Peronismo: Ayer y Hoy. ¿Qué Queda de Perón?

12/12/2025

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A casi cinco décadas del fallecimiento del General Juan Domingo Perón, una pregunta resuena con fuerza en el corazón de la sociedad argentina: ¿Qué queda de las viejas verdades de su peronismo? En un mundo radicalmente distinto al de mediados del siglo XX, donde la tecnología redefine nuestras interacciones y la geopolítica traza nuevos rumbos, es imperativo analizar si los postulados que en vida forjaron uno de los movimientos políticos más influyentes de nuestra historia conservan su vigencia o si, por el contrario, han mutado hasta volverse irreconocibles. Este artículo busca desentrañar la esencia del peronismo original, su contexto y sus logros, para luego contrastarlo con la realidad de un movimiento que hoy, para muchos, parece más un eco de la melancolía que una fuerza impulsora del futuro.

¿Cuáles son las viejas verdades del peronismo de “Perón”?
Las viejas verdades del peronismo de “Perón” nada tienen que ver con el “Peronismo” de CFK. Sus postulados de poco sirven frente a un mundo que ha superado esas discusiones demodé.

La partida de Perón el 1 de julio de 1974 dejó un vacío, pero también una semilla que ha germinado y transformado a lo largo del tiempo. Su figura, tres veces Presidente de la Nación, sigue siendo un epicentro de controversia y fervor, un nombre bajo el cual, como se ha señalado, “unos pocos vivos siguen usufructuando la melancolía de lo que pudo ser (y no fue)”. Para comprender esta evolución, es fundamental regresar a sus raíces.

Índice de Contenido

El Contexto Histórico y los Postulados Originales de Perón

La llegada de Perón al poder se enmarca en un escenario global post-Segunda Guerra Mundial, con una Europa devastada y Estados Unidos emergiendo como líder de Occidente. Argentina, en una posición inédita en su historia, se encontraba como nación acreedora de los países centrales, fruto de sus exportaciones de carnes y granos a las naciones en conflicto. El principal deudor era el Reino Unido. Ante esta coyuntura, el gobierno peronista optó por capitalizar estos créditos para la adquisición de empresas de servicios públicos de capital británico, como los ferrocarriles. Esta medida, anunciada como una conquista de soberanía económica e independencia, fue un pilar fundamental de su discurso y acción de gobierno.

En septiembre de 1946, el impulso del tratado Miranda-Eddy, que reconocía una inversión británica de 2.000 millones de pesos, aseguraba una ganancia mínima del 4% anual y exención ilimitada de aranceles de importación, mostraba una faceta pragmática y negociadora del gobierno peronista. La opulencia económica de la época, sostenida por un mercado interno robusto debido a la baja de importaciones, permitió a Perón implementar una política social ambiciosa. Nuevos derechos sociales, como periodos de vacaciones y descanso, planes de vivienda, e inversiones sustanciales en salud y educación, fueron efectivizados y capitalizados por el General, sentando las bases de un Estado de bienestar que transformaría la vida de millones de argentinos.

Sin embargo, el contexto mundial no tardaría en cambiar. A partir de 1950, la situación económica comenzó a deteriorarse. El Plan Marshall de Estados Unidos, al ubicar sus excedentes agrícolas en Europa, limitó el acceso al mercado de la producción argentina. Esta nueva realidad obligó a Perón a sancionar medidas de tinte ortodoxo, incluyendo el ajuste del gasto público. Aunque en su momento había pronunciado que “se cortaría las manos” antes que endeudar a la Nación comprometiendo su independencia económica, la realidad lo llevó a contraer finalmente un préstamo con el Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos y a firmar contratos de explotación petrolífera con compañías extranjeras. Esto demostró que, incluso para Perón, la adaptación a las circunstancias era una necesidad, a veces, por encima de los postulados ideológicos más arraigados.

El Peronismo Actual: Un Contraste Radical

La pregunta fundamental que surge es: ¿El peronismo de hoy tiene algo que ver con el de 1950? La respuesta que emerge del análisis es contundente: “No tiene nada que ver, se parece más a un club de vivos que siguen usufructuando la melancolía.” Las condiciones del mundo que facilitaron el surgimiento del movimiento peronista como motor social han cambiado sustancialmente. Vivimos en un universo amplificado por avances tecnológicos, transformaciones en el comercio internacional y nuevas dinámicas laborales, como el “home office”, impensables hace siete décadas.

