Raíces Teológicas: El Origen de la Ciencia Moderna

14/10/2022

Valoración: 4.53 (6274 votos)

La ciencia moderna, tal como la conocemos hoy, es un pilar fundamental de nuestra sociedad, responsable de innumerables avances y descubrimientos. Popularmente, se ha difundido la idea de que sus orígenes en el siglo XVII estuvieron marcados por una confrontación directa con la autoridad religiosa, con figuras como Galileo o Darwin erigidas como símbolos de esta supuesta batalla. Sin embargo, al conmemorar el 350 aniversario de la fundación de la Royal Society en Londres en 1660, una institución que ha sido cuna de hitos como la ley de la gravedad o la estructura del ADN, surge una pregunta crucial que muchos historiadores se han planteado: ¿por qué precisamente a mediados del siglo XVII se produjo esta explosión de investigaciones naturales que darían forma a lo que hoy llamamos ciencia? Un análisis más profundo de las discusiones intelectuales de la época y de los argumentos de los propios artífices de la Revolución Científica revela una imagen mucho más matizada y, para muchos, sorprendente: la ciencia moderna no solo no nació en conflicto con la religión, sino que le debe gran parte de su impulso y justificación a las ideas teológicas de su tiempo.

¿Quién creó la investigación de la naturaleza?
En1660 una docena de hombres dedicados a la investigación de la naturalezadecidieron fundar una nueva sociedad dedicada a la nueva y muy discutida empresa de la investigación natural por métodos experimentales físico-matemáticos, y dos años después el rey Carlos II la convirtió en la “Royal Society of London, for improving natural knowledge”.

El Mito del Conflicto: Ciencia vs. Religión

La narrativa más extendida sobre la relación entre ciencia y religión ha sido, sin duda, la de un conflicto perenne. Filósofos como Auguste Comte, en el siglo XIX, encontraron tentador pensar que la ciencia se abrió paso por su mera evidencia, utilidad y valor intrínseco, diferenciándose por su capacidad de proveer bienes materiales y, más importante aún, por su rol secularizador. Esta visión iluminista presenta la ciencia como una actividad nueva, puramente racional y autónoma, completamente independiente de la religión. En esta perspectiva, la religión es a menudo retratada como un impedimento para el progreso, un obstáculo que la humanidad debía superar para entrar en la era científica.

Esta historia de la ciencia contra la religión fue popularizada a finales del siglo XIX por obras influyentes como 'Historia del conflicto entre ciencia y religión' de John Draper (1875) y 'Historia de la guerra entre la ciencia y la teología en la Cristiandad' de Andrew Dickson White (1896). Ambos trabajos glorifican a científicos como Darwin o Galileo, presentándolos casi como mártires que defendieron la verdad científica frente a la intransigencia religiosa. Incluso en nuestros días, autores como Richard Dawkins y Christopher Hitchens han perpetuado esta idea de confrontación inevitable. Esta imagen, aunque arraigada en el imaginario popular, tiende a simplificar y distorsionar la compleja realidad histórica.

Una Relación Más Compleja: Desafiando el Mito

A pesar de la popularidad del "mito del conflicto", muchas voces autorizadas en la historia de la ciencia han llamado la atención sobre la inexactitud de los datos históricos que lo sustentan. John Hedley Brooke, profesor emérito de ciencia y religión en la Universidad de Oxford, en su obra 'Science and Religion. Some Historical Perspectives' (1991), argumenta que las relaciones entre ciencia y religión a lo largo de la historia son demasiado numerosas y complejas para ser reducidas a una simple dicotomía de conflicto o armonía. Brooke señala que las ideas religiosas podían influir en la ciencia de múltiples maneras, incluyendo la provisión de aceptación social, la justificación de la actividad científica, la regulación de la investigación, la provisión de presupuestos teológicos o filosóficos necesarios, e incluso la motivación para participar en la actividad científica.

Es precisamente en la justificación y en la provisión de presupuestos para la investigación empírica de la naturaleza donde la influencia teológica se hace más patente. Lejos de ser un elemento ajeno o antagónico, la religión, y en particular ciertas discusiones teológicas de los siglos XVI y XVII, sentaron las bases intelectuales que permitieron el surgimiento y la legitimación de la nueva empresa científica empírica. La propuesta es que la ciencia, la filosofía y la teología en el siglo XVII eran vistas, según Funkenstein, casi como una misma ocupación.

La Teología como Cimiento: El Voluntarismo Divino

Una de las tesis más antiguas que sostiene la fuerte influencia de la teología en la ciencia experimental moderna es la del voluntarismo, propuesta por M. B. Foster en 1934. Según Foster, los investigadores de la naturaleza del siglo XVII fueron los primeros en tomar seriamente la doctrina cristiana de la creación del mundo por parte de Dios. Para ellos, la acción voluntaria del Creador, una acción que va más allá de la razón divina y es determinada por la voluntad de Dios, determina el ser contingente de la criatura.

