¿Qué es la santidad personal?

El Camino de la Santidad: Un Llamado Transformador

12/06/2022

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La santidad, una palabra que a menudo evoca imágenes de perfección inalcanzable o de una vida monástica y austera, es en realidad un llamado fundamental y un pilar central de la existencia cristiana. Lejos de ser un ideal utópico, la Biblia presenta la santidad como una vocación, un camino y un estilo de vida al que todo creyente está invitado. Pero, ¿por qué debemos ir en pos de ella? ¿Es posible, para seres humanos imperfectos, alcanzar siquiera un atisbo de esa cualidad divina? Este artículo explorará estas preguntas, desvelando el propósito, la naturaleza y la viabilidad de la santidad en nuestra vida diaria, basándose en las verdades inmutables de la Palabra de Dios.

¿Por qué debemos ir en pos de la santidad?
Davidconocía esa aspiración cuando escribió: “Como el ciervo bramapor las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el almamía” (Sal. 42:1). El descubrimiento de que la felicidad es un subproducto de lasantidad ha sido una gozosa revelación para muchos. Por lo tanto,debemos “ir en pos de la santidad”.

Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, la santidad se revela como una característica intrínseca de Dios y, por extensión, como una expectativa para aquellos que buscan conocerle. Es la esencia de su ser, y a nosotros, creados a su imagen, se nos insta a reflejarla. Comprender la santidad no es solo un ejercicio teológico, sino una invitación a una vida más plena, significativa y en profunda comunión con el Creador.

Índice de Contenido

¿Qué es la Santidad según la Biblia?

Para abordar el tema de la santidad bíblica, es crucial primero definir el término. En el Antiguo Testamento, la palabra 'santo' generalmente expresa la idea de separarse, apartarse o consagrarse. Esto no se aplicaba solo a personas, como el sacerdocio, sino también a cosas materiales, como el Tabernáculo de Moisés con sus enseres, el diezmo y las primicias. Eran elementos apartados para un servicio especial y exclusivo a Dios (Éxodo 28:36-41; Éxodo 29:43-46; 1 Reyes 8:4; Levíticos 27:30-34).

En el Nuevo Testamento, las palabras griegas 'hagaismos' (santificación) y 'hagios' (santo) amplían este concepto. Se refieren, en primer lugar, al temor sagrado hacia la persona de Dios y a la pureza de su carácter moral. En segundo lugar, aluden a lo sagrado de las personas o cosas relacionadas con Dios y al carácter moral requerido de los hombres. En su forma más sencilla y poderosa, la santidad se define como la separación del mundo y el apartarse hacia Dios. No es simplemente un conjunto de reglas, sino una orientación fundamental del ser.

La Santidad: No para Dios, sino por causa de Dios

La santidad no es algo que Dios necesite adquirir, pues es parte de su misma naturaleza, sin principio ni fin (Éxodo 15:11). A Él se le conoce como 'El Santo', un término que se le aplica más de treinta veces en los Salmos (Salmos 89:18). En Dios no hay sombra de pecado. Por lo tanto, la santidad no es para Dios, sino por causa de Dios (Levíticos 19:2). Él es la fuente inagotable de la santidad, y de Él emana y se comunica al hombre a través del nuevo nacimiento, por medio del Espíritu Santo.

Adán fue creado santo, inocente y sin pecado. Sin embargo, la caída del hombre precipitó la necesidad de un Salvador y la regeneración de la naturaleza caída (Génesis 3:15). El pecado y la naturaleza caída son los enemigos de la santidad. Cada ser humano, a excepción de Jesucristo, nace con una naturaleza propensa al pecado (Romanos 5:12, 19; 3:23).

No obstante, el nuevo nacimiento transforma al hombre, que fue creado a imagen de Dios en justicia y santidad (Efesios 4:24). Este proceso comienza al obedecer el plan de salvación (Hechos 2:38) y continúa de forma progresiva a medida que nos despojamos del viejo hombre con la ayuda del Espíritu Santo, un proceso determinado por el grado de consagración personal de cada creyente (2 Corintios 7:1; Tito 2:12). La santidad del creyente se arraiga en la santidad de Dios, como Pedro recalcó: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; si no como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:14-17).

¿Por qué debemos ir en pos de la Santidad?

