06/03/2022
Las pasiones, esas fuerzas arrolladoras que habitan en lo más profundo de nuestro ser, son una parte ineludible de la experiencia humana. Las conocemos de primera mano: nos elevan con el éxtasis del amor y nos hunden en las profundidades de la desconfianza o el odio. Cada individuo, con sus particularidades, experimenta el torbellino de los celos, la sed de poder, el ansia de conocimiento o la amargura de la venganza. Sin embargo, a pesar de su omnipresencia, ¿seríamos capaces de definirlas? ¿Sabríamos precisar qué tienen en común el amor y el odio, o los celos y la envidia? Y, lo más importante, ¿por qué, si son tan inherentes a nuestra existencia, nos hacen sufrir tanto, a unos más que a otros?
Es completamente normal sentir cierta dificultad al intentar responder estas preguntas. Aunque nuestra vivencia empírica nos otorga un conocimiento intuitivo de las pasiones, comprenderlas como fenómenos subjetivos complejos, entender por qué pueden generar innumerables conflictos en nuestras relaciones y por qué conllevan un dolor interno tan profundo, exige una exploración que va más allá de la mera experiencia personal. Para desentrañar este enigma, es crucial adentrarnos en perspectivas que nos ofrezcan una visión más clara y estructurada de qué son las pasiones y cómo operan en nuestra psique.

El Origen de la Palabra: Pasión como Sufrimiento
Un excelente punto de partida para desentrañar el misterio de las pasiones es su raíz etimológica. La palabra “pasión” deriva del latín passio, cuyo significado es inequívocamente “sufrimiento”. Esta, a su vez, proviene del verbo pati/patior, que se traduce como “sufrir”, “padecer” o “tolerar”. Es fascinante notar cómo otras palabras de nuestro léxico, como “pasivo”, “paciencia” y “paciente”, comparten esta misma raíz. Este esclarecimiento conceptual inicial es revelador: nos indica que la persona que experimenta una pasión, al menos en un primer momento, se encuentra en un estado de pasividad frente al dolor que la embarga. No es un agente activo que controla su emoción, sino alguien que padece, que sufre las consecuencias de esa fuerza interna que lo domina.
Freud y el Conflicto Neurótico: Las Pasiones como Portadoras de Deseos Incumplidos
El pensamiento psicoanalítico, con Sigmund Freud a la cabeza, nos permite profundizar aún más en estas ideas, otorgándoles una dimensión que trasciende lo meramente conceptual. Freud (2013/1905) postuló que todos los seres humanos nos enfrentamos a un conflicto fundamental, al que denominó conflicto neurótico. En el centro de este conflicto, las pasiones desempeñan un papel protagonista. La gran revelación freudiana fue descubrir que los deseos y las exigencias de nuestra infancia temprana nunca desaparecen por completo. Lejos de desvanecerse, persisten a lo largo de nuestra vida, buscando incansablemente la manera de ser satisfechos, aunque sea de forma simbólica o disfrazada.
Es precisamente por esta persistencia de los deseos infantiles que las pasiones se sufren. Son portadoras de una doble carga taladrante: por un lado, encapsulan un deseo que busca satisfacción a toda costa; por el otro, arrastran el dolor de un anhelo que ha sido frustrado. El conflicto radica en la imposibilidad de saciar completamente el deseo que subyace a cada pasión. Las razones para esta insatisfacción son múltiples y complejas.
En primer lugar, la satisfacción plena de ciertos deseos sería, en sí misma, aterradora y nos llenaría de una sensación de peligro extremo. Pensemos, por ejemplo, en el anhelo infantil de ser el único y exclusivo objeto de amor para una figura significativa (como la madre o, más tarde, la pareja). Colmar este deseo implicaría, inconscientemente, pasar por encima de los demás, eliminar a los “rivales”, lo cual sería insostenible y profundamente doloroso para una parte de nuestra propia mente, aquella que busca la integración y la supervivencia social.
En segundo lugar, existen lineamientos sociales y culturales que prohíben categóricamente la realización de algunos de nuestros deseos más primitivos. La sociedad establece límites claros que impiden actos como matar a la persona que nos “estorba” o a quien no satisface nuestras aspiraciones amorosas. Estos mandatos externos se internalizan y se convierten en parte de nuestra estructura psíquica, generando una barrera infranqueable para la satisfacción directa de ciertos deseos.
