28/11/2022
En un mundo cada vez más interconectado y consciente de sus límites, emerge una verdad ineludible: la verdadera batalla de nuestra era no se libra en frentes bélicos convencionales, sino en la manera en que gestionamos y valoramos aquello que es común a todos. Desde el aire que respiramos hasta los vastos paisajes naturales que nos rodean, la salud de nuestros bienes públicos determina la calidad de nuestra existencia. Este artículo profundiza en la raíz de los desafíos actuales, como los devastadores incendios que asolan nuestros ecosistemas, y propone una visión transformadora basada en la economía circular y la cultura del cuidado.

- La Esencia de los Bienes Públicos: Un Tesoro Compartido en Riesgo
- Del Modelo Lineal al Paradigma Circular: Un Cambio de Mentalidad Urgente
- La Economía de los Cuidados: La Batalla en el Día a Día
- Los Incendios: Un Síntoma de Abandono y Desconexión
- Propuestas para el Futuro: Hacia una Sociedad de los Cuidados Comunes
- 5.1. Concepción Integral y Plan de Acción:
- 5.2. Apoyo a Ganaderos y Agricultores Locales:
- 5.3. Equipos de Cuidados Forestales Locales:
- 5.4. Recuperación de Red de Caminos y Senderos:
- 5.5. Fomento de la Agricultura y Ganadería para la Prevención:
- 5.6. Financiación a Través de una Tasa Ecológica:
- 5.7. Involucración del Sector Turístico y Comercial:
- 5.8. El Poder de la Solidaridad Ciudadana:
- 5.9. La Columna Vertebral Profesional:
- Preguntas Frecuentes (FAQ):
- Conclusión:
La Esencia de los Bienes Públicos: Un Tesoro Compartido en Riesgo
Desde hace décadas, la narrativa dominante ha ensalzado la propiedad privada como el modelo más eficiente para la gestión de recursos, capaz de asegurar un cuidado meticuloso. Sin embargo, incluso la economía convencional reconoce excepciones a esta regla, conocidas como “Fallos de Mercado”. Uno de los ejemplos más contundentes de estos fallos son los bienes públicos, caracterizados por dos propiedades fundamentales: a) no son excluyentes, lo que significa que hay libertad de acceso y consumo sin necesidad de pagar un precio, y b) su consumo no es rival, es decir, el disfrute de una persona no impide el de los demás.
Pensemos en el aire que respiramos. Es un bien público por excelencia: podemos respirar libremente sin coste alguno (al menos por ahora), y mi acto de respirar no impide que otros lo hagan. Otros ejemplos clásicos incluyen la luz de un faro que guía a los barcos, la luz del sol que nos permite generar energía renovable, el agua limpia de un río, un paseo sereno por un bosque o la contemplación de las estrellas en el firmamento. Estos bienes, por su naturaleza, parecen inacabables, disponibles para todos sin restricciones.
La paradoja y el drama surgen precisamente de esta aparente infinitud y gratuidad. Si nadie tiene que pagar por ellos y nadie se siente directamente responsable, ¿quién los cuida? La respuesta, por desgracia, es que a menudo nadie lo hace. Este desinterés colectivo ha llevado a un deterioro alarmante de nuestros bienes públicos, manifestándose en fenómenos globales como el cambio climático, la proliferación de plásticos en nuestros océanos, la contaminación del aire y el agua, la desertificación de tierras fértiles, la congestión urbana y las crecientes migraciones forzadas por la degradación ambiental. La percepción de este problema no era tan acuciante hace medio siglo; fue el aumento exponencial de los niveles y ritmos de consumo lo que superó la capacidad de regeneración natural de estos bienes. Como el Club de Roma ya advirtió en 1972 en su informe “Los límites del Crecimiento”, se hizo evidente que “es imposible el crecimiento continuo en un mundo finito”. Esta cruda realidad nos obliga a buscar estrategias de gestión y cuidado de nuestros bienes públicos que trasciendan la lógica del mercado.
