El Último Viaje de Sarmiento: Un Legado Inmortal

18/09/2025

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La vida de Domingo Faustino Sarmiento estuvo marcada por viajes, exilios y regresos triunfales. Sin embargo, su último periplo no fue una huida política ni una misión diplomática, sino una búsqueda desesperada de alivio para una salud ya muy deteriorada. A comienzos de 1888, el ilustre sanjuanino emprendió un viaje hacia Asunción, Paraguay, esperando que el clima más cálido mitigara los rigores del invierno porteño y el avance implacable de sus dolencias. Lo que en apariencia era una estancia temporal, en el fondo, sabía que sería su despedida definitiva.

¿Cuáles son los vínculos entre Sarmiento y el viajero?
Sarmiento el viajero, al mismo tiempo, narrador y protagonista, fue confrontado con vínculos estrechos que ligan el alma a las cosas visibles, y hacen que vengan éstas a espiritualizarse, cambiándose en imágenes, y modifi- cándose y adaptándose al tamaño y alcance del instrumento óptico que las refleja3 •

Acompañado en esta travesía final por su primera hija, Faustina, a quien había acogido y criado tras ser rechazada por la familia materna, y sus queridos nietos, Sarmiento se aferraba a la esperanza y al afecto familiar. Este viaje humaniza la figura del prócer, mostrándolo en su faceta más vulnerable y personal, lejos de la imagen del político y educador incansable. Asunción se convertiría en el escenario de sus últimos días, un lugar de reposo forzado antes de su partida final.

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Un Destino Inevitable: El Último Viaje a Asunción

El año 1888 marcó el inicio de lo que sería el capítulo final en la vida de Domingo Faustino Sarmiento. Sus médicos le habían aconsejado encarecidamente abandonar Buenos Aires para evitar los embates del invierno, que amenazaban con agravar su ya frágil estado de salud. La elección de Asunción, Paraguay, no fue casual; se buscaba un clima más benigno que ofreciera un respiro a su cuerpo agotado. Este viaje, que se creía temporal, llevaba consigo la silenciosa certeza de ser un adiós. Sarmiento, consciente de la gravedad de su condición, se preparó para lo inevitable.

En este conmovedor trayecto, Sarmiento no estuvo solo. La presencia de su hija Faustina fue un pilar fundamental. Faustina, fruto de una relación juvenil con una mujer chilena, había sido acogida y criada por Sarmiento desde su infancia, convirtiéndose en un lazo de afecto inquebrantable. Junto a ella, sus nietos, hijos de Faustina, completaban este círculo íntimo de apoyo y compañía. Esta imagen de un Sarmiento rodeado de su familia, vulnerable pero amparado por el cariño de los suyos, contrasta con la figura pública y enérgica a la que estábamos acostumbrados. Era un hombre enfrentándose a su propia mortalidad, buscando consuelo en los lazos más profundos.

Aunque Sarmiento había realizado un viaje previo a Asunción meses antes, buscando recuperación tras una bronquitis, y había regresado a Buenos Aires sintiéndose mejor, la mejoría fue efímera. Incluso, previendo su fin, había tomado disposiciones para su futuro entierro en el Cementerio de la Recoleta. En mayo de 1888, el debilitamiento físico era evidente, y el viaje final a Asunción se concretó. Poco después, su compañera Aurelia Vélez se unió a él, atendiendo a su conmovedora invitación: “Venga, juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo, pasar la vida”.

La Despedida Final: Muerte y Repatriación

El inexorable deterioro de la salud de Sarmiento culminó el 11 de septiembre de 1888. Fue en Asunción, a la edad de 77 años, cuando su corazón y pulmones finalmente cedieron. La insuficiencia cardíaca y bronquial que lo aquejaba desde hacía años se volvió terminal. La noticia de su grave estado había llegado a Buenos Aires en agosto, generando una conmoción generalizada. Sarmiento, a pesar de su debilidad, se esforzó por responder una gran parte de la correspondencia de gente interesada en su salud, demostrando su eterno compromiso con su pueblo.

