06/01/2024
En las páginas de la historia económica y el debate público, el concepto de “libre mercado” ha sido un capítulo central, a menudo idealizado como el motor imparable del progreso y la prosperidad. Sin embargo, al observar de cerca las realidades económicas contemporáneas, la pregunta persiste: ¿existe realmente el libre mercado tal como lo imaginamos? El bajo crecimiento económico y una creciente desconfianza hacia las élites políticas y empresariales han puesto de manifiesto grietas en esta narrativa, especialmente en países como Chile, donde las discusiones sobre el camino a seguir revelan visiones profundamente divergentes. Lo que a primera vista podría parecer un simple desacuerdo sobre políticas, es en realidad un debate fundamental sobre la naturaleza misma de nuestra economía y el papel de sus principales actores.

El 19 de abril, en Santiago, dos enfoques radicalmente distintos para abordar los problemas económicos del país se presentaron casi simultáneamente. Mientras la prensa económica se centró en un único evento, la coincidencia de estas exposiciones subraya la polarización de ideas. Por un lado, la economista Mariana Mazzucato, autora del aclamado superventas El Estado Emprendedor, ofreció una conferencia en la CEPAL. Su mensaje fue claro y contundente: el Estado no es un mero obstáculo burocrático, sino un verdadero motor de la innovación. Mazzucato desmintió la idea popular de que el éxito comercial de gigantes como Apple, GlaxoSmithKline o Google se debe exclusivamente al espíritu aventurero de inversionistas privados. En su lugar, demostró que una inversión pública cuantiosa en investigación fue el verdadero origen de gran parte de estas innovaciones, con el capital de riesgo llegando solo cuando el riesgo inicial ya había disminuido considerablemente. Para Mazzucato, reconocer la contribución del Estado no solo es crucial para entender la innovación, sino también para combatir la desigualdad, evitando que las empresas reciban recompensas desproporcionadas a su inversión real.
En contraste, en el Hotel Hyatt, los empresarios convocados por ICARE exponían su propia visión para reactivar la economía chilena, que el Banco Central proyectaba con un crecimiento moderado. Líderes como Alberto Salas de la Confederación de la Producción y el Comercio, Joseph Ramos de la Comisión Nacional de Productividad, y la propia Presidenta Michelle Bachelet, presentaron un total de 152 propuestas. En este foro, las ideas de Mazzucato habrían sonado ajenas, pues el Estado fue mayormente señalado como el culpable de las trabas burocráticas al crecimiento. Las propuestas se enfocaron en cambiar normas laborales y financieras, y bajar impuestos, buscando achicar y redirigir la burocracia para que la inversión privada recuperara su rol de motor económico. La debilidad en la formación de la fuerza de trabajo también fue un punto recurrente, a pesar de las múltiples políticas educativas implementadas, evidenciando que un tercio de la fuerza laboral es aún analfabeta funcional, lo que limita la productividad y las capacidades del país.
- El Estado Emprendedor: Más Allá del Mito del Espíritu Aventurero
- La Cultura de la Élite y la Trampa de las Materias Primas
- El Capitalismo Jerárquico: Concentración de Poder y Colusión
- La Trampa de las Bajas Habilidades y el Dilema Educativo
- El Retorno de la Política Industrial: ¿Un Nuevo Capítulo para el Desarrollo?
- Preguntas Frecuentes sobre el Debate Económico
El Estado Emprendedor: Más Allá del Mito del Espíritu Aventurero
La perspectiva de Mariana Mazzucato desafía directamente la concepción tradicional del mercado como una entidad autónoma y autosuficiente. Su obra, que ha capturado la atención global, argumenta que el Estado no solo corrige fallas de mercado, sino que activamente las crea. Es decir, el sector público asume los riesgos más grandes y tempranos en la investigación y el desarrollo, sentando las bases para que la innovación florezca. Ejemplos como el GPS, internet o la tecnología táctil de los smartphones, todos con raíces en la inversión militar o científica estatal, son pruebas irrefutables de su tesis. La idea de que el capital de riesgo emerge cuando el camino ya ha sido allanado por la inversión pública, pone en tela de juicio el mito del emprendedor solitario y el libre mercado como único impulsor de la innovación. Para lograr un crecimiento sostenido, Mazzucato propone que el Estado lidere grandes “misiones” —desafíos ambiciosos al estilo de la carrera espacial a la Luna— que movilicen a múltiples sectores económicos en la búsqueda de soluciones. Este enfoque no solo impulsa la innovación, sino que también garantiza que los beneficios se distribuyan de manera más equitativa, reconociendo el papel crucial del contribuyente en el proceso.
