08/07/2023
Desde los albores de la humanidad, el ser humano ha buscado incansablemente comprender el mundo que le rodea. Más allá de la lucha por la supervivencia física, nuestros ancestros desarrollaron una herramienta poderosa: la ficción. Esta capacidad de crear narrativas, de imaginar y de dar sentido a lo incomprensible, ha sido fundamental en nuestra evolución. Desde las pinturas rupestres hasta los complejos relatos de hoy, las ficciones han tejido el tapiz de nuestra historia. Sin embargo, en el camino, algunas de estas narrativas han adquirido una naturaleza particular: se han transformado en dogmas. En esta primera entrega de una serie de reflexiones, nos adentraremos en el fascinante y a menudo conflictivo encuentro entre los discursos dogmáticos y las corrientes librepensadoras, explorando cómo han moldeado nuestras sociedades y, en particular, cómo incluso las sociedades democráticas libres se ven permeadas por estas poderosas ficciones.
El viaje del hombre por la existencia ha estado marcado por la necesidad imperiosa de explicarse fenómenos que escapaban a su entendimiento. Los cromañones y neandertales, con sus elaboradas obras de arte en cuevas, no solo buscaban expresarse, sino quizás también conjurar miedos, soñar con un futuro ideal o dar forma a sus anhelos más profundos. Con la adquisición del lenguaje articulado y, posteriormente, la escritura, estas narrativas se fijaron, transmitiéndose de generación en generación y de comunidad en comunidad, conformando mitos, dioses y utopías que aún hoy persisten como ensoñaciones para interpretar la realidad, mitigar los males de la existencia o anhelar la inmortalidad. Es en este contexto donde emerge el concepto de dogma.
Según la Real Academia Española, un dogma puede ser una proposición tenida por cierta y como principio innegable; un conjunto de creencias de carácter indiscutible y obligado para los seguidores de cualquier religión; o los fundamentos o puntos capitales de un sistema, ciencia o doctrina. Es decir, el dogma representa una verdad inamovible, una creencia que no admite cuestionamiento. Y a lo largo de la historia, son las narrativas de naturaleza religiosa, política y nacionalista las que más frecuentemente han incorporado en su discurso un cuerpo de dogmas, entrelazándose de formas complejas e influyendo profundamente en las formas de vida de las civilizaciones.
El Discurso Religioso: El Profundo Caso del Judaísmo
Entre los incontables relatos religiosos construidos sobre dogmas, los que pertenecen a las tres grandes religiones monoteístas actuales —judaísmo, cristianismo e islam— son, sin duda, los más influyentes y dominantes en el panorama global. Cada una de ellas se presenta no como una creencia más, sino como la revelación de Dios a la humanidad, una verdad universal y absoluta que exige adhesión incondicional.
Comenzando por el judaísmo, observamos una de las configuraciones más singulares de dogma, nación y política. Más allá de su condición monoteísta, el judaísmo exhibe un componente nacionalista particularmente acentuado, quizás más que el cristianismo o incluso el islam en ciertos aspectos. La identificación entre la religión judía y la nación es prácticamente absoluta. Desde sus orígenes, adquirió una condición tribal, similar a la del Islam en sus inicios, fusionando la fe con la identidad de un pueblo específico. Esta simbiosis ha sido forjada a través de una historia marcada por el exilio y la persecución, elementos centrales en su narrativa dogmática.
La historia judía está plagada de episodios de desplazamiento y sufrimiento. La conquista del reino de Israel por los asirios en el año 722 a.C. y la posterior deportación a Babilonia en el 587 a.C. por Nabucodonosor II, conocida como el “cautiverio de Babilonia”, son solo dos de los muchos ejemplos de un pueblo desarraigado. A lo largo de los siglos, los judíos han sido expulsados de innumerables lugares, culminando en la tragedia del Holocausto en el siglo XX, un genocidio que cobró la vida de seis millones de judíos y millones de otras víctimas. Esta experiencia colectiva de victimización y resiliencia ha cimentado la noción de un pueblo elegido y perseguido, reforzando la cohesión y la identidad nacional-religiosa.
