¿Cuál es la sabiduría del mercader?

El Desorden del Mercader: La Alarma de Haass

01/08/2023

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En un mundo acostumbrado a la estabilidad aparente, la política exterior estadounidense, otrora faro de un orden global, se ha visto sumergida en una turbulencia sin precedentes. Tras las miradas a las administraciones de Joe Biden y las críticas de John Bolton, emerge una tercera perspectiva, la de Richard Haass, presidente del influyente Council on Foreign Relations. Su voz, resonando en los pasillos del poder y en las páginas de Foreign Affairs, advierte sobre una entropía o desorden que ahora reside en el mismísimo centro del poder mundial.

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La convención dictaba que la anarquía era siempre “el otro”, el externo. Quien lideraba el mundo se autoproclamaba “liberal” y deseable, tanto para sí como para los demás. Sin embargo, esta percepción se desvanece a pasos agigantados. La enorme complicación actual es que la desorganización ha arraigado en el otrora inquebrantable epicentro de la influencia global. Haass, desde su posición de suma visibilidad, lanza todas las alarmas, dirigiéndose a un público lector de élite a través de la revista Foreign Affairs.

Presente en el Desorden: La Visión de Haass

El último número de Foreign Affairs dedica un dossier, “El Mundo Hecho por Trump”, a un artículo de Haass titulado “Presente en el Desorden: Cómo Trump Deshizo la Política Exterior Estadounidense”. El énfasis recae en la modalidad negativa del verbo: deshacer. Como señala Gideon Rose, responsable de la introducción del dossier, citando a Samuel Huntington, “Los EEUU no son una falsedad sino un desengaño o una tremenda decepción”. La esperanza, si la hay, es flaca.

El descontento de Haass es palpable, una ruptura del protocolo diplomático en estos lares oficialistas de gran visibilidad internacional. Mientras algunos dirían “de aquellos polvos, estos lodos”, Haass no lo ve así. Para él, los errores pasados son casi inexistentes; los presentes, abundantes; los futuros, aterradores. Su contraste es Dean Acheson, la mano derecha de Harry Truman, uno de los arquitectos del entramado internacional que ahora se bambolea y amenaza ruina. La pregunta, entonces, es a quién beneficia todo esto. La respuesta de Haass es clara: a él y a muchos como él, no. Se siente fuera de juego, como un arpa olvidada en el rincón oscuro del salón del consejo de relaciones internacionales, al que su “dueño” actual ya no acude.

La "Modernidad" en Entredicho: Un Legado en Ruinas

Para Haass, la época dorada de la supremacía estadounidense abarca desde mediados del siglo pasado, los años 50, hasta hoy: unos 70-75 años de liderazgo tras la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la desintegración soviética y un capitalismo global que encumbró a EE.UU. desde los años ochenta. La doctrina de la contención soviética de George Kennan, la creación de la OTAN, las Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial y la OMC son pilares de esta “modernidad” que él tanto valora. Se profesionalizó el mundo de las relaciones exteriores, los servicios secretos (la CIA), el Ministerio de Defensa. Era el cielo en la tierra para Haass, una era en la que el Leviatán Hobbesiano del Estado estadounidense sonreía. Pero ahora, esta “modernidad” pende de hilos, azotada por vientos peligrosos que, paradójicamente, soplan desde dentro de la Casa Blanca.

Si gigantes anteriores creaban, los “pigmeos” actuales, a juicio de Haass, destruyen. Él celebra la hermosa construcción de los antecesores y deplora la demolición de sus contemporáneos en la administración Trump. El núcleo de esta crítica reside en un republicanismo conservador, angloparlante, que se habla a sí mismo. Las diferencias con demócratas o laboristas se difuminan desde el extrarradio. Lo crucial es quién accede y quién abandona los vomitorios del poder, quién se sienta a la mesa, quién opina y quién decide. Haass, como representante de un centro de estudios de prestigio, se ve marginado, y lo que observa no le agrada en absoluto. No es solo su problema, sino el de todo el sistema internacional septuagenario en el que todos hemos vivido. La derecha política, encarnada en Trump y Johnson, está deshaciendo el entramado trumaniano-achesoniano. Haass califica este desorden de injustificado y poco inteligente, llegando incluso a sugerir que podría ser fatal.

