17/09/2022
Rodolfo Walsh, una figura ineludible de la literatura y el periodismo argentino, fue mucho más que un escritor; fue, en sus propias palabras, un “hombre que escribe”, y por ende, un “bicho peligroso”. Esta autodefinición, que puso en boca de su personaje el comisario Laurenzi en su cuento “Zugzwang” (1962), encapsula la esencia de su obra y su vida: la búsqueda implacable de la verdad, la denuncia valiente y el compromiso inquebrantable con la justicia, incluso a riesgo de su propia existencia. A casi medio siglo de su trágico secuestro y asesinato, es fundamental revisitar no solo su reconocida labor de investigación periodística, sino también sus impresionantes dotes como narrador de ficción, que sentaron las bases para su posterior y trascendental militancia.

Los Inicios Ficcionistas de un Maestro
Antes de sumergirse de lleno en el periodismo de investigación que lo inmortalizaría, Rodolfo Walsh forjó su pluma en el terreno de la ficción, demostrando una maestría narrativa asombrosa. Su libro “Cuentos para tahúres” (1962) es un claro ejemplo de su agudeza y originalidad. En relatos como “Zugzwang”, Walsh ya exploraba los límites de la moralidad y la obsesión por la verdad, a través de personajes que se atreven a “explotar hasta las piedras” con tal de obtener material para sus relatos. La cita completa del comisario Laurenzi, “No hay bicho más peligroso que el hombre que escribe”, revela la visión de Walsh sobre el rol subversivo y perturbador del escritor, aquel que “explota a los amigos, se explota a sí mismo, explota hasta las piedras” sin piedad ni decencia aparente, todo por ver su nombre en alguna parte. Esta reflexión temprana ya prefiguraba la intensidad y el compromiso que caracterizarían su obra futura.
Otro ejemplo de su genio ficcional es “Nota al pie”, una obra de asombrosa arquitectura escrita alrededor de 1954, aunque publicada recién en 1967. En este cuento, Walsh traslada al lector un dolor oculto, personal, compartido con su personaje León, un laborioso traductor de novelas policiales. León descubre “el secreto más duro de todos, la verdadera cifra del arte: borrar su personalidad, pasar inadvertido, escribir como otro y que nadie lo note”. Esta revelación lo sume en la desesperación de sentir que “está habitado por otro, que es a menudo un imbécil”, y lo lleva a repudiar el hábito de “prestar la cabeza a un extraño y recuperarla cuando está gastada, vacía, sin una idea, inútil para el resto del día”. La angustia del personaje se comprende mejor al recordar que el propio Walsh trabajó durante años como traductor, lo que confiere a la narrativa una capa de autenticidad y tormento personal. El personaje León, antes de poner fin a su vida, recuerda con bochorno la implacable tachadura de las “notas al pie” que había acribillado el texto en su primera experiencia como traductor, un detalle que el autor utiliza para jugar magistralmente con el título y el formato del relato.
Ricardo Piglia, en el prólogo a los Cuentos Completos de Walsh (Ediciones de La Flor, 2016), destacó que Walsh “cultivaba el álgebra de asegurar la eficacia de la ficción”, recordando una de las máximas de Horacio Quiroga: “cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno”. Esta capacidad de inmersión y autenticidad fue una de las marcas distintivas de su ficción.
El Cruce Hacia la No Ficción y el Periodismo de Investigación
El punto de inflexión en la trayectoria de Rodolfo Walsh, que lo llevó del cuentista al periodista militante, se sitúa en diciembre de 1956. Un susurro clandestino le llegó: “hay un fusilado que vive”. Esta noticia, relacionada con los fusilamientos de militantes peronistas en el basural de José León Suárez en junio de ese mismo año, fue el catalizador de una de las obras más importantes de la literatura latinoamericana: “Operación Masacre”. Acompañado por la joven traductora y escritora Enriqueta Muñiz, Walsh se lanzó a recorrer los suburbios, a compilar testimonios y a reconstruir los hechos con una meticulosidad implacable. El resultado, publicado por primera vez en 1957, es considerado el primer antecedente de la literatura de no ficción, una obra fundacional que fusiona la forma narrativa con la rigurosidad documental, sentando un precedente para el género y el revisionismo histórico sobre los crímenes de la autodenominada Revolución Libertadora.
Años después, en 1969, Walsh produciría otro notable libro del mismo género: “¿Quién mató a Rosendo?”, una investigación exhaustiva sobre el asesinato del dirigente gremial Rosendo García, de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Tras estas dos obras cumbres de la no ficción, Rodolfo Walsh no volvería a escribir relatos de ficción, concentrando su energía en la denuncia y la militancia.
