20/05/2023
Los libros son ventanas a mundos ajenos, pero también espejos de realidades que, aunque distantes en tiempo o espacio, resuenan con la experiencia humana. Nos permiten asomarnos a los entresijos de instituciones poderosas y a la intimidad de vidas cotidianas, revelando verdades ocultas o simplemente ofreciendo una perspectiva única. En este artículo, exploraremos dos obras notables que, desde ópticas muy diferentes, nos invitan a reflexionar sobre la prensa, el poder y la educación: El Director de David Jiménez y Secretos de Familia de Graciela Beatriz Cabal. Ambas, memorias en primera persona, abordan temas de gran relevancia social e histórica, aunque con tonos y contextos radicalmente distintos.

El Director: Un Viaje a las Entrañas del Poder Mediático
El Director, escrito por David Jiménez, es un testimonio crudo y revelador de su año al frente del diario El Mundo. Después de 17 años como corresponsal en Asia, Jiménez asumió la dirección del periódico en un momento de profunda crisis económica y de cambios estructurales, prometiéndole una "revolución" que, según su relato, nunca llegó. Lo que sí encontró fue un entramado de presiones políticas, económicas y luchas internas que expone sin tapujos.
La Lucha por la Independencia Periodística
Desde el momento de su nombramiento, Jiménez narra cómo su gestión estuvo marcada por la constante interferencia de los directivos de Unidad Editorial y de las élites políticas y económicas del país. Estas presiones se manifestaban de diversas formas: desde intentos de controlar la línea editorial, pasando por la utilización de la publicidad institucional como herramienta de castigo, hasta la manipulación de tertulias políticas. El autor llega a afirmar que el Gobierno había logrado "domesticar a tres de los cuatro grandes diarios de la prensa madrileña", una declaración contundente sobre el estado de la independencia en los medios.
Encuentros con el Poder: Políticos, Espías y la Realeza
El libro detalla encuentros de Jiménez con figuras clave de la política española de la época. Narra conversaciones con exministros como Jorge Fernández Díaz y Ana Pastor, e incluso con el propio presidente Mariano Rajoy. Especialmente reveladores son sus reuniones con el director del CNI, Félix Sanz Roldán, y con personajes controvertidos como el extesorero del PP, Luis Bárcenas, y el excomisario José Manuel Villarejo. Con este último, Jiménez relata cómo Villarejo había sido una fuente principal para El Mundo durante décadas, cimentando carreras de reporteros pero también teniendo el poder de hundirlas. Aunque Villarejo buscó una segunda reunión, Jiménez decidió cortar la relación.
Sorprendentemente, Jiménez también narra sus interacciones con la Casa Real. Relata la confesión del Rey Felipe VI, quien le aseguró que no tendría problema en marcharse si una mayoría no lo quisiera. También detalla la polémica en torno a los mensajes de los reyes a Javier López Madrid y cómo El Mundo decidió no publicarlos por temor a violar la intimidad o a que procedieran de las "Cloacas del Estado". Posteriormente, tras su publicación en otro medio, el Rey y la Reina Letizia llamaron a Jiménez para disculparse por el contenido de los mensajes, en particular por los comentarios despectivos de la Reina hacia un suplemento del periódico.
Los "Acuerdos" y la Redacción: Batallas Internas
Un aspecto central del relato son "Los Acuerdos", pactos negociados con grandes empresas al margen de la audiencia o el impacto publicitario. Estos acuerdos implicaban, según Jiménez, coberturas favorables, "lavados de imagen" y el "olvido" de noticias negativas a cambio de dinero. El autor expone cómo empresas como Telefónica, Banco Santander o El Corte Inglés eran consideradas "intocables", ejemplificando con el caso de César Alierta de Telefónica y un intento de publicación sobre su vinculación con Rodrigo Rato, frustrado por presiones directas del presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández Galiano, apodado "El Cardenal" en el libro.
Dentro de la redacción, Jiménez enfrentó la resistencia de "Los Nobles", los veteranos reacios a la transición digital. Su mayor error, según él, fue ceder a las presiones y elegir a sus lugartenientes entre la "vieja guardia". Los problemas económicos de la empresa también generaron gran tensión, especialmente con los despidos. Jiménez intentó reducir el número de bajas y solicitó la salida de 18 jefes, pero no hubo acuerdo. Esto llevó a una huelga de tres días, la primera vez en 27 años que El Mundo no llegó a los quioscos. El autor describe esta jornada como una de las más tristes en la historia del diario.