El Unilateralismo Trumpiano: Deshaciendo Alianzas

Haass, cual Casandra, anuncia el hado oscuro dentro del caballo de Troya que se sienta en la mesa “resolutiva” de la Casa Blanca: si Trump obtiene un segundo mandato, el deterioro se volverá crónico y letal para la supremacía estadounidense a corto y medio plazo. Trump ha declarado explícitamente que EE.UU. ya no es el policía del mundo, retirándose de guerras prolongadas en Afganistán y Siria, especialmente si no hay un objetivo claro. Estas tierras lejanas, con nombres impronunciables para muchos estadounidenses poco versados en geografía, no despiertan interés. Suficiente tienen con los problemas internos.

Este retraimiento, que comentaristas republicanos “halcones” como Robert Kagan describieron como una tendencia aislacionista alternada con una expansiva, es visto por Haass como una “lente distorsionada”. Él aboga por un EE.UU. más involucrado e intervencionista. Los logros de los años precedentes a Trump, según Haass, incluyen la prevención de guerras entre grandes potencias, el fomento de la democracia global, un crecimiento económico formidable, un aumento de la longevidad y el fin pacífico de la Guerra Fría. Todo esto, subraya, se debe al “liderazgo” de EE.UU., término preferible a “imperio” en estos círculos oficiales.

El mundo internacional no es una esfera externa aislada; las naciones son vasos comunicantes por donde circulan flujos comerciales, energías, informaciones y grupos sociales, sin olvidar el vasto mundo virtual. Haass reconoce el empeoramiento de las condiciones de vida del ciudadano medio estadounidense, pero insiste en que esto no justifica el abandono del escenario internacional. La narrativa de contención de George Kennan ya no sirve; la de la guerra de civilizaciones de Huntington se ha difuminado, y el “fin de la historia” de Fukuyama, con el triunfo del mundo liberal, parece una quimera.

La Sabiduría del Mercader: Una Visión Económica Reducida

Haass critica la visión económica de miras reducidas de Trump y su desinterés por cuestiones “mayores”. Trump, por su parte, niega estas críticas, buscando abaratar costos en las “excursiones externas” y reducir la maquinaria estatal. La “sabiduría del mercader”, en este contexto, se manifiesta en la obsesión de Trump por acuerdos bilaterales que beneficien exclusivamente a EE.UU., incrementando exportaciones y disminuyendo importaciones, sin importar que el déficit estadounidense siga creciendo. Haass, con astucia, señala que “todo país cuenta con ventajas comparativas y diferentes tasas o índices para ahorros y gastos, [ventaja] que lleva a déficits a unos y ganancias a otros”, insinuando una manipulación en la balanza comercial.

Trump recrimina a los aliados que no gasten el 2% del presupuesto en defensa y recorta ejercicios militares con Corea del Sur, algo que Haass desaconseja. Fuerza a China a comprar productos agrícolas, perdiendo de vista la totalidad económica nacional. Lo que Haass reprocha a su presidente es un enfoque plano, centrado en intereses económicos nacionales específicos, y un descuido de otros objetivos de la política exterior, como el “poder blando” popularizado por Joseph Nye, que incluye la defensa de los derechos humanos, el avance democrático, la ayuda humanitaria y el abordaje de retos colectivos como las migraciones, el cambio climático y las enfermedades infecciosas.

Consecuencias Domésticas e Internacionales del Repliegue

Haass menciona indirectamente la COVID-19 y la reticencia de Trump con respecto a Arabia Saudita (sin nombrar a Jamal Khashoggi, por “discreción”), señalando que lo que cuenta es la venta de armas. También critica la renuencia de Trump a contrarrestar la intervención rusa en Siria y su incredulidad ante la interferencia extranjera en las elecciones. La crítica de Haass se mueve en el nivel de gestión y “énfasis”, evitando un nivel ideológico que enmarque la estrategia “trumpista” de ruptura de toda norma convencional. Ambos, Trump y Haass, persiguen la supremacía estadounidense, pero por métodos divergentes. La acusación fundamental de Haass es que, de seguir con esta unilateralidad grosera, EE.UU. perderá su hegemonía.

