Pedro Rico: El 'Pobre Rico' de Madrid en la Guerra Civil

23/09/2023

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Pedro Rico, el que fuera alcalde de Madrid al estallar la Guerra Civil, es una de esas figuras históricas envueltas en la controversia y el olvido. Conocido por su sobrepeso y, posteriormente, por la burla de su supuesta «cobardía», su figura ha sido objeto de interpretaciones diversas. Nuestro interés en profundizar sobre él surge de la necesidad de comprender las complejidades de un personaje que, si bien carismático y cercano al pueblo en ciertos momentos, se vio atrapado en la vorágine de uno de los periodos más convulso de la historia de España. El incidente de Tarancón, en particular, se convertiría en un estigma que marcaría su imagen de por vida, transformando la percepción pública de un alcalde valiente en la de un «pobre rico» que intentó huir de la capital.

¿Cómo se llamaba el artículo sobre el Pobre Rico?
El artículo sobre el Pobre Rico se titulaba «El pobre Rico. RIP»
Índice de Contenido

Trayectoria Política de Pedro Rico: Antes de la Guerra

Para comprender cabalmente la figura de Pedro Rico durante la Guerra Civil, es esencial conocer sus antecedentes políticos. Licenciado en Derecho en 1910, Rico se adentró en la política declarándose abiertamente «antimonárquico». Su afiliación al Grupo de Acción Republicana de Manuel Azaña lo posicionó en el epicentro del cambio político en España, culminando con su elección como alcalde de Madrid el 15 de abril de 1931, apenas un día después de la proclamación de la Segunda República. Durante su primer mandato, se ganó la reputación de ser un personaje sumamente carismático, aunque no exento de cierto egocentrismo. Prueba de ello fue el encargo en 1932 de un retrato de gran tamaño al pintor Agustín Segura, donde se le veía luciendo un fajín con los colores de la bandera republicana, una obra que, tras un periplo por exposiciones y sótanos municipales, hoy se conserva en la Casa Cisneros.

Su primera etapa en la alcaldía se extendió hasta octubre de 1934, cuando los sucesos revolucionarios de Asturias y Cataluña provocaron su destitución. Sin embargo, el destino le tenía reservado un regreso triunfal al Ayuntamiento de Madrid tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. A partir de entonces, la actividad política de Rico fue frenética. Participó en un sinfín de actos públicos e inauguraciones que captaron la atención de los periódicos de la época. Uno de los episodios más singulares de este periodo fue su desplazamiento a Valencia en el verano de 1936 para presenciar la final de la Copa de España entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, un evento que subraya su cercanía con el ámbito popular y su amistad con Rafael Sánchez Guerra, presidente del club madridista, a quien acompañó en la victoria de su equipo. La euforia de la victoria llevó a Rico a organizar una gran celebración en Madrid para recibir a los «campeones como se merecían».

El Estallido de la Guerra Civil y las Primeras Medidas

El inicio de la Guerra Civil en julio de 1936 sorprendió a Pedro Rico en el cargo de alcalde. Su principal preocupación, en los primeros compases del conflicto, fue asegurar el abastecimiento de la población civil y, por supuesto, de las milicias que combatían en la sierra madrileña. Un bando firmado el 25 de julio de 1936, que autorizaba la entrega de 30.000 vales de víveres para los milicianos, atestigua su compromiso inicial. Participó activamente en numerosos actos de apoyo a la República, destacando el emotivo recibimiento al regimiento número 9 de Valencia, una unidad militar desplazada a Madrid para reforzar la lucha en la sierra. En aquella ocasión, el político madrileño pronunció uno de sus discursos más sentidos del año, apelando a la lealtad y el espíritu de resistencia.

A lo largo de agosto de 1936, Rico utilizó la radio en varias ocasiones para dirigirse a los madrileños. El 11 de agosto, garantizó el abastecimiento de la ciudad ante un posible cerco, aunque también instó a la «austeridad» en el consumo. El 25 de agosto, a través de Unión Radio, volvió a apelar a la población con un discurso de tintes épicos, evocando la defensa histórica de Madrid. En esta alocución, lanzó duras críticas a los sublevados, desmintiendo su pretensión de representar a España y a su ejército, y contraponiendo la «España vieja, la España caduca» a la «España joven» que defendía la República. Su voz, en aquellos momentos de incertidumbre, buscaba infundir calma y determinación entre los ciudadanos.