La Argentina actual dista, y mucho, de lo que fue. La impericia sostenida de gran parte de la dirigencia política ha causado estragos. Hoy, el país se enfrenta a desafíos descomunales: una parte importante del territorio nacional cooptado por el narcotráfico, un sistema educativo nacional degradado a niveles impensados y una estructura estatal engordada por la política partidaria hasta alcanzar una “obesidad mórbida”. El futuro, en este escenario, luce complicado y oscuro.

La actual líder del movimiento, Cristina Fernández de Kirchner, a diferencia de Perón, es presentada como “la líder más derrotada de la historia del peronismo”. A pesar de la debacle, se las ingenia para sostener un relato basado en la repetición de postulados del General, mientras su propio gobierno acumula errores. La interna del Frente de Todos, con Máximo Kirchner chicanendo al Presidente y a sus ministros, y La Cámpora siendo señalada como un grupo que “coopta, como garrapatas, las cajas del Estado”, denota una profunda crisis de identidad y gestión.

Los indicadores económicos están en rojo. La industria está castigada por la falta de dólares y la escasez de reservas, agravada por la sequía en el campo. La hiperinflación acecha, y la devaluación parece inminente. Desde la primera presidencia de CFK en adelante, la debacle argentina se ha agravado: más pobres, un Banco Central sin reservas, una deuda en pesos astronómica, una inflación cercana al 100% anual y múltiples tipos de dólar. El movimiento obrero, otrora pilar del peronismo, ha perdido fuerza frente a la economía informal y los movimientos sociales. Las viejas verdades del peronismo de “Perón” nada tienen que ver con el “Peronismo” de CFK. Sus postulados resultan demodé frente a un mundo que ha superado esas discusiones.

Peronismo como Religión Secular: La Visión de Loris Zanatta

Para entender la persistencia del peronismo, a pesar de las transformaciones y las crisis, es fundamental la perspectiva del historiador italiano Loris Zanatta. Nacido en el seno de una familia comunista, Zanatta ha dedicado su vida a estudiar los procesos políticos de Argentina, con un foco particular en el vínculo del peronismo con la Iglesia, llegando a definirlo como una religión secular.

Según Zanatta, el peronismo forma parte de una “gran familia” de fenómenos que se suelen englobar bajo el término populismo. El populismo es, en su esencia, una “nostalgia de unanimidad”, el sueño y el mito de restaurar una condición originaria donde el pueblo, el hombre, era puro y vivía en un estado de armonía. Esta visión providencialista de la historia concibe la vida como una lucha entre el bien y el mal, buscando un fin de salvación y redención, similar a las grandes religiones monoteístas.

Fenómenos de tipo totalitario, como el castrismo, el chavismo, el PRI mexicano, el franquismo o los comunismos, comparten esta pulsión. No se trata de una copia directa, sino de una sacralización de la política, trasladando un imaginario religioso al mundo secular. La estadía de Perón en la Italia fascista no es la razón de las similitudes, sino que tanto el fascismo como el peronismo surgieron de crisis del liberalismo muy parecidas, donde la modernidad (capitalismo, parlamentarismo, derechos individuales) fue interpretada como una “infiltración extranjera” y una corrupción de la “armonía originaria” del pueblo.

Ambos movimientos comparten la nostalgia por un pasado esencialmente cristiano, donde el pueblo vivía en armonía, vinculado a sus raíces católicas. La “comunidad organizada” peronista encuentra su paralelo en el corporativismo fascista. La división de poderes es inaceptable, ya que divide lo que debería estar “naturalmente unido”, y el Estado es concebido como un “instrumento religioso de conversión” y evangelización, utilizando la escuela, la prensa y otras instituciones para moldear a la población.

La relación de Perón con la Iglesia es un claro ejemplo de esta dinámica. Inicialmente con apoyo, la Iglesia se distancia y Perón cae en 1955 tras una pelea que Zanatta describe como “incestuosa”. El problema radicó en que el peronismo se transformó en un “cristianismo realizado”, exigiendo a la Iglesia ser peronista porque el peronismo había “restaurado el reino de Dios en la Tierra”. La Iglesia, habiendo vivido la identificación con regímenes católicos (franquismo, fascismo), no podía aceptar perder su autonomía.

