El Diezmo: ¿Obligación Divina o Doctrina Humana?

06/07/2024

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La práctica del diezmo ha sido un tema de intenso debate y reflexión dentro de las comunidades cristianas a lo largo de los siglos. Para muchos, es un mandamiento ineludible que garantiza bendiciones divinas y prosperidad, mientras que para otros, se percibe como una carga impuesta que distorsiona el verdadero espíritu de la generosidad cristiana. ¿Es el diezmo una ley universal y eterna para todos los creyentes, o fue un precepto específico para un tiempo y un pueblo determinados? Para responder a esta crucial pregunta, es imprescindible adentrarnos en las Sagradas Escrituras y examinar con detenimiento su origen, propósito y evolución a través de los diferentes pactos divinos.

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La intención de este artículo es analizar a fondo el concepto del diezmo, comparando las enseñanzas del Antiguo Testamento con las del Nuevo, y desglosar los pasajes clave que a menudo se citan para justificar su práctica actual. Buscamos ofrecer una perspectiva clara y bíblica que permita a cada lector formar su propia convicción, libre de presiones o malinterpretaciones, y comprender la verdadera naturaleza del amor y la dádiva en la fe cristiana.

Índice de Contenido

El Diezmo en el Antiguo Pacto: Una Ley para Israel

Para entender el diezmo, debemos remontarnos a sus orígenes. El diezmo, tal como se instituyó formalmente, no es una ley destinada a la Iglesia de Jesucristo, sino al pueblo de Israel. Pertenece a la Ley mosaica, y la Biblia es explícita al señalar que la Iglesia está bajo la Gracia, no bajo la Ley. Romanos 6:14 declara enfáticamente: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia.” Esta clara distinción es fundamental para comprender la aplicación de los preceptos bíblicos. La Ley era un pacto de obras; la Gracia es un pacto de fe.

El propósito principal del diezmo en el antiguo Israel era el sustento de la tribu de Leví, los sacerdotes y levitas. Dios designó a esta tribu para el servicio del tabernáculo y, posteriormente, del templo, liberándolos de la necesidad de poseer tierras o dedicarse a la agricultura. Números 8:24-25 especifica que los levitas debían servir a tiempo completo desde los 25 hasta los 50 años, y su manutención dependía de los diezmos que el resto de las tribus de Israel traían. Estos diezmos consistían en productos de la tierra y del ganado: trigo, vino, aceite, animales, etc. Eran almacenados en el “alfolí”, un lugar dentro del templo que funcionaba como bodega.

Es crucial notar que, aunque el dinero ya existía en los tiempos bíblicos (Génesis menciona el dinero 44 veces antes de Levítico 27, donde se formaliza el diezmo), el diezmo se daba en productos. Abraham compró un sepulcro con dinero, y los jornaleros recibían su pago en denarios. Sin embargo, no hay registro bíblico de que los jornaleros o cualquier persona que recibiera salario monetario diezmara su dinero. Esto desafía la idea popular de que el diezmo debe ser un 10% del ingreso monetario mensual. La práctica del diezmo en especie tenía un propósito claro: evitar la corrupción y asegurar que los levitas tuvieran alimento y recursos directos para su ministerio. La noción de diezmar con dinero en lugar de alimentos, bajo el pretexto de que el trueque era más común, es falsa a la luz de las Escrituras.

En toda la Biblia, no existe ningún decreto, mandamiento o siquiera un solo ejemplo de una iglesia que recogiera el diezmo, o de un cristiano que lo haya pagado. El diezmo se menciona repetidamente en la Biblia, sí, pero siempre en el contexto del pueblo de Israel, nunca para la Iglesia de Jesucristo. El texto de Levítico 27:30-34 es muy claro al respecto: “Y el diezmo de la tierra… de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová… Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.” La obligación del diezmo era exclusiva para el pueblo de Israel, no para la Iglesia actual.

Análisis de Malaquías 3:8-12: ¿Un Robo a Dios?

Uno de los pasajes más citados para justificar la obligatoriedad del diezmo hoy es Malaquías 3:8, donde se lee: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.” Sin embargo, es vital leer el pasaje en su contexto completo (Malaquías 3:3-14). Dios se dirige explícitamente a los “hijos de Jacob” (v. 6), es decir, al pueblo de Israel, que estaba bajo la Ley mosaica. El profeta Malaquías estaba reprendiendo a los israelitas por su infidelidad al pacto, incluyendo el descuido en la entrega de los diezmos y ofrendas, lo que impedía el sustento adecuado de los levitas y el funcionamiento del templo.

