01/04/2024
En el fragor de la Guerra Civil Española, la lucha no se libraba solo en los campos de batalla, sino también en el terreno de las ideas y la percepción pública. La propaganda se erigió como un arma fundamental, y dentro de ella, las imágenes desempeñaron un papel decisivo. Las denominadas “imágenes de la zona liberada” no eran meras instantáneas documentales; eran construcciones visuales meticulosamente orquestadas por el bando franquista para forjar un imaginario específico, justificar su causa y proyectar una imagen de poder, orden y victoria. Lejos de la espontaneidad, estas fotografías, a menudo realizadas por artistas con experiencia en publicidad como José Compte, se erigieron como ejercicios de mitografía visual, transformando la cruda realidad del conflicto en una narrativa épica y controlada.

Este artículo explorará la naturaleza y el propósito de estas imágenes, desentrañando las técnicas empleadas, los medios de difusión y el papel de figuras clave en su creación. Comprenderemos cómo la línea entre la publicidad comercial y la propaganda política se desdibujó en este periodo, dando lugar a un nuevo lenguaje visual que buscaba no solo informar, sino, sobre todo, persuadir y moldear la conciencia colectiva en la España franquista.
- Propaganda y Publicidad: Una Fusión en Tiempos de Guerra
- José Compte: Del Estudio Comercial al Artífice de la Propaganda Franquista
- La Influencia de la Vanguardia en la Propaganda: “Mitografía” Visual
- El Legado y la Interpretación de las Imágenes de Compte
- Conclusión: Un Arte al Servicio de la Guerra y la Ideología
Propaganda y Publicidad: Una Fusión en Tiempos de Guerra
La década de 1930 fue un punto de inflexión para la comunicación de masas, donde los límites entre la publicidad y la propaganda se volvieron difusos. Autores de la época, tanto en el ámbito comercial como en el político, percibían una función comunicativa compartida, propia de una sociedad en plena ebullición mediática. Pere Català Pic, un destacado fotógrafo comercial antes de la Guerra Civil, ya defendía la fotografía publicitaria como un “signo de civilización” capaz de “elevar el sentido de la vida” con sus sugerencias. Sin embargo, el estallido del conflicto en 1936 supuso una alteración radical de las demandas comunicativas, que pasaron de satisfacer necesidades privadas a servir a un nivel estatal.
Dionisio Ridruejo, quien dirigiría el Servicio Nacional de Propaganda franquista, reconocía esta similitud, afirmando que lo que se había llamado propaganda “no se diferenciaba mucho, técnicamente hablando, de lo que en comercio se llama publicidad”. La única distinción radicaba en el “producto” que se “vendía”: en lugar de calcetines o píldoras, se comercializaban consignas políticas, figuras públicas o victorias militares. Esta concepción radical llevó a figuras como Ernesto Giménez Caballero a sentenciar que “El arte es propaganda”, atribuyéndole un “ímpetu casi místico” y rechazando la idea del arte por el arte. En este contexto, el arte, la publicidad y la propaganda se entrelazaron, compartiendo recursos visuales como dibujos, fotografías, collages, fotomontajes y composiciones de texto e imagen, lo que entonces se conocía como “tipofoto”. Las exploraciones de los fotógrafos modernos en el ámbito creativo encontraron una aplicación inmediata en la publicidad, y viceversa, con imaginería comercial y popular sirviendo de campo de experimentación para las vanguardias. Fernand Divoire, en la revista Arts et métiers graphiques, llegó a sugerir que “La publicidad se ha convertido verdaderamente, como la puesta en página, en un arte, que es complementario al del periodismo”.
No obstante, el paso de la publicidad a la propaganda de guerra a partir de 1936 implicó un cambio fundamental de enfoque. Como señaló Català Pic, “no es lo mismo, ni mucho menos, estructurar un plan de propaganda comercial que otro de propaganda estatal o pedagógica”. La guerra propició la creación de entidades complejas, como el Comissariat de Propaganda republicano o el Servicio Nacional de Propaganda franquista, dedicadas a coordinar los esfuerzos propagandísticos. Ridruejo, al asumir la dirección de este último, planteó un enfoque “totalitario”, apuntando al dirigismo cultural y a la organización de los instrumentos de comunicación pública en todos los órdenes. Muchos artistas y fotógrafos, como Josep Sala y el propio Català Pic, se vieron obligados a adaptar sus habilidades, dando el salto de la publicidad a la propaganda bélica. Un caso paradigmático de esta transición es el de José Compte, cuya obra en este periodo es central para entender las “imágenes de la zona liberada”.
