25/04/2025
El lunes 30 de junio de 1969, un frío persistente se cernía sobre Buenos Aires, pero el clima político del país era abrasador. Apenas un mes antes, el estallido del Cordobazo había desatado una ola de protestas y marcaba el principio del fin para las ambiciones hegemónicas del general Juan Carlos Onganía, quien había asumido el poder con la pretensión de gobernar durante dos décadas. En este escenario de ebullición social y política, Augusto Timoteo Vandor, conocido popularmente como "el Lobo", se erigía como la figura más influyente del sindicalismo argentino. Secretario general de la formidable Unión Obrera Metalúrgica (UOM), su poder era tal que su destino entrelazaba el de la nación. Esa mañana, mientras se dirigía a la sede de su sindicato en La Rioja 1945, en Parque de los Patricios, Vandor no sabía que se dirigía a su último almuerzo, y que el país estaba a punto de presenciar un magnicidio que cambiaría para siempre el curso de su historia reciente.

Augusto "el Lobo" Vandor: Ascenso y Contradicciones
Augusto Timoteo Vandor, nacido en Bovril, Entre Ríos, comenzó su vida laboral en diversos oficios antes de alistarse en la Marina Argentina, donde alcanzó el rango de cabo primero. Tras dejar la carrera militar en 1947, se incorporó a la fábrica Philips, donde su carisma y capacidad de negociación lo catapultaron rápidamente a la cúpula sindical. En 1954, lideró una exitosa huelga en reclamo de mejoras salariales, consolidando su reputación. Con el golpe de Estado de 1955 que derrocó a Perón, Vandor fue encarcelado, pero emergió de la clandestinidad como una figura clave de la Resistencia Peronista. En 1958, con la vuelta a la actividad sindical, Vandor se convirtió en el secretario general de la UOM, el sindicato más poderoso de la CGT, superando incluso a la Unión Ferroviaria.
Desde esa posición de poder, Vandor se erigió como el principal artífice de la reorganización del peronismo durante los años 60. Sin embargo, su visión de un "peronismo sin Perón", que buscaba una integración más pragmática con el sistema político y militar, lo puso en abierta colisión con Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid. Esta disputa llevó a Perón a declarar a Vandor "el enemigo principal" y a ordenar su neutralización. A pesar de la ruptura, la influencia de Vandor era innegable, y su "vandorismo" se convirtió en una corriente política que marcó una época, caracterizada por la negociación, el pragmatismo y el control férreo de las estructuras sindicales.
En el contexto de la dictadura de Onganía, Vandor intentó mantener su influencia, buscando acuerdos con el gobierno militar. Esta postura lo llevó a una nueva división de la CGT en 1968, entre la CGT Azopardo (vandorista) y la combativa CGT de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro. Sin embargo, en marzo de 1969, arrinconado por el avance del "participacionismo" auspiciado por la dictadura, Vandor rompió con el gobierno militar y buscó un nuevo acercamiento con Perón. Paradójicamente, fue en este momento de reacomodamiento que su destino se sellaría.
El "Operativo Judas": Una Conspiración Secreta
Meses antes de los levantamientos populares del Rosariazo y el Cordobazo, un grupo de militantes peronistas, profundamente opuestos a los acuerdos de Vandor con el gobierno de Onganía, ya había tomado una decisión trascendental: planear su muerte. Inicialmente, ocho personas se reunieron en secreto para idear el golpe. Para marzo de 1969, el grupo se había reducido a cinco, quienes se juramentaron no salir del vigilado edificio de la UOM hasta haber cumplido su objetivo. El plan, bautizado como "Operativo Judas", era una clara declaración de guerra contra lo que consideraban una traición al movimiento peronista, especialmente tras la huelga petrolera de Berisso y Ensenada, que las direcciones sindicales vandoristas habían hecho fracasar.