Por lo tanto, los deseos que emanan del escenario de la sexualidad infantil inconsciente, con su naturaleza omnipotente y sin límites, no pueden ser satisfechos en el escenario de la realidad material y social. Así, desde esta perspectiva psicoanalítica, cada una de nuestras pasiones nos hace sufrir porque, por un lado, conlleva un deseo insatisfecho, y por el otro, su resolución es, a los ojos del inconsciente infantil, siempre incompleta, siempre anhelando “más”. Este ciclo de deseo y frustración es el motor del sufrimiento inherente a la experiencia pasional.
La Tolerancia al Dolor según Wilfred Bion: ¿Destrucción o Crecimiento?
La forma en que manejamos este conflicto entre la pasión y sus limitantes (el deber, la realidad, los lineamientos sociales) es crucial. En el mejor de los casos, la acción que busca tramitar o dar solución a este dilema será creativa y enriquecedora. Sin embargo, lamentablemente, no siempre es así. En otros escenarios, la respuesta a las pasiones se torna destructiva o incluso enloquecedora.
Observamos, por ejemplo, parejas que, impulsadas por la fuerza de su amor, logran sortear obstáculos y consolidar una relación duradera y plena. Pero también somos testigos de cómo algunas personas, invadidas por los celos, se convencen de la infidelidad de su pareja, o se vuelven posesivas, incapaces de tolerar que sus seres queridos tengan relaciones amistosas con otros. Hay individuos que demuestran una madurez admirable al aceptar no saberlo todo o al reconocer sus propios errores; en contraste, otros se aferran a la necesidad de imponer su poder por la fuerza, sometiendo a quienes los rodean. La gran pregunta que surge es: ¿de qué depende que la respuesta a las pasiones sea constructiva o destructiva? ¿Por qué cada individuo genera soluciones tan particulares?
Algunos planteamientos teóricos del psicoanalista Wilfred Bion (1987/1962) nos ofrecen valiosas herramientas para abordar estas cuestiones. Para Bion, la clave reside en la tolerancia al dolor, a la incertidumbre y al no saber. Esta capacidad psíquica determina la posibilidad de dar sentido a la pasión, o lo que él denomina “experiencia emocional”.
Si una persona no tolera el dolor inherente a la pasión, es altamente probable que la experiencia emocional sea evacuada por cualquier medio. Es como si las pasiones, junto con su dolor, buscaran ser desterradas de la mente, expulsadas de la conciencia. Esto conlleva diversos problemas, entre ellos, una capacidad disminuida para entrar en contacto con la realidad y un empobrecimiento general de la mente bajo esta modalidad de funcionamiento psíquico.
Para ilustrarlo, imaginemos las posibles reacciones frente a una ruptura amorosa. Si la persona no soporta el dolor de la separación y las pasiones que esta desencadena (tristeza, rabia, frustración), buscará evacuarlas, dejándose llevar por ellas sin lograr detenerse a contenerlas y llenarlas de significados. Si predomina la arrogancia como mecanismo de defensa, se dirá a sí misma y a los demás que está mejor sola, que no perdió nada importante, que la culpa es del otro, o que el otro se arrepentirá por no saber lo que se está perdiendo. Si el funcionamiento mental es aún más endeble frente al dolor y la hostilidad impera, esta puede volverse contra la propia persona, conduciéndola a poner en peligro su vida, o, en casos extremos, la del ser amado con la trágica frase: “si no es para mí, no será de nadie más”. Este es un claro ejemplo de evacuación destructiva de la pasión.
En contraste, si una persona posee una mayor tolerancia al dolor de la pérdida y es capaz de sostener el esfuerzo de enfrentar el embate de las pasiones, buscando darles sentido antes que dejarse llevar por ellas, entonces es posible que llene la experiencia de múltiples significados. Podría reflexionar sobre su propia contribución a que la relación no funcionara, asumiendo su responsabilidad. Incluso podría experimentar gratitud por lo que encontró en dicha relación y por lo que la otra persona aportó a su vida. Bajo este funcionamiento mental, la pasión y el dolor inherentes a toda relación humana no solo son soportables, sino que se transforman en catalizadores para el crecimiento mental y la maduración personal.
Comparando las Respuestas a las Pasiones
| Característica | Baja Tolerancia al Dolor Pasional | Alta Tolerancia al Dolor Pasional |
|---|---|---|
| Manejo del Dolor | Evacuación, negación, proyección. | Contención, procesamiento, reflexión. |
| Contacto con la Realidad | Disminuido, distorsionado. | Aumentado, realista. |
| Impacto en la Mente | Empobrecimiento psíquico, rigidez. | Enriquecimiento, flexibilidad, maduración. |
| Ejemplo (Ruptura) | Culpar al otro, arrogancia, autodestrucción. | Autorreflexión, responsabilidad, gratitud. |
| Resultado | Respuestas destructivas, estancamiento. | Respuestas constructivas, crecimiento. |
¿Cuáles son las Causas de las Pasiones?
