30/09/2022
En la vasta y compleja trama de la existencia humana, hay pocas verdades tan fundamentales y, a la vez, tan paradójicas como la libertad. Contrario a la intuición de que la libertad es una elección o un privilegio, nos encontramos ante una realidad ineludible: el ser humano está condenado, o quizás mejor dicho, forzado a ser libre. Esta no es una mera licencia para actuar a voluntad, sino una condición intrínseca a nuestra naturaleza, una constante imposición de la que no podemos escapar, ni siquiera si lo intentáramos. Desde el momento en que amanecemos hasta que nos acostamos, cada instante de nuestra vida está impregnado de decisiones, grandes y pequeñas, conscientes o inconscientes. Incluso la inacción, el permanecer quieto, o la delegación de responsabilidades a otros, son en sí mismos actos de elección, manifestaciones irrefutables de esa libertad inherente que nos define. No podemos renunciar a lo que somos, no podemos transformarnos en un objeto inanimado o en una criatura sin albedrío; somos seres humanos y, como tales, estamos perpetuamente compelidos a elegir y a asumir las consecuencias de nuestras elecciones.

- La Naturaleza Ineludible de la Libertad: Una Paradoja Existencial
- Libertad y Oportunidad: Distinguiendo Conceptos Fundamentales
- La Gradual Erosión de la Libertad: Un Peligro Silencioso
- La Indiferencia: El Cómplice Silencioso del Avance de la Tiranía
- Desentrañando el Verdadero Sentido de la Libertad: Más Allá de la Retórica
- ¿Por Qué Ser Libres? La Dignidad Humana como Fundamento Innegociable
- Preguntas Frecuentes sobre la Libertad
La Naturaleza Ineludible de la Libertad: Una Paradoja Existencial
La esencia de nuestra humanidad reside en la capacidad de tomar decisiones. Esta capacidad no es opcional, sino una característica definitoria. El hombre, por su propia constitución, se ve impelido a optar entre diversos cursos de acción. Esta compulsión a elegir es lo que Alberto Benegas Lynch (h) denomina la paradoja de verse "forzado a ser libre". No es que elijamos si ser libres o no, sino que la libertad es una condición dada de nuestra existencia. Si elijo quedarme en casa, estoy eligiendo; si delego una tarea en otra persona, estoy ejerciendo mi libertad de delegar. No podemos despojarnos de nuestra naturaleza humana y convertirnos en algo que no decide. Esta libertad, sin embargo, no es ilimitada en su alcance material, sino en su cualidad intrínseca. No se trata de la capacidad de volar o de desafiar las leyes de la gravedad, sino de la facultad de autodeterminación en el ámbito de las relaciones humanas.
La libertad, en este sentido fundamental, solo cobra sentido en el contexto de nuestras interacciones sociales. Si bien la naturaleza nos impone restricciones (no podemos respirar bajo el agua sin ayuda, por ejemplo), estas no menoscaban nuestra libertad inherente. La verdadera restricción de la libertad surge cuando otros seres humanos, o entidades que actúan en su nombre, recurren a la fuerza para imponer sus voluntades sobre las nuestras. Es aquí donde la libertad, que debería ser un campo abierto y vasto, se convierte en un sendero angosto, oscuro y limitado, donde apenas podemos movernos de perfil. La violencia, en todas sus formas, es la principal enemiga de la libertad genuina, porque es la única que lesiona la capacidad de un individuo de elegir libremente sus propios fines y medios, siempre que no invada la misma facultad en otros.
Libertad y Oportunidad: Distinguiendo Conceptos Fundamentales
Uno de los errores más comunes al hablar de libertad es confundirla con el concepto de oportunidad. Son dos ideas distintas, aunque a menudo se entrelacen en el discurso popular. La oportunidad se refiere a las circunstancias o medios que se presentan para lograr un fin determinado, mientras que la libertad es la ausencia de coacción por parte de otros. El hecho de que una persona no sea un atleta de élite y, por lo tanto, no tenga la oportunidad de ganar una medalla olímpica, no la hace menos libre. De la misma manera, carecer de los recursos económicos para adquirir una mansión no implica una pérdida de libertad, sino una ausencia de oportunidad.
