26/04/2022
“Me eligió como se elige un libro en una biblioteca. Ignoro si me escogió por el título, el lomo, la portada, la tipografía o por mi ubicación entre otros libros. No sé qué clase de texto fui para ella”.

Estas palabras de Juan Villoro resuenan con una verdad profunda para cualquier amante de la lectura: a veces, no somos nosotros quienes elegimos los libros, sino que ellos nos encuentran. Es una danza misteriosa entre el lector y el texto, un encuentro fortuito que puede cambiar una vida, moldear una perspectiva o, como en el caso de Villoro, encender la chispa de la escritura. Cuando el amor por las palabras alcanza su culmen, la escritura emerge no solo como un deseo, sino como una necesidad imperiosa de transmitir, de verter emociones en la página en blanco, de construir puentes a través del lenguaje. Escribir es, en esencia, otra forma de forjar comunidad, de reconocernos en las palabras del otro.
- Juan Villoro: El Lector que Se Convierte en Voz
- El Oficio de Escribir: Consejos de un Maestro
- La Biblioteca Esencial de Juan Villoro: Nueve Libros para Empezar a Escribir
- 1. “El Quijote” (1607), de Miguel de Cervantes Saavedra
- 2. “De perfil” (1966), de José Agustín
- 3. “Los detectives salvajes” (1998), de Roberto Bolaño
- 4. “Lolita” (1955), Vladimir Nabokov
- 5. “El barón rampante” (1957), de Italo Calvino
- 6. “Los recuerdos del porvenir” (1963), de Elena Garro
- 7. “Pedro Páramo” (1955), Juan Rulfo
- 8. Cuentos (1966), de Julio Cortázar; en especial ‘Todos los fuegos el fuego’
- 9. “De qué hablamos cuando hablamos de amor” (1987), Raymond Carver
- Preguntas Frecuentes sobre la Lectura y la Escritura (Según Juan Villoro)
- La Lectura Como Punto de Partida: Un Legado de Inspiración
Juan Villoro: El Lector que Se Convierte en Voz
Juan Villoro es, sin duda, una de las figuras más prominentes y multifacéticas de la literatura mexicana contemporánea. Reconocido no solo por su prolífica obra literaria, que abarca ensayo, narrativa y cuento con más de treinta títulos publicados, sino también por su aguda labor periodística y su pasión declarada por el rock, el cine y, especialmente, el fútbol. Su genio radica en una habilidad casi camaleónica para dominar diversos géneros, dejando una huella indeleble en cada uno de ellos.
Para alcanzar la cúspide de su carrera, marcada por obras como “El testigo” – novela galardonada con el prestigioso Premio Herralde de la Editorial Anagrama – Villoro se embarcó en un viaje de formación intelectual riguroso. Estudió Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana, una base que sin duda enriqueció su comprensión de las complejidades humanas y sociales. Tuvo el privilegio de asistir al taller de cuento del legendario Augusto Monterroso, una experiencia que pulió su destreza narrativa y su ingenio. Pero quizás el pilar fundamental de su desarrollo como escritor fue la lectura insaciable de los clásicos, esos faros que iluminan el camino de todo aquel que aspira a trascender en las letras.
El Oficio de Escribir: Consejos de un Maestro
En una ocasión, se le preguntó a Juan Villoro qué consejos ofrecería a aquellos que sueñan con convertirse en escritores. Su respuesta, cargada de sabiduría y humildad, es una guía esencial para cualquier aspirante. Villoro enfatiza que el acto de escribir no es un destino al que se llega, sino una condición que se asume desde el primer trazo. “Todo aquel que quiere convertirse en escritor debe considerarse como tal desde el momento en que comienza a escribir. En la literatura, y el arte en general, todos somos principiantes”, afirmó. Esta perspectiva desmitifica la figura del “escritor consagrado” y la reemplaza con la imagen de un explorador perpetuo, siempre en búsqueda, siempre aprendiendo.
Para Villoro, la valentía es un ingrediente fundamental en este oficio. Reconocerse como artista implica una disposición a enfrentar las dudas y los desafíos constantes. “Quien empieza a escribir ya es un artista. Entonces debe asumir este carácter con toda la valentía que implica ejercer un oficio. ¿Por qué? Porque cuando alguno de ellos tenga 80 años se dará cuenta que aún tiene dudas, que aún es principiante y eso es lo bueno de esto”. Esta visión libera al aspirante de la presión de la perfección instantánea, invitándolo a abrazar el proceso y la evolución continua.
