15/09/2023
En los anales de la historia argentina, pocas figuras del ámbito sindical ejercieron un poder y una influencia tan marcados como Augusto Vandor. Conocido popularmente como “El Lobo”, este metalúrgico oriundo de Entre Ríos se erigió como uno de los pilares fundamentales del sindicalismo de la década de 1960, dejando una huella imborrable que perdura hasta nuestros días. Su figura, compleja y controvertida, estuvo marcada tanto por su capacidad de liderazgo como por las tragedias y conspiraciones que rodearon su vida y su violenta muerte.

Augusto Timoteo Vandor, nacido en 1923, no tuvo un camino convencional hacia el poder gremial. Antes de sumergirse en el mundo fabril, Vandor sirvió como suboficial en la Marina, una etapa de su vida que, para muchos, forjó su carácter disciplinado y su habilidad para la estrategia. Fue recién en 1950, a los 27 años, cuando pisó por primera vez una fábrica, ingresando a Philips como matricero. Su ascenso dentro de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) fue meteórico y asombroso. En tan solo seis años, para 1956, ya era una figura de peso dentro del gremio, y para 1958, su control sobre la UOM era indiscutible. Este ascenso vertiginoso no solo hablaba de su carisma y su capacidad de organización, sino también de una ambición que lo llevó a desafiar incluso al propio Juan Domingo Perón, impulsando una corriente que muchos denominaron el “peronismo sin Perón”. Esta visión, que buscaba una autonomía del movimiento obrero respecto del líder exiliado, le granjeó tanto seguidores fervientes como poderosos enemigos.
La vida de “El Lobo” Vandor culminó de manera abrupta y violenta en 1969, un evento que conmocionó a la sociedad argentina y que aún hoy es objeto de análisis y debate. Fue asesinado en su propia oficina de la UOM, acribillado con seis disparos por un grupo identificado como el Ejército Nacional Revolucionario (ENR). El impacto de este crimen fue tal que su eco resonó en todos los estratos sociales y políticos del país. El periodista Andrés Bufali, coautor del libro “Con Soriano por la ruta de Chandler” y testigo de primera mano de los eventos que siguieron al asesinato, relató con vívido detalle la atmósfera de caos y consternación que se vivió en las horas posteriores al atentado.
Bufali, en su búsqueda de información, se encontró con el desafío de acceder a datos cruciales en medio de la confusión. Un café se convirtió en su refugio para urdir un plan. Recordó a Roberto Díaz, un metalúrgico santiagueño que trabajaba en una fábrica de Llavallol, quien resultó ser una pieza clave. Díaz le proporcionó los nombres de dos contactos en el policlínico de la UOM, la institución donde presumiblemente habían trasladado a Vandor. Con astucia, Bufali logró acceder al hospital. Uno de los contactos, con una habilidad digna de un ilusionista, hizo desaparecer un billete que el periodista le deslizó, abriéndole el camino hacia el área de Cirugía. Allí, bajo la recomendación de fingir ser pariente de un paciente, Bufali se mimetizó con el entorno. Sentado en un banco de madera, aguzó el oído, absorbiendo cada susurro, cada comentario de médicos, enfermeras, camilleros y sindicalistas que pululaban por los pasillos. Ya el asesinato se había filtrado. Las conversaciones entre pasillos revelaban detalles que pintaban un cuadro más completo de Vandor: su pasado en la Marina, su entrada a Philips, y su asombrosa escalada de poder en la UOM. Un murmullo en particular captó su atención: “¿Sabías que el ‘Lobo’, en el 50, antes de entrar en la Philips como matricero, era suboficial de la Marina y que sumaba 27 pirulos cuando pisó por primera vez una fábrica? ¡Pensar que en el 56 ya era un capo y en el 58 mandaba a todos en la UOM! ¡Eso es tener muñeca!”. La respuesta, cargada de fatalismo, no se hizo esperar: “No tanta. Era tan ambicioso que se puso al general en contra. ¡Y mirá..!”.