José Compte: Del Estudio Comercial al Artífice de la Propaganda Franquista
José Compte, un fotógrafo catalán que durante la década de 1930 se había labrado una reputación en la fotografía publicitaria con su firma Compal (junto a su socio Palatchi), se convirtió en una figura clave en la construcción del imaginario visual franquista durante la Guerra Civil. Compte pasó el conflicto en el bando sublevado, colaborando inicialmente con la Delegación para Prensa y Propaganda de Falange y, a principios de 1938, integrándose en el Servicio Nacional de Propaganda franquista. Aunque su éxito como fotógrafo comercial en su momento fue considerable, gran parte de su obra más interesante, y hasta hace poco desconocida, fue la que realizó durante este paréntesis bélico.
A diferencia de otros autores de su tiempo que han recibido mayor atención histórica, la obra propagandística de Compte ha comenzado a ser valorada recientemente, gracias a investigaciones que han rastreado sus publicaciones en revistas como Vértice, libros vinculados al Servicio Nacional de Propaganda y colecciones de postales. Además, su trabajo como diseñador de exposiciones, un aspecto hasta ahora inexplorado, añade una dimensión más a su multifacética contribución. La fotografía de Compte no puede entenderse como piezas autónomas con un valor puramente estético o técnico; al contrario, debe ser analizada como parte de un contexto social y político preciso. Él mismo nunca se presentó como un “autor” en el sentido tradicional, a menudo publicando sin firmar y sin producir libros o exposiciones dedicadas exclusivamente a su obra. Sus fotografías eran parte de un discurso mayor, insertadas en la página impresa, en secuencias de imágenes y en relación con textos y la línea editorial del medio.
La llegada de Ridruejo a la Dirección General de Propaganda a principios de 1938 marcó un nuevo rumbo. Ridruejo encontró a Compte trabajando junto al técnico de publicidad Antonio Rivière, formando una “curiosa pareja catalana” que preparaba publicaciones y campañas. La obra de Compte durante la guerra puede dividirse en dos etapas: una primera bajo el mando del comandante Moreno Torres, donde se enfoca en la confección de archivos de imágenes, y una segunda, bajo Ridruejo, donde su trabajo como fotógrafo se hace más visible en la prensa. Este cambio refleja la decisión de Ridruejo de “sacar más partido a este excelente artista”.
Las "Imágenes de la Zona Liberada": Un Imaginario Construido
Las “imágenes de la zona liberada” son, en esencia, la expresión visual de la narrativa franquista durante la Guerra Civil, cuidadosamente producidas y distribuidas para moldear la percepción tanto interna como externa. Estas imágenes buscaban transmitir un mensaje de fuerza, orden, heroísmo y normalidad en el territorio controlado por los sublevados, contrastando con la visión de “barbarie” y caos atribuida al bando republicano.
Exposiciones y Archivos Visuales: El "Documento Nacional"
El trabajo de Compte en la primera etapa de la guerra se centró en la creación de un archivo de imágenes que serviría como base para la propaganda. Un ejemplo destacado es la exposición móvil “El Documento Nacional”, también conocida como “Cortejo brillante de los pensamientos, los dolores y las reconquistas de España”, diseñada por Antonio Rivière y con la probable implicación de Compte en la selección y montaje visual. Esta exposición, que recorrió diversas ciudades de la España franquista y Marruecos en 1937 y 1938, pretendía ofrecer “evidencias” visuales de lo sucedido durante la guerra.