Pero quizás el consejo más valioso de Villoro reside en la búsqueda de la autenticidad. No hay fórmulas mágicas ni recetas preestablecidas para crear obras maestras. La literatura, a diferencia de otros campos, no permite la producción en serie de “genios instantáneos”. La clave, según él, es la auto-reconocimiento de la voz propia. “La actitud fundamental es reconocer su propia voz. Una voz distinta a las que ya existen, pues la literatura nos ha otorgado obras maravillosas. Y lo que esperamos del nuevo escritor es que reconozca su propia melodía y la imponga”. Es un llamado a la originalidad, a la singularidad, a la valentía de sonar diferente en un coro de voces ya establecidas.
La Biblioteca Esencial de Juan Villoro: Nueve Libros para Empezar a Escribir
Inspirado por la generosidad intelectual de Juan Villoro, presentamos una selección de nueve obras que él mismo recomienda como punto de partida para todo aquel que desee embarcarse en el fascinante viaje de la escritura. Estas lecturas no solo son joyas literarias por derecho propio, sino que ofrecen lecciones invaluables sobre la estructura, el estilo, la construcción de personajes y la exploración de la condición humana.
1. “El Quijote” (1607), de Miguel de Cervantes Saavedra
La obra cumbre de la literatura española, y para muchos, la primera novela moderna. Narra las ingeniosas y a menudo cómicas aventuras de Alonso Quijano, un hidalgo que enloquece de tanto leer libros de caballerías y decide convertirse en Don Quijote de la Mancha, acompañado de su fiel escudero Sancho Panza. Su viaje es una odisea que explora la vida misma en todas sus facetas: adversidades, amor, muerte, injusticia, venganza, pobreza, cinismo, esperanza, amistad y valentía. Villoro considera esta obra maestra no solo como la mejor novela moderna, sino también posmoderna, “al ser una novela de cómo se escriben las novelas”. Es un meta-relato que revela los engranajes de la creación literaria, invitando al lector a reflexionar sobre la naturaleza misma de la ficción.
2. “De perfil” (1966), de José Agustín
Una novela icónica de la literatura mexicana, representativa de la "onda" literaria. Esta historia se sumerge en la compleja configuración de la adolescencia, esa etapa vital en la que la búsqueda de una actitud ante la vida definirá el presente y el futuro. Sigue a Rodolfo Valembrando, un joven que, al principio, parece vivir sin preocupaciones, disfrutando de salidas con amigos y una existencia despreocupada. Sin embargo, poco a poco se enfrenta a situaciones que lo marcarán profundamente, forzándolo a madurar y a confrontar la realidad. Es una novela de iniciación vibrante, llena de ironía y una innegable esperanza, que nos recuerda que nuestra existencia está tejida de instantes efímeros pero significativos.
3. “Los detectives salvajes” (1998), de Roberto Bolaño
Una epopeya literaria que sigue los pasos de Arturo Belano y Ulises Lima, dos jóvenes poetas y "detectives" que inician una búsqueda obsesiva por Cesárea Tinajero, una enigmática escritora desaparecida en los años posteriores a la Revolución Mexicana. Lo que comienza como una indagación se transforma en un viaje que abarca dos décadas y varios continentes, tejiendo una red de amores, muertes, asesinatos, manicomios, fantasmas y encuentros insólitos. La prosa de Bolaño es magnética, y como advierte Villoro, una vez que te sumerges en ella, “no podrás apartar los ojos del libro”. Para Villoro, Bolaño no solo fue un gran amigo, sino un escritor que comprendió la vida como un gesto poético, una aventura constante.
4. “Lolita” (1955), Vladimir Nabokov
Considerada unánimemente una obra maestra de la literatura universal, “Lolita” es una novela que sigue siendo objeto de controversia y fascinación. Aborda la historia de Humbert Humbert, un hombre de mediana edad, y su obsesión sexual por Lolita, una niña de doce años. Su relación prohibida y moralmente ambigua desencadena una serie de acontecimientos violentos y perturbadores que transforman sus vidas para siempre. La novela, que fue censurada en varios países debido a su temática, es también un retrato brutal y penetrante de los horrores y las hipocresías de la cultura estadounidense de la época, presentada con una prosa de exquisita belleza y complejidad psicológica.
