19/02/2023
José Saramago no fue solo un escritor; fue una fuerza de la naturaleza literaria, un pensador subversivo que, con cada palabra, invitaba a sus lectores a un viaje profundo por los límites del entendimiento humano y las complejidades de la sociedad. Su vida, marcada por orígenes humildes y una madurez tardía en la escritura, se convirtió en el crisol donde forjó un estilo y una visión del mundo tan singulares que lo distinguen como una figura inigualable en la literatura contemporánea. Recorrer sus obras es adentrarse en un paisaje donde las verdades se desdibujan, los sistemas se cuestionan y la humanidad se expone en su más cruda y, a veces, esperanzadora esencia.

Desde sus años de formación, o más bien, de autoformación, Saramago forjó un carácter que lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera. Hijo de campesinos iletrados, su acceso a la educación formal fue limitado; cursó algunos años en un colegio industrial, pero nunca llegó a la universidad. Su juventud transcurrió entre fábricas y trabajos manuales, siendo un peón más en el vasto engranaje social. Sin embargo, su sed de conocimiento lo llevó a pasar innumerables horas en bibliotecas, devorando libros y nutriendo una mente que, años después, deslumbraría al mundo. Este bagaje, el de haber sido un trabajador común, un rostro entre millones que luchaban por la subsistencia, se incrustó profundamente en su obra, dotándola de una autenticidad y un compromiso social innegables. Saramago creía firmemente en el rol del artista como cronista comprometido de su época, una voz que no solo observaba, sino que intervenía y desafiaba.
Su camino hacia la consagración literaria no fue lineal, sino que estuvo marcado por una larga pausa de tres décadas. Tras la publicación de su primera novela, Tierra de pecado (1947), que pasó desapercibida, y la no publicación de Claraboya (que vería la luz póstumamente), Saramago se mantuvo alejado de las letras impresas. Durante este tiempo, se desempeñó como administrativo, periodista, traductor y editor, acumulando experiencias y una perspectiva de vida que, a la larga, enriquecería su escritura. Como él mismo repetía en entrevistas, “sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar”. Fue un silencio honesto, una gestación que culminaría en un estallido creativo que transformaría su forma de entender la literatura y el mundo.
El año 1980 marcó un antes y un después con la publicación de Levantado del suelo. En esta obra, Saramago encontró esa voz tan singularmente poética e inconfundible, un estilo que no solo era suyo, sino que era, y sigue siendo, imposible de replicar. Comenzó el desarrollo de una estética sintáctica donde los puntos que separan oraciones se difuminan hasta casi desaparecer, reemplazados por las comas que otorgan a sus párrafos eternos una vorágine maniática. Esta particularidad, que al principio puede desorientar al lector, juega con la respiración y lo sumerge en las profundidades de su narrativa, como si la lectura se convirtiera en un acto de escucha. El discurso directo se introduce y se mezcla con la narración sin guiones, invitando al lector a “escuchar en su cabeza la voz que le está diciendo algo”, a ir más allá de la imagen gráfica de las palabras y sus convenciones. Para Saramago, “hablar es más creativo que escribir”, y esta convicción se reflejó en una prosa que exigía una participación activa del lector, transformando la lectura en una experiencia casi oral.
Más allá de su estilo, Saramago fue un intelectual que no temía desafiar las formas y enfrentar a las instituciones. Se declaraba ateo y un “comunista hormonal”, etiquetas que no eran meras declaraciones, sino pilares de su crítica a los sistemas de poder. Su lógica, precisa y a menudo cruel, se dirigía con la pluma contra la iglesia y los sistemas políticos, a los que veía como guardianes de verdades impuestas. Lamentaba que el sistema educativo actual, “más que formar abogados o ingenieros… debería tener como gran tarea ‘formar personas’”, y criticaba a sus colegas por hacer una literatura “que ni siquiera era light”, que no tenía “nada adentro”. Para él, el concepto de Verdad no existía, sino que era “siempre la verdad de algunos, que aceptan que los otros tengan su propia verdad o, al contrario, imponen su verdad a la verdad de los otros”.
Esta postura crítica y su frontalidad tuvieron consecuencias. En 1991, su novela El Evangelio según Jesucristo fue vetada por el gobierno portugués para participar en un concurso literario europeo, bajo la alegación de que “ofendía las creencias del pueblo”. Este acto de censura fue la gota que colmó el vaso para Saramago, quien, como acto de protesta, decidió abandonar su patria y establecerse en la isla española de Lanzarote, en las Islas Canarias. En esta mancha rocosa y oscura, más cercana a África que a Europa, encontró su “callejón del viento”, un paisaje lunar y despojado donde podía deambular tranquilo, lejos de los ruidos y las luces, y dedicarse a escribir de manera furiosa y reflexiva. Allí, junto a su tercera esposa, Pilar del Río, Saramago vivió sus años más fructíferos, creando enormes alegorías y metáforas con una potencia simbólica inaudita.
