¿Qué pasará con las librerías de Caracas y Mérida?

Librerías Venezolanas: Resistencia y Adaptación

22/08/2024

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En el corazón de cada ciudad, las librerías han sido históricamente mucho más que simples puntos de venta de libros. Son santuarios de conocimiento, foros de debate, refugios para la imaginación y, sobre todo, puntos de encuentro donde la literatura cobra vida a través de la tertulia y el contacto humano. En Venezuela, estas instituciones culturales han enfrentado durante años los embates de una profunda crisis social y económica. Sin embargo, la llegada de la pandemia por COVID-19 y las subsiguientes cuarentenas obligatorias representaron un desafío sin precedentes, empujándolas a modificar drásticamente su funcionamiento para asegurar su supervivencia. Este artículo explora cómo librerías emblemáticas en Caracas y Mérida han navegado estas aguas turbulentas, demostrando una admirable resistencia y capacidad de adaptación.

¿Qué pasará con las librerías de Caracas y Mérida?
Las librerías de Caracas seguirán cerradas y las de Mérida, como La Rama Dorada, podrán mantenerse abiertas con el protocolo de seguridad. Todas resisten las calamidades de la crisis, el olvido del libro y, sin faltar, la aparición de la pandemia.

La visión de Jorge Carrión sobre las librerías como pura resistencia resuena profundamente en el contexto venezolano. Detrás de sus estanterías, hay seres humanos, los libreros, que con entereza y pasión, defienden el espacio de la experiencia literaria amparada en el libro físico. La pandemia interrumpió abruptamente esa función primordial de encuentro. Librerías como El Buscón en Caracas, La Gran Pulpería del Libro Venezolano, también en la capital, y La Rama Dorada en Mérida, se vieron forzadas a repensar su modelo.

Índice de Contenido

El Corazón de la Librería: Más Allá de los Libros

Para Katyna Henríquez, gerente general de El Buscón en Las Mercedes, Caracas, el contacto directo con los clientes y lectores es el pilar fundamental de su librería. El Buscón se ha forjado una reputación como un espacio que fomenta el diálogo, un puente entre autores, lectores y sus historias. Este lugar, predilecto para bautizos de libros y tertulias literarias, vio su vibrante actividad detenerse el 16 de marzo de 2020. La cuarentena obligatoria sumió a este espacio, antes efervescente, en una especie de hibernación. La esencia de la librería, arraigada en la interacción personal, se vio amenazada.

Rómulo Castellanos, librero de La Gran Pulpería del Libro en Chacaíto, Caracas, comparte una perspectiva similar. Para él, una librería, especialmente una como La Pulpería, que aboga por el azar del encuentro entre el lector y el libro, pierde parte de su magia sin la posibilidad de la exploración física. Inspirado por las enseñanzas de su padre, Rafael Castellanos, fundador de la librería y una figura icónica en la historia literaria venezolana, Rómulo ve el libro no como un objeto inerte, sino como un ente vivo que busca a sus lectores. La experiencia de deambular por los pasillos, descubriendo joyas que ni siquiera la Biblioteca Nacional posee, es insustituible. Este valor intrínseco de la librería como espacio cultural y de serendipia se vio gravemente comprometido por las restricciones.

Adaptación Digital: El Delivery como Salva Vidas

Frente a la imposibilidad del contacto directo, la virtualidad emergió como una tabla de salvación para algunas librerías. El Buscón fue pionero en Venezuela en implementar un sistema de delivery de libros. Lo que comenzó como una iniciativa tímida, se convirtió en la única forma de mantener un vínculo con sus clientes. Katyna Henríquez enfatiza que no se trata de una librería virtual con un catálogo exhaustivo, sino de una diversificación del negocio a través de las redes sociales. Su Instagram se transformó en una vitrina virtual, recreando la estética particular de la librería y emulando un “paseo virtual por nuestras mesas”. Este enfoque permitió a El Buscón mitigar las dificultades económicas y, sorprendentemente, llevó a Katyna a involucrarse más directamente en el oficio de librera, algo que antes delegaba debido a sus responsabilidades administrativas.

Sin embargo, la efectividad del modelo digital no fue universal. Alexander Bustamante, promotor cultural y gerente general de La Rama Dorada en Mérida, experimentó una realidad diferente. En su contexto andino, el proyecto de delivery no funcionó como esperaba. Para Bustamante, su librería es, ante todo, un espacio cultural, y el traspaso a lo digital, aunque necesario para salvaguardar el negocio, resultó insuficiente para replicar la experiencia humana de una conversación, una taza de café o una recomendación personal. La librería, en su esencia, se vive a través de la experiencia presencial, y este es un punto crucial que la virtualidad aún no logra emular plenamente.

