03/09/2022
En el vasto universo de la literatura, hay obras que, por su brevedad y la rapidez con la que fueron concebidas, desafían nuestra percepción del proceso creativo. Tal es el caso de Aura, la célebre novela de Carlos Fuentes, una joya literaria que, asombrosamente, fue escrita en apenas cinco días. Publicada en 1962, esta obra maestra no solo consolidó la reputación de Fuentes como uno de los pilares del Boom Latinoamericano, sino que también se convirtió, décadas más tarde, en el epicentro de una controversia que, paradójicamente, solo sirvió para cimentar su inmortalidad y aumentar su leyenda.

Carlos Fuentes, un autor incansable y disciplinado que escribía diariamente desde las siete de la mañana, creía firmemente que la disciplina era tan fundamental como la inspiración en la creación literaria. Esta filosofía de trabajo se manifestó plenamente en la escritura de Aura, una novela que, a pesar de su concisión, es densa en simbolismo, atmósfera y profundidad psicológica. El autor mexicano, quien nos dejó el 15 de mayo de 2012, siempre se mantuvo activo y prolífico hasta el final de sus días, dejando un legado inmenso que incluye títulos tan fundamentales como La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, pero quizás ninguna tan singular y comentada como Aura.
- La Génesis de una Obra Maestra en Tiempo Récord
- Una Brevedad que Cautiva: La Singularidad de Aura
- La Censura de 2001: Un Escándalo que Impulsó la Fama
- La Historia de Aura: Un Resumen Detallado
- Temas Centrales de Aura
- Preguntas Frecuentes sobre Aura
- Reflexión Final: El Poder de la Libertad de Expresión
La Génesis de una Obra Maestra en Tiempo Récord
La inspiración para Aura llegó a Carlos Fuentes de una manera tan espontánea como la propia novela. En una entrevista concedida a La Jornada en enero de 2012, el autor recordó el momento preciso en que la idea de Aura cobró vida en su mente. Estando en París, en compañía de una joven, observó cómo, al pasar bajo una luz específica, su figura se transformó momentáneamente en la de una anciana, para luego regresar a su juventud al entrar de nuevo. Este instante efímero y casi místico encendió la chispa creativa: “¡ay!, qué pasaría si uno tuviera el poder, siendo anciano, de volverse joven, ¡ahí está la novela!”. Con esa idea, Fuentes se sentó en un café parisino y, en un arrebato de genialidad, la escribió en solo cinco días. La velocidad de su escritura es un testimonio de la claridad de su visión y la fluidez de su prosa, permitiéndole construir un relato complejo y evocador en un tiempo increíblemente corto.
Una Brevedad que Cautiva: La Singularidad de Aura
Uno de los aspectos más notables de Aura es su extensión. Con apenas 60 páginas, es un ejemplo contundente de cómo una obra maestra no necesita ser extensa para ser profunda y trascendente. En la literatura mexicana, Aura comparte esta distinción con otras novelas breves pero monumentales como Pedro Páramo de Juan Rulfo y Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco. Estas obras demuestran que la calidad literaria reside en la intensidad, la originalidad y la capacidad de evocar mundos complejos con la economía del lenguaje, más que en la simple acumulación de palabras.
Publicada por primera vez en 1962 por la editorial Era, Aura se inscribe de lleno en el movimiento conocido como el Boom Latinoamericano. Carlos Fuentes, junto a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa, fue uno de los principales exponentes de este fenómeno literario que dio a conocer la riqueza y diversidad de la narrativa latinoamericana al mundo. Como es común en las obras del “boom”, Aura incorpora elementos del realismo mágico, difuminando las líneas entre lo real y lo fantástico, lo posible y lo imposible, creando una atmósfera onírica y perturbadora que envuelve al lector desde la primera página.