La promesa de bendición en Malaquías 3:10, “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde,” se refiere a bendiciones materiales y físicas (v. 11: “no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril”). Esta promesa estaba condicionada al cumplimiento de la Ley por parte de Israel, un pueblo que vivía bajo un pacto de "hacer algo para recibir algo a cambio". La Iglesia, sin embargo, no está bajo esta ley. Probar a Dios o esperar bendiciones materiales por cumplir preceptos de la Ley, es ofenderle y negar la suficiencia de la obra de Cristo, quien nos bendijo con “toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).

Además, la promesa de que “todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable” (Mal. 3:12) contrasta fuertemente con la realidad de la Iglesia, que a menudo es perseguida y aborrecida en este mundo, no una “tierra deseable.” Esto refuerza la idea de que el mensaje de Malaquías era para Israel y su pacto específico, no una aplicación universal para los cristianos.

El Cumplimiento de la Ley en Cristo: Una Nueva Realidad

Jesús mismo afirmó: “No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir” (Mateo 5:17). Cristo cumplió la Ley en su totalidad, algo imposible para cualquier ser humano. Su muerte en la cruz marcó el fin de la Ley como medio de salvación y justificación. Colosenses 2:14 dice que Él “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.” Estamos firmes en la libertad con la que Cristo nos hizo libres, y no debemos estar sujetos nuevamente al yugo de la esclavitud de la Ley (Gálatas 5:1).

El Nuevo Pacto no entró en vigor mientras Cristo vivía, sino con su muerte y el derramamiento de su sangre (Hebreos 9:15-17). Cuando el sacerdocio cambió (de levítico a Cristo como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec), fue necesario que hubiera también un cambio de ley (Hebreos 7:12). El diezmo era un precepto de la Ley (Hebreos 7:5), y esta Ley, con sus ritos y ordenanzas ceremoniales, fue derogada por Jesús. Aquello que era “viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Hebreos 8:13).

La Escritura advierte severamente contra aquellos que dependen de las obras de la Ley: “todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10). Si alguien quiere vivir bajo la Ley, debe cumplir los 613 preceptos, no solo el diezmo, pues “cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10). Esto incluye mandamientos como apedrear a hijos rebeldes o prohibir embutidos. Es evidente que los cristianos no están llamados a vivir bajo el yugo de la Ley mosaica, sino bajo la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús (Romanos 8:2).

Los Casos de Abraham y Jacob: ¿Precedentes del Diezmo Cristiano?

A menudo, se citan los casos de Abraham y Jacob como ejemplos de diezmadores antes de la Ley mosaica, sugiriendo que el diezmo es una práctica universal y atemporal. Sin embargo, un análisis detallado revela lo contrario.

Abraham dio diezmos a Melquisedec (Génesis 14:17-20) una sola vez. No fue un pago mensual ni un diezmo de sus posesiones personales (ganado, plata, oro), sino de los despojos de la guerra después de rescatar a Lot. Además, Abraham no se quedó con nada de ese botín, dándolo todo a Melquisedec (Génesis 14:23). Este acto fue una ofrenda espontánea de agradecimiento por una victoria, no un mandamiento regular. No hay ninguna disposición en la Biblia para que alguien tome el lugar de Melquisedec para exigir diezmos hoy. Es más, la práctica del diezmo del botín era común en cultos paganos de la antigüedad, lo que sugiere que Abraham pudo haber actuado según las costumbres de la época, antes de conocer plenamente a Dios.

Jacob, el nieto de Abraham, hizo un voto voluntario y condicional de dar el diezmo (Génesis 28:22). Este acto, al ser un voto, demuestra que no era una costumbre familiar establecida, ni un mandamiento divino. Además, la Biblia no registra si Jacob cumplió su promesa o a quién se la dio, lo que sugiere que no se consideró un evento crucial o una práctica continuada.

Estos dos pasajes son las únicas menciones del diezmo fuera de la Ley mosaica en el Antiguo Testamento. Ninguno de ellos establece un precedente para la obligatoriedad o regularidad del diezmo para los creyentes de hoy.

Jesús y los Fariseos: La Esencia de la Verdadera Devoción

En el Nuevo Testamento, las pocas menciones del diezmo provienen de Jesús, quien las utiliza para reprender la hipocresía de los fariseos. Lucas 11:42 y Mateo 23:23 nos muestran a Jesús diciendo: “¡Ay de vosotros, fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios.” Y en Mateo: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.”

