04/02/2022
La fascinación por el cine, la política y la efervescencia de una época se entrelazan de manera magistral en "Soñadores" (The Dreamers), la aclamada película de Bernardo Bertolucci. Ambientada en el turbulento París de 1968, esta obra no solo nos sumerge en la intimidad de un ménage à trois, sino que también nos invita a ser testigos de los intensos debates intelectuales que definieron a una generación. Es en este crisol de ideas donde surge una particular discusión sobre la Revolución Cultural China y la enigmática figura del Libro Rojo de Mao, un punto de fricción que revela las distintas facetas del idealismo juvenil y la compleja relación entre teoría y acción.

El Espíritu del 68: Un Telón de Fondo para el Idealismo
La primavera de 1968 fue un momento de profunda transformación en Europa, y París, en particular, se convirtió en el epicentro de un despertar político y cultural sin precedentes. "Soñadores" captura esta atmósfera con una maestría que solo un director como Bertolucci, francófilo confeso y testigo de aquellos días, podría lograr. La película, inspirada en la novela "The Holy Innocents" de Gilbert Adair, no busca ser una lección de historia exhaustiva sobre las barricadas y las luchas callejeras, sino más bien una "pieza de cámara" donde el contexto histórico irrumpe en las vidas de sus personajes, moldeando su despertar y sus convicciones.
Bertolucci rememora aquel periodo como algo "absolutamente mágico", un tiempo en el que se fusionaban el cine, la política, el jazz, el rock'n'roll, el sexo y la filosofía. Era un estado de "permanente éxtasis", una época donde los jóvenes estaban "henchidos de esperanza" de un modo que, según el director, "jamás antes se había visto, y jamás se volverá a ver". Esta descripción subraya el profundo idealismo y la visión utópica que caracterizaban a la juventud de entonces, un sentir que impregna cada escena de "Soñadores" y que es fundamental para comprender las motivaciones y contradicciones de sus protagonistas.
El detonante de los disturbios del Mayo del 68, la defensa de Henri Langlois, director de la Cinémathèque Française, es un ejemplo claro de cómo la pasión por el cine podía traducirse en acción política. Para los cinéfilos y estudiantes de cinematografía, el cese de Langlois fue un insulto que los llevó a las calles, demostrando que la juventud no temía desafiar al Estado. Estos eventos, aunque tangenciales a la trama central de la película, establecen el escenario para la autoexploración de los tres jóvenes protagonistas: Isabelle (Eva Green), su hermano Théo (Louis Garrel) y el estudiante americano Matthew (Michael Pitt).
El Libro Rojo de Mao: Un Debate entre el Dogma y la Realidad
Dentro de este torbellino de ideas y descubrimientos personales, la película "Soñadores" presenta un momento crucial que toca directamente la cuestión de la Revolución Cultural China y el Libro Rojo de Mao. Es Théo, el joven francés, quien inicialmente se muestra como un ferviente defensor de estas ideas. Para él, el Libro Rojo no es percibido como un arma violenta, sino como un instrumento capaz de conducir a una sociedad mejor, una visión que encaja con el espíritu utópico y transformador de la época.
Sin embargo, Matthew, el pragmático estudiante americano, introduce una perspectiva crítica. Él confronta a Théo con la dura realidad de lo que significa seguir un "único libro" como un dogma. Desde la retrospectiva, el narrador del texto que nos sirve de base, y que es el crítico de cine, subraya cómo "ahora todos sabemos y queremos saber qué fue aquella revolución, que consistió no solo seguir como un dogma un único libro, sino en asesinar por él". Esta reflexión pone de manifiesto el contraste entre el idealismo ingenuo de Théo en el momento y la comprensión histórica posterior de las trágicas consecuencias de la Revolución Cultural.
El filme de Bertolucci es hábil al mostrar a sus personajes a veces como "dogmáticos", pero sin que el propio director adopte una postura dogmática. Esta neutralidad permite que las opiniones de Théo y Matthew coexistan y se pongan en tela de juicio, revelando la complejidad de las convicciones juveniles. Bertolucci incluso utiliza el recurso de mantener el plano del rostro de un personaje después de que ha dicho algo, permitiéndonos "descubrir que no cree de verdad en lo que dice, o que ya está cambiando de opinión". Esto es particularmente relevante en la escena donde Théo parece comprender la implicación de seguir un único libro, incluso si el final de la película, al mostrarlo uniéndose a una multitud para "hacer el mal", podría parecer desmentirlo.
La película, y el comentario del crítico, sugieren que muchos actuaron como Théo en aquellos años, "repitiendo consignas pero viviendo de una manera que desmentía esas consignas, creyendo y no creyendo en lo que hacían". Este es un punto crucial: la distinción entre la retórica revolucionaria y la vida cotidiana, entre las ideas abstractas y sus consecuencias reales. La discusión sobre el Libro Rojo de Mao se convierte así en una metáfora de la tensión entre el deseo de cambio radical y la peligrosa simplificación de la realidad que a menudo acompaña a los movimientos ideológicos.