Durante tres meses, los conspiradores intentaron infructuosamente penetrar el edificio para conocer su distribución interna. Frustrados, tuvieron que conformarse con croquis dibujados a partir de observaciones externas. El armamento que lograron reunir evidenciaba que no se trataba de profesionales ni de un crimen por encargo: dos pistolas 45, un revólver 38, otro 32, uno 22, una pistola 22 y cinco metralletas caseras calibre 22. Además, consiguieron tres kilos de trotyl, con la macabra intención de volar el edificio si no localizaban a Vandor, asegurando que nadie saldría vivo. A pesar de las tres deserciones iniciales, el grupo de cinco confiaba en la sorpresa y en su disposición a morir en el intento, sabiendo que dos tentativas anteriores habían fallado porque Vandor se había enterado y había logrado "comprar" a los implicados. El secreto era, por tanto, su mayor arma.
El Día del Magnicidio
El 30 de junio de 1969, el "Operativo Judas" se puso en marcha. Cuatro de los atacantes se reunieron a las 8 de la mañana, pero problemas mecánicos con el auto (platinos y bujías) retrasaron su llegada a la UOM, prevista para las 10. Mientras tanto, el quinto integrante, apostado en la esquina de Cátulo Castillo y La Rioja, confirmaba que Vandor ya había llegado. Finalmente, pasadas las 11, el coche, dejado en marcha a la vuelta del sindicato, indicaba la premura y la confianza en una acción rápida. La entrada al edificio se logró con credenciales falsas de policías y papeles que simulaban una citación judicial para Vandor. Uno de los atacantes se hizo pasar por oficial de justicia y mostró un expediente falso, mientras otro exhibía una credencial de Coordinación Federal.
Una vez dentro, con la custodia principal ausente o reducida, los asaltantes sacaron sus armas. Recorrieron oficina por oficina, buscando al secretario general. Vandor, que momentos antes había conversado telefónicamente con Antonio Cafiero y Bernardo Neustadt, colgó el teléfono, intrigado por el alboroto. Al abrir la puerta de su despacho, apenas logró ver dos rostros y una ráfaga de balas. Recibió cinco impactos: dos en el pecho, uno debajo del brazo y dos en la espalda. Su cuerpo se desplomó en la antesala de su despacho. Mientras la confusión reinaba, uno de los atacantes colocó una bomba de trotyl bajo su escritorio, con una mecha de cuatro minutos. Los asaltantes se apresuraron a escapar, detonando una granada a la salida para cubrir su huida. Federico Vistalli, secretario de prensa de la UOM, intentó arrastrar el cuerpo de Vandor hasta la salida, pero al llegar al sanatorio metalúrgico, "el Lobo" ya estaba sin vida. La operación, que duró apenas quince minutos, fue un golpe fulminante.

La Reacción de Onganía y la Búsqueda de Culpables
El asesinato de Vandor conmocionó al país. Al día siguiente, la CGT de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro, convocó a una huelga general, a pesar de las profundas disputas sindicales. La dictadura de Onganía no tardó en reaccionar. Con la sutileza de un oso pardo, declaró el estado de sitio y atribuyó la muerte de Vandor a un "plan subversivo de ideología perfectamente determinada, que trata de cambiar nuestra forma de vida". El gobierno clausuró el periódico de la CGTA, dirigido por Rodolfo Walsh, e intervino la mayoría de sus gremios. Raimundo Ongaro, acusado de complicidad, fue encarcelado por seis meses. A pesar de la represión, los servicios de inteligencia de Onganía no lograron identificar a los autores del crimen.
El misterio sobre los autores se prolongó hasta febrero de 1971, veinte meses después del crimen, cuando una organización hasta entonces desconocida, el Comando "Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis" del Ejército Nacional Revolucionario (ENR), se adjudicó el asesinato de Vandor. Tres años más tarde, en 1974, la revista El Descamisado, órgano de prensa de la banda Montoneros, publicó un relato detallado de la "Operación Judas", confirmando que el ENR era un nombre ficticio utilizado por un grupo que luego se uniría a Descamisados, y que finalmente confluiría en Montoneros a fines de 1972. La confesión, aunque tardía, no disipó todas las dudas, dada la multiplicidad de enemigos que Vandor había acumulado.
Teorías y Sospechas: ¿Quiénes lo Planearon Realmente?