La pregunta principal que nos convoca es la razón detrás de esta búsqueda. La Biblia ofrece múltiples motivos poderosos:

  • Es un Mandato Divino: La razón más fundamental es que Dios lo ordena. “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Este no es un consejo o una sugerencia, sino un imperativo.
  • Para Conocer a Dios: Juan 17:3 declara: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Conocer a Dios implica no solo tener información sobre Él, sino experimentar una relación transformadora que nos moldea a su carácter, que es santo.
  • Para Reflejar su Carácter: Las virtudes y características de Dios son las que lo hacen Santo. Al imitar estas cualidades, nos asemejamos a Él.
  • Es Esencial para la Salvación y Ver a Dios: Hebreos 12:14 afirma categóricamente: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Esto subraya la importancia ineludible de la santidad no solo para la vida eterna, sino para percibir la presencia y la obra de Dios en nosotros y a través de nosotros.
  • Para ser Instrumentos de Dios en el Mundo: Una interpretación vital de Hebreos 12:14 sugiere que, sin nuestra santidad, el mundo perdido no verá al Señor en nosotros. La iglesia, como nación santa de Dios, debe separarse del mundo para reflejar a Cristo.

Características de Dios para Imitar

Dios es la fuente y el modelo de toda santidad. Al conocer sus atributos, podemos aspirar a reflejarlos en nuestras vidas. Aquí algunas de sus virtudes y cómo podemos imitarlas:

Atributo de DiosImitación Humana
JUSTOSé justo con tus semejantes.
MISERICORDIOSOSé pronto para ayudar al necesitado.
PACIENTETen calma ante los embates de la vida.
PERDONADOROlvida tu pasado si le buscas y perdona a otros.
BONDADOSOActúa con amor y generosidad.
GALARDONADORBusca su premio, vive para Él.
ETERNOBusca vivir eternamente con Él.
SOCORRO OPORTUNOAcude a Él en necesidad.
VERDADEROConfía en Él y vive en la verdad.
PODEROSOConfía en su poder para transformar tu vida.
SALVACIÓNAmárrate a Él.
PROTECTORRefúgiate en Él.
LUZ DEL MUNDODeja que su luz te ilumine y sé luz para otros.
SANTOSé santo, pues Él es Santo.

¿Es posible alcanzar la Santidad?

Para el hombre, puede parecer imposible alcanzar la santidad. Sin embargo, la Biblia nos muestra que sí lo es, aunque no por nuestras propias fuerzas. La experiencia de Israel al aceptar el pacto con Dios en el Sinaí (Éxodo 19:9-13) ilustra esta verdad. Con entusiasmo, el pueblo clamó: «Todo lo que YHVH ha dicho, haremos». Sin embargo, su posterior apostasía con el becerro de oro (Éxodo 32) reveló su incapacidad inherente para cumplir los preceptos divinos por sí mismos.

¿Es posible alcanzar la santidad?
Para el hombre, parece imposible alcanzar la santidad. Sin embargo, las virtudes antes mencionadas, y otras cualidades divinas, son las que hacen Santo a Dios. Creados los seres humanos a imagen de Dios, todos tenemos, potencialmente, el poder de adquirir esas virtudes. Haciéndolas nuestras, seremos santos como Él es Santo.

Pablo también experimentó esta lucha (Romanos 7), descubriendo que la ley, aunque santa, no podía por sí misma santificarlo. La santidad no se logra por mero esfuerzo humano o por el ascetismo (Colosenses 2:20-23). Vivir una vida austera, practicar penitencias o ejercicios corporales pueden tener algún beneficio disciplinario, pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. Estos se controlan al someterse al poder del Espíritu Santo que reside en la vida del creyente.

La clave reside en el nuevo nacimiento. Es a través de esta experiencia genuina de salvación que Dios nos santifica. A partir de allí, somos llamados a santificarnos progresivamente (2 Timoteo 1:9; Hebreos 12:14; Romanos 6:22). La santidad es un proceso continuo que no terminará hasta que estemos con Jesús. Si bien Dios nos santifica en el momento del nuevo nacimiento, nos corresponde a nosotros seguir buscando y perfeccionando esa santidad mediante la consagración personal y la obediencia al Espíritu y a la Palabra de Dios.

La Santidad Personal: Sus Propósitos y Manifestaciones

La santidad bíblica tiene dos propósitos interconectados que se manifiestan de dos maneras prácticas en la vida del creyente. Es un proceso de alejarse del mundo y, simultáneamente, de acercarse a Dios. Como los valientes de David que usaban ambas manos para pelear (1 Crónicas 12:2), el creyente debe desarrollar destreza en ambos aspectos de la santidad.

Los Dos Propósitos de la Santidad

Propósito NegativoPropósito Positivo
Separarse del Mundo
“Salid de en medio de ellos, y apartaos” (2 Corintios 6:17).
Implica un alejamiento del sistema mundanal y sus pecados.
Apartarse a Dios
“...presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios...” (Romanos 12:1).
Implica un acercamiento al Señor, con el deseo de ser más como Él y manifestar el fruto del Espíritu.

Ambos propósitos son esenciales. Algunos creyentes se enfocan únicamente en alejarse del mundo, descuidando el acercamiento a Dios a través de la consagración personal. Sin embargo, es el acercamiento a Dios lo que produce un deseo cada vez mayor de abandonar la vida pasada. La santidad no se logra solo por tratar de alejarse del mundo, sino que es el resultado del nuevo nacimiento y la subsiguiente entrega a Dios, que genera un deseo de dejar el mundo.