El Periodista Militante y el Rol Subversivo de la Palabra
La convicción de Rodolfo Walsh de que el escritor debía ser “peligroso” se extendió y confirmó a lo largo de su vida, convirtiéndolo en un enemigo implacable de los dictadores y del fascismo. Su compromiso político y social lo llevó a asumir roles cruciales en la historia reciente de Argentina y América Latina:
- En 1959, fue creador y organizador de la agencia Prensa Latina de la Revolución Cubana, un hito en el periodismo alternativo.
- Entre 1967 y 1969, dirigió el periódico de la CGT de los Argentinos, una voz fundamental de resistencia obrera.
- De 1973 a 1974, integró la redacción del diario Noticias, vinculado a la organización Montoneros.
- En 1976, ante la brutalidad de la dictadura militar, armó la Agencia Clandestina de Noticias (Ancla), un medio heroico para denunciar las violaciones a los derechos humanos y contrarrestar la censura oficial.
- Finalmente, el 24 de marzo de 1977, redactó y distribuyó por correo su trágicamente famosa Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar. Este documento, una denuncia feroz y detallada de los crímenes económicos y humanitarios de la dictadura, precipitó su propio secuestro y asesinato al día siguiente.
En un extenso diálogo con Ricardo Piglia en 1970, en el prólogo a la reedición de “Un oscuro día de justicia” (considerado su “último cuento”), Walsh reflexionaba sobre el futuro de los géneros literarios. Afirmaba que “el arte de ficción esté alcanzando su esplendoroso final” y que “un nuevo tipo de sociedad y nuevas formas de producción exijan un tipo de arte más documental, mucho más atenido a lo que es mostrable”. Sin pelos en la lengua, criticaba la “novela de denuncia” como parte de una concepción burguesa, argumentando que “la denuncia traducida al arte de la novela se vuelve inofensiva, no molesta para nada, es decir: se sacraliza como arte”. Para Walsh, la literatura de ficción, que en los comienzos de la burguesía desempeñó un “importante papel subversivo”, debía encontrar nuevas maneras de volver a desempeñarlo. Solo así, si sus libros “mueven, subvierten”, el novelista tendría una justificación. Esta visión radical del arte y su función social es clave para entender su abandono de la ficción pura y su dedicación al periodismo de investigación.
Las Raíces Patagónicas de un Gigante Literario
Aunque su obra más conocida se centra en la realidad urbana y la denuncia política, Rodolfo Walsh tenía profundas raíces en la Patagonia. Nació en Lamarque, Río Negro, el 9 de enero de 1927. Esta conexión con su tierra natal se refleja en uno de sus relatos de “Cuentos para tahúres” (1972), “Trasposición de jugadas”, que tiene como protagonista al comisario Laurenzi y transcurre precisamente entre Lamarque y Choele Choel, en el cruce de uno de los brazos del río Negro. En una breve pero impactante descripción del escenario, Walsh evoca la historia sangrienta de la conquista en Choele Choel, mencionando el rastro de la “Campaña al Desierto” y la posterior llegada de inmigrantes. La tierra, ya heredada por los estancieros, se presentaba como un lugar donde el respeto se ganaba o perdía con un gesto. Esta pintura rápida de su pago natal, escrita alrededor de 1961, es notable por su tono crítico y anticipatorio, en un momento en que aún no existía una literatura histórica que cuestionara el panteón de los próceres de la “Campaña al Desierto”.
Walsh incluso incorpora detalles históricos reales, como la mención de que Laurenzi trabajó en una estancia que fue de un ministro de Yrigoyen, en referencia a la estancia Santa Genoveva de Lamarque, propiedad de Víctor Manuel Molina, un dirigente radical que ocupó altos cargos durante las presidencias de Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. Estos pequeños datos anclan el relato en la geografía y la historia rionegrina, revelando la profunda conexión del autor con su origen. En este cuento, Walsh también adapta el famoso “problema de Alcuino” (cómo cruzar un río con un lobo, una cabra y un repollo) a un episodio policial, demostrando su ingenio para transformar enigmas clásicos en narrativas originales y complejas.
La casa natal de Rodolfo Walsh, ubicada en el predio de lo que fue la estancia “El Curundú” (hoy propiedad de la empresa Expofrut) en Lamarque, se conserva y ha sido declarada de “interés público” por el Senado de la Nación. Aunque hoy es principalmente un sitio de recordación, la existencia de este lugar tangible subraya la importancia de sus raíces geográficas en la comprensión de su obra.
