Feyerabend: Anarquía y el Adiós a la Razón en la Ciencia

01/01/2023

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La filosofía de la ciencia, a lo largo de su historia, ha buscado establecer los pilares sobre los cuales se erige el conocimiento científico. Sin embargo, en medio de esta búsqueda de orden y racionalidad, emergió una voz discordante, la de Paul Feyerabend, que propuso una visión radicalmente diferente: la ciencia como una actividad esencialmente anárquica. Para Feyerabend, intentar encorsetar la ciencia en un único modelo de racionalidad es ignorar la riqueza y complejidad de su propia historia. Las grandes revoluciones científicas, lejos de seguir un camino preestablecido, suelen surgir cuando mentes brillantes desafían los principios y criterios de racionalidad aceptados, violando las reglas establecidas y abriendo caminos impensables. Esta perspectiva provocadora nos invita a reconsiderar no solo cómo se construye la ciencia, sino también cómo interactuamos con el conocimiento y sus límites.

¿Cuáles son los principios de Feyerabend?
Feyerabend, deudor de las tesis kuhnianas y de la historia de la ciencia, mantendrá que “la idea de un método que contenga principios firmes, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan el quehacer científico tropieza con dificultades considerables al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica.
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El Pluralismo Metodológico y el Provocador “Todo Vale”

Uno de los pilares centrales del pensamiento de Feyerabend es su firme convicción de que la ciencia no posee una estructura fija ni un método único y universal. Contrario a la creencia popular de que existe un conjunto de reglas inquebrantables que guían toda investigación científica, Feyerabend argumenta que los científicos, al enfrentarse a un problema, emplean indistintamente una vasta gama de enfoques. No existe una racionalidad única que dicte la investigación; por el contrario, el científico se sirve de cualquier fuente que le sea útil: desde sugerencias heurísticas hasta concepciones del mundo, pasando incluso por lo que otros considerarían “disparates metafísicos”.

Esta visión conduce a una conclusión drástica: carece de sentido formular criterios generales para preferir una teoría sobre otra. El éxito en la investigación científica no obedece a estándares universales; a veces se apoya en una regla, a veces en otra, y a menudo los pasos que la impulsan hacia adelante no son explícitamente conocidos. Esta realidad histórica, según Feyerabend, desmorona cualquier intento de formular una metodología racionalista de la ciencia, acercándola mucho más a las artes que a una disciplina regida por leyes inflexibles.

Recordando a Aristóteles, quien ya señalaba que el método apropiado en una disciplina es determinado por su objeto de estudio, Feyerabend, influenciado por las tesis kuhnianas y la historia de la ciencia, enfatiza que “la idea de un método que contenga principios firmes, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan el quehacer científico tropieza con dificultades considerables al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica. Es más, no hay una sola regla, por plausible que sea, y por firmemente basada que esté en la epistemología, que no sea infringida en una ocasión o en otra”.

Lejos de ser accidentales, estas infracciones son, para Feyerabend, necesarias para el progreso. La violación de las reglas metodológicas, o incluso la adopción de las opuestas, son a menudo aconsejables en situaciones específicas. Esto implica que, en ocasiones, es beneficioso elaborar hipótesis ad hoc o incluso aquellas que contradicen resultados experimentales. Esta práctica liberal, lejos de ser un error, es razonable y absolutamente necesaria para el desarrollo del conocimiento. Ejemplos históricos como el atomismo antiguo, la revolución copernicana o la teoría ondulatoria de la luz, surgieron de la violación de reglas metodológicas bien asentadas. Las revoluciones científicas traen consigo cambios metodológicos importantes, lo que demuestra que “la idea de un método fijo, o la idea de una teoría fija de la racionalidad, descansa sobre una concepción excesivamente ingenua del hombre y de su entorno social”.

Ante esta realidad, Feyerabend se acoge al anarquismo epistemológico, concebido como un intento de aumentar la libertad en el quehacer científico, rechazando criterios universales y tradiciones rígidas. Aunque el término “anarquista” tiene connotaciones políticas, Feyerabend preferiría posteriormente el calificativo de dadaísta para su metodología. Un dadaísta no solo carece de un programa, sino que está en contra de todos ellos, e incluso un buen dadaísta debe ser un antidadaísta. Esta postura subraya la ligereza y la libertad necesarias para despojarse de significados “putrefactos” acumulados por siglos.

