Las Contradicciones del Capital de David Harvey

10/06/2023

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David Harvey, uno de los pensadores marxistas más influyentes de nuestro tiempo, nos invita a una profunda reflexión sobre el funcionamiento interno del capital a través de su obra fundamental: Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, publicada en 2014. Este libro no solo sintetiza décadas de estudio dedicadas a la obra de Karl Marx, sino que lo hace con una claridad y accesibilidad asombrosas, abriendo la discusión teórica y política a un público mucho más amplio y no especializado. Su principal propósito es desentrañar las contradicciones inherentes al capital, exponer sus consecuencias y sugerir vías para una lucha anticapitalista efectiva, teniendo en cuenta cada una de estas tensiones.

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Harvey no habla de las contradicciones del “capitalismo” como sistema cultural o social amplio, sino del “capital” como relación social de producción y acumulación. Divide estas diecisiete contradicciones en tres grupos distintivos: las contradicciones fundamentales, que son la base inmutable del capital; las cambiantes, que evolucionan con la historia; y las peligrosas, que representan riesgos críticos para su reproducción. Cada capítulo del libro se dedica al desarrollo minucioso de una de estas contradicciones, aunque el autor insiste en que, en la realidad, actúan en un movimiento unitario y dialéctico. Esta estructura permite un análisis detallado de cada faceta del vasto movimiento del capital, ofreciéndonos una comprensión profunda de sus mecanismos internos.

Índice de Contenido

Las Diecisiete Contradicciones del Capital: Un Mapa Completo

Para comprender la magnitud del trabajo de Harvey, es esencial conocer la clasificación que propone. Las contradicciones fundamentales representan el núcleo duro del capital, aquellas tensiones perennes que lo definen. Entre ellas se encuentran conceptos tan cruciales como el valor de uso y el valor de cambio, la relación entre capital y trabajo, o la dinámica entre la propiedad privada y el Estado. Estas serían, en cierto modo, el esqueleto permanente del capital, presente en cualquier lugar y tiempo histórico.

Sin embargo, el capital es un sistema dinámico y en constante evolución. Por ello, Harvey identifica un segundo grupo: las contradicciones cambiantes. Estas son aquellas que poseen una mayor variabilidad y una notable capacidad de adaptación histórica a los intereses del capital y de los capitalistas. La distinción entre las contradicciones fundamentales y las cambiantes no implica que unas permanezcan estáticas y otras no, sino que se refiere al tipo de relación y a la profundidad del examen que se requiere para cada una. Las cambiantes se adaptan a las circunstancias históricas, y en este grupo se encuentran siete contradicciones clave:

NúmeroContradicción
(8)Tecnología, trabajo y disponibilidad humana
(9)Divisiones del trabajo
(10)Monopolio y competencia: centralización y descentralización
(11)Desarrollos geográficos desiguales y producción del espacio
(12)Disparidades de renta y riqueza
(13)Reproducción social
(14)Libertad y sometimiento

Finalmente, el tercer grupo lo componen las contradicciones peligrosas, que son aquellas que representan un riesgo existencial para el capital si no se gestionan adecuadamente, llevando a crisis o a la necesidad de profundas reestructuraciones. Aunque el texto proporcionado no profundiza en ellas, su mención es crucial para entender el alcance total de la obra de Harvey.

Profundizando en la Contradicción Nueve: Divisiones del Trabajo

El foco de este análisis se centra en la contradicción número nueve, que se enmarca dentro de las “contradicciones cambiantes”: las divisiones del trabajo. Para Harvey, la división del trabajo se define de manera sencilla pero profunda como «la capacidad humana de descomponer actividades productivas y reproductivas complejas en tareas específicas pero más simples que pueden ser realizadas por distintos individuos, ya sea temporal o permanentemente». Es fundamental entender que la división del trabajo no es exclusiva del modo de producción capitalista, sino una característica inherente a cualquier sociedad en cualquier período histórico. Lo que la hace una contradicción capitalista es la forma y la organización que adquiere bajo el dominio del capital.

La evolución de la división del trabajo es asombrosa. Oficios y labores que hoy son comunes eran impensables hace pocas décadas. Esta evolución, sin embargo, no es lineal ni equitativa. Conlleva problemas personales como el desempleo y la desvalorización de ciertas labores. A nivel global, las divisiones del trabajo diferenciales y desiguales generan graves problemas para países y regiones enteras, perpetuando disparidades entre el Norte y el Sur global. Además, la historia nos muestra una evolución de la división del trabajo que ha ido en detrimento de grupos vulnerables como las mujeres, los pueblos indígenas, los pobres y las comunidades migrantes, quienes a menudo son relegados a las labores más precarias y menos valoradas, como se observa en muchas regiones de África, Haití o China.