Poco antes de su deceso, tuvo que despedirse de Aurelia Vélez, quien debió regresar a Buenos Aires. Una junta médica en Asunción diagnosticó una lesión orgánica en el corazón con muy mal pronóstico. Sus propias palabras, “Siento que el frío del bronce me invade los pies”, revelan la lucidez y la aceptación con la que enfrentó sus últimos instantes. El deceso se produjo a las 2:15 de la madrugada de ese fatídico 11 de septiembre, una fecha que quedaría grabada en la historia argentina.

La repatriación de sus restos fue casi inmediata, apenas diez días después de su fallecimiento. El cuerpo embalsamado de Sarmiento emprendió el viaje de regreso a la Argentina, deteniéndose en cada puerto para que la gente pudiera rendirle un último homenaje. El funeral se realizó en el prestigioso Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, un evento que congregó a las más altas figuras del país. Entre los oradores, Carlos Pellegrini pronunció una de las frases más recordadas, calificando a Sarmiento como “El cerebro más poderoso que haya producido la América”, un tributo póstumo a su inmensurable legado.

La Fotografía Post Mortem: Una Mirada al Pasado

La imagen de un Sarmiento fallecido, capturada en una fotografía post mortem, puede resultar chocante para la sensibilidad contemporánea. Sin embargo, en el siglo XIX, esta práctica era relativamente común y no se consideraba mórbida. La fotografía, un invento reciente (1839), se utilizaba para dejar una constancia visual de los seres queridos, especialmente en una época donde la mortalidad infantil era alta y la esperanza de vida menor. Para muchos, era la única oportunidad de tener una imagen de un familiar.

La fotografía post mortem adoptaba diversas modalidades:

  • Posado en vida: El difunto era vestido y colocado en una pose que lo hacía parecer vivo, a menudo junto a familiares o amigos, mezclando vivos y muertos en la misma escena.
  • Retrato individual: El cuerpo era maquillado y acomodado para simular un sueño profundo, o se realizaban tomas más naturales del cuerpo inerte.
  • Escenas cotidianas: En ocasiones, se recreaban ambientes y actividades de la vida diaria, con el difunto integrado en la escena.

En el caso de Sarmiento, la fotografía fue una toma “posada”, realizada por el retratista Manuel San Martín por disposición del embajador argentino en Paraguay, Martín García Mérou. Esta imagen fue posteriormente publicada en la prensa de Buenos Aires, donde la opinión pública seguía con avidez los detalles de la enfermedad y el deceso del ex presidente. Lejos de ser un acto de morbosidad, esta fotografía cumplía el objetivo de inmortalizar el momento final de la existencia de un personaje público de la talla de Sarmiento, permitiendo a una audiencia masiva tener una constancia visual de su partida.

¿Cuál fue el último viaje de Sarmiento?
Fue a comienzos de 1888 que Sarmiento emprendió ese último viaje, supuestamente temporal, pero que en el fondo sabía definitivo. No estaba solo, lo acompañaba Faustina, su primera hija, la que tuvo siendo soltero y de la que se hizo cargo cuando la niña fue rechazada por la familia de su madre, una joven chilena.

Además de la fotografía, otro rito de la época se cumplió: el escultor Víctor de Pol tomó la máscara mortuoria de Sarmiento, una práctica ancestral que buscaba preservar los rasgos faciales del difunto para la posteridad. Ambos, fotografía y máscara, son testimonios materiales de un momento histórico y de las costumbres de una época que entendía la muerte de una manera muy diferente a la actual.

Los Achaques de un Genio: La Salud Deteriorada de Sarmiento

La vejez de Domingo Faustino Sarmiento estuvo marcada por una serie de dolencias que mermaron su salud y lo llevaron a buscar climas más favorables. Uno de los achaques más pronunciados era una sordera severa, que él mismo atribuía, con su característico sarcasmo, a los “daños causados” por sus “enemigos políticos” que lo forzaban a “una constante tensión cerebral”. Esta afección, aunque molesta, no fue la que finalmente le arrebataría la vida.

La verdadera amenaza comenzó a manifestarse hacia 1876: una insuficiencia cardíaca que le provocaba edemas en las piernas, un síntoma preocupante de un corazón debilitado. Esta condición se fue agravando con el tiempo, afectando su calidad de vida y limitando sus actividades. A esto se sumó una bronquitis recurrente, que en 1887 lo impulsó a realizar un primer viaje a Asunción en busca de un clima más cálido y húmedo que aliviara sus vías respiratorias. Aunque regresó a Buenos Aires sintiéndose recuperado, la mejoría fue solo temporal.