Del Modelo Lineal al Paradigma Circular: Un Cambio de Mentalidad Urgente
Para entender la magnitud del desafío, es crucial diferenciar entre dos modelos económicos predominantes: la Economía Lineal y la Economía Circular. Ambos tienen enfoques radicalmente distintos sobre la producción, el consumo y, fundamentalmente, el destino de los recursos.
| Característica | Economía Lineal | Economía Circular |
|---|---|---|
| Enfoque Principal | Maximizar las salidas (producción de bienes/servicios). | Considerar el proceso productivo en su integridad (entradas, salidas, residuos). |
| Contabilidad | Exclusivamente monetaria (saldo de entradas y salidas monetarias). | Monetaria y física; valora procesos, reprocesos, ahorros. |
| Residuos | No considerados, no contabilizables por la empresa (externalidades). | Considerados como recursos y riqueza. |
| Objetivo | Incremento continuo de producción y beneficios. | Priorizar reciclaje, reutilización, ahorro de recursos, austeridad social. |
| Medición del Éxito | Porcentaje de incremento sobre el periodo anterior. | Densidad y potencia de procesos, re-procesos, ahorros (ej. emisiones). |
2.1. La Economía Lineal: Producir, Usar y Descartar
Simplificando, la Economía Lineal se enfoca en el proceso productivo desde el final: la cantidad de bienes o servicios producidos. Su análisis se centra en la cadena de producción de valor, buscando maximizar las “salidas”. Su contabilidad es estrictamente monetaria, lo que implica que los residuos físicos no son considerados porque no representan un valor monetario para la empresa. El objetivo es claro: maximizar la producción, y así, se nos ha acostumbrado a una letanía constante de porcentajes de incremento. El problema fundamental de este modelo es que desatiende y no toma en consideración la cadena de residuos físicos y las consecuencias colaterales de todo tipo, incluidas las sociales, que ocasiona su proceso productivo. Estas son las llamadas “externalidades” o “deseconomías externas”. Un vendedor de botellas de agua de plástico, por ejemplo, se preocupa únicamente de que se las paguen; el destino de la botella una vez usada no es su asunto.
2.2. La Economía Circular: Residuos como Recursos, Desechos como Riqueza
En contraste, la Economía Circular considera y atiende los procesos productivos en su integridad, abarcando tanto los aspectos monetarios como los físicos, y prestando atención a las entradas, salidas y, crucialmente, los residuos. Su característica principal, y la más revolucionaria en una sociedad habituada al usar y tirar, es que considera los residuos como recursos, los desechos como riqueza. Esta idea tiene una tremenda potencia transformadora. A partir de este enfoque, se prioriza el reciclaje, la reutilización, el ahorro de recursos y la austeridad social. La actividad productiva deja de ser lineal y despilfarradora para transformarse en circular y ahorradora. Las “entradas” o recursos iniciales serán tan importantes como las “reentradas” de materiales reciclados o reutilizados. La valoración de la actividad económica no se mide solo por las salidas convencionales (como unidades producidas o crecimiento anual), sino también por la densidad y potencia de los nuevos procesos que reutilizan antiguos residuos convertidos en recursos, que emplean fuentes energéticas renovables, o que gestionan recursos de áreas rurales abandonadas por la despoblación. En esencia, se busca organizar la sociedad de acuerdo con el viejo descubrimiento del químico Lavoisier: “nada se crea ni se destruye, solo se transforma”.
La Economía de los Cuidados: La Batalla en el Día a Día
Ahora podemos establecer una conexión vital: los bienes públicos, a pesar de su importancia crucial para nuestra supervivencia en la Biosfera, no pueden ser gestionados eficientemente solo por el mercado. Es imperativo cuidarlos y gestionarlos socialmente. La Economía Circular emerge como la forma más adecuada para lograrlo, ya que permite ahorrar recursos (eficiencia), fomentar la reutilización y las “reentradas”, y, en última instancia, habilita la lucha social por la imprescindible Sostenibilidad Global.
Por estas razones, la exigencia de cuidar y atender los bienes públicos está surgiendo con una fuerza inusitada en infinidad de rincones de la sociedad mundial. Algunos de estos bienes tienen una dimensión universal ineludible. Aunque la humanidad ha avanzado en acuerdos globales, como los deficientes e incompletos Acuerdos de Tokio (1997) y París (2017), aún queda un enorme esfuerzo por delante para que estos se completen y culminen de forma correcta.
