MIPYMES, Política de Competencia, Transparencia, Asuntos Laborales, Medioambientales y de Género. Sin embargo, los últimos son criticados por su falta de operatividad.
¿Cómo impacta este acuerdo en los servicios públicos de cada país?
El Tratado, al igual que otros TLC modernos, busca la liberalización y desregulación de amplias actividades económicas, que pueden incluir servicios públicos como salud, educación, telecomunicaciones o transporte. Esto puede implicar una mayor participación del sector privado y una reducción de la capacidad regulatoria de los Estados en estas áreas.
¿Qué controversias genera la inclusión de los mecanismos de solución de controversias inversor-estado (ISDS)?
Los mecanismos ISDS, como los gestionados por el CIADI, permiten a las empresas transnacionales demandar a los Estados en tribunales de arbitraje internacional. Esto es controvertido porque se percibe como una asimetría de derechos, donde las corporaciones tienen un acceso privilegiado a la justicia internacional, mientras que los Estados enfrentan limitaciones similares para defenderse o para llevar a las empresas por violaciones de derechos humanos o ambientales.
En resumen, el Tratado de Libre Comercio entre Chile y Argentina es un acuerdo de gran alcance que redefine la relación económica bilateral. Si bien sus defensores destacan los beneficios en la agilización del comercio y la atracción de inversiones, los críticos advierten sobre la profundización de la liberalización económica, el impacto en la capacidad regulatoria de los Estados y la vulnerabilidad de los derechos laborales y sociales ante los intereses corporativos. Su implementación, por lo tanto, no está exenta de un intenso debate sobre el modelo de desarrollo regional y el rol de los Estados en la protección de sus ciudadanos y recursos.
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