08/05/2024
La Organización Nacional de Ciegos Españoles, conocida popularmente como ONCE, es mucho más que la entidad que cada día vende sus famosos cupones. Es una institución con una profunda raíz social, nacida de la necesidad y la lucha por la dignidad de las personas invidentes en España, y que con el paso de las décadas ha extendido su mano a todo el colectivo de la discapacidad. Su historia es un testimonio de resiliencia, solidaridad y una transformación social que ha marcado un antes y un después en la vida de miles de ciudadanos.

Desde sus orígenes, la ONCE se ha erigido como un pilar fundamental para garantizar la autonomía y la participación plena de las personas con discapacidad en la sociedad, financiando su vasta labor social a través de la comercialización de loterías y generando empleo directo para sus afiliados. Su compromiso va más allá de lo económico, participando activamente en foros nacionales e internacionales para promover los derechos y la visibilidad de las personas con ceguera y otras discapacidades. Para comprender su magnitud y su impacto, es esencial sumergirse en su fascinante trayectoria.
- Los Orígenes y la Fundación: Un Grito Contra la Mendicidad
- La ONCE durante la Dictadura: Consolidación y Desarrollo Social
- La Transición a la Democracia: Un Impulso Renovador
- Expansión y Diversificación: Más Allá de la Ceguera
- Desafíos del Siglo XXI y Nuevas Apuestas
- Un Legado de Reconocimientos: El Impacto de la ONCE
- Preguntas Frecuentes sobre la ONCE
Los Orígenes y la Fundación: Un Grito Contra la Mendicidad
A principios del siglo XX, la situación de las personas invidentes en España era, en su mayoría, desoladora. Abocados a la mendicidad como única vía de subsistencia, empezaron a surgir iniciativas locales, pequeñas rifas callejeras organizadas por asociaciones de invidentes, a menudo al margen de la ley. Estas iniciativas, aunque ilegales, representaban un atisbo de esperanza y dignidad, extendiéndose por regiones como Levante, Cataluña y Andalucía.
Asociaciones como la de Ciegos de Cataluña, fundada en 1934, o la Sociedad de Socorros Mutuos y Defensa del Ciego de Cádiz, fueron pioneras en esta lucha. El primer intento de una organización a nivel nacional fue la Federación Hispánica de Ciegos en 1930, seguida por el Patronato Nacional de Protección de Ciegos en 1931, un organismo estatal que, sin embargo, estaba dirigido por personas videntes.
Un hito importante en la búsqueda de la autonomía fue la labor de Clara Campoamor como directora general de Beneficencia en 1934, impulsando una Bolsa de Trabajo de Ciegos y concediendo pensiones para erradicar la mendicidad. No obstante, el verdadero germen de lo que sería la ONCE surgió en plena Guerra Civil española. En 1937, Javier Gutiérrez de Tovar, presidente de la asociación sevillana La Hispalense, impulsó la Federación Bética de Ciegos. Paralelamente, en Burgos, un grupo de invidentes y autoridades falangistas trabajaban en la reconstitución del Patronato de Ciegos.
De la unión de estas voluntades nació la idea de una organización nacional de ciegos, que renunciaba al modelo benéfico del Patronato en favor de la propuesta de Gutiérrez de Tovar: la autonomía económica a través de la venta de cupones de lotería. Esta visión se materializó el 25 de agosto de 1938, cuando Gutiérrez de Tovar expuso su ponencia en defensa de la tiflología y la integración social de los invidentes, obteniendo el apoyo gubernamental.
El 4 de diciembre de 1938, una Orden Ministerial disolvió el antiguo Patronato. Finalmente, el 11 de diciembre, el proyecto de creación de la Organización Nacional de Ciegos (ONC) fue aprobado por el Consejo de Ministros. Dos días después, el 13 de diciembre de 1938, coincidiendo con la festividad de Santa Lucía, patrona de los invidentes, Francisco Franco firmó el decreto fundacional. La ONC, dependiente del Ministerio del Interior, agrupaba obligatoriamente a todos los invidentes españoles con fines de mutua ayuda y para la resolución de sus problemas específicos.
El mismo decreto estableció el Consejo Superior de Ciegos, un organismo estatal dirigido por videntes que tutelaría a la ONC. En 1939, se aprobó el Reglamento que autorizaba la comercialización del «cupón prociegos» como fuente exclusiva de ingresos. El primer sorteo se celebró en Madrid el 8 de mayo de 1939, marcando el inicio de una nueva era.