El Capital y el Dominio del Saber-Hacer

Harvey explica cómo el capital se apropia y reconfigura la división del trabajo para sus propias necesidades, transformando esta relación en una fuente de contradicción a lo largo de la historia. El objetivo primordial del capital al dominar la división del trabajo es triple: orientarla hacia la ventaja competitiva, maximizar la rentabilidad de la producción y, crucialmente, evitar la monopolización del saber-hacer por parte de grupos sociales que puedan desafiar su reproducción. Históricamente, una de las primeras batallas del capital fue contra los gremios artesanos, quienes, al poseer el conocimiento y las técnicas de producción, podían establecer condiciones y precios a su trabajo, impidiendo el uso de mano de obra barata. El capitalista, al no poseer ese saber-hacer, necesitaba despojar al trabajador de su control sobre el proceso productivo.

Esta búsqueda de dominio sobre el saber-hacer llevó a la deshumanización del trabajador. Frederick Taylor, en su influyente libro “Principios de administración científica” (1911), veía al asalariado como un “gorila adiestrado”, un mero apéndice de la máquina. Taylor, un administrador que experimentó directamente con trabajadores para optimizar la producción reduciendo sus roles a movimientos mínimos y necesarios, encarnó la lógica capitalista de la eficiencia a toda costa. Aunque la división del trabajo se vuelve cada vez más compleja y requiere diferentes habilidades, el capital mantiene un control eficiente a través del mercado laboral. La fuerza de trabajo es sujeta a las determinantes históricas, económicas y culturales, asignando precios-salarios diferenciales a las tareas. Esta lógica hace que se considere “natural” que un recolector de residuos gane menos que un “Headhunter”, a pesar de que la labor del primero sea vital para la sociedad.

Harvey sostiene que «la competencia entre grupos sociales que se enfrentan por mejores posiciones dentro de la división del trabajo se convierte en un medio primordial por el que la mano de obra en general pierde poder y el capital puede ejercer un control mayor y más completo, tanto en el mercado laboral como en el lugar de trabajo». El dominio de la división del trabajo es, por tanto, fundamental para la reproducción del modo de producción capitalista, respaldado por mecanismos como la propiedad privada y el Estado.

Las Implicaciones de la Alienación: El Corazón de la Contradicción

La contradicción más profunda en el uso de la división del trabajo por parte del capital no es técnica, sino social y política. Se resume en una palabra: alienación. David Harvey lo expone con contundencia: «Los indudables y asombrosos aumentos de productividad, volumen producido y rentabilidad que consigue el capital en virtud de su organización de la división técnica y social del trabajo se producen a expensas del bienestar mental, emocional y físico de los trabajadores en su empleo». Los trabajadores son despojados de desafíos mentales, posibilidades creativas y cualquier sentido de autoría personal. La actividad al servicio del capital se vuelve vacía y sin sentido, en un mundo donde los seres humanos no pueden vivir sin un propósito.

¿Cuáles son los argumentos clave del libro de David Harvey?
En este libro, David Harvey analiza y expone los argumentos clave... Este libro pretende comprender las contradicciones del capital como conjunto de vectores dinámicos que ordenan las fuerzas primordiales del comportamiento estructural de las sociedades capitalistas en los múltiples aspectos de su organización social, económica y política.

Desde sus inicios, el capitalismo priorizó la eficiencia y la productividad, a menudo a costa del embrutecimiento y la ignorancia del trabajador, siempre que esto fuera necesario para la producción. La cosificación y la unidimensionalidad del trabajador se naturalizan, haciendo que su bienestar sea irrelevante. La facilidad con la que un trabajador puede ser reemplazado otorga un inmenso poder a los dueños de los medios de producción para dominar las condiciones de trabajo. Harvey lamenta que «La multiplicación y creciente complejidad de la división del trabajo bajo el capital deja pocas posibilidades para el desarrollo personal o la autorrealización por parte del trabajador. Nuestra capacidad colectiva de explorar libremente nuestro potencial como seres humanos aparece bloqueada».

