16/06/2022
En el vasto universo de la literatura y el arte popular argentino, pocas figuras brillan con la singularidad y el espíritu aventurero de Javier Villafañe (1909-1996). Más que un simple escritor o un titiritero, Villafañe fue un verdadero poeta del camino, un juglar moderno cuya vida fue una constante travesía. Se pasó la vida viajando por su natal Argentina y por innumerables países, llevando consigo no solo su equipaje y sus títeres, sino también un caudal inagotable de cuentos inventados y poemas que brotaban de su alma como agua de manantial. Su existencia, marcada por la libertad y la búsqueda incesante, lo convirtió en un referente ineludible de la cultura popular y en uno de los padres del movimiento titiritero moderno en Latinoamérica.

Desde sus primeros años, Villafañe mostró una inclinación natural hacia el mundo de la fantasía y la narración. Siendo apenas un niño, su madre le leía cuentos que encendían su imaginación. Con una silla cubierta por una sábana, improvisaba su primer teatro de títeres, donde las medias se convertían en los personajes que calzaban en sus manos. Esta temprana conexión con el arte de los títeres sellaría su destino. A los 17 años, su curiosidad lo llevó a descubrir los teatros de títeres del barrio de La Boca, en Buenos Aires, un crisol cultural enriquecido por la presencia de inmigrantes titiriteros. Allí, se encontró con marionetas de origen italiano como los Pupi, pesadas figuras de madera manipuladas por barras que hablaban en genovés, una experiencia que, según sus propias palabras en una entrevista para la Revista Uno Mismo, «selló mi camino».
Un hito crucial en la formación de Villafañe fue su encuentro con el célebre poeta español Federico García Lorca durante la visita de este último a Argentina para el estreno de 'Bodas de Sangre'. En esa ocasión, Villafañe y su amigo Juan Pedro Ramos tuvieron la oportunidad de conversar con Lorca sobre su actividad como titiriteros. El entusiasmo de García Lorca por los títeres era tal que, la noche del estreno, le regaló a Villafañe una cabeza de títere construida por él mismo. Posteriormente, Lorca le expresó su pesar por la escasez de buenos textos y libretos para títeres, una inquietud que, sin duda, resonaría profundamente en el futuro trabajo literario de Villafañe.
La visión de una vida en constante movimiento se materializó en uno de los proyectos más emblemáticos de Villafañe: la carreta La Andariega. La idea surgió un día, en el balcón de la casa de su hermano, cuando él y Juan Pedro Ramos vieron pasar un carro de heno con un muchacho recostado, mirando el cielo. La imagen les inspiró el deseo de viajar toda la vida sin rumbo fijo. Tras vender algunas pertenencias, compraron una carreta de reparto de hielo a precio rebajado, a la que bautizaron La Andariega, y una yegua, La Guincha. Durante meses, en un baldío del barrio de Belgrano, se dedicaron a refaccionar y decorar el carro, con la ayuda de amigos artistas que colaboraron con arreglos, la creación de muñecos y el ensayo de textos y voces. Habían aprendido la técnica de títeres de guante con viejos maestros y fabricaron su primer muñeco con mates: Maese Trotamundos. En octubre de 1935, La Andariega hizo su primera función en ese mismo baldío, con una obra para adultos. Luego, el carro emprendió su viaje por las provincias argentinas, ofreciendo espectáculos 'a la gorra' y siendo invitados a comer en las casas de su público. Tras el robo de La Guincha en Ituzaingó, un vecino les regaló a Miserias, con quien continuaron su camino hasta Luján.
Luján se convirtió en un refugio y un lugar especial para Villafañe, un cariño que plasmó en sus obras. Allí, la compañía estableció lazos fundamentales con dos figuras clave: Federico Monjardín y Jorge Furt. Monjardín, profesor, intendente de Luján y Diputado nacional, les organizó una función en la puerta de la Escuela Normal. En ese momento, no contaban con repertorio infantil, pero la imaginación de Villafañe los llevó a adaptar sus obras para adultos, influenciadas por autores como Ramón del Valle-Inclán, convirtiéndolas en historias para niños. Así nacieron Juancito y María, personajes cuyas historias se publicaron más tarde en 'Teatro de Títeres'. Jorge Furt, dueño de la estancia «Los Talas» y poseedor de una de las bibliotecas privadas más importantes de Argentina, se convirtió en un mentor crucial. Alojó a Villafañe y Ramos, les abrió su biblioteca, y en 1936, dirigió una de las primeras ediciones de títeres en Argentina, inicialmente con romances simples que luego se complementaron con otros libros.