Thomas Sowell, en su obra "Knowledge and Decisions", aclara magistralmente esta confusión. Él argumenta que la importancia de algo no lo convierte en libertad. Un hombre que se muere de hambre enfrenta una tragedia inmensa, quizás más grave que la pérdida de su libertad, pero el hambre y la libertad siguen siendo conceptos diferentes. Así como un laxante no elimina una deuda, ni un aumento de sueldo cura el estreñimiento, tampoco la ausencia de oportunidades equivale a la ausencia de libertad. La jerarquía de valores que le atribuyamos a las cosas no debe confundir su naturaleza intrínseca. El oro puede ser más valioso que la mantequilla, pero no se puede untar un sándwich con oro. Las restricciones que impone la naturaleza o las condiciones sociales (como la pobreza) limitan nuestras oportunidades, pero no nuestra libertad, a menos que medie la fuerza de otros hombres. Solo cuando se recurre a la violencia para lesionar derechos se restringe la libertad en su sentido propio.
| Característica | Libertad | Oportunidad |
|---|---|---|
| Definición | Ausencia de coacción externa por parte de otros individuos o el Estado. | Conjunto de posibilidades o medios disponibles para lograr un fin. |
| Origen de Limitaciones | Fuerza o violencia ejercida por terceros (individuos o el Estado). | Naturaleza, circunstancias personales, recursos, condiciones sociales (sin uso de fuerza). |
| Implicación | Se posee o no, y en qué grado, en el ámbito de las relaciones sociales. | Varía ampliamente según el contexto, habilidades y recursos disponibles. |
| Ejemplo | Ser libre de elegir el colegio de tus hijos sin imposiciones estatales. | Tener los recursos económicos para enviar a tus hijos a un colegio privado de élite. |
| Relación | Es una condición necesaria para el ejercicio pleno de la vida humana. | Puede expandir o contraer las esferas de acción dentro de la libertad existente. |
La Gradual Erosión de la Libertad: Un Peligro Silencioso
La disminución de la libertad raramente ocurre de manera abrupta y evidente. Se infiltra de contrabando, poco a poco, en las áreas más pequeñas y aparentemente insignificantes de nuestra vida diaria. Este proceso gradual busca generar un estado de anestesia social, donde la población no percibe el peligro hasta que es demasiado tarde. El Leviatán, o cualquier forma de poder concentrado, ya sea estatal o de facto, comienza a meter sus narices en cada rincón, constriñendo las opciones y decisiones individuales.
Para entender la magnitud de esta erosión, basta con plantear algunas preguntas simples sobre la vida cotidiana: ¿Están realmente abiertas todas las opciones cuando tomamos un taxi, o el aparato estatal decide el otorgamiento de licencias, el color del vehículo, la tarifa y los horarios de trabajo? ¿Cuando elegimos el colegio de nuestros hijos, la educación está libre de las imposiciones de ministerios de educación? ¿Puede quien está en relación de dependencia liberarse de los descuentos compulsivos al fruto de su trabajo? ¿Puede elegirse la afiliación o desafiliación de un sindicato, o no pertenecer a ninguno, sin sufrir las decisiones de los dirigentes? ¿Puede exportarse e importarse libremente sin padecer aranceles, tarifas, cuotas y manipulaciones en el tipo de cambio? ¿Pueden elegirse los activos monetarios para realizar transacciones sin las imposiciones del curso forzoso? ¿Hay realmente libertad de contratar servicios en condiciones pactadas por las partes sin que el Gran Hermano se interponga, meta sus narices y constriña? ¿Hay libertad de prensa sin contar con agencias gubernamentales de noticias, pautas oficiales, diarios, radios y estaciones televisivas estatales y sin la propiedad del espectro electromagnético que impone la figura de las concesiones gubernamentales? ¿Hay mercados libres con pseudoempresarios que hacen negocios con los gobiernos de turno y las consecuentes prebendas y privilegios? ¿Puede cada uno elegir la forma en que preverá su vejez sin que el aparato estatal imponga retenciones al salario?