Jesús no está reclamando que los fariseos diezmaran, pues ya lo hacían meticulosamente, incluso de las hierbas más insignificantes. El problema era que se preocupaban por el diezmo como una obligación externa, para ser vistos por los hombres, mientras descuidaban lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. La hipocresía de los fariseos radicaba en su énfasis en lo material y ceremonial, olvidando la esencia del corazón y el amor a Dios y al prójimo. Jesús les llama “guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello” (Mateo 23:24). Para un cristiano, diezmar y descuidar los principios fundamentales de la fe es caer en la misma hipocresía condenada por Jesús.

Sostenimiento de los Ministros en el Nuevo Testamento: Ofrendas Voluntarias

Si el diezmo no es obligatorio para los cristianos, ¿cómo se sostiene la obra de Dios y a sus ministros en el Nuevo Testamento? La Biblia es clara al respecto: a través de ofrendas voluntarias y generosas, dadas con alegría y propósitos de corazón.

Pablo escribe en 1 Corintios 9:13-14: “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.” Algunos interpretan el “así también” como una referencia a que los ministros deben recibir diezmos. Sin embargo, Pablo hace una analogía general de que el obrero es digno de su salario, no especifica que ese salario deba ser el diezmo. De hecho, Pablo a menudo se sostuvo a sí mismo con su trabajo, para no ser una carga para las iglesias ni poner obstáculo al evangelio (1 Corintios 9:12, 18). El principio es que los que dedican su vida al ministerio deben ser sostenidos, pero la forma no es a través de un diezmo obligatorio.

La instrucción clara para la Iglesia se encuentra en 2 Corintios 9:7: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Y en 1 Corintios 16:2: “cada primer día de la semana (el Domingo) cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado.” Los fondos recaudados se utilizaban para socorrer a los necesitados (Romanos 15:26), para el ministerio y para la edificación de la Iglesia. No hay imposición, sino una invitación a la generosidad voluntaria que nace del amor y la gratitud a Dios.

La Práctica Judía Actual: Un Reflejo de la Ley

Es un dato revelador que los propios rabinos judíos hoy en día no cobran diezmos. ¿Por qué? Porque entienden que el diezmo estaba intrínsecamente ligado al Templo de Jerusalén y a la identificación de los levitas. Tras la destrucción del Templo en el año 70 d.C. y la pérdida de los registros genealógicos, es imposible identificar a los verdaderos descendientes de Leví. Por lo tanto, el mandamiento del diezmo, tal como se estipulaba en la Ley, no puede cumplirse.

Los judíos actuales se sustentan económicamente a través de un sistema diferente, como donaciones voluntarias o cuotas por asientos en las sinagogas. Esto plantea una pregunta fundamental: si los expertos en la Ley mosaica reconocen que el diezmo no es aplicable hoy, ¿qué derecho tienen los líderes cristianos de exigirlo, especialmente cuando el diezmo en especie ha sido reemplazado por dinero, una práctica no estipulada en la Ley?

La Verdadera Generosidad Cristiana: Limosna y Caridad

En contraste con el diezmo, el Nuevo Testamento enfatiza la práctica de la limosna y la caridad. Jesús enseñó: “Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio” (Lucas 11:41). También exhortó: “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (Lucas 12:33).

La limosna se da a los pobres y necesitados, no necesariamente a aquellos que ya tienen más. Jesús elogió a la viuda que dio todo lo que tenía, aunque fuera poco, y a Zaqueo, quien prometió dar la mitad de sus bienes a los pobres y restituir cuadruplicado a quienes había defraudado (Lucas 19:8). Los primeros cristianos compartían sus bienes, y “todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hechos 2:44). Su objetivo no era enriquecerse, sino suplir las necesidades de la comunidad, especialmente de los más vulnerables.

La generosidad cristiana fluye de un corazón transformado, no de una obligación legal. Se da en secreto, sin buscar reconocimiento, confiando en que “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:3-4). La bendición prometida por Jesús a los que dan limosna es que serán “bienaventurados; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (Lucas 14:14). Esta es una bendición espiritual y eterna, no una promesa de prosperidad material terrenal.