Durante los años 40, la ONCE inició un proceso de consolidación, abriendo sus primeros colegios para invidentes y fomentando la inclusión laboral mediante la creación de fábricas de dulces y talleres industriales. Aunque hubo cambios en la dirección, con el cese de Gutiérrez de Tovar en 1948 y la llegada de José Ezquerra en 1949, la organización siguió evolucionando. En 1952, se añadió el término "Españoles" a su denominación, completando así su nombre actual.
La década de los 60, bajo la dirección de Ignacio de Satrústegui, marcó un punto de inflexión en la inserción laboral más allá de la venta de cupones. Se impulsaron centros de formación profesional y talleres ocupacionales, culminando con la creación de instituciones especializadas como la Escuela de Fisioterapia (1964), la Escuela de Telefonía (1966) y el Centro de Rehabilitación y Formación Profesional (1966). Paralelamente, se potenció el acceso a la cultura y la información a través de bibliotecas e imprentas braille, y se impulsó el audiolibro, democratizando el conocimiento para las personas con discapacidad visual.
La Transición a la Democracia: Un Impulso Renovador
Con el fin de la dictadura, la ONCE, como muchas otras instituciones en España, inició un proceso de democratización. Impulsado por un grupo emergente de jóvenes sindicalistas, este movimiento culminó el 19 de enero de 1982 con la celebración de las primeras elecciones entre los afiliados. Antonio Vicente Mosquete fue elegido como el primer presidente democrático, marcando el inicio de una etapa de profunda modernización.
La ONCE se transformó de una organización de caridad a una institución de servicios, con un enfoque renovado en la dignidad y los derechos de sus afiliados. Paralelamente, su desarrollo empresarial experimentó un auge sin precedentes gracias a la reconversión del Cupón Pro-Ciegos. El 2 de enero de 1984, se lanzó el nuevo Cupón a nivel nacional, con una mayor dotación de premios, lo que disparó sus ventas en un 300%. Este éxito comercial, sumado a la posterior introducción del "cuponazo", multiplicó exponencialmente los ingresos de la institución, permitiéndole expandir su labor social a cotas impensables.
Expansión y Diversificación: Más Allá de la Ceguera
El éxito del Cupón no solo consolidó la viabilidad económica de la ONCE, sino que también le permitió ampliar su campo de acción. En 1988, se dio un paso trascendental con la creación de la Fundación ONCE para la cooperación e inclusión social de las personas con discapacidad. Este hito significó que la organización extendía su misión más allá de la ceguera, abarcando a todo el colectivo de personas con discapacidad, un compromiso que la ha convertido en un referente internacional.
Un año después, en 1989, la Fundación impulsó el grupo empresarial Fundosa, con el objetivo primordial de generar empleo estable y de calidad para personas con discapacidad, demostrando que la rentabilidad económica podía ir de la mano de la rentabilidad social.
Bajo la dirección general de Miguel Durán a partir de 1989, la ONCE inició un ambicioso proceso de inversiones en sectores estratégicos. A través de entidades como Finonce (finanzas), Indonce (industria), Servionce (servicios), Surba (negocio inmobiliario) y Divercisa (comunicación), la organización buscó diversificar sus fuentes de ingresos y generar mayores oportunidades. En el sector de la comunicación, su actividad fue notable, adquiriendo periódicos como El Independiente y Diario de Barcelona, y participando en la creación de la agencia de noticias Servimedia, la cadena televisiva Telecinco y la radiofónica Onda Cero. Si bien algunas de estas inversiones resultaron deficitarias, demostraron la audacia y la visión empresarial de la ONCE en esa época. Esta etapa finalizó en 1993, con la dimisión de Durán y la creación de la Corporación Empresarial ONCE (CEOSA), para aglutinar sus diversas empresas.
Desafíos del Siglo XXI y Nuevas Apuestas
Con la llegada del nuevo milenio, las ventas del Cupón comenzaron a experimentar un progresivo declive, motivado por la creciente competencia en el sector de las apuestas y loterías, con la aparición de nuevos juegos y plataformas. Esta situación impulsó a la ONCE a innovar y diversificar su oferta de juegos para mantenerse relevante y seguir financiando su crucial labor social.
