12/06/2022
“Mamá y papá me aman, Perón y Evita nos aman”. Esta frase, grabada en la memoria de generaciones de argentinos, resuena como un eco de una época en la que la escuela primaria se convirtió en un escenario central para la difusión de una ideología política. Los manuales escolares de aquel entonces, con sentencias como “Evita mira a la nena. El nene mira a Evita” o “¡Viva Perón! Perón es un buen gobernante. El Líder nos ama a todos. ¡Viva el Líder!”, trascendieron el tiempo, evidenciando un uso sistemático de la educación para el adoctrinamiento partidario, algo inédito en la historia argentina. Detrás de esta transformación educativa, figuras clave como Armando Méndez San Martín, ministro de Educación de Perón, jugaron un papel fundamental en la peronización del sistema escolar. Pero, ¿cómo se llegó a este punto? ¿Cuáles fueron los pasos que condujeron a una reestructuración tan profunda de la enseñanza en Argentina?
Los Primeros Pasos: Acuerdo con la Iglesia y el Nacimiento del Ministerio
Cuando Juan Domingo Perón asumió la presidencia en 1946, el ámbito educativo no contaba con un ministerio propio, sino que estaba integrado en el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, a cargo de Belisario Gache Pirán. Durante este período inicial, las diferencias con la educación de los años previos a la Revolución de Junio fueron mínimas, salvo por un acontecimiento crucial: la sanción de la ley de enseñanza religiosa obligatoria a nivel nacional. Este compromiso, asumido por Perón durante su campaña electoral, le valió el apoyo explícito de la Iglesia, una institución que consideraba prioritaria la inclusión de la catequesis en la currícula escolar, eliminando la necesidad de que los alumnos acudieran a centros religiosos. Para las familias que se oponían, se ofrecía un curso alternativo de “Moral”, pero la baja adhesión a esta opción (menos del 5% en la Capital Federal) demostró el éxito de la medida gubernamental en su objetivo de consolidar el vínculo con la Iglesia.

Con la intención de fortalecer la gestión educativa, entre 1948 y 1950, se designó a Oscar Ivanissevich como secretario de Educación. Ivanissevich, un reconocido médico y figura cercana a la Iglesia, aportó prestigio a la función. Aunque formalmente dependía de Justicia, en la práctica, la Secretaría comenzó a operar con creciente autonomía. La reforma constitucional de 1949 fue un punto de inflexión, ya que habilitó la creación de nuevos ministerios, lo que permitió que Educación obtuviera su propia cartera y que Ivanissevich se convirtiera en su primer ministro. Durante su gestión, se implementó una reforma estructural del sistema educativo caracterizada por una fuerte centralización, en sintonía con las tendencias de otras áreas del Estado. La supresión de la Dirección General de Escuelas y Cultura y de los Consejos Escolares buscó establecer una relación directa entre el gobierno y las escuelas, eliminando intermediarios. La gestión de Ivanissevich combinó enfoques modernos de administración pública con contenidos tradicionales y conservadores, como la exaltación de la fe en Dios como objetivo pedagógico.
En 1950, año del centenario de la muerte de San Martín, Ivanissevich aprovechó la ocasión para vincular los logros del prócer independentista con las políticas del gobierno peronista. La figura de San Martín fue unida a la de Perón, presentándolos como grandes libertadores, con el propósito de dotar al presidente de la legitimidad histórica del Padre de la Patria. El Ministerio de Educación ganaba cada vez más visibilidad pública, con frecuentes apariciones del ministro en la radio y la activa participación de niños y jóvenes en actos políticos que celebraban al gobierno. Ivanissevich, por su parte, expresaba constantemente su lealtad a Perón y a Eva. La oposición ya criticaba la politización de la educación, sin saber que la situación se agravaría aún más. La salida de Ivanissevich en 1950, aunque no del todo clara, se atribuye a rumores de una mala relación con Eva Perón. Su reemplazo fue Armando Méndez San Martín, una figura muy cercana a la primera dama, quien llevaría la peronización de la educación a un nuevo nivel.