La Censura de 2001: Un Escándalo que Impulsó la Fama
La popularidad de Aura recibió un inesperado e irónico impulso en 2001, cuando se convirtió en el centro de una controversia de censura en México. Carlos Abascal, entonces Secretario del Trabajo en el gobierno panista, manifestó su descontento porque la maestra de literatura de su hija, quien cursaba tercero de secundaria en una escuela católica, había incluido Aura en el programa de estudios. Abascal, junto con otros padres de familia, consiguió que la maestra fuera apartada de su puesto y que las adolescentes no tuvieran que leer ni Aura ni Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez.
El funcionario justificó su acción con la frase: “Hice valer mi derecho a vigilar lo que lee mi hija”, argumentando que ciertos pasajes de la novela, en particular una escena sexual entre Aura y Felipe Montero, eran excesivos e inapropiados para adolescentes de 15 años. La Unión Nacional de Padres de Familia, cuyo presidente admitió no haber leído el libro, secundó la postura de Abascal, calificando la obra como inadecuada y capaz de causar un “conflicto existencial”.
La reacción de Carlos Fuentes, quien se encontraba en Estados Unidos cuando estalló el escándalo, fue de humor y pragmatismo. Gabriel García Márquez lo llamó para comentar: “Ya sabes que ahora vamos a vender más libros”. Y así fue. El mismo Fuentes, en la FIL de Guadalajara de 2008, agradeció la censura, pues las ventas de Aura se multiplicaron, llegando a 20,000 ejemplares a la semana. En un gesto de fina ironía, Fuentes solo recomendó a Abascal leer a Cicerón para aprender retórica y educarse. Este episodio no solo evidenció la resistencia de ciertos sectores conservadores ante la libertad artística, sino que también demostró cómo la censura, más que ocultar, a menudo resalta y da mayor visibilidad a aquello que intenta reprimir.
El Pasaje de la Discordia: Una Parodia Sacrílega para Algunos
El pasaje que desató la furia de Carlos Abascal y la Unión Nacional de Padres de Familia es una escena erótica del capítulo IV. Lo que para muchos es una descripción sensual y poética de la intimidad, para los sectores más conservadores y devotos se convirtió en una blasfemia, una parodia de la Eucaristía. Para comprender el motivo de su enojo, es fundamental analizar este fragmento:
Tú sientes el agua tibia que baña tus plantas [Aura lava los pies de Felipe Montero], las alivia, mientras ella te lava con una tela gruesa, dirige miradas furtivas al Cristo de Madera negra, se aparta por fin de tus pies, te toma de la mano, se prende uno capullos de violeta al pelo suelto, te toma entre los brazos y canturrea esa melodía, ese vals que tú bailas con ella, prendido al susurro de su voz, girando al ritmo lentísimo, solemne, que ella te impone, ajeno a los movimientos ligeros de sus manos, que te desabotonan la camisa, te acarician el pecho, buscan tu espalda, se clavan en ella. También tú murmuras esa canción sin letra, esa melodía que surge naturalmente de tu garganta: giran los dos, cada vez más cerca del lecho; tú sofocas la canción murmurada con tus besos hambrientos sobre la boca de Aura, detienes la danza con tus besos apresurados sobre los hombros, los pechos de Aura. Tienes la bata vacía entre las manos. Aura, de cuclillas sobre la cama, coloca ese objeto contra los muslos cerrados, lo acaricia, te llama con la mano. Acaricia ese trozo de harina delgada, lo quiebra sobre sus muslos, indiferentes a las migajas que ruedan por sus caderas: te ofrece la mitad de la oblea que tú tomas, llevas a la boca al mismo tiempo que ella, deglutes con dificultad: caes sobre el cuerpo desnudo de Aura, sobre sus brazos abiertos, extendidos de un extremo al otro de la cama, igual que el Cristo negro que cuelga del muro con su faldón de seda escarlata, sus rodillas abiertas, su costado herido, su corona de brezos montada sobre la peluca negra, enmarañada, entreverada con lentejuela de plata. Aura se abrirá como un altar.