Estas preguntas revelan cómo la libertad se ve constantemente amenazada por la intervención de terceros. Pocos son los que dan la voz de alarma cuando el cercenamiento de libertades no les toca directamente el bolsillo. Es la historia del verdulero y el zapatero: uno ve cómo se aniquila la libertad del otro, pero no dice nada porque no le afecta directamente, hasta que es su propia libertad la que es amordazada y ya no hay nadie que lo defienda. Como dice el poeta: “Me acusa el corazón de negligente / por haberme dormido la conciencia / y engañarme a mí mismo y a la gente / por sentir la avalancha de inclemencia / y no dar voz de alarma claramente”.
La Indiferencia: El Cómplice Silencioso del Avance de la Tiranía
La indiferencia es el caldo de cultivo perfecto para la merma de la libertad. Alexis de Tocqueville, en "La Democracia en América", nos advirtió que "se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra". Esta profunda reflexión subraya que la libertad no es solo un ideal abstracto, sino una práctica constante en las minucias de la vida. Si permitimos que se nos restrinja en lo pequeño, la puerta queda abierta para que se nos encadene en lo grande.
La historia está llena de ejemplos de cómo la libertad es invocada incluso por quienes la subyugan. Marie-Jeanne Roland, camino a la guillotina durante la Revolución Francesa, exclamó: “¡Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”. Esta frase resuena a través de los siglos, recordándonos que la retórica de la libertad a menudo enmascara las intenciones más tiránicas. Anthony de Jasay, por su parte, nos invita a cuestionar si realmente aceptamos el contenido sustantivo de la libertad, más allá de la mera palabrería y el buen gusto.
Desentrañando el Verdadero Sentido de la Libertad: Más Allá de la Retórica
El verdadero significado del liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Ni más, ni menos. Una sociedad abierta significa que cada individuo tiene la autonomía de hacer lo que le plazca con lo que le pertenece, sin tener que rendir cuentas a nadie, siempre y cuando no vulnere la misma facultad en los demás. Los megalómanos que sueñan con fabricar el "hombre nuevo" o con moldear la sociedad a su antojo, con sus dislates y sandeces, inevitablemente conducen al cadalso de la libertad y la dignidad humana. La antropomorfización del Estado, al atribuirle todas las virtudes imaginables y todas las responsabilidades para "hacer a la gente buena", niega la idea del agente moral y destruye la noción más elemental de justicia, que, según la clásica definición de Ulpiano, consiste en "dar a cada uno lo suyo". Cuando el Estado se erige como una entidad superior, casi divina, se despoja al individuo de su autonomía y se le reduce a una pieza más en un engranaje colectivo.
¿Por Qué Ser Libres? La Dignidad Humana como Fundamento Innegociable
La maximización de la libertad es indispensable por el oxígeno que brinda para poder vivir humanamente. No hay otra razón que pueda subordinar esta verdad fundamental. ¿Qué sentido tiene poseer todas las riquezas del mundo si se es un esclavo, si el espíritu está encadenado? Si bien es cierto que las naciones libres suelen gozar de condiciones de vida infinitamente superiores a las que se encuentran sumidas bajo los dictados de autócratas, confesos o disimulados, este es un beneficio adicional, un subproducto invaluable, pero no el motivo principal. La dicha de ser libre, la posibilidad de mantener y celebrar nuestra situación propiamente humana, no puede ser reemplazada por ninguna gratificación material.
