El Amor en el Abismo: La Visión de Viktor Frankl

26/08/2024

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Toda corriente de pensamiento se mueve por el impulso irrefrenable de la duda, lo incierto o lo desconocido. Formular una pregunta se emparenta con la búsqueda infinita de la felicidad, pues al encontrar respuesta se experimenta un descanso emocional que solo se verá de nuevo aturdido con la llegada de un nuevo planteamiento. La filosofía, la ciencia y las artes, en su esencia, no representan sino una minúscula parte de nosotros mismos, anhelando desentrañar los misterios de la existencia. En este incesante viaje por el conocimiento, surge una obra cumbre, germinada en uno de los periodos más insólitos y aberrantes de la historia mundial: El hombre en busca de sentido. Su autor, el Dr. Viktor Frankl, concibió gran parte de su profunda reflexión durante su estancia forzada en el campo de concentración de Auschwitz. Ahí, entre esqueletos vivientes, trabajos forzados, condiciones infrahumanas, racismo, hornos crematorios a la vista, hambre, frío, desamparo e incertidumbre, se gestó la teoría conocida como la tercera escuela vienesa de psicología: la logoterapia. Pero, ¿cómo pudo florecer una perspectiva tan luminosa sobre la vida en un lugar de oscuridad absoluta? ¿Y qué papel jugó el amor en la odisea personal y filosófica de Frankl?

Índice de Contenido

El Horno de la Existencia: La Deshumanización en los Campos

Resulta paradójico que un sobreviviente que perdió a toda su familia en un campo de concentración haya desarrollado una tesis sobre la vida y la manera digna de vivirla. Las inquietudes intelectuales hervían por los sucesos recientes. El existencialismo afirmaba que vivir es sufrir, sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Dicho de otra forma, salvo sufrir y morir, no existía otro sentido en la vida. El Dr. Frankl, con una lucidez asombrosa, cita a Nietzsche antes de adentrarse en sus meras experiencias: «Quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo». Esta máxima se convertiría en la brújula en medio de un infierno.

¿Cómo era el amor de Viktor Frankl?
Viktor Frankl, soportó lo indecible invocando y evocando a su esposa, no importaba saber si estaba viva o muerta pues no cambiaba en nada su sentir por ella. Su amor había trascendido más allá del nivel físico. La contemplación de la belleza tenía sin duda cualidades estrechamente relacionadas con la felicidad.

Al llegar a un campo de concentración, todo era arrancado de tajo. Se arrebataban las ideas y se fulminaban los sueños. Todo era susceptible de ser pervertido, salvo la última de las libertades humanas: la capacidad de elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias. Algunos, por ejemplo, eligieron ser dignos de su sufrimiento; otros, en su desesperación, eligieron no volver jamás a elegir. El médico se planteó una cuestión ante su nueva y aterradora realidad: ¿Cómo despertar en el paciente el sentimiento de responsabilidad que implica el vivir? Desde luego, el término responsabilidad se debe aplicar por muy adversas que se presenten las circunstancias, y en un campo de concentración, el límite era permanentemente puesto a prueba.

Al llegar al campo, una primera selección enviaba directamente a la cámara de gas a los enfermos e incapaces de trabajar, mientras el resto quedaba obligado a trabajos forzados. Fue así como el doctor Viktor Frankl dejó toda referencia de su persona para convertirse en el reo número 119.104. Los prisioneros experimentaron tres fases mentales. La primera, el shock del internamiento: el traslado en vagones repletos de personas que suponían ir con rumbo a una fábrica de municiones, la llegada al campo, el sonido macabro del silbato, la alambrada, las torres de observación y las columnas de harapientos humanos. La desorientación era total, y el rumor de Auschwitz se cernía sobre ellos. La desnudez forzada, el rasurado completo, la pérdida de todo objeto personal, incluso los más valiosos trabajos, dejaba a los prisioneros con una única posesión: la existencia desnuda. Las expectativas de vida eran escasas, y la muerte, omnipresente, no tardó en perder su horror.