Decisiones Cruciales en la Defensa de Madrid

Entre agosto y noviembre de 1936, Pedro Rico tomó una serie de decisiones políticas de gran calado, directamente relacionadas con la guerra. Una de las primeras fue la expulsión «oficial» de la corporación municipal de los concejales de partidos «monarquizantes», muchos de los cuales ya se encontraban fuera de Madrid o habían sido arrestados. Otra medida significativa fue el cambio de nombre de algunas escuelas públicas, como el «Grupo Escolar Unamuno», que pasó a llamarse Jean Jaurés, en un claro gesto de alineamiento con el ideario republicano y socialista, y debido a las suspicacias que Miguel de Unamuno generaba en ciertos sectores.

Ante la creciente preocupación por posibles ataques con gases sobre Madrid, Rico emitió el 8 de septiembre una serie de recomendaciones a la población civil, que fueron ampliamente difundidas por la prensa. Más tarde, decretó medidas para prevenir los bombardeos «enemigos», como la eliminación del alumbrado público a partir de las 22:00 horas. A medida que las tropas franquistas se aproximaban a la capital, Rico intensificó su participación en actos públicos de apoyo a la causa republicana. El 17 de septiembre, defendió la lucha del Frente Popular en una entrevista para el periódico ruso Pravda con el periodista Mijail Koltsov, agente de los servicios secretos soviéticos.

El 6 de octubre, pronunció un discurso memorable en el cuartel general del Quinto Regimiento, en Francos Rodríguez, sobre la Defensa de Madrid, palabras que muchos le reprocharían en el futuro: «Nada nos importan las proximidades, los cercos. El pueblo, por medio de sus milicias, las fuerzas leales que con él luchan, sabrá triunfar. La población de Madrid tiene el suficiente temple para hacer frente heroicamente a todas las amenazas. Por encima de los esfuerzos de vanguardia y de la retaguardia enemiga, nosotros triunfaremos». Ocho días después, en un acto similar en el Cine Monumental, junto a Dolores Ibárruri, «La Pasionaria», Rico reiteró su compromiso con la defensa de la libertad y el aplastamiento del fascismo, invocando el espíritu de las gloriosas jornadas de la independencia. Este acto en el Monumental fue, posiblemente, su última gran aparición pública como alcalde de Madrid.

La Dramática Huida de Madrid y el Incidente de Tarancón

La inminente llegada de las tropas franquistas a Madrid llevó al Gobierno de la República a tomar la drástica decisión de abandonar la capital el 6 de noviembre de 1936 para trasladarse a Valencia. Pedro Rico, convencido de la caída de la ciudad, siguió el ejemplo del Ejecutivo. Horas antes de la constitución de la Junta de Defensa de Madrid, delegó provisionalmente la alcaldía en su teniente de alcalde, Cayetano Redondo, un escritor y político socialista. En la noche del 6 de noviembre, un convoy de vehículos oficiales, con distintivos republicanos, partió de Madrid hacia Valencia. Pedro Rico formaba parte de este convoy, en un coche conducido por un chófer del Ayuntamiento.

El viaje transcurrió sin incidentes hasta las inmediaciones de Tarancón (Cuenca), donde milicianos de la CNT habían establecido un control de carretera. Estos milicianos, posiblemente de la unidad confederal de Feliciano Benito, liderada por José Villanueva, se mostraron perplejos y furiosos al interceptar una caravana de coches llena de personalidades republicanas que, según ellos, huían cobardemente de la capital. Ministros como Álvarez del Vayo y Juan López, y generales como Asensio y Pozas, fueron retenidos durante horas, acusados de deserción. La tensión fue tal que Eduardo Val, del Comité de Defensa de la CNT, tuvo que intervenir para que los dejaran marchar.