Desde Lanzarote, su pluma no cesó de producir obras maestras que resonaron en el mundo entero. Fue en esta isla donde vieron la luz títulos como Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), Las intermitencias de la muerte (2005), El viaje del elefante (2008) y Caín (2009). La cumbre de este período fue, sin duda, la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1998, un reconocimiento a una trayectoria que, aunque tardía en su despegue, se había consolidado como una de las más influyentes y originales del siglo XX.
Los temas recurrentes en la obra de Saramago son un reflejo de su compromiso y su visión crítica del mundo. Su literatura es un vasto territorio donde explora la condición humana, el poder, la historia y la moralidad. A continuación, algunas de sus obras y los temas centrales que abordan:
| Obra | Año | Tema Central | Característica Destacada |
|---|---|---|---|
| Levantado del suelo | 1980 | Compromiso social, vida rural portuguesa, lucha de clases. | Consolidación de su estilo narrativo único, crítica social directa. |
| El Evangelio según Jesucristo | 1991 | Reinterpretación de la vida de Jesús, crítica a las instituciones religiosas. | Causa de su exilio, humanización de figuras divinas. |
| Ensayo sobre la ceguera | 1995 | Colapso moral de la sociedad, la ceguera de la razón, la naturaleza humana en crisis. | Alegoría cruda y asfixiante de la civilización moderna, exploración de instintos primarios. |
| Todos los nombres | 1997 | La burocracia, la identidad, la obsesión, el control de la información. | Precursora de la era digital, crítica a la deshumanización del sistema. |
| La caverna | 2000 | El consumismo, la alienación, la búsqueda de la verdad más allá de las apariencias. | Reinterpretación magistral del mito platónico en la sociedad contemporánea. |
| Ensayo sobre la lucidez | 2004 | Crítica al sistema democrático, la pasividad ciudadana, el poder económico. | Denuncia de las falacias democráticas y la manipulación política. |
En Levantado del suelo, Saramago devela una de las facetas más importantes de su carrera: el compromiso con la causa humana a través de la crítica social. Relata la historia de varias generaciones de campesinos, de manos ajadas y piel dura, analfabetos en su mayoría, a través de sus penurias y el despertar de la esperanza simbolizada en la Revolución de los Claveles de 1974. Su crítica a Europa se manifestó en La balsa de piedra (1986), donde la península ibérica se separa del resto del continente y navega a la deriva, exponiendo los intereses camuflados, las miserias, los miedos y los sueños del Viejo Continente.
La historia, para Saramago, no era un relato inmutable. En Historia del cerco de Lisboa (1989), regresó a la historia de su país para demostrar cómo muchos acontecimientos que creemos ciertos no son más que relatos de conveniencia de su época. La obra plantea una duda fundamental: ¿qué es la historia sino una mirada parcial? Un simple “No” colocado por un revisor en un evento medieval puede poner en jaque toda una narrativa histórica, invitándonos a dudar de los relatos, incluso los cotidianos.
El célebre tríptico de Saramago —compuesto por Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres y La caverna— ofrece una visión profunda y desoladora de la condición humana y la sociedad moderna. En Ensayo sobre la ceguera, una extraña pandemia que deja ciego al mundo es una cruda metáfora de la ceguera de la razón, de un mundo que colapsa y no lo ve, donde los instintos más oscuros emergen ante una situación límite. “Plantee qué es lo que ocurre cuando el hombre, que además de no ser –como yo creo que no lo es– un ser racional en el sentido completo del término, se encuentra en una situación límite en que la poca razón que tiene ya no tiene lugar. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en un campo de concentración. Y en el fondo es eso: es el mundo convertido en un campo de concentración”, afirmó el autor.

Todos los nombres, por su parte, anticipó la era de los datos masivos y la venta de identidades digitales, planteando qué sucede cuando la información personal es manejada por personas sin escrúpulos. A través de la historia de un burócrata kafkiano, Saramago explora la obsesión y la búsqueda de la identidad en un mundo cada vez más burocratizado. Finalmente, La caverna reflota el mito platónico, trayéndolo a los tiempos modernos para criticar a una sociedad consumista, engrillada a las luces de un centro comercial, incapaz de ver la realidad más allá de las sombras que le ofrecen. “La novela ha sido escrita para que la gente salga de la caverna”, sentenció el Nobel.