La segunda fase, la vida en el campo, se apoderó con rapidez de una especie de muerte emocional. Una apatía se extendía con la velocidad de una plaga. Añoranza y repugnancia se experimentaban día con día. Era una gradual muerte de los sentidos, un profundo desprecio del ser humano hacia otro ser humano, llegando a su fase más extrema. La muerte hacía sus rondas de manera permanente; era incluso posible pronosticar quién moriría primero por los síntomas que se comenzaban a acumular a su alrededor. Los castigos, la escasa comida (300 gramos de pan y un litro de agua por jornada), los insultos, los trabajos forzados bajo condiciones inclementes, y los cientos de cadáveres que a todas horas se sacaban de los hornos, terminaban por truncar los rasgos emocionales de todos. La indispensable insensibilidad requerida para sobrevivir se germinaba de los horrores del mismo campo. Un necesario caparazón protegía a los presos de su realidad inmediata. Frankl recuerda que un custodio buscó llamarle la atención lanzándole una piedra; era obvio que para él ya no era un ser humano, sino poco menos que un animal doméstico.

La Revelación del Amor Trascendente en el Abismo

En medio de este panorama desolador, donde todos hablaban y soñaban con comida, con agua caliente, con todo lo carecido y un poco más, el prisionero 119.104 a menudo pensaba en su esposa, ignorando si aún se encontraba con vida o no. Este recuerdo, esta imagen de su amada, lo llevó a una de las reflexiones más profundas de su obra y de su vida: «el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre». En aquel infierno, no importaba el fétido olor a su alrededor, tampoco que el estómago se encontrara vacío y la piel a la intemperie. Los guardias agredían e insultaban, y tampoco importaba; ni siquiera importaba la terrible estrechez con la cual se pasaría la noche y que el día de mañana sería igual hasta el final. Ante el desolador panorama, el prisionero 119.104 descubre que solo en el amor y a través del mismo se encuentra la salvación del hombre.

Viktor Frankl soportó lo indecible invocando y evocando a su esposa. No importaba saber si estaba viva o muerta, pues no cambiaba en nada su sentir por ella. Su amor había trascendido más allá del nivel físico, más allá de la presencia tangible. Era un amor que se había elevado a una dimensión espiritual, inquebrantable por las circunstancias externas. La contemplación de la belleza, incluso en un atardecer sobre el campo, tenía sin duda cualidades estrechamente relacionadas con la felicidad y con la capacidad de mantener viva esa chispa de amor.

Esta experiencia personal se convirtió en la piedra angular de su teoría. Frankl demostró que hasta la persona más desposeída del mundo podía conocer, momentáneamente, la felicidad si contemplaba a un ser amado, si mantenía viva su imagen en su mente y corazón. El amor, para Frankl, no era meramente un sentimiento, sino un acto de profunda conexión espiritual, una fuerza que podía dar sentido incluso a la existencia más precaria.

¿Qué es la búsqueda del sentido?
La búsqueda del sentido es una tarea personal y única para cada individuo. Frankl destaca la importancia de la libertad interior en la búsqueda del sentido, es decir, de la capacidad de elegir en cada momento cómo enfrentar las situaciones de la vida.

El Amor como Pilar de la Logoterapia

La logoterapia, reconocida como la tercera escuela vienesa de psicología, sostiene que existe una fuerza motivante primaria que busca encontrar un sentido a la vida. Frankl la denomina la «voluntad de sentido». A diferencia de la «voluntad de placer» de Freud o la «voluntad de poder» de Adler, la voluntad de sentido es una búsqueda intrínseca de significado que nace del individuo y no de la mera racionalización de impulsos.