Dividida en dos partes, la exposición presentaba un contraste marcado. La primera era un “grito de triunfo”, exaltando la labor de los Ejércitos, la reconstrucción del campo y la industria, y las “fechas gloriosas” de la Historia Imperial española. Cada tema se representaba con paneles que combinaban texto y fotografías, algunas documentales y otras con composiciones formales y diagonales, buscando ser “demostraciones gráficas del entusiasmo en la zona liberada”. Se mostraban imágenes de multitudes patrióticas en Salamanca o cifras de producción industrial, todo ello para reforzar la idea de una España fuerte y en pie. La segunda parte, de carácter “negativo”, consistía en seis pancartas tituladas “Vista al frente rojo”, que contenían “200 pruebas fotográficas de las ferocidades marxistas, con su acompañamiento de crímenes en masa, saqueos y toda clase de depravaciones”. Este era el segmento de “propaganda de atrocidades”, un método común para deshumanizar al enemigo y justificar las propias acciones, presentando imágenes explícitas de destrucción, cadáveres profanados y templos saqueados como “pruebas evidentes” de la barbarie republicana. Este archivo visual, confeccionado por Compte y Rivière, sentaría las bases para futuras publicaciones.
La Estética de Vértice y las Series Fotográficas de Compte
A partir del otoño de 1938, las fotografías de Compte comenzaron a aparecer con mayor frecuencia en la revista Vértice, una publicación de gran formato y profusamente ilustrada, que se posicionó como un estandarte de la calidad visual dentro del “Plan nacional de prensa” franquista. Vértice, siguiendo el modelo de L’Illustration francesa, buscaba ser una revista “plácida y amena” que reflejara la normalidad de la retaguardia franquista, a la vez que ofrecía contenidos intelectuales y mundanos. Las imágenes de Compte, publicadas en secciones como “Plástica: la belleza fotográfica” o “De la guerra”, no tenían un valor “informativo” en el sentido periodístico tradicional; no estaban ligadas a hechos concretos ni ofrecían un contexto amplio. En cambio, eran composiciones dinámicas y claramente posadas, donde la limpieza y el orden imperaban. Soldados perfectamente equipados, armas y maquinaria bélica eran presentados con puntos de vista extremos (a menudo de abajo arriba), encuadres diagonales, y una descontextualización que eliminaba cualquier referencia a un lugar o momento específico. Este enfoque monumentalizaba a los sujetos, convirtiéndolos en símbolos de la “gran belleza, el gran poder, la majestad de la guerra”, como se expresaba en la propia revista. Las imágenes de Compte forjaban un imaginario de soldados fríos y técnicamente eficientes, en contraste con la imagen más espontánea y popular de los milicianos republicanos difundida internacionalmente.
La “Hermandad de la Ciudad y el Campo”: Un Ideal de Retaguardia
En diciembre de 1938, Vértice publicó una de las series más conocidas de Compte, dedicada a la “Hermandad de la ciudad y el campo”. Este grupo, dependiente de la Sección Femenina de Falange, tenía como misión principal asistir en las tareas agrícolas durante la guerra, simbolizando la unidad y el esfuerzo de la retaguardia. Las seis imágenes de Compte muestran a mujeres vestidas con el uniforme de la Hermandad, a menudo en poses teatrales y artificiales. A diferencia de las robustas mujeres de campo que otras publicaciones franquistas podían presentar, las figuras de Compte tienen un aspecto urbano y nórdico, con descripciones que resaltan sus “deliciosas maneras urbanas” y “gracia centrada y dulce”.
Estas fotografías, con sus puntos de vista extremos, fragmentación y desaparición de la línea del horizonte, recuerdan a un rodaje publicitario. No celebran la “belleza del acero” como en las series militares, sino el campo y la madera, simbolizando los roles asignados a la mujer en la retaguardia. La serie fue ampliamente difundida, incluso en formato postal, con una secuencia ampliada y breves textos que reforzaban su mensaje. Jordana Mendelson las interpreta como “la escenificación de una retaguardia feliz, libre de conflictos sociales”, mientras que Horacio Fernández las relaciona con “Los 18 puntos de la mujer de Falange”. Curiosamente, la artificiosidad de estas imágenes ha llevado a algunos a considerarlas casi paródicas, como la foto “Vanguardia de la paz”, donde las mujeres desfilan con instrumentos de trabajo al hombro, una posible contraimagen de las milicianas republicanas.
Fotolibros al Servicio de la Narrativa Franquista
El trabajo de archivo y las imágenes producidas por Compte y Rivière también se materializaron en fotolibros que narraban la historia de la guerra desde la perspectiva franquista. En abril de 1939, se publicó El Alcázar, un pequeño fotolibro con “foto-montaje” firmado por J. Compte. Este libro contaba la historia de la resistencia franquista en el Alcázar de Toledo, un episodio emblemático de la guerra, utilizando una secuencia de imágenes (necesariamente posteriores a los hechos, salvo las iniciales del edificio en pie) para glorificar el heroísmo. El libro se enmarcaba en la “propaganda de atrocidades” al mostrar ruinas, pero las transformaba en símbolos de heroísmo y de una “España varonil” que resurgía de la destrucción.