La tensión en el policlínico alcanzó su punto álgido con la llegada del cuerpo de Vandor. Dos hombres corpulentos, tres camilleros y un par de médicos aparecieron en Cirugía con la figura del líder sindical ya convertida en historia. Medio cubierto por una sábana, con sus ojos celestes aún abiertos, el cuerpo de “El Lobo” se convirtió en el centro de todas las miradas. Justo cuando los hombres de seguridad comenzaron a sospechar de la presencia de extraños, apareció Elida Curone, la esposa de Vandor, desviando la atención hacia su dolor. Un médico, con lágrimas en los ojos, le confirmó la trágica noticia: “¡Negrita, lo mataron al ‘Lobo’, lo mataron!”. La escena era elocuente, un testimonio del impacto personal y colectivo de la pérdida de una figura tan prominente.
La figura de Vandor, sin embargo, no estuvo exenta de controversias aún antes de su muerte. Un año antes de su asesinato, en 1968, el reconocido periodista y escritor Rodolfo Walsh publicó su célebre libro “¿Quién mató a Rosendo?”. En esta obra de investigación periodística, Walsh desentraña el asesinato de Rosendo García, otro dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, ocurrido el 13 de mayo de 1966 en la confitería La Real, en Avellaneda. Tras una minuciosa investigación, Walsh llegó a la escalofriante conclusión de que el autor intelectual de aquel crimen no era otro que el propio Augusto Vandor. Esta acusación añadió una capa de oscuridad y complejidad a la ya controvertida figura de “El Lobo”, mostrando la brutalidad y las luchas internas que caracterizaban al sindicalismo de la época. La conexión de Vandor con el asesinato de García, revelada por Walsh, consolidó su imagen como un líder implacable, capaz de utilizar métodos extremos para consolidar y mantener su poder.
El legado de Augusto Vandor es, por tanto, un tapiz complejo de poder, ambición, visión política y tragedia. Fue un líder que redefinió el papel del sindicalismo en Argentina, intentando forjar un camino independiente para el movimiento obrero. Su vida, marcada por un ascenso meteórico desde la fábrica hasta la cúspide del poder gremial, y su muerte violenta, lo consolidaron como un símbolo de una época turbulenta en la historia argentina. “El Lobo” no solo fue un apodo, sino el reflejo de una personalidad que marcó a fuego el devenir de un país.
Preguntas Frecuentes sobre Augusto Vandor
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la vida y el legado de Augusto Vandor:
¿Quién fue Augusto Vandor?
Augusto Vandor fue uno de los líderes sindicales más influyentes y poderosos de Argentina durante la década de 1960. Conocido como “El Lobo”, fue un metalúrgico que ascendió rápidamente dentro de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) hasta convertirse en su figura más prominente. Impulsó una corriente política dentro del peronismo que buscaba mayor autonomía para el movimiento obrero.
¿Por qué le decían “El Lobo” a Vandor?
El apodo “El Lobo” fue asignado a Augusto Vandor debido a su personalidad astuta, su capacidad estratégica y su implacable determinación en la arena política y sindical. Reflejaba su habilidad para maniobrar y su fuerza dentro del complejo entramado de poder de la época.
¿Cuándo y cómo murió Augusto Vandor?
Augusto Vandor fue asesinado el 30 de junio de 1969 en su oficina de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Fue acribillado con seis disparos por un grupo identificado como el Ejército Nacional Revolucionario (ENR).
¿Qué fue el “peronismo sin Perón” que impulsó Vandor?
El “peronismo sin Perón” fue una corriente política dentro del movimiento peronista impulsada por Vandor. Esta visión buscaba que el movimiento obrero y el peronismo en general desarrollaran una mayor autonomía y capacidad de decisión sin la intervención directa del líder exiliado, Juan Domingo Perón. Se proponía una adaptación del peronismo a las nuevas realidades políticas y sociales de Argentina.
¿Qué relación tuvo Vandor con el asesinato de Rosendo García?
Según la investigación del periodista y escritor Rodolfo Walsh, plasmada en su libro “¿Quién mató a Rosendo?”, Augusto Vandor fue el autor intelectual del asesinato de Rosendo García, otro dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica. El crimen de García ocurrió en 1966, tres años antes del propio asesinato de Vandor, y fue un evento que sacudió profundamente al sindicalismo argentino.
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