Las Dos Versiones del Incidente de Tarancón

La suerte de Pedro Rico fue aún peor. Al ser identificado como alcalde de Madrid, estuvo a punto de ser fusilado en una cuneta. Los milicianos lo tildaron de «cobarde» por abandonar la ciudad en un momento tan crítico y, tras propinarle algunos golpes e intimidaciones, lo obligaron a regresar a Madrid. Este incidente se propagó rápidamente, aunque la censura republicana intentó silenciarlo, mientras que la prensa nacionalista lo explotó para mofarse de él.

Sin embargo, existe otra versión del incidente, publicada por Joan Llarch en su libro «Un anarquista en la guerra de España», que cita a Cipriano Mera. Según esta versión, Rico habría huido hasta Albacete, donde el presidente de la República, Martínez Barrio, lo increpó duramente y le ordenó regresar de inmediato a Madrid. Aunque esta última versión es menos fiable, ambas narrativas reflejan el impacto negativo que el suceso tuvo en la imagen del alcalde.

VersiónDescripción del IncidenteConsecuencias para Pedro Rico
Más Aceptada (Cipriano Mera, fuentes del artículo)Interceptado en Tarancón por milicianos de la CNT (unidad de Feliciano Benito/José Villanueva). Acusado de cobardía y traición. Retenido y golpeado.Obligado a regresar a Madrid. Temor a ser detenido o sufrir un «paseo».
Alternativa (Joan Llarch, Cipriano Mera)Huyó hasta Albacete. Reprendido por el presidente Martínez Barrio, quien le ordenó regresar a Madrid.Regresó a Madrid por orden directa del presidente.

El Refugio en la Embajada de México: Un Asilo Inesperado

Tras el humillante incidente de Tarancón, Pedro Rico se sintió señalado y temía ser identificado por las patrullas de Vigilancia de la Retaguardia, que podrían acusarlo de «cobarde y traidor». En aquellos días de caos y represión, el único lugar seguro para una persona amenazada era una embajada. Dada su posición como alcalde, Rico contaba con numerosos contactos en el cuerpo diplomático de Madrid. Así, la Embajada de México decidió acogerlo en calidad de refugiado el 7 de noviembre de 1936, un día después del incidente.

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Según Antonio Manuel Moral, en su libro «Diplomacia, humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil», un total de 56 personas, todas republicanas y convencidas de la inminente caída de Madrid, se refugiaron en la embajada mexicana en esos primeros días de noviembre. Entre ellos se encontraban figuras como el periodista Emilio Herrero y la familia del general Asensio. La elección de la Embajada de México no fue casualidad. Desde 1933, Rico mantenía un vínculo especial con la diplomacia mexicana, forjado por gestos de gratitud como la entrega de un «pergamino de gratitud del pueblo español» por la búsqueda de los aviadores españoles Collar y Barberán, desaparecidos en Centroamérica. Además, en mayo de 1936, había inaugurado en El Retiro numerosas avenidas con nombres de países americanos, fortaleciendo aún más estos lazos.

La presencia de Pedro Rico en la sede de la legación en la calle Hermanos Becquer fue confirmada por varios refugiados y, posiblemente, por el abogado mexicano Rodolfo Reyes, una figura conocida en la sociedad madrileña. La vida en la embajada, sin embargo, era dura. Los refugiados republicanos eran minoría, y Rico apenas se relacionaba con los militares, sacerdotes, aristócratas y falangistas que también buscaban asilo, entre ellos Luis Carrero Blanco. Su principal interlocutor era el embajador mexicano, Pérez Treviño, con quien mantenía una buena relación de amistad.

El día a día estaba marcado por la precariedad: epidemias como el tifus y la difteria, la falta de espacio y la escasez de víveres. La situación obligó a habilitar un nuevo edificio, la cancillería en la calle Fortuny, para acoger a más asilados. Además, los refugiados vivían con el pánico constante a que las milicias asaltaran la embajada, un temor que no era infundado, dada la presión de periódicos como Mundo Obrero o Castilla Libre, que pedían a las autoridades republicanas que tomaran por la fuerza las embajadas que servían de «escondrijo de fascistas peligrosos».