Tabla Comparativa: Ley vs. Gracia

CaracterísticaBajo la Ley (Pueblo de Israel)Bajo la Gracia (Iglesia de Cristo)
PactoAntiguo Pacto (Moisés)Nuevo Pacto (Cristo)
BaseObras y cumplimiento de la LeyFe en la obra de Cristo
Maldición/RedenciónMaldito si no cumple toda la Ley (Gálatas 3:10)Redimido de la maldición de la Ley por Cristo (Gálatas 3:13)
BendicionesPrincipalmente materiales (tierras, frutos, ganado, hijos)Principalmente espirituales (toda bendición espiritual en Cristo)
Tipo de OfrendaDiezmo obligatorio en productos para LevitasOfrenda voluntaria, según el corazón, en dinero o especie
Propósito del DiezmoSostén de Levitas y TemploSostén de ministros, ayuda a los pobres, evangelización
Lugar de OfrendaAlfolí en el TemploEn la congregación (no un edificio específico como el Templo), o directamente a los necesitados
SacerdocioLevítico (hereditario, ritual)Sacerdocio real de todos los creyentes (1 Pedro 2:9)

Preguntas Frecuentes

¿Si no diezmo, estoy robando a Dios?

No, si eres cristiano y vives bajo la gracia. La acusación de "robar a Dios" en Malaquías 3:8 estaba dirigida específicamente al pueblo de Israel, que no cumplía con los mandamientos del diezmo y las ofrendas bajo la Ley mosaica para el sustento de los levitas. Los cristianos no están bajo la Ley, sino bajo la gracia, y su dar no es una obligación legal, sino una expresión de amor y generosidad.

¿Las bendiciones del diezmo son espirituales o materiales?

Las bendiciones prometidas en el Antiguo Testamento por el diezmo a Israel eran predominantemente materiales (cosechas abundantes, ganado próspero, protección contra plagas). Para el cristiano bajo la gracia, la Biblia enseña que ya hemos sido bendecidos con "toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo" (Efesios 1:3). Las bendiciones que provienen de la generosidad en el Nuevo Testamento son principalmente espirituales y eternas, no una garantía de riqueza terrenal.

¿Por qué Jesús y los apóstoles no diezmaban ni pedían diezmos?

No hay evidencia bíblica de que Jesús o sus apóstoles diezmaran o enseñaran el diezmo como una práctica para los creyentes del Nuevo Pacto. Jesús, siendo pobre, no diezmó, y sus "siervos" del siglo XXI que acumulan riquezas con el evangelio contrastan fuertemente con su ejemplo. Los apóstoles se sostuvieron a menudo con su propio trabajo o con ofrendas voluntarias de la congregación, pero nunca exigieron el diezmo. Si fuera una obligación, es inexplicable su ausencia en sus enseñanzas.

¿Es el diezmo una imposición o una ofrenda voluntaria?

El diezmo, tal como se practicaba en el Antiguo Testamento, era una imposición bajo la Ley. En el Nuevo Testamento, el dar cristiano es una ofrenda voluntaria. 2 Corintios 9:7 enfatiza que cada uno debe dar "como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre". La generosidad cristiana nace del amor y la gratitud, no de una obligación legal o del temor a una maldición.

Conclusión y Llamado a la Reflexión

La evidencia bíblica es abrumadora: el diezmo fue un mandamiento específico para el pueblo de Israel bajo la Ley mosaica, ligado al sustento de los levitas y al funcionamiento del Templo. No existe en el Nuevo Testamento un solo mandamiento o ejemplo claro que establezca el diezmo como una obligación para los cristianos. La Iglesia de Jesucristo vive bajo un Nuevo Pacto de Gracia, donde Cristo ha cumplido la Ley y nos ha librado de su maldición.

El verdadero cristianismo se basa en lo que Dios ha dicho, no en lo que no ha dicho. Exigir el diezmo hoy es imponer una carga que el Señor no ha puesto sobre sus seguidores. Es importante discernir, porque 2 Pedro 2:1-3 advierte sobre falsos maestros que, por avaricia, “harán mercadería de vosotros con palabras fingidas.”

Seamos dadores alegres, no por obligación, sino por amor. La generosidad en el Nuevo Testamento se manifiesta en la ofrenda voluntaria, la limosna a los pobres y la caridad, sin esperar nada a cambio. No podemos comprar el favor de Dios con dinero, ni manipularlo. Demos como propusimos en nuestro corazón, con gozo y gratitud, sabiendo que es en la libertad de Cristo donde encontramos la verdadera bendición y el propósito de nuestra fe. Animamos a cada lector a estudiar estas verdades en las Sagradas Escrituras y a buscar la guía del Espíritu Santo para vivir una vida de generosidad que honre verdaderamente a Dios.

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