Bajo la óptica judaica, los tres discursos —el religioso, el nacionalista y el político— convergen en una única y poderosa palabra: Israel. Esta amalgama es tan profunda que, como señala John A. Hall al referirse a pensadores de ascendencia judía, “vivieron la tensión entre cosmopolitismo y etnonacionalismo de distintas maneras, y su ambivalencia en muchos casos se intensificó con el Estado de Israel”. La creación del Estado moderno de Israel no solo fue un hito político, sino la materialización de un anhelo milenario, una suerte de dogma geográfico y existencial.
En su variante más extrema, el sionismo, el judaísmo inculca a sus seguidores una misión clara: promover la nación judía representada en Israel, proteger la pureza de su religión y de su lengua, y recuperar los territorios históricos. Esta ideología ha llevado a situaciones de conflicto y opresión, sometiendo al pueblo palestino a una de las persecuciones más cruentas de la era actual. La rigidez de ciertas prácticas dogmáticas es sorprendente; por ejemplo, el sagrado rito del Sabbat, que prohíbe cualquier tipo de trabajo desde el atardecer del viernes hasta el del sábado, es observado con tal celo por los judíos ortodoxos que ni siquiera les está permitido cortar papel higiénico. Este nivel de observancia revela la profundidad de la adhesión al dogma.
Asimismo, la educación en las escuelas rabínicas a menudo se centra exclusivamente en la Historia del Pueblo Judío, llevando a un desconocimiento, e incluso desprecio, de la historia universal y del resto del mundo “gentil”. Esta visión endogámica es un rasgo común de muchos nacionalismos dogmáticos, que priorizan la identidad propia por encima de la comprensión de la diversidad global.
La cuestión de Jerusalén es un claro ejemplo de cómo el dogma religioso y nacionalista se cristaliza en un conflicto político irresoluble. Para el Gobierno israelí, Jerusalén es la capital eterna e indivisible del pueblo judío, imposibilitando una capitalidad compartida con cristianos y musulmanes. Esta postura, anclada en una concepción dogmática de la historia y el destino, ignora la complejidad de una ciudad milenaria con una profunda relevancia para múltiples credos. Como el historiador Yuval Noah Harari señala con ironía, es curioso que una ciudad con 5.000 años de historia sea considerada “eterna” por un pueblo cuya existencia data de poco más de 3.000 años, en contraste con los 4.500 millones de años de la Tierra o los 13.800 millones de vida que le quedan al Universo. Esta perspectiva temporal, que atribuye una eternidad a un concepto humano frente a la vastedad cósmica, subraya la naturaleza arbitraria y construida de muchos dogmas.
Las Corrientes Librepensadoras: Un Contrapunto al Dogma
Frente a la rigidez de los discursos dogmáticos, emergen las corrientes librepensadoras. El librepensamiento, por su propia naturaleza, busca distanciarse de la aceptación acrítica de verdades reveladas o impuestas. Se caracteriza por la primacía de la razón, la evidencia y el cuestionamiento constante como vías para la comprensión del mundo. Un librepensador no acepta una proposición simplemente porque una autoridad (religiosa, política o tradicional) así lo dicte, sino porque puede ser validada a través del examen crítico y la argumentación lógica. Su esencia radica en la autonomía intelectual y la libertad de pensamiento, elementos cruciales para el desarrollo de sociedades abiertas y dinámicas.
Sin embargo, la realidad es más compleja. Incluso las sociedades democráticas libres, que en teoría promueven la diversidad de ideas y el debate abierto, no están completamente exentas de la influencia de ficciones dogmáticas. Aunque pretenden ser ajenas a la imposición de verdades absolutas, pueden desarrollar sus propias narrativas incuestionables, ya sean ideologías políticas que se presentan como la única vía correcta, verdades económicas consideradas intocables o incluso ciertos valores culturales que se asumen como universales y no negociables. La historia nos muestra que incluso en los sistemas más abiertos, la tendencia humana a aferrarse a certezas y a rechazar lo que las desafía puede manifestarse de maneras sutiles, pero poderosas.