Sin embargo, la verdadera batalla, la que realmente cuenta, se libra en el día a día, en cada pueblo y comunidad de la Tierra. Una ordenación mundial es necesaria, pero nunca será efectiva si no se conquista y se reafirma diariamente en cada lugar. En el caso específico de la sociedad canaria, la exigencia es incluso superior debido a su especialización económica en el turismo de masas. Esta especialización se basa en ofrecer una “excelente” residencia de calidad para atraer visitantes. El éxito de esta “invitación” dependerá directamente de la calidad de lo que se ofrece: el clima, las playas, el aire puro, los paisajes naturales y humanos, la tranquilidad social, y la calidad de los servicios (trabajo decente, urbanismo humanizado, comidas sanas de kilómetro cero). Todos estos elementos dependen intrínsecamente de la salud de nuestros bienes públicos. La valoración que los visitantes hagan de ellos será decisiva en su elección de destino.
Tristemente, el cuidado de los bienes públicos en Canarias se encuentra en mínimos, en gran parte debido al predominio incontestable de la Economía Lineal en la actividad turística. Su estructura empresarial se centra únicamente en sus “salidas”, medidas en beneficios contables. Si pueden mejorar esos beneficios con trabajo precario, lo hacen. Si consiguen alimentos y bebidas más baratos importándolos que produciéndolos localmente, los importan. Si una regasificadora promete bajar los precios de la luz, la defienden sin más. Pero todo esto es posible porque el “destino canario” posee valores excepcionales que, en ocasiones, permiten batir récords de afluencia durante varios años. Y esos bienes públicos excepcionales se están utilizando (como ingresos invisibles) en la contabilidad de beneficios de las empresas, y de forma gratuita. Se asume que “ya aparecerá alguien que se encargue de atenderlos”. Y así, el destino canario se está degradando progresivamente.
Los Incendios: Un Síntoma de Abandono y Desconexión
Todo lo anterior cobra especial relevancia al intentar comprender y explicar los persistentes e incontrolables incendios que nos están asolando. Este fenómeno es un reflejo del actual modelo de sociedad mundial, que se desata en las temporadas calurosas arrasando vastas extensiones de terreno en lugares tan diversos como Portugal continental, las islas griegas, Australia, Brasil o California.
Es revelador constatar que las reflexiones y valoraciones que surgen en estos días en Canarias encuentran su explicación en los profundos cambios producidos en las últimas décadas, que han afectado principalmente al sector primario y han forzado la despoblación de las cumbres y medianías. Para ilustrar esta mutación, hace sesenta años, la población activa canaria en el sector primario superaba el 54%; en la actualidad, y desde hace muchos años, se ha estancado en un mísero 2.5%.

En aquellas fechas, los incendios tal como los conocemos hoy, simplemente no existían. No solo porque las masas forestales de pinares fueran mucho más escasas (como en Gran Canaria), sino porque los montes estaban cuidados. Los habitantes del monte aprovechaban cada trozo de madera para cocinar sus potajes; la pinocha (hojas de pino) era transportada en camiones, cargados de forma asombrosa, hasta los almacenes de la costa para madurar los racimos de plátanos; las aromáticas retamas se podaban para hacer camas para el ganado y abonar las fincas; las hierbas y los pajonales eran el alimento de ovejas y cabras. En esas circunstancias, funcionaba una “sui generis” Economía Circular, donde no existían residuos ni despilfarro. La población rural había desarrollado las sabidurías necesarias para inventar, “avant la lettre”, una economía sostenible. En resumen, los montes —los bienes públicos forestales— estaban cuidados y limpios.
La situación actual está a años luz de aquella realidad. La pregunta crucial ahora es si será posible retornar a esa vieja situación o, si por ser esta inimaginable en la escala actual, debemos buscar y encontrar una nueva forma de cuidar y atender los bienes públicos de nuestras medianías y cumbres.