El Legado Inmortal de Rodolfo Walsh
A pesar del tiempo transcurrido desde su asesinato, la figura de Rodolfo Walsh sigue siendo un faro para las nuevas generaciones de escritores y periodistas. Su legado, sin embargo, ha necesitado ser activamente reivindicado. Hacia fines de 2008, una delegación significativa, encabezada por su hija Patricia Walsh y el renombrado historiador Osvaldo Bayer (amigo y contemporáneo de Walsh), visitó la casa natal en Lamarque. El propósito era ambicioso: proyectar la creación de un centro de estudios sobre la obra de Rodolfo Walsh, con una biblioteca especializada y recursos para la investigación. Aunque la casa hoy es un lugar de memoria, la intención de profundizar en su estudio permanece.
Recientemente, la Secretaría de Cultura de Río Negro, a través del Área de Extensión Literaria, realizó un valioso intento de difusión al publicar un fascículo y montar una exposición titulada “Rodolfo Walsh, el hombre que se anima”. Esta iniciativa, compilada por Mónica Larrañaga, distribuyó cientos de ejemplares en escuelas y bibliotecas de la provincia y exhibió la muestra en varias ciudades importantes, generando un renovado interés en su figura. Actualmente, la exposición se exhibe en la sede Viedma de la Universidad Nacional de Río Negro, un esfuerzo loable por mantener viva su memoria.
Rodolfo Walsh encarna al justiciero de la palabra, al intelectual que no dudó en poner su vida en juego por la verdad. En tiempos difíciles, retomar la senda de Walsh, atreviéndonos a ser un poco más “peligrosos” y a animarnos con mayor intensidad, es una forma de honrar su memoria y salvarlo del “horrible destierro del olvido”. Su obra, que transita entre la ficción y la denuncia más cruda, nos recuerda el poder transformador de la escritura y la ineludible responsabilidad del hombre que escribe.
Preguntas Frecuentes sobre Rodolfo Walsh
¿Por qué se considera a Rodolfo Walsh un "escritor peligroso"?
Rodolfo Walsh se autodenominaba un "hombre que escribe", y en sus propias palabras, "no hay bicho más peligroso que el hombre que escribe". Esta peligrosidad se refiere a su incansable búsqueda de la verdad, su capacidad para desentrañar crímenes y denunciar injusticias, lo que lo convirtió en un adversario formidable para el poder autoritario y las dictaduras. Su escritura no era inofensiva; movía, subvertía y exponía verdades incómodas.
¿Cuál fue la obra que marcó su transición a la no ficción?
La obra que marcó la transición de Rodolfo Walsh del cuentista al periodista de investigación y fundador del género de la no ficción fue "Operación Masacre" (1957). Este libro, nacido de la noticia "hay un fusilado que vive", documenta los fusilamientos de militantes peronistas en José León Suárez en 1956, utilizando una rigurosa investigación y un estilo narrativo que lo convirtió en un referente del periodismo de denuncia.
¿Qué importancia tuvo la "Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar"?
La "Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar", redactada y distribuida por Walsh el 24 de marzo de 1977, fue su última y más valiente denuncia. En ella, expuso de manera detallada y contundente los crímenes económicos y las violaciones a los derechos humanos perpetrados por la dictadura militar argentina. Este documento, considerado un testamento de su compromiso, precipitó su secuestro y asesinato al día siguiente, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia intelectual.
¿Dónde nació Rodolfo Walsh y cómo influyó su origen en su obra?
Rodolfo Walsh nació en Lamarque, Río Negro, el 9 de enero de 1927. Aunque gran parte de su obra se enfoca en la realidad política y social de Buenos Aires, sus raíces patagónicas se reflejan en relatos como "Trasposición de jugadas", donde describe la geografía y la historia de Lamarque y Choele Choel con un tono crítico hacia la conquista del desierto. Esta conexión con su tierra natal le brindó una perspectiva única y una sensibilidad hacia las historias ocultas y las injusticias históricas.
¿Qué esfuerzos se han realizado para preservar su legado?
Se han realizado varios esfuerzos para preservar el legado de Rodolfo Walsh. Su casa natal en Lamarque ha sido declarada de "interés público" y es un sitio de recordación. Además, se han organizado delegaciones como la encabezada por su hija Patricia Walsh y Osvaldo Bayer para promover un centro de estudios sobre su obra. Más recientemente, la Secretaría de Cultura de Río Negro publicó un fascículo y montó una exposición itinerante titulada “Rodolfo Walsh, el hombre que se anima”, buscando difundir su figura y obra en escuelas y bibliotecas.
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