La Cultura de la Élite y la Trampa de las Materias Primas
Más allá de la burocracia y la formación laboral, el análisis de importantes investigadores internacionales apunta a causas más profundas del bajo crecimiento y la limitada productividad. Ricardo Hausmann, economista de Harvard, ha señalado que Chile, a pesar de su PIB per cápita, “sabe muy poco para ser desarrollado”. Su argumento es que la economía chilena carece de la diversidad y complejidad de productos que caracterizan a los países prósperos. La dependencia de las materias primas, con el cobre representando el 80% de las exportaciones y la mitad de este sin refinar, es un freno estructural. Hausmann cuestiona la obsesión con el PIB como único indicador de desarrollo, enfatizando que lo que realmente diferencia a las naciones prósperas es la variedad y complejidad de lo que sus empresas saben hacer. Para él, el desarrollo no reside solo en las escuelas o universidades, sino en lo que ocurre dentro de las empresas: qué se produce, cuánta tecnología se aplica y cómo se organiza el trabajo. La analogía entre la empresa forestal finlandesa Nokia (que se transformó en un gigante tecnológico) y la chilena Papelera (que no lo hizo) ilustra esta brecha de innovación.
Esta dependencia de las materias primas, aunque rentable a corto plazo, es, según economistas como Ha-Joon Chang, una debilidad a largo plazo. La productividad de los commodities crece más lentamente que la de las manufacturas, y los países que dependen de mano de obra barata o recursos naturales no desarrollan las habilidades complejas necesarias para adaptarse a un mercado global en constante evolución. La cultura de la élite chilena, según Hausmann, carece del know-how para producir cosas nuevas y, lo que es más grave, no utiliza herramientas disponibles para revertir esta situación. El Fondo de Utilidades Tributables (FUT) es un ejemplo paradigmático: a pesar de permitir a las empresas posponer el pago de impuestos al reinvertir utilidades (acumulando cerca de US$200 mil millones), la inversión privada en Investigación y Desarrollo (I+D) ha sido insignificante, destinándose la mayor parte a sociedades financieras en lugar de inversión productiva.
El Capitalismo Jerárquico: Concentración de Poder y Colusión
Ben Ross Schneider, politólogo del MIT, ofrece una explicación estructural para la limitada variedad de productos y la baja tecnología en Latinoamérica. Su concepto de Capitalismo Jerárquico describe una economía dominada por grandes conglomerados familiares que, a pesar de su tamaño, invierten muy poco en I+D. En Chile, grupos como Matte, Angelini o Luksic, diversificados en múltiples sectores básicos, concentran un poder desproporcionado. A diferencia de otros países donde los grandes conglomerados impulsan la diversificación, en el modelo chileno estos grupos tienden a transformarse en monopolios u oligopolios, ejerciendo control sobre los precios. Esto significa que decisiones cruciales de mercado se toman al interior de estos “grupos diversificados” según sus propios intereses, y no por la libre competencia.

La existencia de carteles y la colusión de precios, como se ha investigado en los casos de pollos, supermercados o papel tissue en Chile, no sorprenden a Schneider en este contexto. El control de precios les permite acumular grandes cantidades de efectivo, que luego utilizan para expandirse agresivamente a otros mercados o actividades, ahogando la competencia y reduciendo el incentivo para mejorar la productividad. Este “capitalismo familiar”, difícilmente defendible por los partidarios del libre mercado, también aumenta la posibilidad de corrupción, ya que muchos conglomerados se benefician de sectores regulados por el Estado, donde la “política silenciosa” les permite obtener ventajas al amparo de la complejidad normativa.
| Modelo Económico | Características Clave | Implicaciones para la Productividad |
|---|---|---|
| Libre Mercado (Ideal) | Competencia perfecta, precios determinados por oferta y demanda, mínima intervención estatal. | Máxima eficiencia, innovación impulsada por la competencia, crecimiento orgánico. |
| Capitalismo Jerárquico (Realidad) | Dominado por grandes conglomerados familiares, baja inversión en I+D, control de precios (monopolios/oligopolios), influencia política. | Menor innovación, estancamiento en materias primas, alta concentración de riqueza, baja movilidad social, menor crecimiento. |
| Estado Emprendedor (Mazzucato) | Estado como motor de innovación y riesgo inicial, inversión pública estratégica, orientación por “misiones”. | Impulso a nuevas industrias, diversificación económica, beneficios distribuidos más ampliamente, mayor crecimiento a largo plazo. |
La Trampa de las Bajas Habilidades y el Dilema Educativo
Uno de los problemas más complejos que caracterizan al Capitalismo Jerárquico es lo que Schneider denomina la “trampa de las bajas habilidades”. Las grandes empresas, en lugar de invertir en investigación y bienes de valor agregado, se dedican a la explotación de materias primas. Esta elección genera pocos puestos de trabajo especializados y una abundancia de empleos mal pagados que requieren poca o ninguna formación. Dado que los escasos buenos trabajos suelen quedar en manos de las clases medias y altas, los estudiantes de bajos recursos, que son la mayoría, enfrentan un alto riesgo al invertir en una formación más compleja. Esto desincentiva la especialización, lo que a su vez ralentiza la mejora de la fuerza de trabajo. El ciclo se perpetúa: sin capital humano especializado, las nuevas inversiones se dirigen hacia las materias primas, y los trabajos siguen siendo precarios.