¿Qué pasó con "El Señorito" en el libro?
Dentro de las tensiones generadas por los despidos, David Jiménez relata un enfrentamiento particular con Francisco Rosell, quien en el libro es identificado con el seudónimo de "El Señorito". Rosell era director de la delegación de El Mundo en Andalucía y fue trasladado a Madrid. Jiménez le pidió que comunicara personalmente los despidos en su delegación, tal como él mismo lo haría en Madrid y como había instruido a otros directores. Sin embargo, Rosell se negó a dar la cara en Andalucía, aprovechando su traslado para evitar esa difícil tarea. Este incidente marcó uno de los primeros enfrentamientos de Jiménez con quien, irónicamente, se convertiría en su sustituto tras su propia destitución. La figura de "El Señorito" simboliza, en la narrativa de Jiménez, una actitud de evasión de responsabilidad y de búsqueda de privilegios dentro de la estructura del periódico.
Finalmente, Jiménez fue cesado, según él, por "hacer su trabajo, defender la independencia del periódico, oponerse a que diezmaran la plantilla y promover los cambios que garantizaban su futuro". Su demanda posterior contra la empresa culminó en un acuerdo que, aunque no detalla cifras, lo liberó de la "mordaza" que querían imponerle, permitiéndole contar su versión de los hechos en El Director.
Secretos de Familia: Una Infancia en la Argentina Peronista
Contrastando con la efervescencia del periodismo de élite, Secretos de Familia de Graciela Beatriz Cabal nos sumerge en la memoria de su infancia y trayectoria escolar en la Argentina de la época peronista. Esta obra autobiográfica, escrita con una mirada sensible y aguda, nos permite entender cómo el contexto político-social de aquellos años permeó cada aspecto de la vida cotidiana, incluida la educación.
La Influencia del Peronismo en la Sociedad y la Escuela
La infancia de Gracielita (la protagonista y alter ego de la autora) transcurre bajo el fuerte dominio de Juan Domingo Perón, un período que influenció todos los aspectos de la sociedad argentina. La autora plasma las tensiones políticas incluso dentro de su propia familia: su madre era peronista "de Eva", mientras su padre era "contrera". Esta disidencia se vivía en silencio y con miedo a las represalias, como la pérdida del trabajo o el exilio, un claro reflejo de la represión a quienes pensaban diferente.
La escuela, en particular, fue un pilar fundamental en el proyecto peronista, buscando formar profesionales para la creciente industria y democratizando el acceso a la educación para todos los sectores populares, incluidas las mujeres. Sin embargo, esta masificación vino acompañada de una fuerte imposición doctrinaria, con la figura de Perón y Evita omnipresente en libros de texto y aulas. La enseñanza era conductista, orientada a formar alumnos "ordenados, eficientes y funcionales" para el aparato productivo, con un fuerte énfasis en la historia nacional, el idioma y los valores morales asociados a lo religioso. Evita, por su parte, se erigió como una figura de poder autónoma, canalizando la ayuda social, mediando con los gremios e impulsando el voto femenino, siendo los "ojos y oídos" de Perón.
La Travesía Escolar de Gracielita: De la Resistencia al Aprendizaje
La entrada de Gracielita a la escuela no fue fácil. Su primera experiencia en el "Mister Dillon" fue traumática, marcada por el llanto y la resistencia, culminando con un incidente en el que le lanza tinta a la directora. Esta negativa inicial, y la posterior "expulsión", llevó a su madre a enseñarle a leer y escribir en casa, utilizando un libro llamado "Upa", de tapas coloradas y dibujos de muñecos.
Finalmente, Gracielita ingresa a otra escuela que describe como "divina", marcando el inicio de su verdadera trayectoria educativa. A través de sus ojos, la autora detalla las características de cada grado y sus respectivas maestras:
Primer Grado (Inferior): La Señorita Porota
En este primer tramo de la primaria, Graciela tiene como maestra a la "Señorita Porota", un apodo cariñoso que le daban los niños por su baja estatura. Era descrita como gritona, pero con una voz que simplemente "le salía así", soltera y muy querida por sus alumnos. La señorita Porota esperaba que sus alumnas llevaran un delantal almidonado, trenzas con moños, medias y una valija cargada de útiles, además de una bolsita blanca con nombre bordado para el vaso, goma de pegar, papel glacé, tijera y ropa interior.