Incluso la figura del Papa Francisco, para Zanatta, encaja en esta visión del “papa peronista” no por afiliación partidaria, sino por una visión del mundo compartida que ve en el peronismo una “expresión natural de la armonía originaria del pueblo”, desconfiando de las clases medias secularizadas que se asemejan al mundo liberal y protestante. Esta persistencia de una visión religiosa en la política explica por qué Argentina se mantiene entrampada en la dinámica peronismo-antiperonismo, una verdadera guerra de religiones donde cada bando se percibe como el portador de la verdad.

El Peronismo desde la Óptica del Presente: Alberto Fernández

La visión de los líderes actuales del peronismo sobre su propia identidad y futuro ofrece otra capa de análisis. El presidente Alberto Fernández, por ejemplo, ha enfatizado la necesidad de “más democracia” dentro del peronismo, abogando por elecciones internas para elegir a los candidatos más representativos. Su postura es clara: el “enemigo no son los compañeros del Frente de Todos sino el macrismo, la derecha recalcitrante”.

Fernández ha defendido su gestión, señalando “30 meses consecutivos de crecimiento formal” y los esfuerzos para bajar la inflación. Ha recordado su postura durante la pandemia, priorizando la vida sobre la economía, y ha criticado la deuda con el FMI, buscando una quita de sobretasas. En el ámbito internacional, ha destacado el apoyo de Joe Biden para Argentina, y ha expresado su “decepción” con Vladimir Putin por la guerra en Ucrania. Respecto a su relación con Cristina Kirchner, ha afirmado que jamás la “entregaría” y ha defendido su inocencia en la causa Vialidad, rechazando la condena.

En cuanto al futuro del movimiento, Alberto Fernández ha manifestado no creer en el “verticalismo” ni en la “conducción personalista” del peronismo, rechazando la creación de un “albertismo”. Su aspiración es que el peronismo se renueve una vez más, terminando con los personalismos y organizándose democráticamente, una tarea pendiente desde que Juan Domingo Perón, antes de morir, instó a la organización.

Comparativas: Perón vs. Presente

Para visualizar mejor las diferencias y continuidades, podemos establecer una tabla comparativa entre la era de Perón y la Argentina actual:

AspectoArgentina en la Era de Perón (1945-1955)Argentina Hoy (2022-2023)
Contexto Económico GlobalPost-Segunda Guerra Mundial, Europa devastada, Argentina acreedora.Mundo globalizado, crisis post-pandemia, guerra en Ucrania, alta inflación global.
Situación Económica NacionalOpulencia inicial por exportaciones, nacionalizaciones, luego ajustes y préstamos externos.Inflación cercana al 100%, escasez de reservas, deuda astronómica en pesos, múltiples tipos de dólar.
Política SocialExpansión de derechos sociales (vacaciones, vivienda, salud, educación).Pobreza creciente, degradación del sistema educativo y de salud, ineficacia estatal.
Rol del EstadoEstado intervencionista, nacionalizador, promotor de bienestar social.Estado “obeso” por política partidaria, cooptado, inacción ante problemas como el narcotráfico.
Liderazgo PolíticoPerón como voz del pueblo, figura carismática, constructor de un movimiento.Fragmentación, liderazgos cuestionados, internas feroces, “club de vivos” usufructuando la melancolía.
InstitucionalidadCentralización de poder, aunque con legitimidad electoral.Crisis institucional, enfrentamiento con poderes como la Corte Suprema, debilitamiento de la república.

Y una segunda tabla que compara los postulados de Perón con la realidad actual del movimiento:

Postulado Peronista (Original)Realidad Actual del Peronismo
Independencia EconómicaLograda parcialmente en su momento, pero luego comprometida con préstamos.Alta dependencia de préstamos externos (FMI), escasez de divisas, economía frágil.
Soberanía PolíticaAfirmación de la soberanía a través de nacionalizaciones y política exterior.Debilidad institucional, polarización profunda, crisis de representación.
Justicia SocialMotor de políticas de bienestar y derechos para los trabajadores.Crecimiento de la pobreza e indigencia, desigualdad persistente, crisis del movimiento obrero formal.
Unidad NacionalBúsqueda de la “comunidad organizada” y superación de la grieta liberal-conservadora.Profunda polarización (“nosotros y ellos”), “guerra de religiones” entre facciones.

Preguntas Frecuentes sobre el Peronismo

¿Siguen vigentes los postulados originales de Juan Domingo Perón en la Argentina actual?