Armando Méndez San Martín: El Adoctrinamiento en el Aula
Armando Méndez San Martín, médico de profesión y entusiasta adherente de la Revolución de Junio desde 1943, fue un protagonista clave en la jornada del 17 de octubre de 1945 y en la campaña electoral de Perón del año siguiente. Su compromiso fue recompensado con la intervención de la ex Sociedad de Beneficencia de la Capital y su colaboración en la redacción de la ley que creó la Dirección Nacional de Asistencia Social, de la cual fue nombrado Director. Desde allí, forjó un vínculo muy estrecho con Eva Perón y la Fundación Eva Perón, lo que explica su ascenso al Ministerio de Educación en 1950, tras la salida de Ivanissevich, impulsada por la propia Evita.
La designación de Méndez San Martín coincidió con una fase de fuerte centralización estatal. La Constitución de 1949 ya había sido sancionada, habilitando la reelección de Perón y consolidando el poder del Consejo Superior del Partido Peronista, que seguía la voluntad exclusiva del líder. La Ley de Partidos Políticos de 1949 restringía la creación de nuevas formaciones y alianzas, limitando la competencia electoral. El clima político se radicalizaba, y un intento de golpe de Estado en 1951 llevó al establecimiento del Estado de Sitio, bajo el cual se desarrollaron las elecciones nacionales. Los años de Méndez San Martín al frente del ministerio fueron los de la consolidación de la unanimidad peronista, la promoción del Segundo Plan Quinquenal y la conversión de la doctrina peronista en doctrina nacional.
Como señala Mariano Plotkin en su obra "Mañana es San Perón", la gestión de Méndez San Martín se caracterizó por la peronización de los textos escolares y un creciente conflicto entre el Estado y la Iglesia en el ámbito educativo, con una fuerte presencia de Eva Perón en ambas cuestiones. Tras su fallecimiento en 1952, se sancionó una ley que declaraba su libro, “La razón de mi vida”, como lectura obligatoria en las escuelas. Este texto, cuyo valor literario era secundario, exaltaba la lealtad incondicional de Eva a Perón y al gobierno. Con el tiempo, los homenajes a Eva se multiplicaron, y su figura comenzó a ser caracterizada como una santa. Esta beatificación de facto, sin embargo, no fue aceptada por la Iglesia, que además se sentía amenazada por la progresiva transformación de las horas dedicadas a la religión en cursos de adoctrinamiento peronista. Aunque inicialmente informal, en abril de 1954, una resolución oficial reemplazó las materias de “religión” y “moral” por “consejos espirituales”, consolidando la hegemonía doctrinaria.
Para entonces, Perón se había autodefinido con orgullo como el “primer adoctrinador de la nación”, encomendando a los maestros la responsabilidad de inculcar la doctrina peronista en niños y jóvenes. Un decreto establecía que el objetivo de los educadores debía ser la difusión de “la doctrina nacional, sus fundamentos, sus realizaciones y su alcance”. Los “Cuadernos para el Maestro Argentino” del Ministerio de Educación lo dejaban claro: “Los programas de educación primaria llevan a la escuela el pensamiento del General Perón, pensamiento que ha sido concretado en una doctrina, el Justicialismo, de carácter nacional… La escuela como instrumento creado por el Estado para asegurar su proyección en el futuro, y el maestro como agente del Estado, están en el imperioso deber de condicionar su labor a los postulados de esa doctrina.” Este enfoque no ofrecía alternativas para quienes profesaban otras creencias políticas, a diferencia de la opción de “moral” para los no católicos. Todos debían ser educados bajo la doctrina nacional justicialista.
La Reescritura de la Historia y la Exaltación del Líder
Para cumplir con este objetivo de adoctrinamiento, se editaron nuevos libros escolares con títulos que reflejaban explícitamente la concepción política del régimen, como Justicialismo, Obreritos, Evita y Privilegiados. Más allá de enseñar a escribir con oraciones que celebraban a Perón y Eva, estos textos promovieron una reformulación de la historia. Si bien las acciones de Perón habían sido introducidas en los materiales escolares desde el inicio de su gobierno, en la primera etapa, su figura y medidas se comparaban con las de Sarmiento, Roca y San Martín. Sin embargo, en los libros encargados por Méndez San Martín, se tendió a minimizar el papel de los héroes clásicos, dejando espacio solo para la exaltación de Perón y los momentos clave del peronismo, como el 17 de octubre. Esta decisión respondía a la creencia de que el liderazgo de Perón no admitía comparaciones históricas, buscando presentarlo como una figura única e inigualable.
