06/01/2023
Hace 37 años, un día como hoy, la incipiente democracia argentina recibió un pilar fundamental para su consolidación: el informe conocido como "Nunca Más". Este documento, fruto de una titánica labor de investigación, no solo desnudó el horror del terrorismo de Estado que asoló el país, sino que también se erigió como un pacto tácito, una promesa colectiva de que tales atrocidades jamás se repetirían. El 20 de septiembre de 1984, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el escritor Ernesto Sábato, presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), entregaba al presidente Raúl Alfonsín el resultado de nueve meses de incesante trabajo, un testimonio desgarrador del descenso al infierno que significó la dictadura militar para la sociedad argentina.

Tras siete años de una dictadura brutal, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, que aplicó el terrorismo de Estado como práctica sistemática para aniquilar cualquier forma de oposición, Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la República el 10 de diciembre de 1983. Su gobierno nacía con dos promesas ineludibles para la reconstrucción democrática: la derogación inmediata de la ley de autoamnistía y el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el régimen militar. La llamada Ley de Pacificación Nacional, sancionada por los jerarcas del Proceso ante la inminente llegada de la democracia, buscaba blindarlos de cualquier enjuiciamiento, estableciendo la "extinción de las acciones penales" por delitos cometidos con "motivación o finalidad terrorista o subversiva" entre 1973 y 1982. Además, prohibía cualquier investigación o interrogatorio al respecto, ordenando a los jueces rechazar denuncias "sin sustanciación alguna". El primer proyecto de ley enviado por la administración Alfonsín al Congreso fue precisamente para derogar esta norma infame, y se convirtió en la primera iniciativa aprobada por el nuevo parlamento argentino.
El Origen de una Comisión Histórica: La CONADEP
La decisión de juzgar a los responsables de los crímenes de la dictadura no fue sencilla y generó intensos debates tanto dentro de la gobernante Unión Cívica Radical (UCR) como entre los organismos de derechos humanos. Mientras algunos dirigentes radicales abogaban por que el Poder Ejecutivo se limitara a enviar las causas a la justicia, los sectores más progresistas del partido, en sintonía con las organizaciones de derechos humanos, insistían en la necesidad de crear una comisión bicameral. El objetivo era claro: recopilar y sistematizar testimonios y materiales que corrían el riesgo de ser ocultados, destruidos o simplemente perderse en el torbellino de la transición.
El resultado de este debate fue la creación, el 15 de diciembre de 1983, de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Su estructura fue concebida por el jurista y filósofo Carlos Nino, con la misión de investigar y organizar las pruebas que el Estado presentaría posteriormente en el trascendental Juicio a las Juntas Militares. Al momento de su creación, el presidente Alfonsín enfatizó la trascendencia ética de la iniciativa: "No puede haber un manto de olvido. Ninguna sociedad puede iniciar una etapa sobre una claudicación ética semejante".
Funciones y Composición de la CONADEP
El Decreto 187/83 estableció de manera específica las funciones de la CONADEP:
- Recibir denuncias y pruebas sobre los hechos y remitirlas inmediatamente a la justicia si se relacionaban con presuntos delitos.
- Averiguar el destino o paradero de las personas desaparecidas, así como cualquier otra circunstancia vinculada a su localización.
- Determinar la ubicación de niños sustraídos a la tutela de sus padres o guardadores y dar intervención a los organismos y tribunales de protección de menores.
- Denunciar a la justicia cualquier intento de ocultamiento, sustracción o destrucción de elementos probatorios.
- Emitir un informe final detallado de los hechos investigados, en un plazo de ciento ochenta (180) días a partir de su constitución.
La sede de la CONADEP se estableció en el histórico Teatro Municipal General San Martín de Buenos Aires. La comisión se integró con 16 miembros: diez designados por el Poder Ejecutivo y seis por el Poder Legislativo. Entre los destacados integrantes nombrados por la presidencia figuraron:
- Ernesto Sabato (1911-2011), escritor y físico, elegido presidente.
- Ricardo Colombres (1921-1998), abogado y exrector de la UBA.
- René Favaloro (1923-2000), médico (quien renunció en protesta por no poder investigar crímenes de la Triple A).
- Hilario Fernández Long (1918-2002), ingeniero y exrector de la UBA.
- Carlos T. Gattinoni (1907-1989), pastor de la Iglesia Metodista Argentina.
- Gregorio Klimovsky (1922-2009), matemático, filósofo y epistemólogo.
- Marshall T. Meyer (1930-1993), rabino y fundador del Movimiento Judío por los Derechos Humanos.
- Jaime de Nevares (1915-1995), obispo de Neuquén.
- Eduardo Rabossi (1930-2005), filósofo.
- Magdalena Ruiz Guiñazú (1935-), periodista.
Es importante destacar que figuras como Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, y el Partido Intransigente declinaron integrar la comisión. La representación de la Cámara de Diputados estuvo compuesta por tres legisladores de la UCR: Santiago ‘Chiche’ López, Hugo Piucill y Horacio Huarte. El Senado, hegemonizado por el Partido Justicialista, no envió representantes, manteniendo su postura de la imposibilidad de juzgar a las juntas militares.