Si la libertad de Dios es esencial, se deduce que el mundo creado es, por su propia naturaleza de criatura, contingente; es decir, podría haber sido de otra manera. Este carácter contingente, lejos de ser una imperfección, lo convertía en digno de estudio. Pero, ¿cómo estudiar algo que, por ser contingente, no puede ser deducido a priori? La respuesta, según esta perspectiva, era el método empírico, a posteriori. Un método que busca conocer la creación a través de la observación y la experimentación, ya que un enfoque puramente racional o deductivo, sin contacto con el mundo, estaría destinado al fracaso. Así, la bondad de la creación, por ser obra de Dios, justificaba su estudio empírico-experimental, un método que no había sido plenamente adoptado hasta entonces. Figuras como Isaac Newton, Pierre Gassendi y Robert Boyle, entre otros, se destacaron por sostener ideas similares en este período.

¿Cuál es la naturaleza de la intervención?
naturaleza de la intervención se centra n identificar y aclarar cuáles son los elementos centrales del problema en el presente, en el mundo del usuario y en conocer obstáculos que impiden el cambio. Elementos principales en los qse apoya:

La discusión sobre el poder de Dios se remonta al siglo XII, con el redescubrimiento de Aristóteles. Sin embargo, fue a fines del siglo XIII, y más marcadamente en los siglos XIV y XV, cuando teólogos y filósofos enfatizaron la libertad divina, proclamando que el acto creativo de Dios no implicaba ninguna necesidad. Esta libertad divina implicaba que el mundo creado no operaba por necesidad intrínseca, sino por contingencia. Este debate teológico, aunque no fue el único factor, aportó componentes importantes, o al menos concomitantes, al nacimiento y desarrollo de los nuevos métodos empíricos de investigación de la naturaleza, como lo sugiere John Henry.

La Caída Original y el Nuevo Conocimiento Empírico

Peter Harrison, otro destacado historiador, ha propuesto una influencia teológica diferente pero complementaria: la interpretación de la Sagrada Escritura durante la Reforma Protestante del siglo XVI. Su tesis se divide en dos partes. Primero, el nuevo énfasis de la Reforma en una interpretación no-alegórica y directa de la Biblia llevó a que el mundo natural, considerado el 'otro libro' de Dios, también dejara de ser interpretado alegóricamente. Se comenzó a investigar de manera más empírica y experimental. Segundo, esta nueva hermenéutica dio mayor relevancia a la historia de la caída original de Adán y Eva, especialmente en lo que respecta a la naturaleza humana y sus poderes cognitivos y su dominio sobre el mundo creado.

Durante la Edad Media, la naturaleza era a menudo vista a través de lentes alegóricos y simbólicos, donde cada criatura tenía un significado espiritual más allá de su existencia material. Sin embargo, los reformadores protestantes como Martín Lutero y Juan Calvino, junto con los humanistas del Renacimiento, impulsaron una revolución hermenéutica que privilegiaba la lectura literal e histórica de los textos bíblicos. Al abandonar la alegoría en la interpretación de la Escritura, no había razón para mantenerla en el estudio de la naturaleza. Este vacío interpretativo fue llenado por la matemática en las disciplinas físicas y por las lecturas taxonómicas en la historia natural, lo que hoy sería la biología.

Así, figuras como Francis Bacon y Galileo Galilei promovieron la idea de que la naturaleza estaba escrita en lenguaje matemático, con estas relaciones matemáticas siendo instituidas por Dios. Robert Boyle defendió la experimentación y la disección como métodos para 'leer el libro de la naturaleza', y John Ray, pionero en estudios taxonómicos, insistió en que una historia natural adecuada no podía incluir simbolismos ni asociaciones morales. Todos ellos, sin embargo, mantuvieron una visión religiosa de la naturaleza, aunque diferenciando su estudio empírico de su significado teológico.

La segunda parte de la tesis de Harrison se centra en cómo la historia del Génesis, en particular el capítulo 3 sobre la caída de Adán y Eva, influyó en la concepción del conocimiento. En el siglo XVII, era un conocimiento clásico que Adán, antes de la caída, poseía un conocimiento y dominio perfectos de la naturaleza. Sin embargo, en los siglos XVI y XVII, se renovó la conciencia sobre la pérdida de este poder y conocimiento, con un fuerte acento en las consecuencias epistemológicas de la caída adámica. La historia del pecado de Adán no era vista como una alegoría, sino como un hecho histórico con profundas implicaciones.