La interpretación que ofendió a los católicos es clara: la escena es una recreación subversiva y erótica de elementos sagrados. El acto de Aura lavando los pies de Felipe Montero evoca directamente el lavatorio de pies de Jesús a sus discípulos, narrado en el evangelio de Juan. La “oblea”, un “trozo de harina delgada” que Aura quiebra sobre sus muslos desnudos y ofrece a Montero, es una referencia ineludible a la hostia consagrada, el cuerpo de Cristo en la Eucaristía. Finalmente, la descripción de Aura con los “brazos abiertos, extendidos de un extremo al otro de la cama, igual que el Cristo negro que cuelga del muro”, culminando con la frase “Aura se abrirá como un altar”, convierte a la mujer en una figura mesiánica y sacrificial, pero en un contexto sexual. Para los creyentes devotos, esta fusión de lo sagrado y lo profano, de la liturgia con el acto sexual, constituye un sacrilegio y una blasfemia. Carlos Fuentes, consciente del impacto de sus palabras, sin duda buscaba provocar y cuestionar, utilizando el arte como un vehículo para explorar los límites de la moralidad y la percepción.
La Historia de Aura: Un Resumen Detallado
La trama de Aura es tan compacta como envolvente, sumergiendo al lector en una atmósfera de misterio y ambigüedad. La novela se desarrolla en el año 1962, en una antigua casa en la calle Donceles del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Capítulo I: La Convocatoria y el Misterio
Felipe Montero, un joven historiador de veintisiete años, encuentra un anuncio en el periódico que solicita un historiador joven, ordenado, escrupuloso y conocedor del francés para un trabajo peculiar. Acude a la dirección indicada, Donceles 815, y es recibido por una anciana misteriosa, Consuelo Llorente, postrada en cama. El trabajo consiste en completar y traducir las memorias de su difunto esposo, el General Llorente, para que sean publicadas antes de la muerte de la anciana. Una condición inusual es que Montero debe residir en la casa. Aunque duda inicialmente, su decisión cambia radicalmente con la aparición de Aura, la enigmática y hermosa sobrina de Consuelo. La fascinación que Aura ejerce sobre él es inmediata y determinante.
Capítulo II: La Atracción y el Comienzo del Trabajo
Aura conduce a Felipe a su habitación y le informa que lo esperan para cenar. Sin embargo, la señora Consuelo no asiste a la cena, dejando a Montero y Aura a solas, lo que intensifica la atracción entre ellos. Después de la cena, la anciana Consuelo espera a Montero en su recámara, donde él la encuentra de rodillas rezando. Le entrega los papeles del General Llorente, instándolo a empezar a trabajar de inmediato, sumergiéndolo aún más en el peculiar ambiente de la casa.
Capítulo III: Sueños, Deseos y Revelaciones
Montero inicia la lectura de las memorias de Llorente, notando que la anciana sobrevalora los escritos. Sin embargo, la atractiva remuneración de cuatro mil pesos lo motiva, pensando en reunir suficiente dinero para dedicarse a su propia obra sobre las conquistas españolas en América. Mientras duerme, Montero tiene una pesadilla de la que despierta para encontrarse a Aura desnuda a su lado, acariciándolo y besándolo, susurrándole “Eres mi esposo”. Ella le promete esperarlo esa noche en su recámara.

En las memorias del General Llorente, Montero descubre detalles perturbadores sobre Consuelo. El general la conoció cuando ella tenía quince años, en 1867. Llorente describe una escena extraña en la que Consuelo, con la crinolina levantada, torturaba a un gato, lo que lo excitó y llevó a hacer el amor. El general interpretó la tortura de los gatos como un sacrificio simbólico que Consuelo realizaba para propiciar su amor. Montero calcula que la anciana debe tener ciento nueve años. Llorente adoraba los ojos verdes de Consuelo y su costumbre de vestir de verde, un detalle crucial, ya que Aura también tiene ojos verdes y viste de verde, lo que insinúa una conexión profunda entre ambas. El general también escribió: “Je pense que tu seras toujours belle, même dans cent ans…” (pienso que serás siempre bella, lo mismo en cien años…), y “que ne ferais-tu pas pour rester toujours jeune?” (¿Qué no harías para permanecer siempre joven?), frases que prefiguran el anhelo de Consuelo.