La tensión llegó a tal punto que Pérez Treviño se entrevistó con Álvarez del Vayo para exigir protección policial armada en los exteriores de la embajada, dejando claro que el personal diplomático estaba armado y preparado para repeler cualquier agresión. Esta amenaza, publicada por el propio embajador en la prensa madrileña el 7 de diciembre de 1936, reflejaba la delicada situación. A pesar de la hostilidad, la República no quería enemistarse con México, una de las pocas naciones que apoyaban públicamente su causa, gracias a las políticas de Lázaro Cárdenas.

El Camino del Exilio: De Valencia a Francia

A finales de diciembre de 1936, la situación de los refugiados en la embajada mexicana se volvió insostenible debido a la escasez de víveres en Madrid. La única solución era organizar evacuaciones fuera de España. El 10 de diciembre, Pérez Treviño envió una carta al Ministerio de Asuntos Exteriores de su país, mencionando a Pedro Rico y las dificultades para su salida. La prensa sublevada, por su parte, continuaba mofándose del exalcalde, publicando informaciones dispares, algunas insinuando su ejecución, otras su refugio en la embajada.

Aunque no hay una fecha exacta, se cree que Pedro Rico logró salir de España a finales de enero de 1937. Un primer intento de huida a Valencia, en la parte trasera del coche de unos amigos, fue fallido por asfixia. Sin embargo, unas semanas después, alrededor del 20 de enero de 1937, consiguió viajar a Valencia gracias a la ayuda de Juan Pérez Gómez, «El Nili», un conocido banderillero y amigo personal, que lo llevó en el maletero de su coche. Esta relación, que se remontaba a antes de la guerra, fue crucial para su escape.

Una vez en Valencia, Rico se alojó en un local de la Embajada de México. Utilizando sus contactos políticos, consiguió la ayuda de Indalecio Prieto, ministro de Marina y Aire, para obtener un puesto en un avión comercial. A finales de enero de 1937, Pedro Rico llegó a Toulouse, Francia, antes del 1 de febrero, fecha en la que se celebró una sesión del Parlamento en Valencia a la que no asistió, siendo sustituido como diputado por Valentín. Su llegada a Francia marcó el inicio de su prolongado exilio.

Tras cuatro meses de censura, la prensa republicana volvió a hacerse eco de Pedro Rico. El 11 de febrero, La Libertad publicó una columna de opinión satírica titulada: «El pobre Rico. RIP.», dándolo por muerto políticamente. Días antes, periódicos franceses habían difundido el rumor de su asesinato en Tarancón, información de la que tuvieron que retractarse. L’Action Française, un diario cercano a los sublevados, confirmó el 16 de febrero de 1937 que Rico estaba vivo, aunque con informaciones imprecisas sobre su llegada a París. Con sorna, el periódico se mofaba de su sobrepeso y de su huida, afirmando que se dirigiría a Bruselas.

Vida en el Exilio: Bruselas y la Continuidad del Destierro

A finales de febrero de 1937, Pedro Rico se estableció en Bruselas, donde residiría durante varios meses. A pesar de la mala prensa que lo acompañaba, consiguió que la República le asignara un puesto oficial como representante del Frente Popular en la capital belga. Este nombramiento no fue bien recibido en Madrid, y periódicos como La Libertad lo criticaron duramente, acusándolo de estar «enchufado en Bruselas» y de disfrutar de una «remuneración dorada».

La España nacionalista también se enteró de su trabajo en Bruselas. Queipo de Llano lo atacó en sus programas de radio, utilizando calificativos relacionados con su sobrepeso. Revistas como Jaca Española relataron incidentes que Rico tuvo con españoles partidarios de los sublevados en territorio belga, mientras que otros medios como el «Avisador Numantino» publicaron jotas satíricas que se burlaban de su huida. El 4 de marzo de 1937, Rico acudió al Palacio de Bellas Artes para un festival de bailes españoles, donde protagonizó un desagradable incidente con José María Casabó, un empresario catalán exiliado, quien lo increpó públicamente, acusándolo de «sinvergüenza» y de insultar con su presencia a quienes habían huido de Madrid. Rico prefirió abandonar el evento minutos después.