La Resistencia Merideña: Un Modelo de Bioseguridad y Diversificación

El contexto de cada ciudad define las estrategias de supervivencia. Mientras Caracas enfrentaba cuarentenas radicales, La Rama Dorada en Mérida, ubicada en una casa patrimonial diseñada por el arquitecto Manuel Mujica Millán, optó por reabrir sus puertas con un estricto protocolo sanitario. Este incluía el uso de tapabocas, una alfombra desinfectante para los zapatos, gel antibacterial, toma de temperatura y la separación de mesas. Tras la salida de cada cliente, se realizaba un proceso exhaustivo de limpieza y asepsia. Este compromiso con la seguridad permitió a La Rama Dorada retomar parte de su operación presencial, a diferencia de El Buscón, que por precaución se mantuvo cerrado a visitas personales.

Más allá de los protocolos sanitarios, La Rama Dorada ha encarnado la diversificación como estrategia clave para la supervivencia. En un estado como Mérida, golpeado por la escasez de servicios básicos, esta librería se ha transformado en un bastión de nuevos emprendimientos. Funciona como un espacio de coworking, cafetería, librería y galería de arte, consolidándose como un referente cultural de la ciudad, trascendiendo la mera compra-venta de libros. Alberga nueve emprendimientos en su espacio de coworking y cuenta con un libro club de 500 lectores, ofreciendo un sistema de préstamo de libros. Con un stock de aproximadamente 15.000 libros y 3.000 en el Libro Club, surgido de la crisis para garantizar el acceso a la lectura para las nuevas generaciones, La Rama Dorada es un ejemplo vivo de adaptación y resiliencia.

Crisis Tras Crisis: La Larga Lucha de las Librerías Venezolanas

La pandemia no fue el inicio de las dificultades para las librerías venezolanas, sino la agudización de una crisis preexistente. En un país donde las necesidades básicas como el hambre y la salud priman, el libro, lamentablemente, a menudo se percibe como un lujo. Esta realidad ha provocado un déficit sostenido en la industria editorial. Ya en 2018, la Cámara Venezolana de Editores (CVE) reportaba el cierre de más de 80 librerías y una disminución del 50% en las ventas del sector.

Para subsistir, muchas librerías se vieron obligadas a transformar su modelo de negocio, yendo más allá de la venta de libros. Cadenas como Las Novedades, por ejemplo, comenzaron a ofrecer productos importados en algunas de sus sucursales. Esta tendencia a la diversificación es un testimonio de la creatividad y la determinación de los libreros para mantener sus puertas abiertas, incluso si eso significa expandir su oferta a artículos no literarios.

El Impacto Económico de la Pandemia y las Sorprendentes Tendencias de Lectura

El golpe económico de la pandemia fue brutal. En La Rama Dorada, las ventas cayeron un alarmante 99% en los primeros meses, y los emprendimientos en el coworking se paralizaron. En La Gran Pulpería, las ventas disminuyeron significativamente debido a su limitada presencia digital. Aunque el delivery en El Buscón ayudó a paliar las dificultades, la esencia del contacto a través de los libros se trastocó.

Sin embargo, en medio del desasosiego, surgieron pequeñas certezas. Katyna Henríquez notó un aumento en la venta de libros infantiles, una señal esperanzadora de que, incluso en tiempos difíciles, la lectura para los más jóvenes sigue siendo una prioridad. En La Rama Dorada, la literatura de viaje y los clásicos del canon fueron los favoritos. Alexander Bustamante atribuye esto a la realidad de los cortes de luz en Mérida: “con el libro se puede apaciguar el ocio que si no se alimenta puede resultar siendo muy dañino para el individuo”. Historias épicas como la invasión de los aqueos a Troya o el viaje de Odiseo, ofrecieron un escape y una forma de ocupar el tiempo de ocio de los merideños.

El Oficio de Librero: Una Vocación en Constante Transformación

Ser librero en Venezuela, especialmente en estos tiempos, es una “camisa de once varas”, una responsabilidad inmensa que no cualquiera puede asumir. Rómulo Castellanos, a pesar de sus años en La Pulpería, aún siente que el epíteto de librero le queda grande, atribuyendo la verdadera pasión a su padre. Hoy, utiliza las redes sociales para mantener el vínculo con sus clientes asiduos, aunque la Pulpería permanezca con sus puertas cerradas. La rutina ha cambiado, pero el punto de encuentro a través de la literatura persiste.

