22/12/2024
La figura de Don Quijote de la Mancha ha trascendido los siglos, inspirando innumerables interpretaciones y continuaciones. Entre las más destacadas se encuentra la obra del ensayista y pensador ecuatoriano Juan Montalvo, titulada Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, publicada póstumamente en 1895. Esta novela no es solo una continuación, sino, según la enciclopedia española Monitor, una de las mejores aproximaciones al personaje cervantino, logrando reproducir gran parte de su esencia, destacando el sentido de raza, tragedia y sublimación. La acción de Montalvo se sitúa en un momento indeterminado de la tercera salida de Don Quijote, tras su estancia en el castillo de los duques, y nos revela una serie de insólitas y a menudo hilarantes peripecias que le sucedieron al Ingenioso Hidalgo y a su fiel escudero por el camino.

La obra de Montalvo se distingue por su extenso prólogo, El buscapié, y por su audaz anticlericalismo, manifestado en reiteradas críticas y burlas a la Iglesia católica y a la conducta del clero. Además, incorpora alusiones a la política ecuatoriana de su tiempo, transformando a figuras como el presidente Ignacio de Veintemilla en personajes literarios. Pero, ¿qué le pasó exactamente a Don Quijote y Sancho en este tramo ‘olvidado’ de su viaje?
- El Inicio de una Nueva Aventura y los Primeros Desencuentros
- Entre la Fe y la Farsa: Críticas y Burlas al Clero
- Desafíos del Camino y Disputas Incesantes
- La Hospitalidad Engañosa de Don Prudencio y los Gigantes Imaginarios
- Torneos, Travesuras Nocturnas y el Sarcasmo de Sancho
- Sierra Morena: Justicia, Robos y el Espejo de la Política
- El Encuentro con lo Prodigioso: Elefantes, Molinos y la Locura Creciente
- El Duelo Final y el Deambular Hacia el Fin del Viaje
- Un Legado en Verso: El Testamento de Don Quijote
El Inicio de una Nueva Aventura y los Primeros Desencuentros
La novela de Montalvo arranca con Don Quijote y Sancho en un paraje solitario, con el hidalgo sumido en penitencia, aguardando una señal de su amada Dulcinea del Toboso. Un llanto infantil rompe la quietud y los lleva a encontrar a un niño en la ribera de un arroyo. Don Quijote, fiel a su fantasía, lo cree hijo ilegítimo de una princesa y, para disgusto de Sancho, le ordena cargarlo. Poco después, se topan con una anciana a quien el caballero confunde con la encantadora Urganda la Desconocida. La madre del niño aparece de improviso, arrebatándolo de los brazos de Sancho, y el caballero y su escudero son acogidos por los lugareños. Frente a ellos, Don Quijote narra sus supuestas victorias, atribuyéndose las hazañas del Caballero de los Espejos, a quien había vencido anteriormente. Al día siguiente, reanudan su camino.
En el capítulo 4, la travesía los lleva a un encuentro con tres disciplinantes que cumplen penitencia a gatas. Don Quijote, indignado por esta antigua práctica religiosa, carga sobre ellos y los desbarata, un episodio que Montalvo utiliza para una crítica ácida. Más adelante, Don Quijote libera a un deudor que era arrastrado por su acreedor. Sin embargo, la fortuna les da la espalda cuando, en el capítulo 5, los tres disciplinantes y el acreedor caen por sorpresa sobre ellos, moliéndolos a palos. Amo y escudero quedan maltrechos, pero con dificultad, continúan su andar.
Entre la Fe y la Farsa: Críticas y Burlas al Clero
La aventura no da tregua, y Don Quijote pronto se ve envuelto en otra batahola. Confunde una procesión de la Virgen con un grupo de malandrines, cargando sobre ellos hasta que los religiosos logran convencerlo de su error. Tras unirse a la procesión, Don Quijote se enfrasca en una discusión con los religiosos sobre la supuesta veracidad de los hechos narrados en la literatura de caballerías (cap. 6). Posteriormente, el cura del lugar los invita a una suntuosa comida (cap. 7), donde Don Quijote reafirma la condición cristiana de su oficio. Sancho, por su parte, se deja llevar por su lengua, insultando a un lugareño y provocando una absurda trifulca a golpes.