Otro libro vinculado a Compte, probablemente de 1938, es Adelante!! España libre. Aunque su nombre no aparece, el estilo de fragmentación y dinamismo en la cubierta, y las fotografías de soldados en primeros planos y encuadres oblicuos en su interior, recuerdan poderosamente su trabajo en Vértice. Este libro también combinaba la “devastación marxista” (atrocidades) con la exaltación de los ejércitos y la retaguardia, mostrando campos cultivados, niños atendidos por Auxilio Social y multitudes patrióticas. Estos fotolibros demuestran cómo el trabajo de archivo de Compte y Rivière se transformó en narrativas visuales coherentes, contando la historia de la guerra desde el punto de vista de los vencedores, consolidando así el discurso oficial.

La Influencia de la Vanguardia en la Propaganda: “Mitografía” Visual
Lo más característico de las fotografías de Compte es la aplicación de recursos de la fotografía moderna y de vanguardia a la propaganda. Su uso de puntos de vista extremos (muchas veces bajos y con encuadres diagonales), la descontextualización y la monumentalización de los objetos fotografiados son procedimientos directamente extraídos de su experiencia en la fotografía publicitaria, pero que a su vez eran exploraciones fundamentales de la vanguardia artística europea. Este “metagénero de la nueva fotografía” no solo buscaba captar un mundo bello, sino despertar el deseo de posesión o, en el caso de la propaganda, el deseo de adhesión a una causa.
La búsqueda de nuevos puntos de vista, como defendía Alexandr Rodchenko en la Unión Soviética, no era solo una exploración formal, sino un medio para “renovar la cultura visual” y “arrancar el velo de los ojos habituados a un modo de ver puramente rutinario”. Rodchenko creía que los puntos de vista “de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba” podían producir una “revolución en el ojo del pequeñoburgués”. Aunque fue acusado de plagio y cosmopolitismo por las similitudes con obras de fotógrafos como Albert Renger Patzsch, Rodchenko sostenía que “Solo un ignorante puede pensar que los puntos de vista tienen propietarios”. Y tenía razón: en los años treinta, los encuadres fotográficos no tenían dueño; eran parte de un lenguaje visual internacional en desarrollo.
La experimentación con puntos de vista extremos, la fragmentación y la discontinuidad, que Rodchenko exploró en los años veinte, dio paso en la década siguiente a las “composiciones sintéticas”, más orgánicas y monumentales, ideales para la propaganda estalinista. Este proceso, descrito como el paso de la “factografía” (registro documental) a la “mitografía” (construcción de mitos), se difundió ampliamente a través de publicaciones como la revista URSS en construcción. Este modelo de “fotografía artística monumental” encontró ecos en muchos lugares, desde los soldados soviéticos de El Lissitzky hasta los portugueses o alemanes en catálogos propagandísticos. En España, Jordana Mendelson ha vinculado obras de Josep Renau con este modelo “mitográfico”, y es evidente que también se pueden encontrar ejemplos en las páginas de Vértice, donde las imágenes de Compte encajan perfectamente.
Català Pic, en un artículo de 1932 sobre “La fotografía como elemento publicitario”, ya señalaba: “Hemos descubierto bellezas sorprendentes, enfocando con nuestros objetivos fotográficos los objetos desde posiciones inusuales”. Para él, cuando el fotógrafo sabía aprovechar estos elementos expresivos para conferir a la realidad un sentimiento estético, estaba haciendo arte, y este arte fotográfico era “un factor imprescindible en la propaganda comercial moderna”. Compte, con su bagaje publicitario, aplicó estos recursos a la propaganda de guerra, creando un tipo de reportaje donde lo interesante no era la capacidad informativa, sino la pura plástica aplicada a los temas bélicos. Sus imágenes, al prescindir de la comunicación de eventos concretos, se convirtieron en un ejercicio publicitario al servicio de la propaganda, un caso extremo de “mitografía” que buscaba construir una realidad idealizada y heroica para el bando franquista.