Su última gran crítica al sistema democrático y a la pasividad del compromiso social de las personas se materializó en Ensayo sobre la lucidez. Un libro incómodo que expone, entre otras cosas, que la creencia de que el voto en blanco no sirve no es más que un discurso del poder político para afianzar su hegemonía y continuar en un ciclo de bucle constante. Saramago creía que “esto que estamos viviendo y que llamamos democracia, no lo es. Es una pura falacia, es una falsedad, nada de lo que está pasando hoy en el mundo, en los países que se declaran democráticos, tiene que ver con la auténtica democracia. Se ha vuelto evidente que el poder real es el poder económico”. Para él, el problema central radicaba en que el poder se les había “quitado” a los ciudadanos, debilitando su capacidad política de intervenir en su propia sociedad.
Aunque se consideraba un pesimista contradictorio, Saramago nunca perdió la fe en la capacidad de los humanos para cambiar el mundo. “Los pesimistas son los únicos que tienen motivos para querer cambiar el mundo”, solía decir. Su vida y obra son un testimonio de que se hizo de la nada, creció en un ambiente adverso y construyó un legado profundo, dejando la piel en cada palabra para alertar sobre la necesidad de un cambio. Fue un intelectual poético y, sobre todo, honesto, incluso en los largos años en que “no tenía nada que decir”. Su funeral, diez años después de su muerte, vio sus cenizas esparcidas a los pies de un olivo centenario en Lisboa, traído de su pueblo natal, Azinhaga, un símbolo de sus raíces y de la perdurable huella que dejó en la conciencia colectiva.
Preguntas Frecuentes sobre José Saramago
¿Por qué José Saramago se fue a vivir a Lanzarote?
José Saramago se mudó a la isla de Lanzarote, en las Islas Canarias (España), en 1991 como un acto de protesta. La decisión fue una respuesta directa al veto impuesto por el gobierno portugués a su novela El Evangelio según Jesucristo, que impidió su participación en un concurso literario europeo. El gobierno luso argumentó que la obra “ofendía las creencias del pueblo” portugués, lo que Saramago consideró un acto de censura y una afrenta a la libertad de expresión.
¿Cuál es el estilo literario de Saramago?
El estilo literario de Saramago es inconfundible y altamente distintivo. Se caracteriza por el uso mínimo de la puntuación, especialmente la ausencia de guiones para los diálogos, que se integran directamente en los párrafos narrativos. Predominan las comas, que crean oraciones y párrafos extremadamente largos, a menudo de varias páginas, generando un ritmo de lectura particular que el autor comparaba con la respiración. Esta sintaxis única sumerge al lector en una corriente de conciencia, exigiendo una lectura atenta y casi oral para captar plenamente su musicalidad y sentido. Él mismo recomendaba leer sus obras en voz alta para apreciarlas mejor.
¿Cuáles son las obras más destacadas de José Saramago?
Entre las obras más destacadas y reconocidas de José Saramago se encuentran Levantado del suelo (1980), que marcó el inicio de su estilo maduro; Memorial del convento (1982), una novela con toques de realismo mágico; El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), un homenaje a Fernando Pessoa; La balsa de piedra (1986), una alegoría política sobre Europa; y El Evangelio según Jesucristo (1991), su obra más controvertida. Sin embargo, las que le dieron mayor proyección internacional fueron Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), y La caverna (2000), que forman un tríptico sobre la condición humana en la sociedad moderna.
¿Qué premios importantes recibió Saramago?
El reconocimiento más importante que recibió José Saramago fue el Premio Nobel de Literatura en 1998, convirtiéndose en el primer y único autor en lengua portuguesa en obtener este galardón. Este premio consolidó su estatura como una de las voces más relevantes y originales de la literatura universal. Además del Nobel, Saramago recibió numerosos otros premios y distinciones a lo largo de su carrera, reflejo del impacto y la calidad de su obra a nivel mundial.
¿Qué pensaba Saramago sobre la religión y la sociedad?
José Saramago era un ateo confeso y un crítico acérrimo de las instituciones religiosas, a las que veía como fuentes de división y herramientas de poder. Su novela El Evangelio según Jesucristo es un claro ejemplo de esta postura, al presentar una visión humana y terrenal de Jesús y un Dios del Antiguo Testamento cruel y calculador. Sobre la sociedad, era un pensador profundamente crítico con el sistema democrático tal como lo conocemos, al que consideraba una “falacia” donde el poder real reside en la economía y no en los ciudadanos. Abogaba por una mayor participación ciudadana y lamentaba la pasividad social, siempre con la convicción de que, a pesar de su pesimismo, era necesario luchar por un cambio y una mejora del mundo.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a José Saramago: La Isla de la Palabra Indómita puedes visitar la categoría Literatura.