El cura, en el capítulo 9, muestra a Don Quijote la nueva capilla que se está construyendo. El manchego aprovecha la ocasión para criticar la costumbre de la Iglesia de acumular ofrendas de oro y plata a los santos milagrosos sin utilizarlas en beneficio de los más necesitados, un claro reflejo del anticlericalismo de Montalvo.
En el capítulo 10, el cura les ofrece alojamiento en el pueblo, pero Don Quijote y Sancho son víctimas de una serie de pesadas bromas orquestadas por unos vengativos monaguillos. Primero, colocan un espantajo de palo y paja en la habitación, que Don Quijote confunde con un gigante. Durante la noche (cap. 11), son despertados por un horrísono sonido de cadenas. Una supuesta dama en desgracia, encerrada por su esposo, pide a Don Quijote que la libere. Sin embargo, sus “carceleros” irrumpen y los afrentan y golpean nuevamente. Sancho llora de rabia, y Don Quijote lo consuela. Poco después (cap. 12), otro sujeto se presenta como superior de un monasterio de cartujos, rogando a Don Quijote que los libere de un gigante que aterroriza la región. En el capítulo 13, amo y mozo intentan dormir, pero la cama de Don Quijote es izada por sogas, y él cree sinceramente ser transportado en los aires por una encantadora amiga que lo lleva ante Dulcinea, a quien realmente cree ver. Al amanecer (cap. 14), se produce un gracioso diálogo en el que Sancho hace observaciones procaces sobre el amor platónico de su amo, incitándolo a romper su castidad, propuestas que Don Quijote rechaza indignado. Finalmente, son echados del alojamiento, y Don Quijote, airado, abandona la estancia.
Desafíos del Camino y Disputas Incesantes
La pareja continúa su camino, y en el capítulo 15, sostienen un largo diálogo sobre la aspiración de Sancho de casarse con Dulcinea en caso de que su amo muriera. En el capítulo 16, Don Quijote, por amor a la naturaleza, impide con las armas que un hombre tale una arboleda de cipreses. Se le une un obispo transeúnte que lo apoya en su empeño. Tras departir con el obispo sobre temas de caballería, amo y mozo se despiden y siguen su ruta.
Un poco más allá (cap. 18), Don Quijote se enzarza en una pendencia con el guarda de una recua de mulas que transporta oro de las Indias a la Corte. Don Quijote recibe unos palos y luego constata que Sancho ha salteado la carreta y robado parte del oro del rey. Más adelante (cap. 19), se encuentran con unos frailes de San Francisco que se burlan entre ellos y de Sancho, jugándole una pesada broma caminera. Sancho queda muy molesto por la indiferencia de su amo ante la burla, pero este lo exhorta a que castigue por sí mismo la afrenta.
El viaje prosigue, y pronto Don Quijote gana el famoso cuerno encantado de Astolfo, arrebatándoselo a un porquero que lo usaba para llamar a sus cerdos (cap. 20). A continuación (cap. 21), amo y escudero tienen una fuerte discusión, pues Sancho pone en duda la veracidad de las hazañas caballerescas. En el capítulo 22, Don Quijote descubre cerca una parva con animales uncidos para la trilla y la confunde con una fortaleza habitada por una giganta que tiene cautivos a varios caballeros andantes. Un estudiante que pasa por ahí lo disuade de atacar, haciéndole creer que allí están encerrados un grupo de malhechores encantados.
La Hospitalidad Engañosa de Don Prudencio y los Gigantes Imaginarios
Pronto llegan a la casa de don Prudencio Santiváñez y su agraciada esposa (cap. 23), un matrimonio que el autor, en una larga descripción y con su estilo particular, presenta como la institución ideal. Amo y mozo son recibidos de manera muy amable. Don Quijote entabla una amena charla con los señores (cap. 25), y uno de los sobrinos, con malicia, halaga la vanidad del hidalgo, incentivándolo a conquistar un rico y exótico reino oriental. Por su parte, Sancho (cap. 26) departe con el mayordomo acerca de sus aspiraciones de convertirse en un gran rey y del modo en que gobernará su prometido reino, aunque con su falta de tino insulta a una viuda presente. Don Quijote y don Prudencio charlan acerca de la amistad entre caballeros andantes, y ciertas observaciones del manchego le atraen el rencor de don Zoilo, otro sobrino del dueño de casa. Un tercer sobrino, don Alejo (cap. 29), convence a Don Quijote de que ajuste cuentas con dos gigantes que aterrorizan la comarca y han raptado a una importante princesa de La Mancha, princesa que el hidalgo, por supuesto, identifica con Dulcinea.