El Legado y la Interpretación de las Imágenes de Compte
El caso de José Compte es sintomático de las circunstancias que llevaron a numerosos artistas y fotógrafos a transitar de la esfera comercial a la propaganda política durante la Guerra Civil Española. Aunque su obra propagandística, y las “imágenes de la zona liberada” que creó, representan la parte más interesante de su producción, para Compte mismo, este periodo fue un paréntesis. Tan pronto como las circunstancias lo permitieron, regresó a su trabajo comercial, reabriendo su estudio Batllés-Compte en Barcelona, donde se le llegó a conocer en los años cincuenta como “el rey de las novias” por su éxito en la fotografía de retratos, especialmente de bodas. Esta rápida vuelta a la normalidad comercial sugiere que su implicación en la propaganda fue más una adaptación circunstancial que una vocación profunda.
La obra de Compte, vista a través de la lente de la historiografía reciente, puede ser considerada como un “autor inventado”, en el sentido de que él mismo nunca se presentó como tal ni dejó un cuerpo de obra coherente en el ámbito artístico. Su relevancia radica en cómo sus imágenes fueron difundidas y utilizadas en publicaciones específicas. Por ello, resulta más adecuado hablar de su obra a partir de las publicaciones en las que apareció, más que de imágenes “originales” que quizás nunca existieron como piezas autónomas de arte. Su caso contrasta, por ejemplo, con el de fotoperiodistas como Robert Capa, cuya autoría y cuerpo de obra periodística son incuestionables.
Al mismo tiempo, la obra de Compte es un testimonio de cómo la circulación de imágenes a través de anuarios, revistas y otras publicaciones difundió modelos visuales que podían aplicarse a escenarios muy distintos. Los formalistas rusos, con su optimista creencia de que “una nueva forma engendra un contenido nuevo”, no anticiparon que los puntos de vista modernos defendidos por Rodchenko pudieran ser adoptados en contextos políticos tan dispares y contradictorios. En el periodo de entreguerras, se estableció un lenguaje visual internacional que, aunque transformado, se difundiría masivamente después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en España, esta plena asimilación tardaría más. Después de la guerra, Vértice adoptaría un estilo más convencional, y Compte, al regresar a su estudio, cerraría el ciclo que lo llevó de la publicidad a la propaganda y, finalmente, de nuevo a la publicidad. Las “imágenes de la zona liberada” de Compte son, en última instancia, un ejemplo notable de cómo las estrategias de la fotografía moderna, aprendidas en la publicidad, fueron puestas al servicio de la propaganda de guerra, creando una realidad visual más cercana al mito que a la documentación, y dejando un legado de imágenes que siguen desafiando nuestra comprensión de la historia visual de un conflicto.
Comparativa de Enfoques Fotográficos en la Guerra Civil Española
| Característica | Imágenes de la Zona Liberada (José Compte) | Fotoperiodismo de Guerra Republicano (ej. Robert Capa) |
|---|---|---|
| Propósito principal | Construcción de un imaginario idealizado, monumentalización, justificación política, "mitografía". | Documentación de eventos, inmediatez, “factografía”, transmisión de la realidad del frente. |
| Estilo visual | Posado, escenificado, composiciones estudiadas, limpieza, orden, descontextualización. | Sensación de inmediatez, espontaneidad, a menudo con “defectos” (desenfoque, grano) que aumentan el realismo. |
| Puntos de vista | Extremos (picados, contrapicados), encuadres diagonales, fragmentación de la escena, monumentalización de sujetos/objetos. | Más variados, buscando captar la acción y la emoción del momento, a menudo a nivel de ojo o desde el interior de la escena. |
| Contenido | Soldados heroicos y técnicamente fríos, maquinaria de guerra, retaguardia idílica (mujeres en el campo), símbolos nacionales, “atrocidades” enemigas. | Milicianos populares y espontáneos, sufrimiento civil, destrucción, combates, vida cotidiana en el frente. |
| Autoría | A menudo sin firma, parte de un esfuerzo propagandístico colectivo; el autor como “técnico” al servicio de la causa. | Énfasis en la autoría individual del fotoperiodista, búsqueda de una visión personal y testimonio. |
| Difusión | Revistas de alta calidad (Vértice), postales, fotolibros propagandísticos, exposiciones oficiales. | Prensa internacional, semanarios ilustrados, libros de reportaje, con un objetivo de sensibilización global. |
| Relación con la publicidad | Fuerte influencia y aplicación de técnicas publicitarias para crear impacto y deseo. | Menor influencia directa; la prioridad es el testimonio periodístico, aunque la composición podía ser impactante. |
Preguntas Frecuentes sobre las Imágenes de la Zona Liberada
¿Qué eran exactamente las “imágenes de la zona liberada”?