5. “El barón rampante” (1957), de Italo Calvino
Parte de la trilogía “Nuestros antepasados”, esta novela narra la singular historia de Cosimo Piovasco di Rondò, un joven noble italiano que, en un acto de rebeldía, decide vivir encaramado a los árboles y nunca más bajar a tierra firme. Desde su perspectiva aérea y distante, Cosimo observa el transcurso de la Historia, incluyendo eventos tan trascendentales como la Revolución Francesa, sin abandonar jamás su insólita morada. La novela es una meditación sobre la libertad, la individualidad y la relación del hombre con la sociedad. Calvino mismo declaró que su verdadero tema narrativo en esta obra era: “Una persona se fija voluntariamente una difícil regla y la sigue hasta sus últimas consecuencias, ya que sin ella no sería él mismo, ni para sí ni para los otros”. Es una invitación a explorar los límites de la propia voluntad y la búsqueda de la identidad a través de la autoimposición de reglas.
6. “Los recuerdos del porvenir” (1963), de Elena Garro
Una obra fundamental del realismo mágico mexicano, a menudo comparada con la de Rulfo. Esta novela coral se desarrolla en el mítico pueblo de Ixtepec, cuyos habitantes viven atrapados en un pasado inmutable, oprimidos por la presencia militar y la figura imponente del General Francisco Rosas. La llegada de un nuevo residente, Felipe Hurtado, altera la monotonía y el estancamiento del pueblo, desatando una serie de eventos que culminan en la ira del general, especialmente después de que Hurtado se atreve a robarle a su amada Julia. La novela es un viaje fascinante a través de la época revolucionaria de México, explorando temas como el tiempo cíclico, la memoria, la opresión y la resistencia, todo ello envuelto en una atmósfera onírica y poética.
7. “Pedro Páramo” (1955), Juan Rulfo
Para Juan Villoro, esta es una de las obras más importantes y definitorias del realismo mágico, y una piedra angular de la literatura latinoamericana. La novela sigue a Juan Preciado, quien, en su lecho de muerte, promete a su madre que regresará a su pueblo natal, Comala, para buscar a su padre, Pedro Páramo, y reclamar lo que por derecho les pertenece. Sin embargo, al llegar a Comala, Juan se encuentra con un lugar desolado y habitado por personajes extraños, que le relatan fragmentos de la vida de Pedro Páramo. Poco a poco, Juan empieza a sospechar que el pueblo está habitado por fantasmas, y que él mismo podría estar en un reino entre la vida y la muerte. Es una obra maestra de la atmósfera, la elipsis y la construcción narrativa, que explora la memoria, el olvido, la justicia y la búsqueda de identidad.
8. Cuentos (1966), de Julio Cortázar; en especial ‘Todos los fuegos el fuego’
Julio Cortázar, un maestro del cuento y la exploración de lo fantástico en la vida cotidiana. Aunque Villoro recomienda sus Cuentos en general, destaca especialmente el volumen “Todos los fuegos el fuego”, publicado en 1966. Este libro reúne ocho relatos magistrales en los que Cortázar explora las complejas relaciones humanas desde su perspectiva única y a menudo surrealista. El cuento que Villoro enfatiza, “Todos los fuegos el fuego”, es un ejemplo brillante de cómo Cortázar juega con las dimensiones del tiempo y el espacio, permitiendo que una persona o situación exista simultáneamente en distintos planos de la realidad. Esta técnica crea patrones y resonancias que el autor definió como "figuras", donde las divisiones convencionales de tiempo y espacio son violadas con una maestría asombrosa, invitando al lector a cuestionar la naturaleza de la realidad.