Haass se escuda en los cuatro expresidentes anteriores (Bush padre, Clinton, Bush hijo, Obama) que “creían en un sentido general en el multilateralismo, forjado con alianzas, tratados o instituciones”. Esta frase simple encierra una complejidad: el “multi-” no contradice el “uni-”; el poder estadounidense se engrandece con la cooperación, actuando como locomotora. Sin embargo, este multilateralismo era de conveniencia, permitiendo la acción unilateral cuando convenía. Trump, en cambio, es más “sincero”: va solo, priorizando el “America First”, sin engaños con medias verdades o bravatas. No hay tradición, convención, ni libros de expertos que valgan: es la soledad del corredor de fondo, con todos los cinismos nixonianos al desnudo.

Trump se ha retirado de casi todo: del TPP, de los acuerdos climáticos de París, del acuerdo nuclear con Irán (JCPOA), de las negociaciones de misiles nucleares de alcance intermedio, de la UNESCO, de la comisión de DD.HH. de la ONU, de la OMS, del tratado de “cielos abiertos”. Rechaza acuerdos sobre migración y la colaboración en vacunas contra la COVID-19. El deseo de desvincularse y alborotar es inmenso. Si le dan un papel firmado por otros, su instinto es romperlo sin leerlo. Apartarse, salirse, retirarse, sin mucho plan y con poco concierto: así opera el EE.UU. de Trump. El mal comportamiento estadounidense en el extranjero funciona a la perfección con Trump, y sus seguidores lo aplauden con fervor. Su política es de desvinculación, de romper lazos y alianzas, incluso con sus aliados más cercanos, negando cualquier “relación especial”. Todo en el mundo trumpiano es compra-venta, buscando el beneficio diferencial a corto plazo.

Haass añora el momento primigenio de la imposición fuerte de las reglas por parte de EE.UU., que coincide con su propio nacimiento (1951). Para él, los indicios y síntomas actuales son todos negativos. La “calidez” de Trump con Putin, Xi Jinping y Kim Jong Un, frente a los desplantes a May y Merkel, son reveladores. Europa no es ya un escenario sustancial para EE.UU.; el Brexit la debilita. El punto álgido del sobresalto de Haass es que este retroceso del EE.UU. de Trump, visto como un deterioro nacional, se haga irreversible. La perspectiva es siempre cercana a Washington. Ahora existe una alienación digna de mención; uno podía discrepar de tácticas, pero no culpaba al presidente de un daño tan inmenso. Ahora sí. Algo grave ha ocurrido, repudiando la normalidad y el discurso que Haass añora.

Preguntas Frecuentes sobre la Política Exterior Estadounidense

¿Quién es Richard Haass y por qué su opinión es relevante?
Richard Haass es el presidente del Council on Foreign Relations, un influyente centro de estudios internacionales en Nueva York. Su posición y experiencia lo convierten en una voz autorizada y visible en el análisis de la política exterior estadounidense, y sus escritos suelen reflejar las preocupaciones del establishment diplomático.

¿Qué significa la “sabiduría del mercader” en el contexto de la política exterior de Trump?
En el artículo, se refiere a la visión de Trump de la política exterior como una serie de transacciones comerciales, donde el interés principal es el beneficio económico directo y a corto plazo para Estados Unidos (más exportaciones, menos importaciones), sin considerar los objetivos diplomáticos, humanitarios o estratégicos más amplios que Haass considera vitales.

¿Qué es el “desorden” al que se refiere Haass?
Se refiere a la desestabilización del orden internacional construido y liderado por Estados Unidos desde mediados del siglo XX. Haass argumenta que las políticas de Trump, caracterizadas por el unilateralismo, el abandono de alianzas y tratados, y el desinterés por el multilateralismo, han creado una “entropía” o caos en el sistema global.