La muerte de Vandor generó una miríada de teorías. Se habló de "hampones sindicales", "grupos maoístas", mercenarios argelinos, e incluso de facciones del propio gobierno de Onganía o agentes de inteligencia extranjeros. Sin embargo, con el tiempo, un consenso difuso se gestó en torno a la idea de que los ejecutores fueron proto-guerrilleros alineados con la "izquierda peronista".
En 1986, el periodista Eugenio Méndez, en su libro Aramburu, el crimen imperfecto, aportó nombres concretos. Según Méndez, el magnicidio fue tramado por el periodista Rodolfo Walsh, un acérrimo enemigo de Vandor y director del semanario de la CGT de los Argentinos. Los ejecutores habrían sido Raimundo Villaflor, Carlos Caride, Horacio Mendizábal, Dardo Cabo (hijo del líder sindical Armando Cabo), Oscar De Gregorio, Roberto Cirilo Perdía y Norberto Habegger. Todos ellos alcanzarían relevancia en las organizaciones guerrilleras de los años 70, con la mayoría confluyendo en Montoneros.
La implicación de Rodolfo Walsh en la planificación ha sido objeto de debate. Aunque Méndez afirmó que Cabo le confesó su participación y que Walsh fue el cerebro detrás del plan, otros autores han descartado o insinuado con cautela esta posibilidad. La figura de Walsh, visto como una víctima de la represión, ha sido protegida por el mito, dificultando la aceptación de su rol como "victimario" en este caso. No obstante, su antagonismo con Vandor era público y notorio, plasmado en su libro ¿Quién mató a Rosendo?, donde responsabilizaba a Vandor por la muerte de Rosendo García y otros en la confitería La Real.
La Voz de Perón: Advertencias y Contradicciones
La relación entre Perón y Vandor fue compleja y fluctuante. Ya en enero de 1966, Perón había enviado una carta a José Alonso, líder textil y rival de Vandor, declarando que "el enemigo principal es Vandor y su trenza… hay que darles con todo y a la cabeza, sin tregua ni cuartel. En política, no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que puede hacer…". Esta carta es una de las pruebas más contundentes de la animosidad de Perón hacia "el Lobo".
Sin embargo, en enero de 1973, Perón sorprendió al contar en una entrevista al diario Mayoría que en abril de 1969, solo meses antes del asesinato, había mandado a llamar a Vandor y le había advertido: "Yo le dije: a usted lo matan; se ha metido en un lío que a usted lo van a matar. Lo mataban unos o lo mataban otros, porque él había aceptado dinero de la embajada americana y creía que se los iba a fumar a los de la CIA. ¡Hágame el favor! Le dije: ahora usted está entre la espada y la pared; si usted le falla al Movimiento, el Movimiento lo mata; y si usted le falla a la CIA, la CIA lo mata. Me acuerdo que lloró." Esta declaración de Perón sugiere que Vandor estaba atrapado entre múltiples fuerzas, y que su muerte era inminente, independientemente de quién la ejecutara.

Paradójicamente, en julio de 1969, pocos días después del magnicidio, Perón escribió a Antonio Caparrós, insinuando que Vandor "estaba cumpliendo bien e inteligentemente" una misión del Comando Superior y que sus asesinos no eran peronistas, sino "enemigos" que lo atacaron cuando comenzó a actuar al servicio de la conducción del Movimiento Peronista. Esta contradicción en las palabras de Perón añade una capa más de complejidad al ya intrincado misterio del asesinato de Vandor, dejando abierta la posibilidad de que Perón, consciente del panorama político, adaptara su discurso a las circunstancias.
Impacto y Legado del Crimen
El asesinato de Augusto Timoteo Vandor fue un punto de inflexión en la historia argentina. Marcó un antes y un después en la escalada de violencia política que caracterizaría la década de 1970. El "Operativo Judas", más allá de quiénes fueron sus autores materiales e intelectuales, fue un acto que "espantó al país y lo hundió en una orgía de violencia que de ningún modo era buscada por las grandes mayorías", como se ha señalado. La muerte de "el Lobo", el más poderoso líder sindical de su tiempo, demostró que nadie estaba a salvo y que la lucha política había traspasado límites antes impensados. Su figura sigue siendo objeto de estudio y debate, un símbolo de las contradicciones y complejidades del peronismo y el sindicalismo argentino en una de sus etapas más turbulentas.