Era, por lo tanto, necesario adquirir nuevamente ese conocimiento para restaurar el poder perdido. Esto llevó a un auge de tratados sobre la verdad, el error y la posibilidad de un conocimiento certero. Francis Bacon, junto con Joseph Glanvill y Robert Hooke, justificaron los nuevos métodos de investigación de la naturaleza basándose en la interpretación de las consecuencias del pecado original. El método científico-experimental, que hoy nos parece tan obvio, era entonces algo completamente nuevo y arduo. Según los filósofos y teólogos del siglo XVII, esta dificultad y la aparente 'ajenidad' de la naturaleza eran una consecuencia directa de la caída. La única manera de acercarse a ella, según Bacon, era 'dominándola' mediante experimentos controlados y descubriendo sus estructuras matemáticas ocultas. Este esfuerzo era visto como una purificación del entendimiento para alinearlo con la mente que Adán poseía antes del pecado. La conciencia de los límites de las capacidades cognitivas humanas, junto con la aceptación de que la naturaleza misma había 'caído' del dominio del hombre, abrió la puerta a la investigación empírico-experimental y al desarrollo de la ciencia moderna.

¿Qué es el inventario de la naturaleza?
El inventario de la naturaleza ordenado por Carlos III fue el punto de partida para explorar el territorio y formar a los próceres de la Independencia. José Celestino Mutis dedicó buena parte de su vida a la investigación y la difusión de conocimientos en la Nueva Granada. Murio sin ver publicada su obra.

La Justificación Religiosa de la Nueva Ciencia

Finalmente, es fundamental entender cómo la incipiente ciencia empírica del siglo XVII tuvo que ganarse su lugar dentro de los ambientes académicos y sociales de la época. A principios del siglo XVII, lo que hoy llamamos ciencia era una actividad intelectual en ciernes, muy diferente de su forma actual. La filosofía natural tradicional, o aristotélica, no solo buscaba conocer las causas de las cosas, sino también, y como fin último, 'moralizar a los hombres', incluyendo un objetivo religioso. Los críticos de la nueva filosofía natural mecánica y experimental percibían que esta amenazaba las prioridades morales y religiosas de la educación tradicional, al centrarse únicamente en el carácter experimental y empírico.

Para contrarrestar estas críticas, los defensores de la nueva filosofía natural ofrecieron respuestas ingeniosas. Primero, argumentaron que la ciencia experimental era capaz de cumplir con los objetivos morales y religiosos de la filosofía natural tradicional. Segundo, abogaron por la inclusión de los objetivos más prácticos del nuevo método, como las invenciones y los avances tecnológicos, que hasta entonces habían sido excluidos de la filosofía natural, como parte integral de los objetivos morales y religiosos. Francis Bacon fue clave en establecer estas ideas, forjadas a partir de sus reflexiones sobre los primeros capítulos del Génesis. Para Bacon, el pecado original de Adán significó la pérdida del conocimiento enciclopédico y del poder del hombre sobre la creación. Así, el rol de la filosofía natural era restaurar el dominio del hombre sobre la naturaleza a través del conocimiento, y así restablecer el orden original de la creación. Sus escritos sobre el método, con un tono escatológico, tuvieron una influencia enorme.

Cuando la Royal Society fue fundada, lo hizo sobre los fundamentos de la ciencia baconiana y con una clara justificación religiosa: se dedicaría al restablecimiento del poder del hombre sobre la naturaleza, para recapturar el dominio sobre la creación y restaurar el conocimiento de todas las cosas. Constantemente se subrayaba la idea de que la ciencia empírica tenía una clara vocación teológica, ya que la grandeza de la creación revelaba el poder de Dios. Es importante destacar, como Peter Harrison señala, que esta estrategia de recurrir a justificaciones religiosas no era una pretensión falsa. No hay indicios de que los autores del siglo XVII no fueran sinceros en su apología de la nueva filosofía experimental. Para figuras como Johannes Kepler, Isaac Newton o Robert Boyle, el mundo era un templo para la gloria de Dios, y la investigación natural era un acto evidentemente religioso, un culto filosófico a Dios.

Tabla Comparativa: Visiones sobre el Origen de la Ciencia Moderna

AspectoVisión Popular (Mito del Conflicto)Perspectiva Histórica (Influencia Teológica)
Origen de la CienciaRuptura con la religión, búsqueda de autonomía.Desarrollo impulsado y justificado por ideas teológicas.
Relación Ciencia-ReligiónConflicto inherente y perenne.Interacciones complejas, mutua influencia y justificación.
Motivación PrincipalUtilidad, evidencia empírica, secularización.Creencia en la contingencia divina, recuperación del conocimiento perdido.
Percepción de la NaturalezaObjeto de estudio puramente material y racional.'Libro de Dios', digno de estudio empírico por su carácter creado y complejo.
Propósito de la InvestigaciónProgreso material, entendimiento racional del mundo.Restaurar el dominio humano, glorificar a Dios a través de su creación.