En su forma original, los postulados de Perón, como la independencia económica a través de la nacionalización masiva o la autarquía, no son directamente aplicables ni vigentes en el contexto globalizado y complejo de hoy. Si bien la idea de justicia social sigue siendo un anhelo, las herramientas y el contexto para lograrla han cambiado drásticamente. El peronismo actual, en la práctica, ha adoptado políticas que se alejan de esos principios fundacionales, adaptándose (o desviándose) a las nuevas realidades económicas y políticas.

¿Qué diferencias clave existen entre el peronismo de Perón y el peronismo de la era de Cristina Kirchner?

Las diferencias son sustanciales. El peronismo de Perón se gestó en un contexto de bonanza económica post-guerra, con Argentina como acreedora y un fuerte impulso a la industrialización y los derechos sociales. La era de Cristina Kirchner, en contraste, se ha desarrollado en un contexto de crisis económica recurrente, alta inflación, endeudamiento y una profunda polarización social. Mientras Perón construyó un movimiento de masas unificador (aunque excluyente para la oposición), el kirchnerismo, una facción del peronismo, ha tendido a profundizar la división política y a enfrentar desafíos institucionales y económicos mucho más severos, con resultados sociales que muestran un aumento de la pobreza.

¿Cómo influye la idea del peronismo como “religión secular” en la política argentina?

La visión del peronismo como una “religión secular”, propuesta por Loris Zanatta, ayuda a explicar su extraordinaria persistencia y resiliencia. Al sacralizar la política y presentarse como la encarnación de la nación y el pueblo, el peronismo trasciende la lógica de un partido político tradicional. Sus símbolos, narrativas y líderes adquieren un carácter casi mesiánico. Esto genera una lealtad que va más allá de los resultados de gestión, transformando el debate político en una “guerra de religiones” donde no se discuten ideas, sino se enfrentan verdades absolutas, dificultando el consenso y la alternancia democrática constructiva.

¿Por qué el peronismo mantiene su relevancia a pesar de las crisis y los malos resultados económicos?

Su relevancia se mantiene por varios factores interconectados. Primero, su dimensión de “religión secular” le otorga una base de fe que trasciende el análisis racional de los resultados. Segundo, su capacidad de adaptación y de cooptación de diversas fuerzas sociales y políticas le permite reinventarse y mantenerse como una fuerza mayoritaria. Tercero, la falta de una alternativa política consistente y duradera que logre capturar el imaginario popular y ofrecer una visión de futuro distinta y atractiva contribuye a su persistencia. Finalmente, la melancolía por un pasado idealizado y la habilidad de sus líderes para capitalizar esa nostalgia siguen siendo poderosos motores.

¿Cuál es el futuro del peronismo en Argentina?

El futuro del peronismo es incierto, pero su adaptabilidad histórica sugiere que seguirá siendo una fuerza central en la política argentina. Sin embargo, su capacidad para resolver los problemas estructurales del país, como la pobreza, la inflación y la debilidad institucional, está en entredicho. La necesidad de una “organización democrática” y el fin de los “personalismos”, como sugirió Alberto Fernández, podría ser un camino. Pero la tensión entre su herencia religiosa-populista y la necesidad de una gestión pragmática y moderna definirá si puede evolucionar hacia una fuerza más constructiva o si continuará “usufructuando la melancolía” del pasado.

Conclusión

Las “viejas verdades” del peronismo de Juan Domingo Perón, forjadas en un contexto económico y social único, parecen hoy distantes y, en muchos casos, anacrónicas frente a la compleja realidad argentina. El movimiento ha mutado, y lo que se presenta como su continuidad, para muchos, es una mera instrumentalización de la melancolía por un pasado que no volverá. La profunda crisis económica, social e institucional que atraviesa Argentina contrasta fuertemente con las promesas y logros iniciales del peronismo. La visión de Loris Zanatta, que lo describe como una religión secular, ofrece una clave fundamental para comprender su arraigo y su persistencia a pesar de los resultados adversos. Esta dimensión “religiosa” explica por qué, a pesar de las derrotas y las contradicciones internas, el peronismo sigue siendo una fuerza central, atrapando a la política argentina en una “guerra de religiones” que dificulta el progreso. El desafío para Argentina es, quizás, trascender esta dinámica y construir un futuro donde la política se base en soluciones pragmáticas y consensuadas, más allá de los mitos y las nostalgias del pasado.

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