La Voluntad de Sentido: Un Contraste Esencial

Para Frankl, el amor es una manifestación sublime de esta voluntad de sentido. No es un medio para un fin, sino un fin en sí mismo, la máxima aspiración humana. Esta perspectiva se diferencia claramente de otras escuelas psicológicas:

Escuela PsicológicaFuerza Motivante PrincipalRelación con el Amor
Psicoanálisis (Freud)Voluntad de PlacerEl amor como sublimación de impulsos sexuales o búsqueda de gratificación.
Psicología Individual (Adler)Voluntad de PoderEl amor como forma de afirmar el yo, de pertenecer o de superar sentimientos de inferioridad.
Logoterapia (Frankl)Voluntad de SentidoEl amor como la meta más alta, un camino para descubrir el sentido de la vida, trascendiendo lo físico y material.

El sentido, continúa Frankl, no es algo que se inventa, es algo que se descubre. Y el amor es una de las vías más potentes para ese descubrimiento. Al amar a alguien, se descubren «potencias no reveladas» en la persona amada; se le ve no solo por lo que es, sino por lo que puede llegar a ser. El sentirse amado por alguien, a su vez, resulta un poderoso estímulo para realizar actos antes temidos o no tomados en cuenta. El sexo, por su parte, es el medio por el cual se expresa el amor, pero no la esencia misma de este.

Descubriendo el Sentido a Través del Amor

Frankl considera que el sentido de la vida se puede descubrir de tres modos: realizando una acción, teniendo algún principio (como el amor) o por medio del sufrimiento. El amor, como principio, dota de significado a la existencia al trascender el propio yo y enfocarse en el otro. No es una mera emoción, sino una decisión y un compromiso que revela un propósito mayor.

Amor, Sufrimiento y Responsabilidad

La relación entre amor y sufrimiento es particularmente conmovedora en la obra de Frankl. Para él, el sufrimiento deja de ser sufrimiento al encontrarse con su sentido. Un ejemplo ilustrativo de su libro es el de un colega que sufría una fuerte depresión por la muerte de su esposa dos años atrás. Frankl le preguntó qué hubiera sucedido si él hubiera muerto primero. La respuesta fue que su esposa habría sufrido demasiado. Entonces, Frankl remató señalando que encontró un sentido a su sufrimiento al haberle ahorrado todo ese sufrimiento a su esposa, aunque tuviera que pagar por ello. Este acto de amor, de proyectar el bienestar del ser amado incluso en su ausencia, transformó un dolor insoportable en un acto de sacrificio con significado.

Esta capacidad de encontrar sentido, incluso en el sufrimiento más extremo, está ligada a la libertad espiritual, la última de las libertades humanas que Frankl defendió. Aun en las condiciones más inhumanas, el hombre siempre tiene la capacidad de elegir su actitud. En el campo, algunos decidieron dedicar sus fuerzas a consolar a los más débiles, otros no. Lo importante es conservar la elección de una actitud propia ante determinadas circunstancias. Uno decidía finalmente si se sometía o no. La pregunta era si uno iba a permitir dejarse moldear y terminar como el preso común o si no renunciaría a la libertad interna, ese ingrediente que otorga sentido y propósito a la vida.

La logoterapia considera que la esencia de la existencia se encuentra en la capacidad de ser responsables. Y el amor, en su forma más elevada, es un acto supremo de responsabilidad. Es la responsabilidad hacia el ser amado, hacia su bienestar, hacia el legado que se construye juntos, incluso en la ausencia. La vida, como anota Viktor Frankl, significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. Y en esa asignación, el amor juega un papel protagónico, pues el hombre que es consciente de su responsabilidad ante el ser amado, no podrá nunca tirar su vida por la borda.

Preguntas Frecuentes sobre el Amor de Viktor Frankl

A menudo surgen dudas sobre la naturaleza de este amor profundo que Frankl describe. Aquí abordamos algunas de las preguntas más comunes:

¿Cómo se manifestaba el amor de Frankl en las condiciones del campo de concentración?

El amor de Frankl se manifestaba no en actos físicos o palabras, sino en la persistencia de la imagen de su esposa en su mente. Era una conexión espiritual que trascendía la presencia y la realidad física. Su amor le proporcionaba una razón para seguir adelante, una fuente de fuerza interna que lo protegía de la desesperación total.