Don Quijote se prepara para combatir a los gigantes, mientras sus engañadores disponen los artilugios necesarios para gastarle una gran burla caballeresca. Don Quijote sale en dirección a la fortaleza (cap. 31), y por el camino recibe las sentidas quejas de su escudero, quien le recrimina su falta de preocupación hacia él, lo que enciende la cólera de su amo. Sin embargo, pronto hacen las paces. En el camino, se topan con un falso ermitaño (cap. 32) que incita a Don Quijote a seguir su estilo de vida; Don Quijote lo rechaza y aprovecha para criticar ácidamente este tipo de vida contemplativa.
Pronto, llegan a un barranco (cap. 33) que Don Quijote imagina ser la fortaleza de los gigantes. De repente, ve venir a un caballero montado y lanza en ristre, quien se jacta de que Dulcinea es ahora su dama por propia voluntad. Don Quijote, indignado, carga sobre él, pero el lance es impedido por un obstáculo puesto a propósito por sus burladores. Ambos caballeros se acusan mutuamente de cobardía y de apelar a la magia para evitar la batalla; luego se separan. Sancho advierte el embuste, pero Don Quijote no le hace caso. Casi al anochecer, Don Quijote pasa cerca de una lechería y desde una ventana oye los tristes lamentos de una mujer; Don Quijote cree que es Dulcinea prisionera. Sancho, con su habitual pragmatismo, intenta desengañarlo, pero el hidalgo persiste en su locura.
Don Quijote idea un plan para liberarla (cap. 34), imitando un episodio de sus libros de caballerías. La supuesta mujer se descuelga desde la ventana, y con espanto, Don Quijote comprueba que es un sujeto de feo aspecto; indignado, lo rechaza. Como siempre, Sancho se da cuenta de la burla, pero Don Quijote atribuye todo al engaño del mago que lo persigue. Finalmente, Don Quijote vuelve a la casa de don Alejo de Mayorga, quien lo convence de que los gigantes han huido y de que la supuesta retención de Dulcinea es pura jactancia de otro caballero.
Torneos, Travesuras Nocturnas y el Sarcasmo de Sancho
En casa de don Prudencio (cap. 35), este reprende a su sobrino Zoilo por su actitud de crítico literario mordaz que no reconoce los méritos de otros. Don Quijote hace ciertos comentarios que terminan de ganarle el odio de don Zoilo, quien jura para sus adentros la venganza. Don Quijote es invitado a participar en un torneo que don Alejo de Mayorga planea organizar en homenaje a las damas de la familia (cap. 36).

Esa misma noche (cap. 37), don Alejo, disfrazado de Dulcinea, junto con don Zoilo y otro acompañante, disfrazados de gigantes, irrumpen en la habitación de Don Quijote y lo obligan a pelear prácticamente desnudo. Pero la entereza del hidalgo y la oportuna intervención de Sancho ahuyentan a los intrusos. Don Quijote le ordena a Sancho perseguirlos, pero este se niega, dando sus razones mediante una gran cantidad de refranes. Don Quijote, exasperado, le reprocha esta característica y, sin darse cuenta, él también apela al refranero popular. Intentan dormir (cap. 38), mas luego se presenta un extraño sujeto que solicita a Don Quijote satisfacer los antojos de su mujer embarazada: dar de azotes a su escudero. La solicitud es rechazada y, por fin, se duermen sin ser molestados.
A la mañana siguiente (cap. 39), comienza el torneo en el castillo de don Alejo, y Don Quijote se arma con dificultad. El manchego participa ardorosamente en la justa (cap. 40), y fue tal su efusividad en repartir reveses y mandobles sobre los otros combatientes que el juez se vio obligado a detener el lance y dar por ganador a Don Quijote. Enseguida (cap. 41), el hidalgo especula acerca de cuál de las damas presentes se ha enamorado de él; por su parte, Sancho hace ciertos comentarios sarcásticos acerca de la figura de Dulcinea, lo que enciende la cólera de su amo. En vano, Don Quijote busca desafiar a un famoso rey moro participante del torneo, pero le convencen de que ha huido y de que es conveniente que asista al agasajo que desean darle las damas del castillo. Don Quijote disfruta de la fiesta (caps. 42 y 43) en compañía de diversas damas que simulan ser aquellas de los libros de caballerías. Finalmente, Don Quijote se despide de don Prudencio (cap. 44), y tanto él como su escudero rechazan el ofrecimiento de cambiar sus cabalgaduras. Don Alejo le juega la última broma, presentándole a la supuesta dama enamorada de él: una moza jorobada, bizca y coja.