El libro de lectura que utilizaban en la clase de la Señorita Porota se llamaba Hermanito. La enseñanza incluía la escritura con tinta y pluma, un método que al principio resultó complicado para Gracielita. La maestra se llevaba los cuadernos a casa para corregirlos y fomentaba el "buen comportamiento" hablando de "angelitos" que observaban a las niñas, llorando si estas "borraban mucho" o jugaban "a lo machonas". Gracielita, al ser una alumna muy inteligente y aplicada, gozaba de una excelente relación con la Señorita Porota, recibiendo elogios y responsabilidades como llevar la bandera o la cartera de la maestra.
Primer Grado (Superior): La Señorita Lupe
En el siguiente nivel, Graciela tuvo a la Señorita Lupe, una maestra más alta, elegante, casada y de modales suaves, que nunca gritaba. Aunque Lupe era la maestra, los niños seguían buscando a Porota en los recreos. Leían cuentos clásicos como Caperucita y Blancanieves. En esta etapa, Gracielita, por ser hija del director, debía dar el ejemplo usando útiles de la Cooperadora. Se preparaban para la comunión, aprendiendo del "Catecismo" y "libros de Vida Espiritual", los cuales, a diferencia del Catecismo, tenían dibujitos y eran más fáciles de entender. Lupe consideraba a Gracielita "un ángel" y un ejemplo de "hogar modelo".
Segundo Grado: La Señorita Enriqueta
La maestra de segundo grado fue Enriqueta, descrita como "vieja y medio triste", pero con un frasco de caramelos en su escritorio para recompensar a los alumnos que terminaban primero. El libro de texto era "Bichito de luz", que incluía poesías. La maestra promovía fábulas con "mucha enseñanza" y no permitía "libros de diversión". Cuando la inspectora visitaba, los alumnos corrían a la biblioteca para aparentar ser lectores. Graciela seguía siendo la alumna destacada, siempre elegida para leer en voz alta o realizar tareas importantes.
Tercer Grado: De Nuevo la Señorita Porota
Graciela vuelve a tener a la Señorita Porota, quien esta vez se muestra más exigente, enfatizando que "tercero es el grado más difícil" y que debían estudiar "día y noche". El libro de lectura era "Girasoles". Se enfocaban en mapas difíciles, copias con letra gótica y, sobre todo, en el "amor a la patria argentina", con frases como "La Patria Argentina siempre recibe con los brazos abiertos a todos los hombres de buena voluntad". La relación de Gracielita con Porota seguía siendo excelente. En esta etapa, algunas de sus amigas se cambian a una escuela privada, generando la crítica del padre de Graciela sobre la educación privada frente a la pública, creada por Sarmiento.
Cuarto Grado: La Mejor Señorita
Aunque no se menciona su nombre, la maestra de cuarto grado es descrita como la mejor hasta el momento, por sus "buenos modales" y por tratar a los alumnos con respeto. La carátula del cuaderno de este año era de San Martín. A partir de este grado, solo había compañeras mujeres, ya que los varones asistían por la tarde. También se eliminaron las clases de los sábados, una decisión que, irónicamente, a Gracielita no le agradó, pues deseaba ir a la escuela todos los días. Gracielita escribió una obra, "La Reina de las Hadas", que fue interpretada en el colegio, y sus cuadernos eran considerados "joyas" por la maestra. Sin embargo, la envidia de una amiga, Bichi, por sus logros, provocó un incidente con tinta que las hizo llorar a ambas.
Quinto Grado: Nuevos Cambios y el Voto Femenino
En quinto grado, Graciela vuelve a tener a la Señorita Enriqueta, quien estaba más nerviosa por su próxima jubilación. En esta época se implementa el voto femenino, un hito importante. La maestra se mostraba celosa de la maestra del otro quinto grado, la Señorita de Raña, sintiéndose humillada por la constante interacción de sus alumnas con ella. Este grado marca el inicio de los cambios corporales y las primeras conversaciones sobre sexualidad entre Graciela y sus amigas, quienes jugaban a ser actrices de televisión y al "juego de la botella".