En mayo de 1888, la debilidad física era ya innegable. Sarmiento, acompañado de su familia, emprendió su último viaje a Asunción. En sus últimos meses, a pesar de la gravedad, su mente lúcida seguía activa. Recibió una avalancha de correspondencia de personas interesadas en su salud, a muchas de las cuales se esforzó por responder. La visita de su compañera Aurelia Vélez en Asunción fue un momento de consuelo y afecto, aunque su partida posterior, por cuestiones personales, fue una despedida dolorosa para el prócer.

Una junta médica en Asunción diagnosticó una lesión orgánica en el corazón de pronóstico muy desfavorable. Sarmiento, con una lucidez impresionante, describió la sensación de la muerte invadiendo su cuerpo: “Siento que el frío del bronce me invade los pies”. Estas palabras, dichas por un hombre que había vivido con intensidad y pasión, reflejan la dignidad y la conciencia con la que enfrentó su final. Sus médicos de cabecera no solo lo asistieron en sus últimos momentos, sino que también se encargaron de embalsamar su cuerpo, preparando sus restos para el regreso a la patria.

Un Legado Más Allá de la Muerte

La muerte de Sarmiento en Asunción y su posterior repatriación marcaron el fin de una era, pero no el fin de su influencia. Su legado, cimentado en la educación, la política y la cultura, trascendió su existencia física. La conmoción que su fallecimiento provocó en Argentina fue un testimonio del impacto profundo que había tenido en la nación. La gente lo despidió a su paso, reconociendo en él no solo a un ex presidente, sino a un visionario y un constructor de la identidad argentina.

La tumba de Sarmiento en el Cementerio de la Recoleta se convirtió en un lugar de peregrinación, un recordatorio de su incansable labor. Las palabras de Carlos Pellegrini en su funeral, destacando su poder intelectual, resonaron como un eco de la admiración y el respeto que inspiraba. Incluso la estatua de Sarmiento en Palermo, encargada por Miguel Cané al célebre escultor francés Auguste Rodin, es un símbolo perdurable de su grandeza y su lugar inmortal en la historia.

El último viaje de Sarmiento, aunque trágico en su desenlace, fue también un acto de profunda humanidad. Rodeado de su familia, enfrentando la enfermedad con valentía y dejando un testamento de su vida a través de sus escritos y el impacto de su obra, Sarmiento demostró hasta el final la fortaleza de su espíritu. Su figura de viajero, que él mismo describió como “narrador y protagonista”, estuvo siempre ligada a la capacidad de observar, interpretar y transformar el mundo que lo rodeaba, una característica que mantuvo hasta su último aliento.

Preguntas Frecuentes sobre el Último Viaje de Sarmiento

PreguntaRespuesta
¿Por qué viajó Sarmiento a Asunción en su último viaje?Viajó por consejo médico, buscando un clima más cálido en Asunción para mitigar los rigores del invierno de Buenos Aires y aliviar su deteriorada salud, afectada por insuficiencia cardíaca y bronquial.
¿Quiénes acompañaron a Sarmiento en su último viaje?Fue acompañado por su primera hija, Faustina, y sus nietos, los hijos de Faustina. Su compañera Aurelia Vélez se le unió posteriormente en Asunción.
¿Qué es la fotografía post mortem y por qué se le hizo a Sarmiento?Era una práctica común en el siglo XIX para inmortalizar a los difuntos, a menudo posándolos para que parecieran vivos. Se le hizo a Sarmiento para dejar constancia de su momento final, dada su relevancia pública, y fue publicada en la prensa.
¿Dónde fue enterrado Sarmiento?Fue repatriado a Argentina y enterrado en el Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires.
¿Cuál fue la causa de la muerte de Sarmiento?Falleció debido a una insuficiencia cardíaca y bronquial, complicaciones de una salud muy deteriorada.
¿Qué vínculo tenía Sarmiento con los viajes?Sarmiento fue un viajero incansable, tanto por exilios políticos como por misiones diplomáticas y de estudio. Él mismo se veía como un 'narrador y protagonista' de sus viajes, utilizando estas experiencias para observar, aprender y formar su visión del mundo y de su país.

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