La información sobre su vida en Bruselas es escasa, aunque se sabe que recibía numerosas cartas oficiales de Valencia, sede del Gobierno republicano. Aparte de algunos incidentes aislados, su día a día transcurrió con normalidad. El diario La Nation Belge lo describía paseando por los bulevares de la ciudad, combatiendo el frío con su «capa madrileña» y fumando sus habituales puros habanos. Un reportero de este diario incluso afirmó que Rico se sentía más seguro en Bélgica que en Francia, donde temía a elementos peligrosos de la FAI con «cuentas pendientes».

Breves Regresos a España y la Continuidad del Exilio

Pedro Rico permaneció casi un año en Bruselas antes de decidir regresar a España a principios de 1938. Coincidiendo con una sesión de las Cortes republicanas en el monasterio de Montserrat, el 31 de enero de ese año, visitó Barcelona y se reunió con Diego Martínez Barrio. El 1 de febrero, Rico asistió a la sesión de las Cortes en Montserrat como «invitado», ya que había dejado su acta de parlamentario un año antes. La prensa republicana volvió a arremeter contra él tras su regreso. La Libertad publicó una ácida columna titulada: «¿Por qué Pedro Rico no fue Pedro Crespo?», criticando su huida y su «deplorable aspecto de vencido».

El 19 de febrero de 1938, la agencia de prensa Faro informó de su regreso a Bruselas, donde, decía, había actuado como «un turista más». Sin embargo, pocos meses después, Rico regresaría a España para asistir a otra sesión de las Cortes en el monasterio de San Cugat del Vallés, el 30 de septiembre. Un cronista del diario Umbral lo describió con un «estado saludable» antes del encuentro. No hay constancia de su regreso a Bélgica tras esta sesión, lo que sugiere que permaneció en Barcelona hasta casi el final de la Guerra Civil, posiblemente participando en las últimas sesiones de las Cortes en Sabadell y Figueras.

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A finales de enero de 1939, con la caída de Barcelona, Pedro Rico abandonó España por el paso fronterizo de Port Bou junto a otras personalidades republicanas y centenares de refugiados. Llegó a Perpiñán, Francia, donde las autoridades francesas, que ya lo conocían, le permitieron permanecer en el país. Allí se dedicó a coordinar la ayuda humanitaria para los refugiados españoles. En Francia se enteró del fin oficial de la contienda el 1 de abril de 1939 y del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

El Último Capítulo: México y el Final en Francia

Tras la invasión nazi de Francia, Rico y otros exiliados republicanos se sintieron perseguidos por la Gestapo y los servicios secretos franquistas. En 1940, se trasladó a Marsella, en la «Francia de Vichy», el régimen colaboracionista sometido a Alemania. Una vez más, solicitó ayuda a la diplomacia mexicana, que organizaba expediciones de refugiados españoles a América. Su nombre apareció en un documento interno del Ministerio de Exteriores mexicano con otras 200 personalidades propuestas para la «evacuación».

Sin embargo, Rico no pudo ser evacuado a México en ese momento, posiblemente debido a las trabas de las autoridades de Vichy. En 1941, seguía en Marsella, a la espera de un visado. La detención de Portela Valladares por las autoridades de Vichy debió aumentar su angustia, pues sabía que su nombre, al aparecer en los periódicos, lo ponía en el punto de mira. Solo dos meses después, se enteró de que la España de Franco lo había condenado a quince años de inhabilitación de sus derechos civiles y políticos, y a una multa de diez millones de pesetas. Además, la policía franquista había requisado su biblioteca en Madrid, un total de 2000 libros.

Pedro Rico permaneció en Francia hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En abril de 1945, recibió una carta de Manuel Torres Campañá, delegado del Gobierno en los canales del Lozoya durante la guerra y luego miembro del Gobierno de la República en el exilio. A finales de 1945, Rico viajó a México, llegando a Nuevo Laredo, Tamaulipas, el 27 de noviembre de 1945. Allí participó en reuniones de las Cortes republicanas en el exilio y es posible que se reencontrara con viejos amigos como Indalecio Prieto y «El Nili».