Históricamente, los movimientos de izquierda no solo denunciaron las precarias condiciones salariales y laborales, sino también las relaciones de producción deshumanizadoras que alejaban a las personas de su propia objetivación en el producto. Producir sin ver el resultado, ser solo una acción, al punto de igualarse al movimiento de una correa de transmisión, reduce a los trabajadores a una posición insignificante, como dice Harvey, “en un mundo que les hace trabajar en algo que ni les ni les viene”.

¿Una Luz de Esperanza? La Complejización del Trabajo

A pesar de la sombría realidad de la alienación, Harvey vislumbra una cara optimista, paradójicamente, producto de la misma complejización de la división del trabajo. Las propias necesidades del capital, en sus sucesivas divisiones, demandarían cada vez más trabajadores formados, flexibles y polivalentes. Esto, sumado a las mejoras en las condiciones laborales y salariales fruto de la lucha de clases, podría representar una luz de esperanza. El autor señala: «Pero esto no significa que el balance entre la alienación, por un lado, y la superviviencia y el compromiso, por otro, sea inmutable. En los países capitalistas avanzados, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Canadá, Japón, Singapur, las tendencias en la división del trabajo han favorecido la producción de una fuerza de trabajo instruida capaz de participar flexiblemente en una amplia variedad de procesos de trabajo».

Sin embargo, esta visión optimista contrasta fuertemente con la realidad de los nuevos polos industriales en países periféricos, donde las condiciones de trabajo son a menudo precarias, deshumanizantes, e incluso rozan la esclavitud. Esto subraya la naturaleza desigual y contradictoria del desarrollo capitalista global.

Objeciones y Reflexiones Críticas al Análisis de Harvey

Aunque el análisis de Harvey es incisivo, el texto plantea algunas objeciones y puntos para la reflexión. La alienación, definida como la cosificación de un sujeto a una única función sin libertad, es un problema que va más allá de la educación o la flexibilidad. Se trata de que, en el modo de producción capitalista, nuestro trabajo no se reconoce en el objeto producido, generando un “extrañamiento” fundamental. Una buena educación o un trabajo polivalente no garantizan que el trabajador actúe con libertad y creatividad en relación con su producto. La legitimación social de ciertos saberes y trabajos es lo que permite mejores condiciones, no la naturaleza intrínseca de la labor.

Surge la pregunta: ¿Es justificable mantener trabajos que usufructúan de la riqueza social solo porque subjetivamente alguien se siente pleno? Un gerente de una clasificadora de riesgos, ¿merece una estructura que empobrece al planeta solo por una sensación de sentido en lo que hace? Si bien Harvey estaría de acuerdo en que tales empleos desaparecerían en un futuro post-capitalista, el riesgo de reforzar la noción individualista del trabajador “formado y especialista” como antídoto a la alienación, puede llevar a justificar la existencia de empleos improductivos desde una perspectiva liberal.

Otra crítica relevante es que, en el análisis de esta contradicción particular, Harvey parece alejarse del motor del capital para centrarse en la subjetividad humana. Si bien es crucial comprender cómo nuestra subjetividad pierde el interés por un sentido de vida, también es vital conectar la división del trabajo con el funcionamiento intrínseco del capital, como sí lo hace en el último párrafo del capítulo al abordar los desarrollos geográficos desiguales.

La División Técnica vs. Social del Trabajo: Un Debate Crucial

Harvey distingue entre la división técnica y social del trabajo. Para él, la división técnica alude a «las distintas tareas concretas en una serie compleja de operaciones que cualquiera puede hacer en principio, como vigilar una máquina o fregar el suelo», mientras que la división social se refiere a «las tareas especializadas que sólo personas con el adecuado entrenamiento o estatus social pueden realizar como los médicos, los programadores de software o los camareros en un restaurante de cinco estrellas». Esta clasificación, según la crítica, no siempre se corresponde con el proceso productivo, sino más bien con grados de capacitación individual o posición social.

Una objeción es que si se toma una perspectiva más amplia, la división social del trabajo abarcaría la gran distribución de tareas en la sociedad, mientras que la división técnica se referiría a todas aquellas tareas específicas de cada producción concreta, sin distinción de si requieren años de estudio o no. Desde este enfoque, tener una expertise o una buena educación no asegura la libertad y creatividad del trabajador en relación con su producto. El problema se vuelve fundamentalmente político: la legitimación social de ciertos saberes y trabajos permite jornadas menos extenuantes o mejores remuneraciones, posibilitando el desarrollo de otros aspectos de la humanidad, no porque la labor no sea “técnica”, sino por el contexto social que lo permite. El trabajo artesano, por ejemplo, no es intrínsecamente no-alienante.