La producción literaria de Javier Villafañe es tan variada como sus viajes. A lo largo de su carrera, escribió las historias que representaba en su carreta y recopiló y amplió una vasta colección de obras infantiles. Publicó numerosos libros, destacándose por su habilidad para capturar la esencia del folklore y la tradición oral. Sus volúmenes de narrativa son un testimonio de su profundo interés por los relatos populares y las historias que le contaban en cada rincón del mundo. Muchos de ellos se nutren completa o parcialmente de este acervo literario, recreando las formas y el espíritu de la literatura tradicional.
Aquí una tabla comparativa de algunos de sus volúmenes de narrativa:
| Título del Libro | Año de Publicación | Descripción / Temática Principal |
|---|---|---|
| Los cuentos que me contaron | 1970 | Recopilación de 94 cuentos narrados por niños. |
| La mujer que se volvió serpiente y otros cuentos que me contaron | 1977 | Colección de cuentos populares y relatos escuchados. |
| Los cuentos que me contaron por los caminos de Don Quijote | 1987 | Historias recogidas durante sus viajes, con referencias a la picaresca española. |
| Los cuentos que me contaron por los caminos de Aragón | 1991 | Continuación de sus recopilaciones de relatos populares de diversas regiones. |
| Los sueños del sapo | 1963 | Cuentos y leyendas ilustrados por niños, con fuerte influencia folklórica. |
| Don Juan el Zorro | 1963 | Vida y meditaciones de un pícaro, obra que fue prohibida durante la dictadura. |
| Cuentos con pájaros | 1979 | Relatos con aves como protagonistas, a menudo con moralejas. |
| El caballo celoso | 1985 | Un relato surrealista con reminiscencias kafkianas, crítica a la burocracia. |
| Maese Trotamundos por el camino del Quijote | 1983 | Diálogo con el personaje que representa su alter ego, explorando el concepto del viaje. |
Además de su profunda conexión con la literatura de tradición oral, Villafañe cultivó los clásicos universales, especialmente los españoles, que nutrieron su infancia y juventud. Esta influencia se refleja en la simplicidad de sus argumentos y en el manejo depurado de un lenguaje a menudo poético en sus obras para títeres. Sorprendentemente, para un autor que ejerció el oficio de titiritero por casi setenta años, el número de sus obras dramáticas es relativamente reducido, lo cual se explica por su visión juglaresca: al viajar permanentemente, cambiaba de público y no necesitaba renovar constantemente su repertorio. Esta filosofía de vida y arte se plasmó en anécdotas como la del artista ambulante en Roma, quien le contó que su familia había representado la misma obra por generaciones.
Villafañe no solo fue un artista ambulante, sino también un pensador con una visión transgresora de la sociedad. Durante uno de los muchos gobiernos militares que asolaron Argentina en el siglo XX, su libro 'Don Juan el Zorro' (1963) fue prohibido y retirado de circulación, lo que lo llevó a exiliarse en Venezuela y México. Su regreso a Argentina solo fue posible en la década de 1980, con la caída del último régimen militar. Esta experiencia marcó profundamente su obra, y una de sus últimas piezas de títeres, 'El Panadero y el Diablo' (1986), es una farsa de contenido explícitamente político. En ella, el Panadero, que amasa el pan para todos por igual, representa la fuerza del trabajo y un estado equitativo, mientras el Diablo, que quiere apropiarse del pan, encarna una imagen demonizada del capitalismo y una alusión a los métodos totalitarios aplicados en América Latina. Aunque esta obra es una de las pocas con un mensaje político tan directo, otras de sus creaciones también cuestionan las bases de la sociedad burguesa, como 'Circulen, caballeros, circulen', que critica la sociedad de consumo, o 'El Fantasma', una burla sobre el matrimonio, y 'La Guardia del General', que expone la corrupción en ámbitos militares. Su actitud irreverente y creativa se manifestó incluso en anécdotas personales, como el 'Romance cobrador' que envió a un funcionario para reclamar un pago pendiente, un poema que, sorprendentemente, cumplió su objetivo.