La Experiencia de Moisés y la Zarza

La historia de Moisés y la zarza ardiente (Éxodo 3:5) ilustra perfectamente estos dos propósitos. Al acercarse a la presencia de Dios, se le ordenó: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.” Los zapatos, al entrar en contacto con el polvo del mundo, representan nuestro contacto con lo terrenal. Dios le indicó a Moisés que debía santificarse, quitarse lo mundano, antes de entrar en su presencia. Esto implica hacer morir lo terrenal en nosotros (Colosenses 3:5), despojarnos del viejo hombre, desechar la mentira y toda amargura (Efesios 4:21-32).

Es crucial entender que nosotros tenemos la responsabilidad de quitar estas cosas de nuestras vidas. No podemos esperar que el Espíritu Santo nos obligue a la fuerza a cambiar. Él nos da el poder, pero nosotros debemos someternos a Él y a la Palabra de Dios. No es solo deber del Espíritu Santo quitarnos las cosas mundanas; es nuestro deber quitárnoslas con su ayuda. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

En este encuentro, el Espíritu de Dios (la zarza) y la voz de Dios (la Palabra) trabajaron en armonía para producir la santidad en Moisés. Pero fue Moisés quien tuvo que agacharse, someterse y quitar su calzado. Dios no le quitó lo terrenal; él mismo tuvo que hacerlo con la ayuda del Espíritu y la Palabra. La santidad es, entonces, (negativamente) la antítesis del pecado y (positivamente) la entrega completa a Dios.

La Santidad como Vocación

Todo aquel que nace de nuevo entra en una relación santa con Dios. La Biblia se refiere a cada creyente como un 'santo', usando esta denominación más de 55 veces en el Nuevo Testamento (Efesios 1:1; 2 Corintios 1:1). En el sentido de ser separado y apartado para el servicio de Dios, todo creyente es un santo. Fuimos llamados a ser santos (Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2). La santidad no es un pasatiempo, sino una vocación, que se expresa de manera práctica en el desarrollo de la vida del creyente.

¿Cuál es el propósito de la santidad?
El propósito del Señor fue manifestar la realidad, extensión y proximidad de su poder destructor. La santidad implica reconocer los límites y comprender lo que ese poder podía hacer si los hombres se colocan dentro de su legítimo alcance.

La Santidad como Camino

“Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que el mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará” (Isaías 35:8). La santidad es un camino que nos conduce hacia un destino, más cerca de Dios (Proverbios 16:17). El 'mapa' que usamos es la Palabra de Dios, que es lumbrera a nuestro camino (Salmos 119:105; 119:130). Para seguir este camino, debemos mantenernos dentro de los confines de la Palabra de Dios, que lo delinea claramente (Jeremías 6:16; 18:15). Es un camino de separación, no de libertinaje.

La Santidad como Estilo de Vida

“...sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir...” (1 Pedro 1:15). La santidad no es un lujo, sino una manera o estilo de vida. Antes de conocer al Señor, vivíamos un estilo de vida contrario a la Palabra de Dios, siguiendo los deseos de la carne (Efesios 2:1-3). Ahora, debemos escoger vivir un estilo de vida que agrade a Dios, no a nuestra carne. Esto implica renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, viviendo sobria, justa y piadosamente en este siglo (Tito 2:12). La santidad es la renuncia de un estilo de vida para abrazar otro completamente diferente.

La Santidad como Adoración Hermosa

“Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad...” (Salmos 96:9). Esta frase puede referirse a las vestimentas sagradas de los sacerdotes en el Antiguo Testamento, o, más profundamente, al estado del corazón de quienes se acercan a Dios. Los sacerdotes debían vestirse con modestia y decencia al ministrar (Éxodo 28:40-42). Hoy, como “sacerdocio santo” (1 Pedro 2:5), los creyentes debemos ver nuestra forma de vestirnos modestamente como parte de nuestro acercamiento y adoración a Dios.

No hay nada más hermoso que una vida entregada a Dios en santidad, una vida que refleja a Dios porque Él es santo. La santidad es una forma de adorar a Dios, al igual que la oración, la alabanza y la ofrenda. Debemos adorar a Dios en espíritu y en verdad (Juan 4:24), lo que implica no solo verdad doctrinal, sino también una vida transparente, honesta y libre de hipocresía.

La Santidad como Renuncia

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12). Renunciar significa desistir, abandonar, no aceptar. La gracia de Dios nos enseña a abstenernos de la impureza sexual (1 Tesalonicenses 4:3), de toda especie de mal (1 Tesalonicenses 5:22) y de los deseos carnales que batallan contra el alma (1 Pedro 2:11).