En 2004, lanzó El Combo, su primer juego activo, y en 2006, introdujo El Rasca, su primera lotería instantánea, adaptándose a las nuevas tendencias del mercado. Aunque quedó fuera de la comercialización de la lotería europea Euromillones, gestionada por el Estado, en 2012 inició la venta exclusiva en España de su principal competidora, el Eurojackpot, reafirmando su papel como operador clave en el sector del juego responsable.
Un Legado de Reconocimientos: El Impacto de la ONCE
La trayectoria de la ONCE y su inquebrantable compromiso social han sido reconocidos a nivel nacional e internacional con prestigiosos galardones. En 2013, la ONCE recibió el codiciado Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, un reconocimiento a su ejemplar labor en la inclusión social de las personas con discapacidad, destacando su modelo único de autofinanciación y su impacto transformador.
Posteriormente, en 2018, fue galardonada con la Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo, y en 2020, su "Acción Social" fue acreditada como Embajador Honorario de la Marca España. Este último reconocimiento, entregado por los reyes de España, subraya cómo la ONCE ha contribuido significativamente a la generación y el fortalecimiento de una imagen positiva de España en el exterior, como un país comprometido con la diversidad, la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad.
Con más de 72.000 afiliados a finales de 2019, de los cuales la inmensa mayoría son personas con deficiencia visual grave o ceguera total, la ONCE continúa siendo un faro de esperanza y un motor de cambio. Su modelo, basado en la venta de juegos responsables, ha demostrado ser una fórmula exitosa para financiar una labor social que no solo asiste, sino que empodera y dignifica a las personas con discapacidad, permitiéndoles desarrollar todo su potencial y participar activamente en la sociedad.
Preguntas Frecuentes sobre la ONCE
¿Cuál es la misión principal de la ONCE?
La misión principal de la ONCE es la inclusión social de las personas ciegas y con otras discapacidades en España. Esto lo logra a través de la creación de empleo, la prestación de servicios especializados (educación, rehabilitación, acceso a la cultura y el deporte) y el fomento de la autonomía personal, todo ello financiado principalmente con la comercialización de sus loterías y juegos.
¿Quiénes son los afiliados de la ONCE?
Los afiliados de la ONCE son personas con ceguera total o con una deficiencia visual grave reconocida. A 31 de diciembre de 2019, contaba con 72.231 afiliados, siendo el 87% personas con deficiencia visual grave y el 13% con ceguera total. La organización trabaja para mejorar su calidad de vida y su plena inclusión en la sociedad.
¿Cómo se financia la ONCE?
La ONCE se financia principalmente a través de la venta de sus productos de juego, como el Cupón diario, el Sueldazo, el Eurojackpot y El Rasca, entre otros. Tiene reconocida una concesión estatal en materia de juego que le permite comercializar estas loterías, destinando los beneficios obtenidos a su labor social y a la creación de empleo para sus afiliados.
¿Cuándo se fundó la ONCE?
La ONCE fue fundada oficialmente el 13 de diciembre de 1938, mediante un decreto firmado por Francisco Franco. Su origen se remonta a las iniciativas de asociaciones de invidentes que, desde principios del siglo XX, buscaban generar sus propios recursos a través de rifas y loterías para escapar de la mendicidad.
¿Qué es la Fundación ONCE?
La Fundación ONCE para la Cooperación e Inclusión Social de Personas con Discapacidad fue creada en 1988 por la ONCE. Su objetivo es promover la inclusión social de todas las personas con discapacidad, no solo las visuales. Se encarga de gestionar programas de formación, empleo, accesibilidad universal y autonomía personal, buscando mejorar la calidad de vida de este colectivo en su conjunto. Es un pilar fundamental de la labor social ampliada de la ONCE.
En resumen, la ONCE es un ejemplo paradigmático de cómo una necesidad social puede transformarse en una fuerza motriz para el cambio. Su modelo de autogestión y financiación, basado en el juego responsable, ha permitido construir un entramado de servicios y oportunidades que han dignificado la vida de miles de personas. Desde sus orígenes en la lucha contra la mendicidad hasta su rol actual como embajadora de la Marca España, la ONCE sigue siendo un faro de solidaridad y un motor de inclusión para las personas con discapacidad en nuestro país.
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