El gobierno consideraba que la unidad espiritual que profesaba el peronismo debía construirse desde la niñez, como parte de un plan para que el movimiento se perpetuara. No solo la exaltación de Perón y Eva fue importante; también se trasladó a la enseñanza escolar la visión orgánica y comunitarista de la sociedad, el anti-individualismo, la existencia de enemigos internos (la oligarquía) y externos (el imperialismo), y las virtudes de un Estado interventor y protector. La representación social y política del mundo que generó el peronismo encontró terreno fértil en diversos ámbitos de la sociedad, y en el sistema educativo, nadie hizo tanto como Méndez San Martín para plasmar esta visión de forma tan efectiva. Aunque su nombre no sea tan recordado como el de Perón, el fruto de su gestión dejó una huella indeleble.
Transformación y Democratización: El Impulso a la Educación Técnica
Más allá del adoctrinamiento, el peronismo también implementó políticas educativas que buscaron transformar y democratizar el acceso a la enseñanza. Adriana Puiggrós, reconocida historiadora y pedagoga argentina, ha destacado el impacto significativo del peronismo en el sistema educativo, especialmente en la formación técnica. Una de las primeras y más trascendentales medidas fue la ley de gratuidad de la enseñanza, que garantizó el acceso a la educación pública gratuita en todos sus niveles, desde la primaria hasta la universitaria, para todos los ciudadanos. Esta medida abrió las puertas de la educación a sectores de la sociedad que históricamente habían estado excluidos por razones económicas.

El gobierno peronista impulsó la creación de numerosas escuelas técnicas con el objetivo de formar profesionales capacitados para el proceso de industrialización del país. Estas escuelas ofrecían una formación integral, combinando conocimientos teóricos con prácticas intensivas en talleres y laboratorios, preparando a los estudiantes para el mundo laboral. Además, se promovió la sindicalización de los docentes, reconociendo su importancia como actores fundamentales en el proceso educativo. Esto no solo mejoró las condiciones laborales de los maestros, sino que también fortaleció su rol como educadores dentro del sistema.
Uno de los principales cambios en la política educativa peronista fue la creación de los Centros de Formación Profesional, diseñados para brindar capacitación en oficios y habilidades técnicas específicas. Estos centros se convirtieron en espacios cruciales para la formación de trabajadores especializados en diversas áreas productivas. Para asegurar que la falta de recursos económicos no fuera una barrera, se implementaron becas de estudio, permitiendo que jóvenes de bajos ingresos accedieran a la educación técnica y, con ella, a mejores oportunidades laborales. La educación técnica se incorporó también a la educación secundaria a través de la creación de escuelas industriales y comerciales, buscando preparar a los estudiantes para el entorno laboral desde una etapa temprana, brindándoles conocimientos prácticos y habilidades específicas.
La política educativa del peronismo tuvo un impacto significativo en la formación técnica en Argentina. A través de la creación de escuelas técnicas, centros de formación profesional y la incorporación de la educación técnica en la educación secundaria, se buscó fortalecer la formación de profesionales capacitados para impulsar el desarrollo industrial del país. Puiggrós subraya que estas políticas democratizaron el acceso a la educación técnica, brindando oportunidades a sectores históricamente marginados. Asimismo, el reconocimiento y la mejora de las condiciones laborales de los docentes contribuyeron a fortalecer el sistema educativo en general.
Comparativa: Educación Antes y Durante el Peronismo
| Aspecto | Educación Pre-Peronista (hasta 1946) | Educación Durante el Peronismo (1946-1955) |
|---|---|---|
| Gratuidad de la Enseñanza | Variable, predominio de cuotas en niveles superiores. Acceso limitado para sectores populares. | Gratuita en todos los niveles (primaria, secundaria, universitaria) por ley. Democratización del acceso. |
| Enseñanza Religiosa | No obligatoria a nivel nacional, dependía de cada jurisdicción o institución. | Obligatoria a nivel nacional desde 1946 (Ley 12.978). Posteriormente, reemplazada por “consejos espirituales” con contenido doctrinario peronista (1954). |
| Adoctrinamiento Político | No sistemático ni oficializado en los textos escolares. | Sistemático y obligatorio a través de libros de texto, programas de estudio y actividades escolares. Exaltación de Perón y Eva, difusión de la doctrina justicialista. |
| Formación Técnica | Limitada y con menor prestigio. Poca articulación con las necesidades industriales. | Fuerte impulso y desarrollo. Creación de numerosas escuelas técnicas, Centros de Formación Profesional y becas. Integración con el proyecto de industrialización. |
| Contenido de Textos Escolares | Diversidad de autores y enfoques históricos. | Unificación y peronización de los contenidos. Minimización de figuras históricas clásicas en favor de Perón y Eva. Obligatoriedad de “La razón de mi vida”. |
| Rol del Docente | Principalmente educativo. | Educativo y, además, agente de difusión de la doctrina nacional justicialista. |
| Centralización del Sistema | Mayor autonomía de consejos escolares y direcciones generales. | Fuerte centralización bajo el Ministerio de Educación, buscando una relación directa entre gobierno y escuelas. |
Preguntas Frecuentes sobre la Educación Peronista
El impacto del peronismo en la educación argentina sigue siendo un tema de debate y análisis profundo. A continuación, abordamos algunas de las preguntas más comunes sobre este período:
¿Fue la educación gratuita durante el peronismo?