¿Cómo se llama el libro de David Harvey?
Hace un par de años, David Harvey publicó el libro Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo (2014 IAEN-Traficantes de sueños).

Más Allá de la Alienación Individual: Un Imperativo Político

Comprender la evolución de la división del trabajo y cómo el control de esta permite la creación de riqueza o la reproducción artificial de dinero, abre un horizonte crucial en la disputa política. La contradicción de la división del trabajo no se limita al problema de la alienación individual; es también la posibilidad misma de que el capital pierda el control de la producción y, por ende, afecte sus ciclos. Superar la división del trabajo capitalista se convierte en un imperativo para el futuro, no solo para superar la alienación individual, sino para reorientar la producción hacia nuevas divisiones útiles de trabajo.

Esto implicaría reducir la jornada laboral al máximo posible y eliminar trabajos creados únicamente por la necesidad de mantener masas asalariadas que sostengan el consumo o empleos de usufructo burocrático. El trabajo es, ante todo, una cuestión social, y no puede reducirse a una mera cuestión personal, como convenientemente sugiere el discurso liberal. El trabajo es nuestro propio proceso de producción del Ser. Por tanto, la alienación es un problema social profundo. La crítica al análisis de Harvey en este punto es que, al enfocarse en las consecuencias individuales, puede dejar la sensación de que una buena formación y educación serían la solución a la alienación. Sin embargo, en el período contemporáneo, la invención de trabajos improductivos (incluso universitarios) tiene más que ver con la redistribución mercantil de la riqueza que con el desarrollo de la creatividad y libertad humanas.

La creación de nuevas profesiones y servicios intangibles en la gerencia, administración, finanzas o informática organizacional, que requieren larga formación, no necesariamente superan la alienación; más bien, refuerzan el modo de usufructo capitalista de unos grupos sociales sobre otros. Esto no contradice la expansión de divisiones del trabajo altamente alienantes, sino que complejiza su comprensión.

Preguntas Frecuentes sobre el Libro de David Harvey

¿Cuál es el libro principal de David Harvey sobre las contradicciones del capitalismo?

El libro principal al que se refiere el texto es "Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo", publicado por David Harvey en 2014.

¿Qué son las diecisiete contradicciones del capital según Harvey?

David Harvey clasifica las contradicciones del capital en tres grupos: fundamentales (como valor de uso-valor de cambio, capital-trabajo), cambiantes (que evolucionan históricamente, como las divisiones del trabajo o los desarrollos geográficos desiguales) y peligrosas (que amenazan la reproducción del capital).

¿Qué plantea David Harvey sobre la división del trabajo en su libro?

Harvey define la división del trabajo como la capacidad humana de descomponer tareas complejas en más simples. Sostiene que el capital la reconfigura para obtener ventaja competitiva y rentabilidad, y para evitar la monopolización del saber-hacer por los trabajadores. La principal contradicción de esto es la alienación del trabajador.

¿Cuál es la contradicción principal de la división del trabajo para Harvey?

Según Harvey, la contradicción principal en el uso de la división del trabajo por parte del capital es la alienación. Argumenta que los aumentos de productividad y rentabilidad se logran a expensas del bienestar mental, emocional y físico de los trabajadores, privándolos de creatividad y sentido.

¿Cómo se relaciona la alienación con la división del trabajo en el capitalismo?

La alienación surge cuando el trabajo se vuelve vacío y sin sentido, despojando al trabajador de cualquier conexión con el producto final y de oportunidades para el desarrollo personal. El capital promueve esta división para optimizar la producción y mantener el control sobre la fuerza de trabajo, cosificando al trabajador a una función limitada y reemplazable.

El aporte de David Harvey, a pesar de las críticas que pueda recibir, es innegablemente significativo. Su síntesis y lectura del capital nos brindan herramientas valiosas para volver a Marx y analizar el capital en el presente. Harvey propone una lucha anticapitalista, lo que nos lleva a la pregunta fundamental: ¿qué viene después de lo anticapitalista? Esta no es una pregunta que Harvey deba responder solo, sino una responsabilidad del conjunto de la sociedad que busca una forma de vida alternativa. La reflexión sobre la división del trabajo, en su unión fundacional y esencial con el capital, nos impulsa a cuestionar qué es y cómo superar la división del trabajo actual para construir un futuro más humano y equitativo.

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