¿Qué diferencia hay entre el multilateralismo de Haass y el unilateralismo de Trump?
Haass aboga por un multilateralismo donde EE.UU. lidera y se beneficia de alianzas, tratados e instituciones, entendiendo que la cooperación amplifica la influencia estadounidense. Trump, en cambio, prefiere la acción unilateral, priorizando el interés nacional inmediato (“America First”) y mostrando desprecio por los compromisos internacionales y las alianzas tradicionales, viendo todo como una transacción de “compra-venta”.

¿Cuáles son las principales preocupaciones de Haass sobre un posible segundo mandato de Trump?
Haass teme que un segundo mandato de Trump haga el deterioro del orden internacional irreversible. Predice un mundo más inestable, hobbesiano (de lucha de todos contra todos), con mayor proliferación armamentística, debilitamiento de las normas y alianzas, y una disminución del comercio global. También le preocupa el impacto en la credibilidad y el atractivo de EE.UU. a nivel mundial.

El Futuro del Orden Global: ¿Irreversible o Reconstruible?

La belicosidad se extiende a las relaciones comerciales, con el rechazo de pactos multilaterales que habrían cohesionado a países con el 40% del PIB mundial y presionado a China a adherirse a estándares económicos. La visión internacionalista convencional es unidireccional: de dentro hacia afuera, siempre forzando, presionando y “vendiendo” democracia o derechos humanos a otros, nunca a la inversa. Es el tótem y tabú oficialista estadounidense, de altos vuelos y “barriobajero” a la vez, porque, según ellos, los estadounidenses son los bendecidos con el monopolio de todos los dones políticos, sociales y culturales.

El artículo “Presente en el Desorden” carece de xenofilia; el debilitamiento proviene de dentro, y no hay fuerzas externas que lo salven. La situación actual es de una guerra fría comercial (aunque Haass no use el término), con imposición de aranceles unilaterales de “dudosa justificación legal”. Trump no se retira de la OMC per se, pero la “ata” con vetos a los jueces. El acuerdo NAFTA es reemplazado por el USMCA, que Haass considera una copia del acuerdo transpacífico.

Respecto a China, las medidas son incoherentes: lenguaje de confrontación, pero pérdida de peso al abandonar el acuerdo transpacífico. Critica a sus aliados asiáticos y europeos, obsesionado con que China importe productos agrícolas estadounidenses para réditos electorales. Llega tarde y mal a la crítica de China en Hong Kong y con los uigures en Xinjiang, y Haass añade una “pasividad” ante el control chino del Mar de la China Meridional. Esta “chinofobia” es palpable.

¿Cómo repercute todo esto en casa? Nada bien: reducción de poder adquisitivo, límites a inmigrantes cualificados e ineptitud en la gestión de la pandemia de COVID-19 hacen a EE.UU. “menos competitivo” frente a China. Reconocer la falta de “competitividad” propia es casi un tabú en EE.UU., pero Haass no lo evita. No menciona la diferencia de muertos por COVID-19 (EE.UU. con 193.253 frente a China con 4.634, al 7 de septiembre de 2020), pero su pudor es revelador.

En Oriente Próximo, Haass ve un incremento de la inestabilidad. Critica la falta de imparcialidad en el conflicto israelí-palestino, aunque matiza una cercanía a Israel. Respecto a Irán, el unilateralismo estadounidense lo aísla. Las sanciones no logran que el régimen iraní ceda, y el asesinato de Qasem Soleimani, calificado como “retraso en sus ambiciones regionales”, no cambia el comportamiento de Teherán. Haass parece desear la caída del régimen iraní, pero lamenta que las acciones de EE.UU. lo aíslen. No hay mención a Arabia Saudita, lo que sugiere un enfoque selectivo. Haass destapa su alienación con el poder político supremo de la Casa Blanca, que ya no le sonríe a él ni a su círculo inmediato. Esta anomalía se traslada al interés nacional, poniendo en entredicho la “cuatripartita partida presidencial sin fisuras”.