Además, la CONADEP contó con un crucial secretariado para su funcionamiento y sistematización de la información. Graciela Fernández Meijide, referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), estuvo a cargo de la Secretaría de Denuncias; Daniel Salvador, dirigente radical, en Procesamiento de Datos; Raúl Peneón en Procedimientos; Alberto Mansur en Asuntos Legales; y Leopoldo Silgueira y Agustín Altamiranda en Administración.
La Misión de Desenterrar la Verdad
Durante 280 días, la CONADEP se abocó a una labor de proporciones épicas. Su misión era recolectar testimonios de sobrevivientes, familiares de víctimas e información sobre los represores, con el objetivo de desvelar los escenarios del horror. Dónde, cuándo, cómo y quiénes fueron los responsables y las víctimas. Graciela Fernández Meijide relató la dificultad de la tarea, que implicó entrenar, contener e incluso reemplazar al personal encargado de recibir las denuncias, debido a la carga emocional insoportable de esas historias.
Para obtener las respuestas, los miembros de la comisión recorrieron toda la geografía argentina, estableciendo delegaciones que, con una paciencia casi benedictina, inventariaron desapariciones, denuncias y centros clandestinos de detención. Confeccionaron mapas, croquis y líneas de tiempo, aprendiendo a clasificar lo inclasificable: torturas, robos, delaciones, sicarios, fosas comunes. El trabajo se dividió en cuatro zonas (Litoral, Centro, Norte y Sur), con filiales en ciudades clave como Bahía Blanca, Mar del Plata, Córdoba, Resistencia, Rosario y Santa Fe. Se viajó a 15 provincias sin representación, de donde se obtuvieron más de 1.400 denuncias. Incluso se viajó al exterior, utilizando la red del servicio diplomático para recolectar testimonios del exilio.
Las actividades habituales de la comisión incluían el reconocimiento in situ de centros clandestinos de detención, visitas a morgues, cárceles y hospitales para detectar inconsistencias en sus registros, consultas en barrios para conocer el modus operandi de los escuadrones de la muerte, y la escucha repetida de relatos donde el común denominador era el desprecio absoluto por la vida humana. La CONADEP fue la primera "comisión de la verdad" que funcionó en el mundo, beneficiándose de la experiencia de organismos como la APDH y organizaciones internacionales como las Naciones Unidas y la OEA. Sin embargo, su mayor insumo fueron los testimonios de las víctimas o sus deudos, en su mayoría gente sencilla, sin formación política, cuyo sentido de la dignidad y la justicia les permitió vencer el miedo y acusar a quienes, hasta hacía poco, eran los señores de la vida y la muerte.
Paradójicamente, muchos de los requerimientos de la comisión fueron eludidos e ignorados por organismos dependientes de las fuerzas armadas o instancias del Poder Judicial que, colonizadas por el poder militar, negaban entidad jurídica a la CONADEP. Otras dependencias retacearon información, amparándose en el secreto militar.

Los Escalofriantes Hallazgos: El Informe "Nunca Más"
Después de 280 días de inmersión en lo que se podría describir como los siete círculos dantescos, la CONADEP entregó el resultado de su labor. Determinaron la existencia del carácter sistemático y masivo de la represión. Verificaron la existencia de 380 centros clandestinos de detención y elaboraron un primer registro de 8.961 personas desaparecidas, cuyos datos identitarios básicos figuran en los tres anexos del informe. Este registro también incluía a quienes fueron vistos con vida por los sobrevivientes durante su cautiverio. La CONADEP advirtió que sus registros eran provisionales, señalando que "muchas desapariciones no han sido denunciadas, por carecer las víctimas de familiares, por preferir estos mantener reservas o por vivir en localidades muy alejadas de centros urbanos". Tampoco se incluyó a personas cuyos cadáveres fueron hallados e identificados, ni a quienes sobrevivieron al cautiverio clandestino.
El informe también detalló que entre 1976 y 1983, el gobierno militar, haciendo uso del estado de sitio, detuvo a 4.029 personas por menos de un año; a 2.296 entre uno y tres años; a 1.172 entre tres y cinco años; a 668 entre cinco y siete años; y a 431 entre siete y nueve años. Además, al menos 157 detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional pasaron a engrosar las listas de desaparecidos después de que se dispusiera su libertad. El informe consignó también que 359 personas habían sido desaparecidas por la Triple A y otros grupos parapoliciales.
El trabajo de la CONADEP fue monumental, permitiendo la formulación de denuncias ante la justicia, que comprendieron 1.086 legajos. Estos daban por acreditados la existencia y funcionamiento de centros clandestinos de detención, una nómina parcial de desaparecidos vistos con vida en esos lugares, y los nombres de miembros de las fuerzas armadas y de seguridad señalados por las víctimas como responsables. Toda esta información se acumuló en más de 7.000 archivos y 50.000 páginas, que constituyeron la base documental fundamental para el histórico Juicio a las Juntas de 1985.