La Exploración Personal y Filosófica
Más allá de la política explícita, "Soñadores" es una historia de autoexploración. Los jóvenes experimentan mutuamente con sus emociones y sexualidad, desarrollando "juegos psicológicos cada vez más absorbentes". Esta exploración interna es un reflejo de la libertad y el desenfreno de la época, donde los límites se difuminaban y todo parecía posible. El viaje de descubrimiento de los personajes es paralelo a la "primavera del despertar político" de París y a la "primavera de los cuerpos" de los jóvenes, donde lo que acontece en el apartamento refleja, en cierto sentido, lo que sucede en la calle.
Los debates entre Théo y Matthew no se limitan a la Revolución Cultural. También discuten sobre la guerra de Vietnam o la defensa de Chaplin frente a Buster Keaton. Estas conversaciones, aunque específicas, ilustran un patrón más amplio: la confrontación de ideas y la búsqueda de la verdad en un mundo en constante cambio. La película muestra que no siempre actuamos de manera racional, ni siquiera siguiendo nuestras propias razones, una idea que se plasma de forma elocuente en la escena del cóctel molotov, donde Matthew lo califica de "fascismo embotellado", una frase que, para el crítico, muestra la sensatez del americano.
Bertolucci, al presentar estas posturas contrapuestas sin tomar partido, permite que la audiencia reflexione sobre la complejidad de la historia y las decisiones humanas. Los personajes no son meras "teorías encarnadas", sino "personas" que "se equivocan a menudo, dicen cosas absurdas, a veces incluso sabiendo que las dicen". Esta humanidad es lo que hace que sus debates, incluyendo el del Libro Rojo, sean tan resonantes y atemporales.
El Cine como Reflejo de la Vida y la Crítica
La película "Soñadores" está, además, imbuida de imágenes del cine clásico y de la nouvelle vague, que se entrelazan con la vida de los personajes, como "Jules et Jim" o "Band apart". Esta intertextualidad no es meramente un homenaje, sino que profundiza en la idea de que el cine es un lenguaje universal que moldea la percepción del mundo. La energía de estas películas "permanece intacta" para el crítico, trascendiendo consideraciones estilísticas o ideológicas.
El propio crítico reflexiona sobre la naturaleza de la crítica cinematográfica, distanciándose de la tendencia a reducir las obras a un "esquema crítico" o a dicotomías simplistas. Se considera un "buen espectador de cine porque me entrego a la película, pero un mal crítico porque no me entrego al análisis". Prefiere el tipo de análisis que "mejora la película" y nos ayuda a "saber ver cosas que no vi en ese film", como el que propone Walter Murch, en contraste con los críticos que actúan como "jíbaros del Amazonas", reduciendo la obra a una "cabeza cortada" irreconocible.
Este meta-comentario sobre la crítica es relevante, pues la discusión sobre el Libro Rojo de Mao en "Soñadores" no es una exposición histórica, sino una escena que debe ser "degustada" dentro del contexto de la película. No se trata de emitir un "juicio" o un "veredicto" sobre la Revolución Cultural, sino de explorar cómo esta era percibida y debatida por una juventud inmersa en su propia revolución personal y colectiva.
Preguntas Frecuentes
- ¿Qué representa el Libro Rojo de Mao en la película "Soñadores"? En la película, el Libro Rojo de Mao representa inicialmente para el personaje de Théo un símbolo de cambio y la promesa de una sociedad mejor, una visión idealista propia de la juventud de 1968. Sin embargo, también se convierte en el centro de un debate sobre el peligro de seguir un único libro como un dogma, y las consecuencias violentas que esto puede acarrear, una perspectiva más crítica aportada por Matthew.
- ¿Cómo aborda "Soñadores" la política de 1968? "Soñadores" no es una película histórica exhaustiva sobre los eventos de 1968, sino una "pieza de cámara" que utiliza la efervescencia política de París como telón de fondo para la exploración personal y las relaciones de sus personajes. Aborda la política a través de los debates intelectuales, el idealismo juvenil y la forma en que los eventos externos, como los disturbios, irrumpen y moldean la vida de los protagonistas.
- ¿Bernardo Bertolucci adopta una postura dogmática en la película? No, el director Bernardo Bertolucci es descrito como no dogmático. Si bien sus personajes, como Théo y Matthew, a menudo exhiben posturas dogmáticas en sus discusiones, Bertolucci se abstiene de juzgarlos, permitiendo que sus contradicciones y la evolución de sus pensamientos se muestren de forma matizada, reflejando la complejidad de la experiencia humana.
En definitiva, "Soñadores" es mucho más que una simple historia de amor y autodescubrimiento. Es un retrato evocador de una época, el París de 1968, donde el cine, la política y la vida se fusionaban en un "estado de permanente éxtasis". La breve pero significativa discusión sobre la Revolución Cultural China y el Libro Rojo de Mao se erige como un poderoso recordatorio de los peligros del dogma frente al idealismo juvenil, y de cómo las ideas, por muy bien intencionadas que sean, pueden tener consecuencias devastadoras. La película de Bertolucci no ofrece respuestas fáciles, sino que invita a la reflexión sobre la complejidad de la revolución, la búsqueda de la libertad y la inevitable maduración que acompaña al fin de la utopía. Es, en palabras del crítico, una película que merece ser "degustada de nuevo", porque su fuerza y sus interrogantes permanecen intactos.
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