Sexto Grado: El Fin de la Primaria
La maestra de sexto grado era Catalina, descrita como "enferma de los nervios". Los libros de lectura utilizados eran La razón de mi vida, escrito por Evita, y Platero y yo, aunque este último no le gustaba a Gracielita por las tareas de análisis gramatical. La muerte de Evita en esta época obligó a hacer altares en todas las instituciones educativas y a dibujarla en los cuadernos. La relación con la maestra no era muy buena, ya que la consideraba "rara y nerviosa", ejemplificado en un incidente donde la maestra, molesta por la falta de atención de las alumnas, lanzó una orquídea regalada por el día del maestro. Los cambios corporales y la madurez continuaron en esta etapa, culminando con Graciela encargada de escribir y leer el discurso del acto final.
Reflexiones Finales: Dos Mundos, Un Legado Literario
Ambas obras, El Director y Secretos de Familia, aunque distintas en su temática y época, comparten la profundidad de su perspectiva personal y el valor de su testimonio. Nos permiten comprender cómo las estructuras de poder, ya sean mediáticas o políticas, moldean las vidas individuales y colectivas. Mientras David Jiménez desvela las complejas redes de influencia y la lucha por la integridad en el periodismo, Graciela Beatriz Cabal nos transporta a una infancia marcada por la ideología y los métodos pedagógicos de una Argentina en plena transformación.
| Característica | El Director (David Jiménez) | Secretos de Familia (Graciela Beatriz Cabal) |
|---|---|---|
| Género | No-ficción, memoria, testimonio | Autobiografía, memoria, relato de infancia |
| Tema Principal | Periodismo, poder, corrupción, independencia editorial | Educación, infancia, contexto sociopolítico (Peronismo) |
| Época Narrada | Mediados de 2010s | Mediados de 1940s - 1950s |
| Tono | Crítico, revelador, tenso, denunciante | Nostálgico, observador, reflexivo, a veces humorístico |
| Enfoque | Macro (político, empresarial, mediático) | Micro (personal, escolar, familiar) |
| Conflicto Central | Lucha por la independencia y la verdad en un medio cooptado | Adaptación y crecimiento en un sistema educativo ideologizado |
| Personajes Clave | David Jiménez (narrador), "El Cardenal", "El Señorito", políticos, empresarios | Gracielita (narradora), "Señorita Porota", "Señorita Lupe", "Señorita Enriqueta", familia |
Preguntas Frecuentes
¿Son El Director y Secretos de Familia obras de ficción?
No, ambas son memorias y testimonios autobiográficos. David Jiménez relata su experiencia real como director de El Mundo, y Graciela Beatriz Cabal narra su propia infancia y trayectoria escolar.
¿Qué tipo de secretos se revelan en Secretos de Familia?
El libro de Cabal revela "secretos de familia" en un sentido amplio: no solo las dinámicas y tensiones internas de su hogar (como la dicotomía política entre sus padres), sino también los "secretos" del sistema educativo de la época y cómo el contexto peronista influía en la vida privada y pública de las personas.
¿Qué importancia tiene el contexto político en cada libro?
En El Director, el contexto político (gobierno de Rajoy, figuras como Bárcenas y Villarejo) es crucial, ya que las presiones políticas son el motor de muchos de los conflictos narrados. En Secretos de Familia, el peronismo es el telón de fondo constante que moldea la educación, la vida social y las interacciones familiares de la protagonista.
¿Los seudónimos en El Director ocultan identidades reales?
Sí, David Jiménez utiliza seudónimos como "El Cardenal" (Antonio Fernández Galiano) o "El Señorito" (Francisco Rosell) para referirse a personas reales involucradas en los eventos que narra, aunque algunos fragmentos o filtraciones permitieron identificar a varios de ellos.
¿Qué legado dejan estas obras?
Ambos libros ofrecen un valioso legado como documentos históricos y sociales. El Director arroja luz sobre las complejidades y desafíos de la prensa en la era digital y las interconexiones entre el poder mediático, político y económico. Secretos de Familia, por su parte, es un retrato íntimo y detallado de la educación y la vida cotidiana durante un período definitorio en la historia argentina. Juntos, demuestran el poder de la literatura para iluminar realidades complejas y ofrecer una comprensión más profunda de la sociedad.
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