A la luz de todo lo anterior, y tras un minucioso análisis histórico, Feyerabend afirma que el único principio que no inhibe el progreso es: todo sirve. Este es el único principio defendible bajo cualquier circunstancia y etapa del desarrollo de la humanidad. Es crucial matizar este principio: no es una nueva regla que Feyerabend adopta para que otros sigan, sino una descripción del destino de cualquier amante de los principios que considere la historia. La intención no es sustituir un conjunto de reglas por otro, sino convencer de que todas las metodologías tienen límites, incluso las más obvias.

La Contrainducción: Rompiendo con la Lógica Tradicional

Para profundizar en su tesis del “todo sirve”, Feyerabend introduce otra idea radical: la contrainducción. Afirma que la ciencia puede avanzar procediendo contrainductivamente, es decir, introduciendo y elaborando hipótesis que sean inconsistentes con teorías y/o hechos bien establecidos. Esto se justifica por dos razones principales:

  1. Un científico debe adoptar una metodología pluralista, comparando sus ideas con otras ideas, en lugar de solo con la experiencia. A menudo, la evidencia relevante para contrastar una teoría T solo puede ser revelada con la ayuda de otra teoría T' incompatible con T. El conocimiento no es una serie de teorías autoconsistentes que convergen hacia una verdad ideal, sino un “océano, siempre en aumento, de alternativas incompatibles entre sí (y tal vez inconmensurables)”.
  2. No existe una sola teoría interesante que concuerde con todos los hechos de su dominio. Ninguna experiencia o experimento está libre de teoría; todo enunciado factual está “contaminado” por supuestos ontológicos o metodológicos. Si se exigiera que las teorías se deriven únicamente de los hechos, no tendríamos ninguna teoría. Por lo tanto, la ciencia, tal como la conocemos, solo puede existir si abandonamos este requisito.

La evidencia, para Feyerabend, no describe un estado de cosas objetivo, sino que también expresa un punto de vista subjetivo y mítico. Sería imprudente dejar que la evidencia juzgue directamente nuestras teorías sin mediación, ya que un juicio indiscriminado podría eliminar ideas simplemente por no ajustarse a una cosmología más antigua. De ahí la necesidad de buscar sistemas conceptuales que choquen con los datos experimentales aceptados, e incluso que propongan nuevas formas de percepción del mundo. Un ejemplo clave de esto es el “argumento de la torre” utilizado por los aristotélicos para refutar a Copérnico. Galileo, al introducir un nuevo lenguaje observacional, reinterpreta estas observaciones, demostrando cómo un proceso contrainductivo puede llevar al progreso científico. El procedimiento de Galileo es, para Feyerabend, totalmente legítimo al introducir y comparar lenguajes observacionales alternativos.

La Oposición a la Razón como Fuente de Progreso

Feyerabend critica la concepción de que la ciencia progresa únicamente a través de la razón. Aunque filósofos como Popper o Lakatos veían las hipótesis ad hoc con recelo, Feyerabend las considera una estrategia “liberadora, estimulante y progresista”. Argumenta que si no se pueden evitar las hipótesis ad hoc, es mejor emplearlas en favor de una nueva teoría. El análisis histórico, como el caso de Galileo, muestra cómo se usaron estas hipótesis para transformar refutaciones en confirmaciones.

Pero los métodos de Galileo no se limitaron a la adhoccidad. Incluyeron un elenco de medios que muchos considerarían irracionales: la propaganda, la persuasión y el uso de la lengua vulgar (italiano) en lugar del latín en sus escritos. Feyerabend generaliza que la lealtad a las nuevas ideas a menudo se consigue por medios irracionales, como la propaganda, la sensibilidad, las hipótesis ad hoc y la apelación a los prejuicios. Estos medios, según él, son necesarios para defender una “fe ciega” hasta que se descubran las ciencias auxiliares, los hechos y los argumentos que conviertan esa fe en conocimiento puro. En resumen, el progreso en la ciencia surge, paradójicamente, gracias a que la razón es dejada de lado.

¿Cuáles son los principios de Feyerabend?
Feyerabend, deudor de las tesis kuhnianas y de la historia de la ciencia, mantendrá que “la idea de un método que contenga principios firmes, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan el quehacer científico tropieza con dificultades considerables al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica.