Esta perspectiva ofrece una nueva lectura a la crisis del Crédito con Aval del Estado (CAE) en Chile, donde miles de jóvenes endeudados no lograban salarios suficientes para pagar sus estudios. El problema no radicaría solo en las tasas de interés o la calidad de la educación, sino en que el Capitalismo Jerárquico “no ha producido buenos trabajos, ni desarrollo equitativo y probablemente no los pueda producir por sí mismo”. Es decir, la brecha está entre lo que los jóvenes estudian y los trabajos que el sistema puede generar. ¿De qué servirán las grandes inversiones en educación gratuita si el modelo productivo no demanda ni genera los empleos para los que estos jóvenes se están preparando?
La “trampa de la baja capacitación” se agrava con la alta rotación laboral en Latinoamérica. Con un promedio de permanencia en el empleo de tres años, y en Chile incluso de siete meses para el 35% de los trabajadores, la especialización es casi imposible. Las empresas, que se quejan de la falta de habilidades en la fuerza laboral, también contribuyen a este problema al no generar empleos que incentiven la permanencia y el desarrollo de conocimientos complejos. El “Capitalismo Jerárquico”, consolidado por el boom de los commodities, ha creado un equilibrio de “malas habilidades”: grandes conglomerados poderosos, un Estado débil y una fuerza laboral atomizada y precarizada. Para Schneider, llamar a países como Chile “emergentes” o “en desarrollo” es una “falsa idea” de progreso, ya que el modelo se ha estabilizado en esta trampa.
El Retorno de la Política Industrial: ¿Un Nuevo Capítulo para el Desarrollo?
La solución a esta trampa, según Schneider, es la Política Industrial: una intervención activa de los gobiernos para favorecer el desarrollo de actividades productivas más complejas que la mera explotación de materias primas. Esta idea, que parecía enterrada tras el auge neoliberal de los 90, ha resurgido por dos razones: el éxito de naciones asiáticas como Corea del Sur, que con un Estado proactivo lograron un desarrollo tecnológico sin precedentes, y la crisis mundial de 2008, que expuso las fragilidades de un mercado sin control. Mariana Mazzucato, con su análisis sobre el iPad y otras innovaciones, ha demostrado cómo la inversión pública es el corazón de muchos de los avances tecnológicos que hoy damos por sentados.
La política industrial, en su forma más exitosa (como la coreana), implica dirección estatal en los objetivos, apoyo financiero, medición constante de metas y, en muchos casos, coerción. Esta última característica, a menudo omitida al citar a Corea o Finlandia como modelos, fue clave para impulsar industrias como Samsung o Toyota en sus inicios. Sin embargo, en Chile, prevalece una “política industrial pasiva”, donde el Estado genera un marco de crecimiento pero no interviene en las decisiones empresariales. El FUT es un claro ejemplo: el Estado renuncia a impuestos a cambio de reinversión, pero sin especificar un tipo de inversión, lo que ha llevado a que las empresas destinen esos fondos a actividades financieras en lugar de innovación productiva.
Implementar una política industrial no es fácil. Requiere domar al mercado y dirigirlo hacia un destino productivo. Los desafíos incluyen la falta de información estatal para diseñar intervenciones adecuadas, lo que exige sistemas de información complejos y una colaboración intensa entre Estado y empresas. El éxito de países como Irlanda, Finlandia o Corea se basó en formas dinámicas de corporativismo, con acuerdos entre empresarios, trabajadores y gobiernos. Otro punto delicado es la elección de “ganadores” por parte del Estado, una discrecionalidad que genera recelo, especialmente en contextos de corrupción. ¿Sería aceptable que una empresa acusada de colusión, como la Papelera, recibiera una fuerte inversión pública para transformarse en una Nokia?
El intento de Chile con el Consejo Nacional de la Innovación para la Competitividad (CNIC) es ilustrativo. Creado en 2006, tuvo cierto éxito inicial, pero fue suspendido en el gobierno siguiente, mostrando que estas políticas requieren un liderazgo constante y acuerdos nacionales. La Política Industrial necesita estar alineada con los intereses de otras instituciones y grupos de poder, y en un escenario de desconfianza entre políticos y empresarios, esto se vuelve extremadamente difícil. Para que estas políticas sean creíbles, es fundamental que los acuerdos se respeten y que el poder económico no garantice resultados favorables para sí mismo a través del lobby o el financiamiento de campañas políticas. Aunque la corrupción ha acompañado históricamente la política industrial en algunos países exitosos, la clave es evitar que se instale en el corazón de estas iniciativas, manteniendo la persecución de la colusión y la corrupción en otras áreas del gobierno.