Sierra Morena: Justicia, Robos y el Espejo de la Política
Don Quijote y Sancho van a parar a los faldeos de la Sierra Morena (cap. 45). Allí, hacen un pacto: Sancho se abstendrá de emitir refranes, y Don Quijote le alzará el salario. Pronto son víctimas de un robo por parte de un ladrón que se hace pasar por ciego. Amo y mozo pernoctan en una arboleda (cap. 46); a la mañana siguiente, se topan con el cadáver de un ahorcado por la Santa Hermandad: el ladrón Ignacio de Veintemilla, al cual el propio autor reconoce como un enemigo político y al que ajusticia literariamente. Un poco más allá, Sancho carga sobre el ladrón que le robó sus pertenencias y sobre unas gitanas que lo acompañaban.
El Encuentro con lo Prodigioso: Elefantes, Molinos y la Locura Creciente
Continúan el camino: en cierto momento, Don Quijote se extralimita con Sancho (cap. 48), golpeándolo más allá de la cuenta; pero inmediatamente, arrepentido, el hidalgo solicita el perdón de su escudero. Acosados por el hambre, dan con un grupo de jurisconsultos a caballo, quienes los invitan a cenar. Mala impresión se lleva Don Quijote de sus anfitriones (cap. 49), a quienes critica su hipocresía profesional. Mientras discutían, por el camino real aparece un grupo circense llevando un elefante y unos osos (cap. 50). Aquí ocurre una aventura muy parecida a la famosa aventura de los molinos de viento y a la de los leones, descritas en el Quijote de Cervantes: Don Quijote desafía al elefante, lo confunde con un ser maligno y, a pesar de la mansedumbre del animal, es derribado por un golpe de su trompa, quedando sin sentido por un momento. Sancho, desesperado, acude a su auxilio. Don Quijote se repone pronto, continuando su camino y llegando a una venta que nuevamente imagina ser un castillo.
Por su parte (cap. 51), el bachiller Sansón Carrasco, humillado por su derrota frente a Don Quijote en la batalla del manchego con el Caballero de los Espejos (suceso narrado en la obra de Cervantes), vuelve con más bríos en su empeño de traerlo de vuelta. Curado de sus costillas machacadas, el bachiller, con acuerdo del cura y el barbero de la aldea, nuevamente se pone en camino tras Don Quijote, sigue su rastro y lo alcanza finalmente en la venta en la que se anuncia su próximo arribo. Se pone de acuerdo con el ventero y espera a Don Quijote disfrazado. Don Quijote y su escudero llegan a la venta (cap. 52), en la cual el manchego se entera con sorpresa de que hay en ella otro caballero que declara ser Don Quijote de la Mancha; este no es más que el bachiller. La compañía circense también arriba a la venta y su director ofrece una representación teatral (cap. 53) de temas caballerescos, pero inmediatamente se produce un fuerte altercado entre los asistentes debido a las discrepancias en el gusto; en cierto momento los actores mencionan el nombre Dulcinea, lo que sirve de pretexto al bachiller para darse a conocer como Don Quijote de la Mancha, lo que provoca la ira del verdadero Don Quijote. Esa noche (cap. 55), Don Quijote desafía al bachiller a un singular duelo.
El Duelo Final y el Deambular Hacia el Fin del Viaje
El duelo tiene lugar al día siguiente, y Don Quijote, tras un intrincado lance a espada, logra derribar al bachiller; este se hace el muerto y Don Quijote nuevamente cree que los encantadores que le persiguen le han transmutado la figura de su enemigo en la del bachiller. El ventero da por ganador a Don Quijote, y este y su escudero abandonan la venta.