Son un conjunto de fotografías y recursos visuales producidos principalmente por el bando franquista durante la Guerra Civil Española. No se refieren a un género fotográfico específico, sino a la producción visual generada y controlada en el territorio dominado por las fuerzas sublevadas, con un claro propósito propagandístico.
¿Cuál era el objetivo principal de estas imágenes?
Su objetivo primordial era forjar y difundir un imaginario que justificara la causa franquista. Buscaban exaltar el heroísmo de sus soldados, la eficacia de su maquinaria bélica, la normalidad y prosperidad de la retaguardia, y la “barbarie” del enemigo, todo ello para construir un discurso de victoria y orden.
¿Quién fue José Compte y cuál fue su papel?
José Compte fue un fotógrafo catalán con una sólida experiencia en publicidad comercial antes de la guerra. Durante el conflicto, se unió al Servicio Nacional de Propaganda franquista, donde aplicó su conocimiento de técnicas modernas y de vanguardia (puntos de vista extremos, monumentalización) para crear imágenes propagandísticas. Fue un artífice clave en la construcción visual del discurso franquista.
¿En qué medios se difundían estas imágenes?
Se difundían en una variedad de medios controlados por el régimen franquista, incluyendo revistas de gran formato como Vértice, colecciones de postales, exposiciones móviles como “El Documento Nacional”, y fotolibros como El Alcázar y Adelante!! España libre.
¿Cómo se diferenciaban estas imágenes del fotoperiodismo de guerra de otros bandos?
Mientras que el fotoperiodismo de guerra (como el de Robert Capa) buscaba a menudo la inmediatez, la espontaneidad y un cierto realismo crudo para informar sobre los eventos, las imágenes de la zona liberada eran predominantemente posadas, escenificadas y estilizadas. Su objetivo no era tanto informar sobre un hecho concreto, sino crear un símbolo o un mito, priorizando la “plástica” sobre la “información”.
¿Qué técnicas visuales se utilizaban en las “imágenes de la zona liberada”?
Se empleaban técnicas propias de la fotografía moderna y publicitaria: puntos de vista extremos (contrapicados para monumentalizar), encuadres diagonales para dinamismo, fragmentación de la escena para enfocar en detalles específicos, y una deliberada descontextualización para que las imágenes pudieran adaptarse a diferentes narrativas sin necesidad de un contexto específico de lugar o tiempo.
Conclusión: Un Arte al Servicio de la Guerra y la Ideología
Las “imágenes de la zona liberada” representan un capítulo fundamental en la historia de la propaganda y la fotografía en la Guerra Civil Española. Lideradas por figuras como José Compte, estas fotografías trascendieron la mera documentación para convertirse en poderosas herramientas de construcción ideológica. Al aplicar las sofisticadas técnicas de la fotografía publicitaria y de vanguardia, el bando franquista logró crear un universo visual cuidadosamente controlado, un imaginario heroico y ordenado que contrastaba deliberadamente con la imagen de caos que atribuían a sus adversarios. La descontextualización, la monumentalización y el uso de puntos de vista extremos no solo eran recursos estéticos; eran estrategias calculadas para forjar un mito, para presentar una realidad idealizada de la guerra y la retaguardia.
El caso de Compte, con su transición de la fotografía comercial a la propaganda y su posterior regreso, subraya la permeabilidad de los géneros visuales en un periodo de crisis. Sus imágenes, más allá de su valor histórico, nos invitan a reflexionar sobre el poder de la fotografía para moldear la percepción, no solo de un conflicto bélico, sino de la historia misma. Las “imágenes de la zona liberada” son un recordatorio elocuente de cómo el arte y la técnica pueden ser movilizados al servicio de una causa política, transformando la realidad en una narrativa visual convincente y duradera.
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