Desdibujando Distinciones Clásicas

Para sustentar esta tesis, Feyerabend propone suprimir dos distinciones clásicas en la filosofía de la ciencia:

  1. Contexto de descubrimiento y contexto de justificación: La fase de descubrimiento, a menudo, es irracional y se opone a las reconstrucciones racionales de los epistemólogos. Dado que el pluralismo metodológico muestra que el descubrimiento no está sujeto a un método fijo, sino a un conjunto de creencias y esperanzas, y que la ciencia solo puede existir empleando “artimañas” y dejando de lado la razón (justificación), esta distinción debe ser abandonada.
  2. Términos observacionales y términos teóricos: El aprendizaje no va de la observación a la teoría, sino que implica ambos elementos. Tanto las teorías como las observaciones pueden ser rechazadas: las teorías por estar en conflicto con las observaciones, pero también las observaciones pueden ser abandonadas por razones teóricas. La experiencia siempre surge junto con las suposiciones teóricas, nunca antes. Una experiencia sin teoría es tan incomprensible como una teoría sin experiencia. Eliminar parte del conocimiento teórico de un sujeto inteligente, y se obtendrá una persona completamente desorientada e incapaz de realizar la acción más simple.

Estas ideas minan cualquier consideración puramente racional de la empresa científica y abren el camino a uno de los puntos más importantes de su crítica: la inconmensurabilidad.

La Inconmensurabilidad de las Teorías Científicas

El concepto de inconmensurabilidad se refiere a la imposibilidad de establecer relaciones y comparaciones directas entre diversas teorías científicas para decidir cuál es más verosímil, o para reducirlas o traducirlas unas a otras. Aquellos que se niegan a admitir que los científicos usan teorías inconmensurables lo hacen para mantener el primado de la razón en la actividad científica. Sin embargo, Feyerabend, aunque no negó que la ciencia tenga componentes racionales, no aceptó que sea solo racional.

La inconmensurabilidad plantea problemas a todas las teorías de la racionalidad, incluyendo la metodología de programas de investigación, que asume que las teorías rivales pueden compararse siempre haciendo referencia a su contenido. El fenómeno de la inconmensurabilidad, por el contrario, implica que esto no es así. Esta tesis fue formulada por Kuhn y Feyerabend de forma independiente en 1962, con antecedentes en Quine (imposibilidad de contrastar hipótesis aisladas, carga teórica de la observación, indeterminación de la traducción).

Mientras Kuhn aplicaba la inconmensurabilidad a problemas, métodos y normas científicas, Feyerabend la usaba de forma más restringida (al lenguaje), pero a la vez más radical (afectando a todos los términos primitivos de las teorías rivales). Ambos compartían un trasfondo relativista epistemológico, negando la existencia de una verdad externa a la que las teorías científicas se acerquen. No se niega el progreso, sino la existencia de verdades universales independientes de la apreciación del sujeto. La inconmensurabilidad es un fuerte ataque contra el realismo, adoptando una concepción relativista de la verdad, donde esta solo adquiere sentido dentro de cada marco conceptual.

Para fundamentar su tesis, Feyerabend remite a la hipótesis Sapir-Whorf (la gramática de los lenguajes naturales contiene una cosmología, conformando los hechos y estados de cosas, en lugar de solo reproducirlos) y a la psicogénesis piagetiana (relatividad de la conceptualización de la experiencia del mundo según la cultura y las estructuras lógicas del desarrollo de la inteligencia). Así como los lenguajes naturales conforman la realidad, las teorías científicas conllevan concepciones del mundo, lo que genera inconmensurabilidad entre ellas, impidiendo las relaciones lógicas usuales. Incluso las percepciones pueden ser inconmensurables.

En su Tratado contra el método (TCM), Feyerabend expone tres tesis sobre la inconmensurabilidad:

  1. Existen sistemas de pensamiento (acción, representación) que son inconmensurables. Esta es una tesis histórica y antropológica.
  2. El desarrollo de la percepción y del pensamiento en el individuo pasa por etapas que son inconmensurables entre sí.
  3. Los puntos de vista sobre materias básicas son a menudo tan diferentes como las ideologías subyacentes a distintas culturas. Existen teorías científicas mutuamente inconmensurables (ej. materialismo vs. dualismo mente/cuerpo, teoría cuántica vs. mecánica clásica), especialmente cuando son interpretadas sin un lenguaje de observación independiente.

La Crítica al Criterio de Demarcación: La Ciencia como un Mito

Frente a la idea de un criterio de demarcación claro que separe la ciencia de la no-ciencia, Feyerabend busca aproximar el conocimiento científico a otras formas del saber. Su afirmación provocadora es que “la ciencia es mucho más semejante al mito que cualquier filosofía científica está dispuesta a reconocer”. La ciencia, para él, es una de las formas de pensamiento desarrolladas por el hombre, pero no necesariamente la mejor.