La Intersección de Discursos: Religión, Nacionalismo y Política
Es crucial comprender que los discursos religiosos, nacionalistas y políticos no operan en compartimentos estancos; están profundamente permeados entre sí. Un relato político puede adoptar tintes religiosos o nacionalistas para legitimar su poder, como ocurre en teocracias o regímenes autoritarios que invocan un destino divino o una identidad nacional única. De igual manera, los nacionalismos suelen incorporar elementos religiosos o culturales que refuerzan la cohesión del grupo y establecen fronteras claras con el “otro”. El caso del judaísmo es un ejemplo paradigmático de esta interconexión, donde la fe, la nación y el gobierno se entrelazan de manera inextricable, creando un sistema de creencias y prácticas que es, a la vez, una identidad política y cultural.
Tabla Comparativa: Dogma vs. Librepensamiento
Para comprender mejor la distinción entre estas dos aproximaciones al conocimiento y la creencia, presentamos la siguiente tabla comparativa:
| Característica | Dogma | Librepensamiento |
|---|---|---|
| Fuente de la Verdad | Revelación, Autoridad, Tradición Inmutable | Razón, Evidencia, Experiencia, Cuestionamiento |
| Aceptación de Ideas | Obligatoria, Acrítica, Sin Objeción | Voluntaria, Crítica, Basada en Argumentos |
| Actitud hacia el Disenso | Rechazo, Condena, Persecución | Bienvenida, Debate Constructivo, Pluralidad |
| Naturaleza de la Verdad | Absoluta, Inmutable, Definitiva | Provisional, Evolutiva, Sujeta a Revisión |
| Objetivo Principal | Preservar la Ortodoxia y la Cohesión del Grupo | Buscar el Conocimiento y la Autonomía Individual |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Qué se entiende por "discursos dogmáticos"?
- Se refiere a narrativas o sistemas de creencias que incorporan proposiciones consideradas verdades innegables e indiscutibles, cuya aceptación es obligatoria para sus seguidores. Pueden ser de naturaleza religiosa, política, nacionalista o de cualquier otra índole que establezca principios fijos sin posibilidad de cuestionamiento.
- ¿Cómo se relaciona la ficción con el desarrollo del dogma?
- La ficción, entendida como la capacidad humana de crear narrativas para explicar el mundo, es el origen de muchos relatos que, con el tiempo y la institucionalización, pueden convertirse en dogmas. Cuando una ficción es aceptada como verdad absoluta y se le atribuye una autoridad incuestionable, se transforma en dogma.
- ¿Es el judaísmo la única religión con un fuerte componente nacionalista?
- Si bien el judaísmo presenta una identificación particularmente fuerte entre religión y nación, no es la única. Otras religiones, como ciertas ramas del islam o incluso expresiones de cristianismo, también pueden manifestar fuertes lazos con identidades nacionales o étnicas. Sin embargo, el texto destaca el caso judío por su singular intensidad y su historia.
- ¿Pueden las sociedades democráticas ser dogmáticas?
- Aunque las sociedades democráticas libres se fundamentan en principios de pluralismo y debate abierto, el texto sugiere que no están completamente exentas de dogmas. Esto puede manifestarse en la aceptación acrítica de ciertas ideologías políticas, económicas o sociales, que, aunque no impuestas por la fuerza, son asumidas como verdades irrefutables por una gran parte de la población, limitando el verdadero librepensamiento.
- ¿Cuál es el objetivo principal de las corrientes librepensadoras?
- El objetivo principal del librepensamiento es la búsqueda de la verdad a través de la razón, la evidencia y el cuestionamiento crítico, sin la imposición de dogmas o autoridades externas. Promueve la autonomía intelectual del individuo y la apertura al debate y la revisión constante de ideas.
En síntesis, la tensión entre el dogma y el librepensamiento es una constante en la historia humana. Mientras que el dogma ofrece la seguridad de verdades inamovibles y una identidad colectiva fuerte, el librepensamiento invita a la exploración, la duda y la construcción individual del conocimiento. La comprensión de cómo estas fuerzas interactúan, y cómo las narrativas (ficciones) se transforman en dogmas con profundas implicaciones sociales y políticas, es esencial para navegar en un mundo cada vez más complejo. En futuras entregas, continuaremos desentrañando estas dinámicas, analizando el cristianismo y el islam, así como la naturaleza del discurso nacionalista y otras formas de poder, para seguir explorando las capas de ficción que envuelven nuestra realidad.
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