No permaneció mucho tiempo en México, regresando a Francia a los pocos meses. En el país vecino, siguió colaborando con organizaciones como la JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles) e impartiendo conferencias sobre la República española, como la que dio en la Universidad de Toulouse el 14 de abril de 1948, conmemorando la Segunda República. En su discurso, afirmó que España no tenía otra alternativa que la República, pues la Monarquía se había destruido a sí misma.

El exalcalde de Madrid vivió sus últimos años en Aix-en-Provence con su mujer. Allí escribió un breve libro sobre la bandera republicana, titulado «Roja, amarilla y morada», publicado en Buenos Aires en 1950. Siete años después, Pedro Rico falleció en Francia a los 69 años, tras una larga enfermedad. La noticia de su muerte llegó a la España de Franco, donde algunos periódicos del régimen, como el Diario de Burgos, publicaron breves líneas. ABC, a petición de su hijo, publicó una esquela. La prensa republicana en el exilio y algunos periódicos franceses también recogieron la noticia.

Muchos años después, en Democracia, el Ayuntamiento de Madrid rindió homenaje a Pedro Rico, nombrando una amplia avenida en su honor. Además, sus descendientes donaron su archivo al Centro Documental para la Memoria Histórica de Salamanca. Pedro Rico sobrevivió a la Guerra Civil, aunque no pudo regresar a su Madrid natal y falleció en su exilio francés, una suerte que no tuvieron otros alcaldes madrileños como Salazar Alonso y Cayetano Redondo, víctimas de la contienda.

Preguntas Frecuentes sobre Pedro Rico

¿Por qué se le conocía a Pedro Rico como «El Pobre Rico»?

El apodo «El Pobre Rico» surgió de las burlas iniciales por su sobrepeso, y se acentuó tras la sublevación militar, cuando se mofaron de su supuesta «cobardía» al intentar abandonar Madrid en noviembre de 1936. Se convirtió en un contraste irónico entre su apellido y su situación personal y política.

¿Qué fue el incidente de Tarancón?

El incidente de Tarancón ocurrió en noviembre de 1936, cuando Pedro Rico intentaba huir de Madrid junto con el Gobierno republicano. Su vehículo fue interceptado en Tarancón (Cuenca) por milicianos de la CNT, quienes lo acusaron de «cobarde» y «traidor» por abandonar la capital en un momento crítico. Fue golpeado y obligado a regresar a Madrid.

¿Por qué Pedro Rico se refugió en la Embajada de México?

Pedro Rico buscó refugio en la Embajada de México en Madrid el 7 de noviembre de 1936, el día después del incidente de Tarancón, debido al temor a ser detenido o represaliado por las patrullas de retaguardia. Tenía contactos previos con la diplomacia mexicana, y la embajada era un lugar seguro para los perseguidos, especialmente para figuras republicanas.

¿Cómo fue la vida de Pedro Rico en el exilio?

La vida de Pedro Rico en el exilio fue compleja. Tras salir de España con ayuda de «El Nili», se estableció primero en Bruselas, donde la República le asignó un puesto oficial, aunque fue objeto de críticas y burlas. Después, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi de Francia, se trasladó a Marsella, viviendo bajo el régimen de Vichy y enfrentando amenazas de extradición y confiscación de bienes en España. Finalmente, pudo viajar a México y regresó a Francia, donde continuó su activismo político y escribió un libro, falleciendo allí en 1957.

¿Qué legado dejó Pedro Rico?

A pesar de las controversias y el olvido histórico, Pedro Rico fue un alcalde carismático que impulsó importantes iniciativas en Madrid, como la apertura de la Casa de Campo y la puesta en marcha de la primera Feria del Libro. Su figura representa la complejidad de los personajes políticos en tiempos de guerra. Tras la Democracia, el Ayuntamiento de Madrid le rindió homenaje nombrando una avenida en su honor, y sus descendientes donaron su archivo al Centro Documental para la Memoria Histórica de Salamanca, contribuyendo a preservar su legado.

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