La ciencia posee un sistema completo de creencias, defendido con vehemencia por los científicos adscritos a sus paradigmas. Como ya se ha visto, la ausencia de un método científico fijo es la norma (pluralismo metodológico), y el progreso en la práctica científica a menudo acontece gracias a métodos irracionales y acientíficos. De esta manera, la ciencia puede ser vista como un mito, un dogma al que el científico se aferra, y el dogmatismo, lejos de ser un obstáculo, desempeña una función importante; la ciencia sería imposible sin él.

Los científicos, como los creyentes de cualquier secta o religión, creen en su ciencia por encima de todas las cosas, no porque sea el mejor tipo de conocimiento dotado con el mejor método, sino porque así han sido adoctrinados. Feyerabend argumenta que la ciencia se ha impuesto por la fuerza y no por el convencimiento, funcionando como una ideología. Por lo tanto, si en una sociedad democrática se ha logrado la separación entre Estado e Iglesia, debería complementarse con una separación entre Ciencia y Estado. Un ciudadano americano puede elegir su religión, pero no puede exigir que sus hijos aprendan magia en lugar de ciencia en la escuela, lo que revela la falta de esta separación.

La historia, nuevamente, apoya esta tesis: la ciencia ha adoptado métodos y conocimientos de saberes considerados pseudocientíficos. La astrología se benefició del pitagorismo, y la medicina actual de la antigua medicina china (acupuntura, diagnóstico por el iris). Combinando esta observación con la idea de que la ciencia no posee ningún método particular, Feyerabend concluye que la separación entre ciencia y no-ciencia no solo es artificial, sino que va en detrimento del avance del conocimiento. Al final, la visión de Feyerabend nos insta a una reflexión profunda sobre la naturaleza del conocimiento, la libertad intelectual y los límites de la racionalidad en la búsqueda de la verdad.

Preguntas Frecuentes sobre el Pensamiento de Feyerabend

¿Qué significa que “todo sirve” en la filosofía de Feyerabend?
No es una regla metodológica a seguir, sino una descripción de que, al examinar la historia de la ciencia, no hay una única regla o principio que no haya sido violado exitosamente. Es la constatación de que la rigidez metodológica inhibe el progreso, y que los científicos han usado cualquier medio a su disposición para avanzar, incluso los considerados irracionales.
¿Por qué Feyerabend se opone a la razón como única fuente de progreso científico?
Feyerabend argumenta que la historia de la ciencia muestra que el progreso a menudo ha dependido de medios "irracionales" como la propaganda, la persuasión, el uso de hipótesis ad hoc y la apelación a prejuicios. Para él, la razón, entendida como un conjunto de reglas fijas y universales, limita la creatividad y la exploración de nuevas ideas, que a menudo nacen de una "fe ciega" o de intuiciones que aún no tienen una justificación lógica.
¿Qué es la inconmensurabilidad de las teorías científicas según Feyerabend?
Se refiere a la imposibilidad de comparar o traducir directamente ciertas teorías científicas porque sus conceptos fundamentales, sus supuestos ontológicos y sus marcos de referencia son tan diferentes que no comparten una base común de significado. No se pueden medir con la misma "vara", lo que dificulta decidir cuál es "más verdadera" o reducirlas una a la otra. Implica que el conocimiento no converge hacia una única verdad externa, sino que existen múltiples "verdades" dentro de sus respectivos marcos conceptuales.
¿Cómo ve Feyerabend la relación entre ciencia y mito?
Feyerabend sostiene que la ciencia es mucho más similar al mito de lo que la filosofía de la ciencia tradicional está dispuesta a admitir. Para él, la ciencia es un sistema de creencias, un "dogma" o "mito" que sus adherentes defienden con fervor, no necesariamente porque sea inherentemente superior, sino porque han sido adoctrinados en él. Propone una separación entre Ciencia y Estado, similar a la separación Iglesia-Estado, para evitar que una ideología (la científica) se imponga por la fuerza sobre otras formas de conocimiento.
¿Qué papel juega la contrainducción en su pensamiento?
La contrainducción es la estrategia de introducir y desarrollar hipótesis que son inconsistentes con teorías o hechos bien establecidos. Feyerabend la considera necesaria para el progreso porque obliga a los científicos a comparar sus ideas con otras ideas (no solo con la experiencia), revelando nuevas perspectivas y mostrando que el conocimiento no es una progresión lineal, sino un "océano de alternativas incompatibles". También porque ninguna teoría interesante concuerda perfectamente con todos los hechos, y los hechos mismos están "contaminados" por supuestos teóricos.

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