Propuestas para el Futuro: Hacia una Sociedad de los Cuidados Comunes
Existe un consenso generalizado en que, para superar estos “infiernos” recurrentes, el objetivo primordial debe ser cuidar, y no solo limpiar, todas nuestras masas forestales, y revitalizar las zonas que hemos llevado a la despoblación. Para lograrlo, se proponen las siguientes acciones:
5.1. Concepción Integral y Plan de Acción:
Es fundamental asumir, desde el principio, una concepción integral de la inmensa y apasionante tarea que implica cuidar y atender nuestro patrimonio natural, nuestros bienes públicos de las masas forestales. El camino debe conducir a un Plan de Acción concreto, que en la práctica actúe incluso más allá de las limitaciones de la legalidad de las propiedades, reconociendo la urgencia y la necesidad colectiva.
5.2. Apoyo a Ganaderos y Agricultores Locales:
Lo primero es ordenar y facilitar los aprovechamientos que algunos ganaderos y agricultores ya están realizando, o aquellos que deseen regresar o iniciar esa actividad. Dado que ellos son quienes cuidan nuestro patrimonio, se debe simplificar y clarificar sus actividades, eliminando trámites y burocracia innecesaria. Es crucial acercarse a ellos, “a pie de monte”, antes de que tengan que venir a nosotros, para solucionar no “sus” problemas, sino “nuestros” problemas. Ellos son los verdaderos protagonistas, los únicos indispensables en esta labor. Esto permitirá elaborar un primer mapa de cuidados efectivo.
5.3. Equipos de Cuidados Forestales Locales:
A corto plazo, los recursos privados que puedan movilizarse seguramente serán insuficientes. Por ello, se propone que, desde el Cabildo, junto con los Ayuntamientos correspondientes y, ¡muy importante!, con la población local, se formen profesionalmente y se contraten equipos de cuidados forestales. Recordando a los antiguos “peones camineros”, estos equipos, preferentemente con personal local, tendrían la finalidad de poner en marcha, desde sus respectivas zonas, actividades de economía circular dirigidas a suministrar recursos a la agricultura isleña más avanzada, ¡que los necesita urgentemente!
5.4. Recuperación de Red de Caminos y Senderos:
Se actuará también para mejorar, recuperar y mantener una antiquísima red de caminos, senderos y veredas que constituyen uno de los patrimonios más valiosos de nuestras zonas rurales. Su uso debe ser exclusivo para caminantes, prohibiendo cualquier vehículo con ruedas, que se limitarían a las pistas y caminos asfaltados. La organización de recorridos más o menos especializados y de duración variable, dirigidos por guías locales, tendría interesantes efectos multiplicadores a pequeña escala, fomentando un turismo más consciente y respetuoso con el entorno. Esta actividad se llevaría a cabo mediante la misma estructura institucional descrita en el punto 5.3.
5.5. Fomento de la Agricultura y Ganadería para la Prevención:
Se promoverá el regreso a la agricultura y la ganadería en las zonas más idóneas, lo cual, como se ha explicado estos días, servirá también como piezas de separación y resguardo entre las masas forestales, actuando como cortafuegos naturales. La creación de cooperativas, con condiciones de inicio atractivas, sería la fórmula preferida. En caso de no prosperar, se podría intentar que las actividades agrarias fueran llevadas a cabo por pequeñas entidades públicas empresariales locales (EPEL), en las que no haya lugar para el funcionariado tradicional. Todas estas posibles entidades productivas deberían culminar en la creación o aprovechamiento de una cooperativa comercializadora, profesionalizada, democrática y transparente, con su contabilidad accesible en la red.
5.6. Financiación a Través de una Tasa Ecológica:
La principal fuente de financiación externa para todo este Plan podría ser una nueva tasa ecológica, propuesta por el actual Gobierno de Canarias, a pagar por quienes nos visitan. Si, por ejemplo, se ingresara 1 euro por cada pernoctación, se alcanzaría un importe de unos 22 millones de euros anuales, solo en Gran Canaria. Esta sería una forma justa y sostenible de que quienes disfrutan de nuestros bienes públicos contribuyan a su cuidado.
5.7. Involucración del Sector Turístico y Comercial:
Para que este Plan de Cuidados sea sostenible, debe incorporar a las grandes cadenas comerciales, a la restauración y a la hostelería. Se les invitará a participar activamente en esta propuesta de Economía Circular y a comprometerse a representar y apostar por los productos agrarios del Kilómetro Cero. Además de su impacto positivo en el medio ambiente y la economía local, esto les serviría como un enorme gancho publicitario, atrayendo a un segmento de turistas y consumidores cada vez más conscientes.