Más allá de su compromiso social y político, la obra de Villafañe también exploró el realismo mágico, el surrealismo y el absurdo, especialmente en su poesía y narrativa. Ejemplos como 'El caballo celoso', con su descripción kafkiana de una municipalidad, o 'El Uñoso', con un personaje que disfruta reventando globos y coleccionar botones, demuestran su capacidad para erosionar lo establecido tanto en lo social como en lo estético. Villafañe hizo de sí mismo un personaje, una máscara romántica en medio de la sociedad tecnológica. Con su sombrero de paja, su mono de obrero, sus zapatillas blancas, su barba y su figura rellena, parecía un ser de cuento, el abuelo mágico que todos desearíamos tener. A pesar de su apariencia bonachona, su presencia era una nota disonante en los aeropuertos, galas y claustros universitarios, siempre fiel a su visión de vida.

En sus últimos años, Villafañe estuvo ligado a instituciones como la Universidad de Los Andes en Venezuela y el Teatro Municipal General San Martín de Buenos Aires, a través de su discípulo Ariel Bufano. Sin embargo, su visión del oficio conservó su propia matriz, conformando un estilo que fue imitado y reproducido por la gran mayoría de los artistas dedicados a este arte en Argentina y otros países. Villafañe, un hombre culto, formado en el prestigioso Colegio Nacional de Buenos Aires y amigo de grandes artistas, siempre manifestó una predilección por retratar a los artistas populares ambulantes: payasos, enanos, músicos, pintores, todos viajeros como él mismo.
Preguntas Frecuentes sobre Javier Villafañe:
¿Cuál fue la contribución más importante de Javier Villafañe?
Javier Villafañe fue fundamental en la consolidación del teatro de títeres moderno en Argentina y Latinoamérica. Su principal contribución fue elevar este arte a una expresión cultural reconocida, fusionando la tradición oral y el folklore con una visión poética y socialmente crítica. Además, su estilo de vida como 'poeta del camino' y su enfoque en la recopilación de cuentos populares lo convirtieron en un referente único.
¿Qué era 'La Andariega'?
'La Andariega' era la carreta de títeres con la que Javier Villafañe y su amigo Juan Pedro Ramos recorrieron vastas extensiones de Argentina y otros países. Era su teatro ambulante, su vivienda, oficina y sala de lectura, un símbolo de su filosofía de vida nómada y su compromiso con llevar el arte directamente al pueblo.
¿Por qué Javier Villafañe se exilió?
Javier Villafañe se exilió en Venezuela y México debido a la dictadura cívico-militar que asoló Argentina en el siglo XX. Su libro 'Don Juan el Zorro' (1963) fue prohibido y retirado de circulación por el régimen, lo que lo obligó a abandonar el país y vivir fuera durante varios años, regresando recién en la década de 1980 con la caída de la dictadura.
¿Qué tipo de historias escribía Villafañe?
Villafañe escribía una amplia variedad de historias, desde cuentos y leyendas recopiladas de la tradición oral ('Los cuentos que me contaron') hasta obras de teatro de títeres. Sus narraciones a menudo se nutrían del folklore, presentaban personajes picarescos como Don Juan el Zorro, o exploraban temas con un toque surrealista, absurdo y, en ocasiones, con una marcada crítica social y política, como en 'El Panadero y el Diablo' o 'El caballo celoso'.
¿Quiénes apoyaron a Javier Villafañe en sus inicios?
En sus inicios, Javier Villafañe contó con el apoyo fundamental de Federico Monjardín y Jorge Furt en Luján. Monjardín, quien fue profesor, intendente y diputado nacional, les organizó funciones y los impulsó a adaptar sus obras para el público infantil. Jorge Furt, dueño de una importante estancia y biblioteca, les brindó alojamiento, acceso a su vasto conocimiento y dirigió la edición de algunas de sus primeras obras de títeres, siendo un mentor crucial en su desarrollo artístico.
En definitiva, Javier Villafañe cimentó su producción literaria y teatral en la base de la literatura clásica y tradicional, pero la conjugó con una vida y una obra que desafiaron las convenciones. Su capacidad para unir la tradición con la vanguardia, su compromiso con el arte popular y su espíritu libre lo convierten en una figura atemporal. Los chicos, como él mismo decía, tienen una capacidad natural de captar lo mágico, y los títeres de Villafañe, sus historias, continúan transportándolos a sus fantasías, confirmando que el idioma de los títeres y de la imaginación no reconoce fronteras.
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