Durante el acto de entrega, Ernesto Sabato pronunció un discurso que caló hondo en la conciencia nacional, transmitido por cadena nacional de radio y televisión a millones de argentinos. "Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces institucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje... todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo, para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad." Sabato describió cómo la redada indiscriminada atrapó a dirigentes sindicales, estudiantes, periodistas, psicólogos, sociólogos, pacifistas, religiosos y amigos de cualquiera de ellos, muchos de ellos inocentes de terrorismo. Por su parte, el presidente Alfonsín agradeció a los miembros de la CONADEP, afirmando que habían cumplido una obligación "más próxima al heroísmo que del esfuerzo" y que las futuras generaciones recordarían sus nombres.
El Legado Imperecedero del "Nunca Más"
El informe final de la CONADEP, cuya elaboración fue encargada por Sabato al jurista y dramaturgo Gerardo Taratuto, fue concebido con la directriz de ofrecer una visión nacional, documentar la violación de derechos y principios fundamentales, ser comprensible para el ciudadano común y avergonzar a los militares. Aunque Taratuto desmintió ser el autor del prólogo, este es "todo de Sabato", según sus propias palabras.
Por disposición de Alfonsín, el informe fue publicado en formato de libro bajo el nombre de "Nunca Más", un título propuesto por Marshall Meyer en alusión al lema de los sobrevivientes del Gueto de Varsovia, víctimas de las atrocidades nazis. La Editorial Universidad de Buenos Aires (EUDEBA) fue la encargada de la publicación, que se convirtió en un éxito rotundo, vendiendo más de 600.000 ejemplares y llegando a innumerables hogares y escuelas, educando a generaciones sobre la verdad de lo ocurrido.
El mismo 20 de septiembre de 1984, se promulgó el Decreto 3090/1984, que creó la Subsecretaría de Derechos Humanos y Sociales en el Ministerio del Interior. Este organismo se encargaría de sistematizar los datos de la CONADEP, trasladar las conclusiones a la justicia, recibir nuevas denuncias y continuar con la identificación de cadáveres NN y la búsqueda de niños desaparecidos, asegurando la continuidad de la labor.
En 2007, el Fondo Documental CONADEP fue declarado Memoria del Mundo por la UNESCO, un reconocimiento a su valor incalculable como parte del patrimonio documental sobre la dictadura argentina (1976-1983).
Como explica Emilio Crenzel en "La historia política del Nunca Más", la investigación de la CONADEP tuvo efectos políticos y jurídicos de primer orden: "elaboró un conocimiento novedoso sobre la dimensión que alcanzaron las desapariciones en la Argentina, conformó un corpus probatorio inédito para juzgar a sus responsables y desencadenó la clausura de la estrategia oficial de juzgamiento a las Juntas Militares por sus pares. Su informe, Nunca Más, expondría una nueva verdad pública sobre las desapariciones, y se conformaría en la nueva clave interpretativa y narrativa para juzgar, pensar y evocar este pasado entonces inmediato." La resonancia de este legado se manifestó de manera contundente cuando el fiscal Julio César Strassera cerró su alegato en el Juicio a las Juntas Militares con una frase que ya era del pueblo argentino: "Señores jueces: 'Nunca más'". Sin la CONADEP, la historia de la justicia y la memoria en Argentina, sin duda, habría sido otra.
Preguntas Frecuentes sobre el "Nunca Más"
- ¿Qué es el "Nunca Más"?
- Es el nombre del informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), entregado al presidente Raúl Alfonsín el 20 de septiembre de 1984. Este documento recopila y denuncia las violaciones a los derechos humanos y el terrorismo de Estado perpetrados durante la última dictadura militar argentina (1976-1983).
- ¿Quién creó la CONADEP y con qué propósito?
- La CONADEP fue creada por decreto del presidente Raúl Alfonsín el 15 de diciembre de 1983, poco después de su asunción. Su propósito principal era investigar la desaparición de personas, recibir denuncias, recopilar pruebas y emitir un informe que sirviera de base para el juzgamiento de los responsables de los crímenes de lesa humanidad.
- ¿Quién presidió la CONADEP?
- La Comisión fue presidida por el reconocido escritor argentino Ernesto Sabato.
- ¿Cuáles fueron los principales hallazgos del informe "Nunca Más"?
- El informe documentó la existencia de un plan sistemático y masivo de represión ilegal. Verificó la existencia de 380 centros clandestinos de detención y registró, inicialmente, la desaparición de 8.961 personas, aunque advirtió que la cifra real era probablemente mayor. Además, detalló los métodos de tortura, secuestro y asesinato, y la sustracción de niños.
- ¿Qué impacto tuvo el "Nunca Más" en Argentina?
- El "Nunca Más" fue crucial. Sirvió como prueba fundamental en el Juicio a las Juntas Militares de 1985, el primer juicio a dictadores por parte de un gobierno democrático en la historia. Se convirtió en un símbolo de la memoria, la verdad y la justicia, y en un pilar ético para la democracia argentina, reafirmando el compromiso de que los horrores del pasado no se repitan.
- ¿El informe "Nunca Más" es un libro?
- Sí, el informe original de la CONADEP fue publicado como libro bajo el título "Nunca Más" por la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), convirtiéndose en un best-seller y una lectura obligatoria para entender la historia reciente de Argentina.
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