¿Quién creó el libro El hombre en busca de sentido?
Enviado por Diangelo Alvarado • 23 de Junio de 2021 • Apuntes • 2.160 Palabras (9 Páginas) • 1.159 Visitas En este trabajo, el cual será un análisis crítico, donde hablaremos de un libro llamado “El Hombre En Busca De Sentido”, creado y escrito por el psiquiatra austriaco Viktor E. Frankl, publicado en Alemania en 1946.

¿El amor de Frankl era solo por su esposa, o se extendía a otros?

Aunque su esposa fue la fuente principal y más poderosa de su amor trascendente, la logoterapia de Frankl sugiere que el amor como principio puede aplicarse a la humanidad en general, a la búsqueda de la belleza, y a la conexión con otros seres humanos, incluso en un contexto de sufrimiento. Su capacidad de consolar a otros prisioneros o de ejercer su profesión médica en el campo de tifus demuestra una aplicación más amplia de su empatía y conexión con el prójimo.

¿Qué significa que el amor de Frankl “trascendió el nivel físico”?

Significa que su amor no dependía de la interacción física, de la certeza de la existencia de la otra persona, o de las circunstancias externas. Era un amor que existía en el ámbito de lo espiritual y lo mental, una conexión profunda del alma que seguía siendo real y poderosa a pesar de la separación y la incertidumbre. Era un amor que le permitía ver el valor intrínseco de su esposa y de la relación, más allá de cualquier obstáculo material.

¿Cómo se relaciona el amor con la «voluntad de sentido» en la logoterapia?

Para Frankl, la «voluntad de sentido» es la búsqueda primaria de significado en la vida. El amor es una de las vías más directas y profundas para encontrar ese sentido. Al amar a alguien, uno sale de sí mismo, se enfoca en el valor del otro y en el propósito de esa conexión, lo cual dota de un significado trascendente a la propia existencia. El amor, al revelar «potencias no reveladas» en el ser amado, también ilumina el potencial y el propósito del propio individuo.

¿Puede el amor ser una herramienta de supervivencia en situaciones extremas?

Absolutamente. Para Frankl, el amor no solo era una fuente de consuelo, sino una poderosa herramienta de supervivencia. Mantener viva la imagen de un ser querido, o el recuerdo de un amor profundo, proporcionaba a los prisioneros una razón para vivir, un «porqué» que les permitía soportar casi cualquier «cómo». Aquellos que podían aferrarse a un propósito, a una conexión significativa, tenían mayores probabilidades de sobrevivir.

¿El enfoque de Frankl sobre el amor es aplicable en la vida cotidiana actual?

Sí, plenamente. En un mundo dominado por el vacío existencial, el tedio y el hastío, la visión de Frankl sobre el amor ofrece una perspectiva vital. Nos invita a buscar un amor que trascienda lo superficial, que sea una fuente de sentido y responsabilidad. Nos recuerda que, incluso cuando la vida no nos da lo que esperamos, lo importante es lo que la vida espera de nosotros, y que el amor es una de las respuestas más elevadas a esa pregunta.

El Legado del Amor Trascendente de Frankl

El hombre en busca de sentido es un libro imprescindible para entender al siglo XX y, quizás más importante, para encontrarle sentido a la existencia en cualquier época. Viktor Frankl nos dejó un legado inmenso: la logoterapia, una escuela que nos enseña a buscar el significado en medio del caos. Pero, más allá de la teoría, nos legó la profunda verdad de que el amor, en su forma más pura y trascendente, es la meta última y más alta a la que puede aspirar el ser humano. Es una fuerza capaz de transformar el sufrimiento en un acto de heroísmo, de revelar el propósito en la desesperación y de mantener viva la llama de la esperanza incluso cuando todo lo demás se ha extinguido. El hombre, nos enseñó Frankl, se determina a sí mismo; no se limita a existir. Y en esa autodeterminación, el amor juega un papel insustituible, recordándonos que somos seres responsables con la capacidad infinita de encontrar y dar sentido a nuestra vida, sin importar las circunstancias.

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