9. “De qué hablamos cuando hablamos de amor” (1987), Raymond Carver
Raymond Carver es un referente ineludible del cuento corto contemporáneo y del minimalismo literario. Este libro, considerado uno de sus trabajos más representativos, reúne una colección de historias que profundizan en las complejidades de las relaciones humanas, a menudo con un tono sombrío y melancólico. En sus relatos, encontramos parejas que se desmoronan, compañeros que se embarcan desesperadamente en aventuras sin rumbo, hijos que luchan por comunicarse con sus padres, y un universo que, aunque cotidiano, se revela injusto, violento y tenso. Juan Villoro no solo recomienda este título, sino que extiende la invitación a explorar otras obras esenciales de Carver, como “Catedral”, “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?”, “Vidas cruzadas”, “Principiantes” o “Si me necesitas, llámame”. La prosa de Carver es concisa, directa y profundamente conmovedora, mostrando la inmensa capacidad del cuento para capturar la esencia de la vida.
Preguntas Frecuentes sobre la Lectura y la Escritura (Según Juan Villoro)
Las reflexiones de Juan Villoro sobre el arte de escribir y su profunda relación con la lectura inspiran varias interrogantes que a menudo surgen en la mente de quienes se adentran en este fascinante mundo. A continuación, abordamos algunas de ellas, basándonos en sus propias palabras y filosofía.
¿Es necesario leer a los clásicos para convertirse en escritor?
Aunque Villoro no lo afirma como una regla inquebrantable, su propia trayectoria y su mención explícita de la lectura de los clásicos como pilar de su formación sugieren su inmensa importancia. Leer a los clásicos no solo proporciona un vasto repertorio de estilos y estructuras narrativas, sino que también expone al aspirante a escritor a las grandes preguntas de la humanidad, a las formas en que la literatura ha explorado la condición humana a lo largo del tiempo. Son los maestros silenciosos que nos guían en el complejo arte de la narración.
¿Existe una "fórmula" para escribir un buen libro?
Decididamente, no. Villoro es enfático al señalar que “No hay recetas que te permitan hacer libros con fórmula, si fuera así existirían genios instantáneos”. La escritura es un proceso orgánico, personal e intransferible. Cada obra es el resultado de una alquimia única entre la experiencia del autor, su voz, su imaginación y el tema que aborda. Intentar seguir una fórmula solo conduciría a obras predecibles y sin alma.
¿Cuándo se considera uno "escritor"?
Según Juan Villoro, el título de "escritor" no es algo que se gane después de publicar, sino una identidad que se asume desde el primer momento en que se comienza a escribir. “Todo aquel que quiere convertirse en escritor debe considerarse como tal desde el momento en que comienza a escribir.” Es un acto de fe y valentía, un reconocimiento de la propia vocación, independientemente de la trayectoria o el reconocimiento externo.
¿Por qué es importante encontrar la "voz propia"?
La voz propia es el sello distintivo de un escritor, aquello que lo hace único y reconocible. Villoro subraya que “lo que esperamos del nuevo escritor es que reconozca su propia melodía y la imponga”. En un mundo saturado de narrativas, la originalidad y la autenticidad son cruciales. Es a través de esta voz única que el escritor puede ofrecer una perspectiva fresca y personal, contribuyendo de manera significativa al vasto universo literario.
¿La escritura es un camino solitario?
Si bien el acto de escribir puede ser intrínsecamente solitario, Villoro enfatiza que "Escribir es también otra manera de crear comunidad, pues somos seres constituidos de palabras." A través de la literatura, los escritores conectan con sus lectores, estableciendo un diálogo que trasciende el tiempo y el espacio. Las palabras se convierten en hilos que tejen una red de entendimiento y empatía, creando una comunidad invisible pero poderosa.
La Lectura Como Punto de Partida: Un Legado de Inspiración
El viaje a través de las palabras de Juan Villoro, tanto las que escribe como las que recomienda, nos deja una lección fundamental: la lectura no es solo un placer, sino el cimiento sobre el cual se edifica la escritura. Es a través de la inmersión en las obras de otros que el aspirante a escritor nutre su imaginación, aprende las complejidades del lenguaje y descubre las infinitas posibilidades de la narrativa. Villoro, con su vasta experiencia y su aguda sensibilidad, nos invita a un acto de valentía: el de asumirnos como artistas desde el primer momento, de abrazar la constante condición de principiantes y, sobre todo, de buscar con ahínco esa voz propia que nos hará únicos. Su legado no es solo una colección de libros, sino una inspiración para cada lector que sueña con convertir sus propias palabras en puentes hacia el mundo. Es un recordatorio de que, a veces, los libros nos eligen, y al hacerlo, nos abren las puertas a un universo de creación inagotable.
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