La Santidad como Mandamiento

La santidad no es una opción, sino una necesidad para el creyente (1 Pedro 1:14-17; 2 Pedro 3:11-12). Es un decreto de Dios para su iglesia: “Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré” (2 Corintios 6:17). La iglesia es la 'ekklesía' de Dios, los llamados fuera. Así como Israel salió de Egipto, la iglesia, la nación santa de Dios en el Nuevo Testamento, tiene que salir de Egipto (el mundo).

La Perfección de la Santidad: Un Proceso Continuo

El apóstol Pablo nos dice: “Así que amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). La santidad se perfecciona; es un proceso progresivo y continuo de separarse del mundo. 'Perfeccionar' no significa ser impecable o sin pecado, sino completo o terminado en ese proceso. Nunca llegaremos a un punto en que dejemos de perfeccionar la santidad; cada culto, cada prédica, en conjunto con el Espíritu Santo, nos lleva hacia ella.

La santidad se perfecciona en un ambiente de temor (reverencia) de Dios. Este temor no es miedo al infierno, sino un temor basado en el amor: un amor que nos impulsa a no desear ofender a Dios, que anhela su favor, reverencia su santidad, se somete gozosamente a su voluntad, se siente agradecido por sus beneficios, le alaba con sinceridad y obedece conscientemente sus mandamientos.

¿Por qué debemos ir en pos de la santidad?
Davidconocía esa aspiración cuando escribió: “Como el ciervo bramapor las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el almamía” (Sal. 42:1). El descubrimiento de que la felicidad es un subproducto de lasantidad ha sido una gozosa revelación para muchos. Por lo tanto,debemos “ir en pos de la santidad”.

Como humanos, todos fallamos y cometemos errores. Un error no es el fin de la vida cristiana. No fuimos llamados para ser vencidos, sino para vencer al mundo (Romanos 12:21; 1 Juan 5:4-5; Juan 16:33). Si cometemos una falta, no todo termina allí. Podemos buscar el perdón a través del arrepentimiento y seguir adelante (1 Juan 1:9). “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). O como Miqueas 7:8 dice: “Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.”

Contaminación de Carne y Espíritu

Pablo distingue entre la limpieza de la contaminación de la carne y la del espíritu (2 Corintios 7:1). La palabra 'contaminación' (del griego 'molusmos') significa ensuciarse. Hay pecados que ensucian la carne, es decir, se cometen con el cuerpo, y pecados que ensucian el espíritu, afectando el hombre interior, sus emociones, actitudes y disposición. El proceso de santificación abarca ambos aspectos de nuestro ser.

Preguntas Frecuentes sobre la Santidad

1. ¿La santidad es solo para algunas personas especiales?

No, la Biblia enseña que la santidad es una vocación para todos los creyentes nacidos de nuevo. Todos somos llamados a ser santos, apartados para el servicio de Dios (Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2).

2. ¿Es la santidad lo mismo que la perfección sin pecado?

No en el sentido absoluto de impecabilidad. La santidad es un proceso progresivo de separarse del pecado y acercarse a Dios. Aunque buscamos la pureza, como humanos, podemos fallar. Sin embargo, tenemos el perdón en Cristo (1 Juan 1:9).

3. ¿Si cometo un error, pierdo mi santidad?

Cometer un error no significa el fin de tu camino cristiano. La santidad es un proceso de perfeccionamiento continuo. Si confiesas tus pecados, Dios es fiel para perdonarte y limpiarte. El arrepentimiento y la restauración son parte del camino.

4. ¿La santidad implica vivir de forma ascética o aislada del mundo?

No, la santidad bíblica no es ascetismo. No se trata de vivir en retiro o practicar penitencias para controlar los deseos de la carne. Más bien, se logra al someterse al poder del Espíritu Santo que reside en nosotros y al alejarnos del sistema mundano mientras nos consagramos a Dios.

5. ¿Cuál es el propósito final de la santidad?

El propósito de Dios para la santidad es conformarnos a la imagen de su Hijo, Jesucristo (Romanos 8:29). Es un proceso para reflejar cada vez más su carácter y ser luz para un mundo perdido, para que a través de nosotros, otros puedan ver al Señor.

En conclusión, la santidad no es un concepto distante o una tarea imposible, sino un llamado divino y un camino transformador que todo creyente puede y debe emprender. Es un proceso de dos vías: apartarse del mundo y acercarse a Dios. Requiere nuestra sumisión al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios, y se manifiesta como una vocación, un camino, un estilo de vida, una hermosa adoración, una renuncia y un mandamiento. Aunque imperfectos, en Cristo somos santificados y, a través de Su poder, podemos perfeccionar la santidad en el temor de Dios, reflejando cada vez más la belleza de Aquel que nos llamó.

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