| Concepto Clave | Descripción | Relevancia en el Debate Chileno |
|---|---|---|
| Estado Emprendedor | El Estado como inversor inicial y catalizador de la innovación, asumiendo riesgos que el capital privado no toma. | Contrasta con la visión de un Estado meramente regulador o “culpable de burocracia”, sugiriendo un rol más activo. |
| Capitalismo Jerárquico | Modelo económico dominado por grandes conglomerados familiares que concentran poder y controlan precios, con baja inversión en I+D. | Explica la persistente dependencia de materias primas, la baja diversificación y los casos de colusión en Chile. |
| Trampa de las Bajas Habilidades | Ciclo vicioso donde la falta de empleos especializados desincentiva la formación, lo que a su vez limita la oferta de capital humano para industrias más complejas. | Ofrece una nueva perspectiva sobre los problemas educativos y laborales, sugiriendo que el problema no es solo la formación, sino la demanda de trabajos calificados. |
| Política Industrial | Intervención estatal para fomentar el desarrollo de actividades productivas complejas y diversificar la economía. | Considerada por expertos como la vía para salir del estancamiento y superar la “trampa del ingreso medio”, pero enfrenta desafíos de confianza y diseño en Chile. |
| Productividad | Eficiencia en la producción de bienes y servicios. | El objetivo central de todas las propuestas, pero su mejora está frenada por las estructuras económicas existentes y la falta de innovación. |
Preguntas Frecuentes sobre el Debate Económico
¿Qué es el "libre mercado" y por qué se cuestiona su existencia?
El "libre mercado" es un ideal económico donde la asignación de recursos y la fijación de precios se determinan exclusivamente por la oferta y la demanda, con mínima o nula intervención estatal. Sin embargo, su existencia plena es cuestionada porque, en la práctica, factores como la concentración de poder en grandes empresas (monopolios u oligopolios), la colusión, la influencia política y las fallas de mercado impiden que las fuerzas de la oferta y la demanda operen libremente y de forma equitativa.
¿Cuál es el rol del Estado en la innovación según Mariana Mazzucato?
Según Mariana Mazzucato, el Estado no es solo un regulador, sino un "Estado Emprendedor" que asume un rol activo y fundamental en la innovación. Ella argumenta que gran parte de las innovaciones tecnológicas disruptivas (como Internet, GPS o la tecnología táctil) tienen su origen en inversiones públicas masivas en investigación y desarrollo, asumiendo los riesgos iniciales que el capital privado no está dispuesto a tomar. El Estado es, por lo tanto, un motor de la creación de valor y no solo un corrector de fallas de mercado.
¿Qué es el "capitalismo jerárquico" y cómo afecta a la economía?
El "capitalismo jerárquico", concepto desarrollado por Ben Ross Schneider, describe un modelo económico donde grandes conglomerados familiares dominan múltiples sectores, concentrando un poder significativo. Estos grupos invierten poco en investigación y desarrollo, pero controlan los precios en el mercado, lo que puede llevar a monopolios, oligopolios y colusión. Esto reduce la competencia, desincentiva la innovación, perpetúa la dependencia de materias primas y dificulta el desarrollo de industrias más complejas, impactando negativamente la productividad y la distribución de la riqueza.
¿Qué es la "trampa de las bajas habilidades"?
La "trampa de las bajas habilidades" es un círculo vicioso descrito por Schneider. Se produce cuando las empresas dominantes en una economía no generan suficientes empleos que requieran alta especialización o conocimientos avanzados, prefiriendo la explotación de materias primas o actividades de bajo valor agregado. Esto desincentiva a los jóvenes a invertir en formación compleja, ya que hay pocos puestos de trabajo bien remunerados para ellos. A su vez, la escasez de capital humano calificado impide la diversificación económica hacia industrias más sofisticadas, perpetuando el estancamiento.
¿Qué se entiende por "política industrial" y por qué es relevante?
La "política industrial" se refiere a la intervención activa del gobierno para fomentar el desarrollo de sectores económicos específicos o la creación de nuevas capacidades productivas, especialmente aquellas que implican mayor complejidad y valor agregado. Es relevante porque se considera una herramienta crucial para que los países superen la "trampa del ingreso medio" —donde no pueden competir con costos bajos ni con alta complejidad— y den el salto hacia un desarrollo sostenido y equitativo, diversificando su matriz productiva más allá de las materias primas.
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