La triste realidad es que muchas personas no hacen absolutamente nada por la libertad, creyendo que son otros los encargados de asegurarles el respeto a sus derechos. Son indiferentes frente al avasallamiento de la libertad de terceros, e incluso, en su ceguera, llegan a aplaudir el entrometimiento insolente del Leviatán, siempre y cuando no les afecte su patrimonio e intereses de modo directo. Afortunadamente, aún existen quienes se quejan amargamente de esta situación y proponen soluciones, aunque a menudo sus voces parezcan gritos desde un pozo profundo y oscuro, con muy mala acústica, formando parte de ese "remnant" del que nos habla Isaías.
Es desolador observar documentales donde siluetas cadavéricas se desplazan como zombies en caravanas interminables, dirigidas por bestias totalitarias. Para estas víctimas, ya es tarde; han dejado de ser humanos, no solo se les trata como animales, sino que tienen el alma arada y achurada en tajos de una pavorosa profundidad que se abren a un vacío ilimitado de dolor y llanto interior. En otros casos, vemos sujetos bien vestidos, con portafolios y celulares, desplazándose en automóviles de lujo y habitando residencias descomunales, pero sus vidas y su suerte están atadas a los dictados de funcionarios gubernamentales sedientos de poder, que los manejan como marionetas. Estos títeres, que no solo se han dejado violar espiritualmente a sí mismos, sino que han permitido la masacre espiritual de otros, brindan apoyo irrestricto a sus carceleros con tal de obtener gratificaciones corporales, aunque hayan rematado su espíritu y dejado de ser personas.
Entonces, ¿por qué ser libres? Por la sencilla razón de que de ese modo nos elevamos a la categoría de seres humanos y no nos rebajamos y degradamos en la escala zoológica. Por motivos de dignidad y autoestima, para honrar el libre albedrío del que estamos dotados, para poder mirarnos al espejo sin que se vea reflejado un esperpento y, sobre todo, para poder actualizar nuestras únicas e irrepetibles potencialidades en busca del bien. Con esto se juega nuestro destino. ¿Puede concebirse algo de mayor importancia?
Preguntas Frecuentes sobre la Libertad
¿La pobreza o las limitaciones físicas restringen mi libertad?
No, la pobreza o las limitaciones físicas restringen tus oportunidades, no tu libertad intrínseca. La libertad se refiere a la ausencia de coacción por parte de otros. Un náufrago en una isla desierta es libre, aunque sus oportunidades sean muy limitadas.
¿Es la libertad un concepto absoluto o tiene límites?
La libertad es inherentemente limitada por las leyes de la naturaleza y por el hecho de que no puedes hacer que otros se sometan a tu voluntad. Sin embargo, la única restricción legítima a la libertad en el ámbito social es la no invasión de la misma libertad en los demás. Tu libertad termina donde empieza la de otro.
¿Por qué es importante la libertad en las cosas pequeñas?
Como señaló Tocqueville, la libertad en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. La erosión gradual de las libertades en aspectos aparentemente triviales de la vida diaria (elección de servicios, educación, trabajo) es un proceso insidioso que, si no se detiene, conduce a la pérdida de la libertad en las esferas más importantes y afecta la esencia misma de nuestra humanidad.
¿El Estado puede garantizar la libertad?
Según la perspectiva presentada, el Estado, o el "Leviatán", a menudo es el principal limitador de la libertad a través de la fuerza y la regulación excesiva. Si bien un marco legal es necesario para proteger los derechos individuales, la intervención estatal que va más allá de esta función tiende a coartar la libertad en lugar de garantizarla.
¿Ser libre significa poder hacer lo que quiera sin consecuencias?
No, ser libre significa poder elegir entre diversas opciones y asumir las consecuencias de esas elecciones. La libertad no exime de la responsabilidad. Lo que sí garantiza la libertad es que las consecuencias de tus acciones no sean impuestas por la fuerza de otros, a menos que tus acciones vulneren los derechos de terceros.
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