Tabla Comparativa: Teorías sobre los Autores del Asesinato de Vandor
| Teoría/Grupo Señalado | Principales Argumentos/Pruebas | Observaciones |
|---|---|---|
| Proto-guerrillas de Izquierda Peronista (Descamisados/Montoneros) | Reivindicación del "Ejército Nacional Revolucionario" (ENR) y posterior confirmación en El Descamisado. Oposición de este sector al "vandorismo" y sus acuerdos con la dictadura. | La versión más aceptada. Los nombres de los ejecutores provienen de esta línea de investigación. |
| Rodolfo Walsh (como planificador) | Mencionado por Eugenio Méndez en su libro, citando una supuesta confesión de Dardo Cabo. Walsh era un crítico acérrimo del "vandorismo". | Controvertida y no universalmente aceptada debido a la mitificación de la figura de Walsh. |
| Facciones del Gobierno de Onganía o Agentes de Inteligencia Extranjeros | Sospechas de sectores peronistas ortodoxos. Perón mismo insinuó que la CIA o enemigos del Movimiento lo habían matado. | Menos pruebas concretas, pero persistentes en algunas interpretaciones. |
| "Hampones Sindicales" o "Grupos Maoístas" | Mencionados en las primeras especulaciones tras el crimen. | Teorías iniciales que perdieron fuerza con el tiempo ante la aparición de otras hipótesis. |
Preguntas Frecuentes sobre el Asesinato de Vandor
¿Quién fue Augusto Timoteo Vandor?
Augusto Timoteo Vandor, apodado "el Lobo", fue un influyente líder sindical argentino, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) en los años 60. Se destacó por su pragmatismo y su búsqueda de un "peronismo sin Perón", lo que lo llevó a tener una relación compleja y a menudo conflictiva con Juan Domingo Perón y otras facciones del peronismo y el sindicalismo.
¿Qué fue el "Operativo Judas"?
El "Operativo Judas" fue el nombre en clave del plan secreto para asesinar a Augusto Timoteo Vandor. Fue ideado y ejecutado por un grupo de militantes peronistas revolucionarios, inicialmente ocho y luego cinco, que se oponían a la línea política de Vandor, especialmente a sus acuerdos con la dictadura militar de Onganía. La operación culminó con el asesinato de Vandor el 30 de junio de 1969 en la sede de la UOM.
¿Quiénes se adjudicaron la muerte de Vandor?
La muerte de Vandor fue adjudicada públicamente en febrero de 1971 por el Comando "Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis" del Ejército Nacional Revolucionario (ENR). Posteriormente, se reveló que el ENR era un nombre ficticio utilizado por un grupo de militantes que luego conformarían la organización Descamisados, la cual se fusionaría con Montoneros a finales de 1972.
¿Cuál fue la relación entre Juan Domingo Perón y Augusto Vandor?
La relación entre Perón y Vandor fue de amor y odio, marcada por la competencia por el liderazgo del movimiento peronista. Aunque Vandor fue clave en la reorganización del peronismo y en el "Operativo Retorno" de Perón, su búsqueda de un "peronismo sin Perón" llevó a Perón a declararlo "enemigo principal". Sin embargo, poco antes del asesinato, Vandor buscó un acercamiento con Perón, quien incluso afirmó haberle advertido sobre su inminente muerte.
¿Qué papel se le atribuye a Rodolfo Walsh en el caso?
Según la versión del periodista Eugenio Méndez, el escritor y periodista Rodolfo Walsh habría sido el planificador del "Operativo Judas". Walsh era un conocido opositor al "vandorismo" y había investigado y publicado sobre la muerte de Rosendo García, responsabilizando a Vandor. Aunque esta hipótesis es controvertida y no universalmente aceptada, forma parte de las teorías sobre la autoría intelectual del crimen.
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