Sigue el deambular del hidalgo por la península, llegando a orillas del río Guadalquivir (cap. 57). Aquí Sancho confirma la total locura de su amo en lo que toca a temas caballerescos: Don Quijote embiste a un redil de ovejas creyendo que es una fortaleza enemiga y reproduce el ritual de Aquiles arrastrando un borrego muerto atado a la cola de su caballo alrededor del redil. La cabalgata continúa en medio de pláticas, digresiones, enojos y reconciliaciones entre amo y mozo. Nuevamente se encuentran con los cadáveres de gente ajusticiada por el rey. En cierto momento (cap. 58), se topan con las ruinas de una antigua ciudad romana, que Don Quijote toma por Itálica, lo que le sirve al autor para hacer una larga reflexión —por boca de Don Quijote— acerca de la brevedad de la vida humana y la amplitud del tiempo histórico. Cerca de Sevilla (cap. 59), Don Quijote se encuentra a boca de jarro, en una casa rural, con una bacanal protagonizada por frailes franciscanos con mujeres sevillanas; indignado, el hidalgo carga sobre ellos y captura a un monje al cual lleva por la fuerza a su monasterio para recibir el castigo de su superior.
Un Legado en Verso: El Testamento de Don Quijote
La novela de Montalvo termina (cap. 60) cuando Don Quijote y Sancho llegan a medianoche a un monasterio. Son atendidos de buen grado. La quietud del lugar y el luto que los monjes guardan por el fallecimiento de uno de ellos inspira a Don Quijote a hacer su testamento. Lo redacta en verso y en él expone su voluntad en relación con Dulcinea, Rocinante, sus familiares y Sancho. Sancho agradece a su amo las mercedes que le promete, y ambos se internan en la capilla a oír misa.
| Capítulo(s) | Aventura Principal | Confusión o Desenlace |
|---|---|---|
| 1-3 | Hallazgo del niño abandonado | Confundido con hijo de princesa, Sancho lo carga. |
| 4-5 | Encuentro con disciplinantes y deudor | Don Quijote ataca a los primeros y libera al segundo; luego son apaleados. |
| 6-7 | Procesión de la Virgen y cena con el cura | Confundida con malandrines; discusión sobre literatura de caballerías; trifulca de Sancho. |
| 10-14 | Las bromas en el alojamiento | Espantajo, dama en desgracia, falso monje, cama izada; todo resultado de burlas. |
| 18-19 | El oro de las Indias y los frailes | Sancho roba oro; frailes se burlan de Sancho. |
| 31-34 | Los falsos gigantes y la 'Dulcinea' de la lechería | Artimañas de los sobrinos; mujer fea confundida con Dulcinea. |
| 39-43 | El torneo y la última broma | Don Quijote gana el torneo; le presentan una 'dama enamorada' jorobada y coja. |
| 50 | El desafío al elefante | Don Quijote lo confunde con un monstruo y es derribado. |
| 52-56 | El encuentro con el falso Don Quijote (Sansón Carrasco) | Duelo y victoria de Don Quijote, quien cree que el bachiller ha sido transmutado. |
| 57 | El ataque al redil de ovejas | Confundido con fortaleza enemiga; Sancho confirma la locura. |
Preguntas Frecuentes sobre 'Capítulos que se le olvidaron a Cervantes'
¿Quién escribió 'Capítulos que se le olvidaron a Cervantes'?
La obra fue escrita por el ensayista y pensador ecuatoriano Juan Montalvo.
¿Cuándo se publicó esta continuación del Quijote?
Fue publicada por primera vez en 1895, pocos años después de la muerte de su autor.
¿En qué momento de la obra cervantina se sitúa la acción?
La acción se inicia a partir de un momento indeterminado de la obra de Cervantes, en el contexto de la tercera salida de Don Quijote, tras su estancia en el castillo de los duques (Sancho es mencionado como 'ex-gobernador' de Barataria).
¿Cómo termina esta novela de Montalvo?
La novela se interrumpe dejando a Don Quijote con vida, aunque después de haber redactado un testamento en verso octosilábico, en el que expone su voluntad sobre Dulcinea, Rocinante, sus familiares y Sancho.
¿Qué particularidades tiene la visión de Montalvo sobre Don Quijote?
Montalvo logra reproducir gran parte de la esencia del personaje cervantino, destacando el sentido de raza, tragedia y sublimación. Además, su obra se caracteriza por un fuerte anticlericalismo y alusiones a la política ecuatoriana de su tiempo, como la figura del presidente Ignacio de Veintemilla.
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