Sí, una de las medidas más significativas del gobierno peronista fue la implementación de la ley de gratuidad de la enseñanza en todos sus niveles, desde la primaria hasta la universitaria. Esta política buscó garantizar el acceso universal a la educación pública, eliminando las barreras económicas para estudiantes de todos los estratos sociales.
¿Cómo se adoctrinaba a los niños en las escuelas peronistas?
El adoctrinamiento se llevó a cabo de manera sistemática a través de varios mecanismos. Se editaron nuevos libros de texto que incluían oraciones celebratorias de Perón y Eva, y se reformuló la historia para exaltar el papel del líder y los logros del peronismo. Además, se hizo obligatoria la lectura del libro “La razón de mi vida” de Eva Perón. Los maestros fueron encomendados a difundir la doctrina justicialista, y las materias como “religión” fueron reemplazadas por “consejos espirituales” con un claro contenido político.
¿Qué papel jugó Eva Perón en la educación?
Eva Perón tuvo un papel crucial, especialmente a través de su influencia en la designación de ministros como Armando Méndez San Martín, quien era muy cercano a ella y a la Fundación Eva Perón. Su figura fue central en el adoctrinamiento, siendo objeto de exaltación y casi beatificación en los textos y actividades escolares. Su libro “La razón de mi vida” se convirtió en lectura obligatoria, consolidando su legado ideológico.
¿Qué fue la enseñanza religiosa obligatoria durante Perón?
Al inicio de su gobierno, Perón cumplió su promesa a la Iglesia Católica de establecer la enseñanza religiosa obligatoria a nivel nacional. Esto significaba que las clases de catequesis se impartían dentro de la currícula escolar. Aunque se ofrecía una opción de un curso de “Moral” para quienes no profesaban la fe católica, la mayoría de los alumnos optó por la educación religiosa. Con el tiempo, esta materia fue gradualmente sustituida por contenidos de adoctrinamiento peronista.
¿Quién fue Armando Méndez San Martín?
Armando Méndez San Martín fue el ministro de Educación de Perón desde 1950. Médico de profesión y ferviente adherente del peronismo, fue una figura clave en la implementación de las políticas de adoctrinamiento y peronización del sistema educativo. Su gestión se caracterizó por la centralización, la modificación de los textos escolares y la promoción activa de la doctrina justicialista en las aulas.
Conclusión: Un Legado Complejo
El gobierno de Juan Domingo Perón dejó una huella profunda y compleja en el sistema educativo argentino. Por un lado, impulsó medidas de gran alcance social, como la gratuidad de la enseñanza y el desarrollo de la educación técnica, que democratizaron el acceso al conocimiento y prepararon a generaciones para el desarrollo industrial del país. Estas políticas representaron un avance significativo en la inclusión y en la formación de capital humano, sentando bases importantes para el futuro. Por otro lado, la peronización de la educación, especialmente bajo la gestión de Armando Méndez San Martín, marcó un período de adoctrinamiento político sin precedentes. Los textos escolares se convirtieron en herramientas de propaganda, la historia fue reinterpretada y la figura de los líderes fue exaltada de manera sistemática, buscando la perpetuación del movimiento. Esta dualidad de progreso social y control ideológico es lo que define el legado educativo del peronismo, un capítulo de la historia argentina que continúa generando debate y reflexión sobre el papel de la educación en la construcción de una sociedad y una identidad nacional.
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