Preguntas Frecuentes

¿Quién 'creó' la investigación de la naturaleza?

No hubo un único creador. La investigación de la naturaleza, tal como la conocemos hoy en su vertiente empírico-experimental, surgió de un complejo entramado de ideas, discusiones teológicas y el trabajo de numerosos intelectuales en el siglo XVII. La fundación de la Royal Society en 1660 por una docena de hombres marcó un punto de inflexión en la institucionalización de esta nueva empresa.

¿La ciencia moderna nació en conflicto directo con la religión?

Contrario a la creencia popular, un análisis histórico detallado sugiere que la ciencia moderna no nació en conflicto directo con la religión. De hecho, muchas ideas teológicas sirvieron como fundamentos intelectuales y justificaciones para el desarrollo de los nuevos métodos de investigación de la naturaleza, como el voluntarismo y las interpretaciones de la Caída Original.

¿Qué papel jugó la Royal Society en este proceso?

La Royal Society fue fundamental. Fundada en 1660 sobre las bases de la filosofía baconiana, se dedicó a la investigación natural por métodos experimentales. Su misión incluía el restablecimiento del poder del hombre sobre la naturaleza y la restauración del conocimiento, lo cual a menudo se justificaba con fines religiosos, como la glorificación de Dios a través del estudio de su creación.

¿Quién creó la investigación de la naturaleza?
En1660 una docena de hombres dedicados a la investigación de la naturalezadecidieron fundar una nueva sociedad dedicada a la nueva y muy discutida empresa de la investigación natural por métodos experimentales físico-matemáticos, y dos años después el rey Carlos II la convirtió en la “Royal Society of London, for improving natural knowledge”.

¿Por qué el método empírico se volvió tan importante?

El método empírico se volvió crucial debido a la creencia en la contingencia de la creación divina (voluntarismo), que implicaba que el mundo no podía ser conocido solo por deducción lógica, sino por observación y experimentación. Además, la interpretación de la Caída Original sugirió que la mente humana había perdido su conocimiento innato y que el estudio de la naturaleza requeriría un esfuerzo arduo y experimental para recuperar el dominio perdido.

¿Qué significa el 'voluntarismo' en este contexto?

El voluntarismo es una tesis teológica que enfatiza la voluntad de Dios como la fuerza principal en la creación. Implica que el mundo, al ser creado por un acto libre de la voluntad divina, es contingente (podría haber sido de otra manera). Esta contingencia, a su vez, argumentó la necesidad de un método empírico (a posteriori) para estudiar la naturaleza, ya que sus características no podían ser deducidas a priori.

Conclusión

Así, hemos intentado mostrar brevemente que el "mito del eterno conflicto" entre ciencia y religión, desde una perspectiva histórica, no se sostiene. La ciencia moderna no solo no nació en oposición a la religión, sino que su desarrollo en el siglo XVII estuvo profundamente entrelazado con ideas teológicas. No fue la ciencia la que secularizó y 'desencantó' el mundo; fueron, de hecho, discusiones teológicas las que originaron un movimiento de 'des-alegorización' del mundo creado, manteniendo siempre su dependencia del Dios creador.

Del mismo modo, el desarrollo de la ciencia moderna no fue impulsado por un descubrimiento de las capacidades cognitivas ilimitadas del hombre, sino, paradójicamente, por discusiones teológicas sobre el debilitamiento de esas capacidades tras la caída original de Adán. Esta conciencia de los límites humanos llevó a los intelectuales de la época a estudiar la naturaleza de forma más minuciosa y con el nuevo método experimental.

Finalmente, la nueva ciencia moderna no se separó de la religión para justificarse y obtener aceptación social. Por el contrario, aceptó el desafío de ser útil para la religión, y sus pioneros encontraron una enorme estimulación teológica y religiosa para llevar a cabo su empresa. Comprender el pasado nos permite entender mejor las relaciones presentes. A 350 años del nacimiento de una de las academias de ciencia más prestigiosas del mundo, la Royal Society, es esencial revalorizar la genealogía de la ciencia y reconocer cómo muchos de sus fundadores compartieron y defendieron las ideas que, brevemente, hemos intentado presentar, revelando una historia mucho más rica y compleja de lo que a menudo se cuenta.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Raíces Teológicas: El Origen de la Ciencia Moderna puedes visitar la categoría Librerías.

Subir