Para Katyna Henríquez, el confinamiento y el delivery la obligaron a retomar un rol más directo en el oficio, sumergiéndose en las recomendaciones y el trato constante con los clientes a través de la pantalla. En el caso de Alexander Bustamante, el librero actual debe ser un individuo multifacético: barista, emprendedor, promotor cultural. La relación con los usuarios se ha modificado profundamente, y esta pandemia podría ser el catalizador de un cambio total en la concepción del oficio. Bustamante señala que un librero necesita al menos tres años de formación, y que su equipo ha incluido profesionales de diversas áreas, desde contadores hasta farmacéuticos, lo que subraya la complejidad y la pasión requeridas para esta vocación.

El Futuro Incierto pero Resiliente de las Librerías

Las librerías de Caracas, en su mayoría, han permanecido cerradas al público, mientras que las de Mérida, como La Rama Dorada, han podido operar bajo estrictos protocolos de bioseguridad. Todas, sin excepción, han resistido las calamidades de la crisis económica, la indiferencia hacia el libro y, ahora, el impacto de la pandemia. Lo único seguro es que los libreros, amparados por la solidez de las tapas duras y la permanencia de la tinta, continúan resguardando la memoria y el conocimiento que se esconde en cada pasillo abarrotado de libros. Su lucha es un testimonio de la vitalidad de la cultura y la importancia de preservar estos espacios que, a pesar de las adversidades, siguen siendo faros de luz en tiempos de incertidumbre.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Cómo afectó la pandemia de COVID-19 a las librerías en Caracas y Mérida?
La pandemia interrumpió la función principal de las librerías como espacios de encuentro y tertulia, forzándolas a cerrar sus puertas físicas y a buscar nuevas modalidades de operación. Esto resultó en una drástica caída de ventas y la necesidad de adaptarse rápidamente.

¿Qué estrategias adoptaron las librerías venezolanas para sobrevivir durante la cuarentena?
Principalmente, la implementación del servicio de delivery de libros (como El Buscón en Caracas) y la diversificación de sus servicios (como La Rama Dorada en Mérida, que se convirtió en un espacio de coworking, cafetería y galería). Algunas también implementaron estrictos protocolos de bioseguridad para reabrir con seguridad.

¿Por qué es importante el contacto humano en una librería, según los libreros?
El contacto humano permite la conversación, la recomendación personalizada y la experiencia de descubrir libros de forma azarosa. Para muchos libreros, esta interacción es primordial y no puede ser completamente reemplazada por plataformas digitales, ya que la librería se vive a través de la experiencia presencial.

¿Las ventas de libros aumentaron o disminuyeron durante la cuarentena en Venezuela?
En general, las ventas de libros disminuyeron drásticamente, con algunas librerías reportando caídas de hasta el 99% en los primeros meses. Sin embargo, hubo ciertas excepciones, como el aumento inesperado en la venta de libros infantiles, literatura de viaje y clásicos del canon en algunos establecimientos.

¿Qué significa ser librero en la actualidad venezolana?
Ser librero en Venezuela hoy implica ser un profesional multifacético: promotor cultural, administrador, estratega de marketing digital y, a menudo, incluso barista o emprendedor. Es un oficio de gran entereza y vocación, que requiere una constante adaptación y una profunda pasión por los libros y la cultura para resistir las adversidades.

¿Cuál ha sido la situación de las librerías en Venezuela antes de la pandemia?
Antes de la pandemia, las librerías venezolanas ya enfrentaban una profunda crisis económica, con el cierre de más de 80 establecimientos y una disminución del 50% en las ventas para 2018. Muchas ya habían comenzado a diversificar su oferta para mantenerse a flote.

¿Cómo han logrado algunas librerías mantener la conexión con sus clientes sin el contacto físico?
Principalmente, a través de las redes sociales. Plataformas como Instagram se han convertido en “vitrinas virtuales” que permiten a las librerías mostrar su stock, mantener la estética de su espacio y comunicarse con sus clientes, aunque sin reemplazar la experiencia presencial.

Comparativa de Librerías Venezolanas en la Pandemia
LibreríaCiudadCaracterística Principal / EnfoqueEstrategia de Adaptación ClaveDesafío Principal
El BuscónCaracasEspacio de encuentro y diálogo, bautizos de libros.Delivery de libros a través de redes sociales.Pérdida del contacto directo con el cliente.
La Gran Pulpería del Libro VenezolanoCaracasFomenta el azar del encuentro con el libro, vasta colección.Mantenimiento de vínculo con clientes fieles vía redes.Dificultad de replicar la experiencia de exploración física.
La Rama DoradaMéridaEspacio cultural multifuncional (coworking, cafetería, galería).Reapertura con estricto protocolo sanitario y diversificación de servicios.Contexto regional difícil (cortes de luz, servicios básicos).

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