5.8. El Poder de la Solidaridad Ciudadana:
La extraordinaria movilización solidaria de voluntades que se ha fraguado estos días, y que estalló con toda su potencia en eventos como el de Las Canteras, debe constituirse en el principal baluarte para que los cuidados lleguen y se queden en nuestros montes y medianías. Es el momento de empezar a revertir el abandono tradicional de estas zonas, aprovechando el compromiso cívico.
5.9. La Columna Vertebral Profesional:
Finalmente, es crucial reconocer el invaluable trabajo y el nivel de seriedad, serenidad y profesionalidad de los cuadros técnicos responsables de la lucha contra los incendios. Sentirnos seguros y en buenas manos es el mayor de los logros conquistados en estos días oscuros, enriqueciéndonos como sociedad. A este equipo de profesionales, se deberán sumar tantos otros que, a menudo, están ocultos en los entresijos de la administración. Ellos serán la columna vertebral de los recursos a organizar para hacer frente a este Plan integral para cuidar nuestros bienes públicos.
Preguntas Frecuentes (FAQ):
- ¿Qué son exactamente los "bienes públicos" y por qué son tan difíciles de cuidar?
Los bienes públicos son aquellos que no son excluyentes (todos pueden acceder a ellos sin pagar) y no son rivales (el consumo de uno no impide el de otro). Ejemplos son el aire o la luz del sol. Son difíciles de cuidar porque, al no tener un precio ni un propietario claro, nadie se siente directamente responsable de su mantenimiento, lo que lleva a su degradación por el uso excesivo y la falta de inversión en su conservación. - ¿Cuál es la principal diferencia entre la Economía Lineal y la Economía Circular?
La Economía Lineal se basa en "tomar, hacer, desechar", enfocándose en la producción y el beneficio monetario sin considerar los residuos ni el impacto ambiental. La Economía Circular, en cambio, busca transformar los residuos en recursos, promoviendo el reciclaje, la reutilización y el ahorro, con una visión integral del ciclo de vida de los productos y sus impactos. - ¿Cómo se relaciona la despoblación rural con los incendios forestales?
Históricamente, las zonas rurales estaban pobladas por comunidades que practicaban una forma "sui generis" de economía circular, aprovechando los recursos del monte (madera, pinocha, retama, pastos) de manera sostenible. Esto mantenía los bosques limpios y cuidados. La despoblación ha llevado al abandono de estas prácticas, acumulando material combustible y aumentando drásticamente el riesgo y la virulencia de los incendios. - ¿Cómo se propone financiar el Plan de Cuidados para los bienes públicos?
Una de las principales propuestas es la implementación de una nueva tasa ecológica, por ejemplo, un euro por pernoctación para los visitantes. Este ingreso se destinaría específicamente al cuidado y mantenimiento de los bienes públicos, especialmente los forestales y naturales. - ¿Qué papel juegan los ciudadanos y el sector privado en este Plan?
El Plan busca una implicación multifacética: los ganaderos y agricultores locales son vistos como protagonistas esenciales en el cuidado del monte. Se propone la formación y contratación de equipos de cuidados forestales con personal local. La solidaridad y el voluntariado ciudadano son considerados un baluarte fundamental. Además, se invita a grandes cadenas comerciales, restaurantes y hostelería a participar en la economía circular y a apostar por productos de kilómetro cero.
Conclusión:
Este Plan de Cuidados es solo una parte de una visión más amplia: la construcción de una Sociedad de los Cuidados Comunes. Reúne características especiales y, ahora más que nunca, debe aprovechar la movilización y los buenos propósitos que, como sociedad, nos hemos marcado. Ser capaces de acoger, hilvanar y poner a funcionar los enormes ofrecimientos de voluntarios y colaboradores es una realidad que no podemos, ni debemos, desaprovechar. La batalla por nuestros bienes públicos es la batalla por nuestro futuro, y es una que debemos, y podemos, ganar si actuamos con visión, compromiso y cooperación.
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