Capítulo IV: La Transformación y la Parodia
Montero comienza a sospechar que Aura vive en la casa para perpetuar la ilusión de belleza y juventud de la anciana. Esa noche, Montero y Aura se encuentran en la recámara de ella. Al abrir la puerta, Montero la encuentra vestida de verde, pero algo prodigioso ha ocurrido: Aura parece ahora una mujer de cuarenta años, no la joven de veinte del día anterior. Sigue la escena erótica ya descrita, donde Aura lava los pies de Montero, bailan un vals que ambos conocen, y luego ella parte una oblea sobre sus muslos desnudos, ofreciéndole una mitad para que la coma, mientras yace con los brazos abiertos como el Cristo negro que cuelga en el muro, convirtiéndose en un altar. Al despertar, Montero busca a Aura pero no la encuentra. Abre los ojos y la ve al pie de la cama, caminando hacia un rincón, donde se sienta en el suelo, a los pies de la anciana Consuelo, que está sentada en un sillón que él no había visto antes. Las dos mujeres le sonríen y se van por la puerta que comunica sus habitaciones, dejando a Montero desconcertado.
Capítulo V: La Fusión de Identidades y el Final Enigmático
Al despertar, Montero reflexiona que la noche anterior engendró su propio doble, y que Aura es el doble de Consuelo, y viceversa. Propone a Aura huir juntos de la anciana, pero ella se niega, diciéndole que su tía saldrá todo el día y que lo esperará esa noche en la recámara de la anciana.
Continuando con las memorias de Llorente, Montero se entera de que el general y Consuelo no pudieron tener hijos, lo que perturbó profundamente a la mujer. Consuelo buscó un remedio con plantas y pócimas, creyendo encontrar la pócima de la juventud, lo que la llevó a la locura. Llorente la encontró una madrugada, caminando sola y descalza, murmurando: “No me detengas; voy hacia mi juventud, mi juventud viene hacia mí. Entra ya, está en el jardín, ya llega”. El general cerró sus memorias con una frase enigmática: “Consuelo, le démon aussi était un ange, avant…” (Consuelo, el demonio también fue antes un ángel…).
Al final de los folios, Montero encuentra unas fotografías. Una de ellas muestra a Aura, fechada en 1876 (la novela se sitúa en 1961), y firmada por Consuelo Llorente en el décimo aniversario de su boda, revelando que la mujer de esa antigua imagen es Aura. Otra foto es igualmente desconcertante: Aura en compañía del anciano Llorente, pero Montero reconoce en Llorente a sí mismo. Sabe que Llorente es él.
Al caer la noche, Montero se apresura a la habitación de Consuelo en busca de Aura. Al entrar, la ve en la cama y ella le pide que se acueste a su lado, pero sin tocarla. Montero, consciente de que la anciana podría regresar, escucha a Aura decir que Consuelo no volverá, que “Ella ya se agotó”. Entonces, la besa y la abraza, pero se da cuenta de que está besando y abrazando a una anciana: “apartarás tus labios de los labios sin carne que has estado besando, de las encías sin dientes que se abren ante ti: verás bajo la luz de la luna el cuerpo desnudo de la vieja, de la señora Consuelo, flojo, rasgado, pequeño y antiguo, temblando ligeramente porque tú lo tocas, tú lo amas, tú has regresado también…” El libro finaliza con la enigmática frase de la anciana: “Volverá, Felipe, la traeremos juntos. Deja que recupere fuerzas y la haré regresar…” dejando al lector en la ambigüedad de si Aura y Consuelo son la misma persona, si la juventud puede ser conjurada, o si todo es una alucinación.
Temas Centrales de Aura
Aura es una novela rica en temas que se entrelazan para crear su atmósfera única. Entre los más prominentes se encuentran:
- El Deseo y la Pasión: La novela explora la fuerza avasalladora del deseo, tanto el carnal entre Felipe y Aura como el anhelo desmedido de Consuelo por la juventud y la belleza perdidas.