Atribuir “desorden” y “alboroto” es decir que las cosas van muy mal. Y decirlo abiertamente es enemistarse con un presidente beligerante que no duda en jugar sucio. Démosle a Haass el crédito de valiente. Tal vez no tenga ya mucho más que perder. Hablar de “nueva normalidad” es, en realidad, referirse a la suma anormalidad. El propio presidente daña la credibilidad de la superpotencia en momentos delicados. Los cinco sentidos claman que esto no agrada, que se ve mal, se escucha peor y se siente que acabará muy mal. Haass lanza un aviso serio a sus lectores. Hay una mezcla de soplo y susto, de pasmo y sobresalto: ¿Y si ya no damos la talla? En estos predios oficialistas, la convención discursiva es que la superpotencia es una entidad ordenadora, y Haass se adhiere a ella con naturalidad. Pero ahora, esto no sirve; el narcisismo magullado se vuelve hacia sí mismo, dando codazos y coces. La esperanza, la suya al menos, es que esto se enmiende y se regrese, después de Trump, a una “nueva normalidad” más reconocible con Biden.

Los “malos” siguen siendo los otros: rivalidad entre grandes potencias, China “asertiva”, Oriente Próximo “turbulento”, Corea del Norte con armas nucleares, conflictos internos en países, ciberespacio no regulado, amenazas terroristas, cambio climático. Todo esto, deliberadamente vago, ha empeorado, según Haass. El culpable no está fuera, sino dentro. Y añade las malas guindas: ineptitud con la COVID-19, negación del cambio climático, rechazo a refugiados e inmigrantes, racismo endémico y tiroteos generalizados. Esto no lo dice Extinction Rebellion, sino alguien bien metido en los cenáculos del poder oficial. ¿Tira piedras al propio palacio de cristal con vidrieras ya rotas?

Salvo la COVID-19, ninguno de estos hechos es novedoso, pero la novedad es el toque de alarma del Presidente del Council on Foreign Relations. Se está llegando a un punto de ruptura que pone en peligro mucho más que una u otra medida de política internacional. Suena a un fuerte gong: “El país [EE.UU.] es mucho menos atrayente, del que no te puedes fiar, y para colmo, se retira de acuerdos multilaterales y se distancia de sus aliados”. Estos dudan de EE.UU. Si “abdicamos del trono ahora no lo vamos a poder reclamar después”.

¿Táctica idiota? ¿Estrategia suicida? Esto le embadurna Haass a la ideología trumpiana. La distopía venidera si Trump gana es clara: debilitamiento de normas, alianzas, tratados e instituciones; un mundo más hobbesiano, de lucha descarnada; conflicto como moneda común; proliferación armamentística; amigos y enemigos menos claros; surgimiento de esferas de influencia; control del comercio; el dólar dejando de ser la única opción monetaria; y una deuda estadounidense como enorme hándicap. Es el fin del orden global de los últimos 75 años y el comienzo de algo que Haass no se atreve a nombrar. Su pesadilla, ¿es también la nuestra? ¿Durará esto solo cuatro años más, o habrá una nueva pesadilla?

Biden, para Haass, sería un remanso de río bravo o un dique de tsunami, una pócima de bálsamo, o mejor placebo, antes que medicina. Genera poco entusiasmo, pero el objetivo es impedir que Trump repita la sorpresa de hace cuatro años. La continuidad de Trump, que Haass deja colgando al final de su artículo, podría afianzar la apuesta de ciertos sectores de EE.UU. por el aislamiento, el proteccionismo y el nacionalismo unilateralista. Otros muchos parecen ir en esta dirección. Haass se aferra a los cuatro presidentes anteriores, realistas e idealistas, y con la otra mano pulsa todos los botones de todas las alarmas. En este análisis, no hay una sola referencia visible, viable, exportable o imitable del resto del mundo; ninguna “situación” digna de mención que permita relativizar este proceso de descomposición estadounidense al que Haass, sin duda, pertenece. Lo que le duele a Haass es esta implosión en primer lugar; el resto del mundo viene después. Su tremendismo parece ajustado y oportuno. El caos puede ser autodestrucción.

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