Aunque el enfoque principal de esta exposición ha sido la perspectiva psicoanalítica sobre el porqué del sufrimiento de las pasiones, es importante señalar brevemente sus causas. Las pasiones, en su manifestación, son el resultado de una interacción compleja entre causas internas y externas.
Las causas externas son, quizás, las más evidentes y conocidas, aunque no siempre las más relevantes para comprender su profundidad. Se refieren a los eventos, personas o situaciones del entorno que actúan como detonantes o catalizadores de una emoción intensa. Por ejemplo, la presencia de una persona atractiva puede despertar la pasión amorosa, o una injusticia flagrante puede encender la llama de la ira o la indignación. Sin embargo, estas causas externas por sí solas no explican la intensidad, la persistencia o la forma particular en que cada individuo experimenta una pasión.
Las causas internas, por otro lado, son las que el psicoanálisis se encarga de desentrañar. Estas radican en la estructura psíquica del individuo, en su historia de desarrollo, en los deseos inconscientes y los conflictos no resueltos que se remontan a la infancia. Como hemos explorado con Freud, son los anhelos infantiles insatisfechos y la forma en que la mente intenta (sin éxito total) satisfacerlos o reprimirlos, lo que da origen a la fuerza y el sufrimiento de las pasiones. La interacción entre lo que sucede fuera de nosotros y lo que se agita en nuestro mundo interno, especialmente en el inconsciente, es lo que finalmente moldea la naturaleza y el impacto de nuestras pasiones.
Preguntas Frecuentes sobre las Pasiones
¿Qué es una pasión desde la perspectiva etimológica?
Desde su etimología, la palabra “pasión” deriva del latín passio, que significa “sufrimiento”. Proviene del verbo pati/patior, que quiere decir “sufrir”, “padecer” o “tolerar”. Esto sugiere que quien experimenta una pasión se encuentra, al menos inicialmente, en un estado de pasividad frente al dolor que esta le provoca.
Según Freud, ¿por qué sufrimos las pasiones?
Según Sigmund Freud, sufrimos las pasiones porque estas son portadoras de deseos infantiles inconscientes que persisten a lo largo de la vida y buscan ser satisfechos. Sin embargo, la satisfacción plena de estos deseos es imposible o está prohibida (por peligros internos o normas sociales), lo que genera un conflicto neurótico y un estado de insatisfacción constante, fuente de sufrimiento.
¿Qué papel juega la sexualidad infantil en las pasiones?
Para Freud, los deseos que surgen de la sexualidad infantil inconsciente son fundamentales en la génesis de las pasiones. Estos deseos, con su naturaleza primitiva y sin límites, no pueden ser satisfechos directamente en la realidad, lo que contribuye al sufrimiento y a la búsqueda constante, y a menudo insatisfactoria, de su resolución.
¿Cómo influye la tolerancia al dolor en nuestra forma de vivir las pasiones?
Wilfred Bion postula que la tolerancia al dolor, a la incertidumbre y al no saber es crucial. Si una persona tiene baja tolerancia al dolor, tenderá a “evacuar” las pasiones, es decir, a expulsarlas de la mente sin procesarlas, lo que puede llevar a respuestas destructivas. Si la tolerancia es alta, la persona puede contener y dar sentido a la experiencia emocional, lo que fomenta el crecimiento mental y respuestas más constructivas.
¿Pueden las pasiones ser constructivas?
Sí, absolutamente. Aunque las pasiones conllevan sufrimiento, si la persona es capaz de tolerar el dolor inherente a ellas y de procesar las experiencias emocionales, las pasiones pueden convertirse en un motor de crecimiento mental. Al darles sentido y responsabilizarse de la propia parte en el conflicto, las pasiones contribuyen a una mayor madurez y a relaciones más enriquecedoras.
En síntesis, las pasiones son una dualidad compleja: fuentes de profundo sufrimiento, pero también, potencialmente, catalizadores de un inmenso crecimiento personal. Su sufrimiento no es un capricho del destino, sino el eco de deseos infantiles insatisfechos y de la forma en que nuestra psique, consciente e inconsciente, intenta lidiar con ellos. La capacidad de tolerar el dolor y de procesar estas intensas experiencias emocionales es lo que marca la diferencia entre un camino de autodestrucción y uno de constante evolución. Comprenderlas, desde la profundidad del psicoanálisis, nos brinda una invaluable herramienta para navegar por el torbellino de nuestras emociones más intensas y transformarlas en una fuerza que impulse nuestro bienestar y desarrollo.
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