- La Vejez y la Juventud: La dicotomía entre la decadencia de la vejez y el esplendor de la juventud es central, explorando la obsesión por el paso del tiempo y la búsqueda de la inmortalidad.
- La Belleza y su Fugacidad: La belleza de Aura es un motor de la trama, pero también un recordatorio de su naturaleza efímera, contrapuesta a la persistencia de la fealdad y la decrepitud.
- El Realismo Mágico: Los elementos sobrenaturales, como la transformación de Aura o la confusión de identidades, se presentan de forma natural, desafiando la lógica y sumergiendo al lector en un universo donde lo imposible es posible.
- La Identidad y sus Múltiples Facetas: La novela juega con la idea de la identidad dual o fusionada, sugiriendo que Aura y Consuelo son una misma entidad, o que Felipe Montero es la reencarnación del General Llorente.
- La Ilusión vs. la Realidad: Constantemente se cuestiona si los eventos son reales o producto de la imaginación, la locura o un encantamiento, dejando al lector en un estado de incertidumbre.
Preguntas Frecuentes sobre Aura
¿Cuánto tiempo tardó Carlos Fuentes en escribir Aura?
Carlos Fuentes escribió la novela Aura en apenas cinco días, en un café de París, inspirándose en una experiencia personal.
¿Por qué Aura fue censurada en México?
Aura fue objeto de censura en 2001 por parte del entonces Secretario del Trabajo, Carlos Abascal, debido a una escena erótica en el capítulo IV que fue interpretada como una parodia de la Eucaristía y considerada inapropiada para estudiantes de secundaria por su contenido sexual y religioso.
¿Qué es el realismo mágico en Aura?
El realismo mágico en Aura se manifiesta en la fusión de la realidad cotidiana con elementos fantásticos o sobrenaturales, como la aparente transformación de Aura en la anciana Consuelo, la confusión de identidades y la atmósfera onírica que impregna la narración, sin que se ofrezca una explicación racional.
¿Cuál es el tema principal de Aura?
Los temas principales de Aura giran en torno al deseo, la vejez versus la juventud, la belleza efímera, la búsqueda de la inmortalidad, la identidad dual o fusionada y la difuminación de la línea entre la ilusión y la realidad.
¿Quiénes son los personajes principales de Aura?
Los personajes principales son Felipe Montero, un joven historiador; Consuelo Llorente, una anciana misteriosa y viuda del General Llorente; y Aura, la enigmática sobrina de Consuelo, cuya belleza y juventud cautivan a Felipe.
¿Qué significa el final de Aura?
El final de Aura es ambiguo y abierto a múltiples interpretaciones. Sugiere que Aura y Consuelo son la misma persona o que la juventud de Aura es una manifestación de la voluntad de Consuelo. También implica que Felipe Montero está destinado a ser la reencarnación del General Llorente, atrapado en un ciclo eterno de deseo y renovación, dejando al lector con la inquietante pregunta sobre la naturaleza de la realidad y la identidad.
Reflexión Final: El Poder de la Libertad de Expresión
La historia de Aura y su polémica no es solo un testimonio del genio de Carlos Fuentes, sino también un recordatorio constante de la importancia de la libertad de expresión en el arte. Si bien es comprensible que ciertos pasajes puedan ofender sensibilidades religiosas o morales, la obra de arte, especialmente la de la talla de Aura, no debe ser coartada por el miedo al escándalo. Fuentes, con su maestría, logró tejer una narrativa que, más allá de la controversia, invita a la reflexión profunda sobre la naturaleza del tiempo, la identidad, el deseo y la capacidad humana de trascender los límites de lo real. Aura, en su brevedad y complejidad, sigue siendo un faro en la literatura latinoamericana, un recordatorio de que las grandes obras no solo entretienen, sino que también provocan, desafían y, en última instancia, enriquecen nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.
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