01/02/2026
El apellido Sempere puede evocar diversas imágenes, desde el entrañable librero de una afamada novela ambientada en Barcelona, cuya vida en la calle Santa Ana se entrelaza con el misterio de los libros y la trágica muerte de un amigo en circunstancias insólitas relacionadas con la obra “Los Pasos del Cielo”, hasta la figura de un artista que marcó un antes y un después en la plástica española. Este artículo se centrará en la inmensa contribución de Eusebio Sempere, un visionario del arte abstracto, cuya vida y obra estuvieron profundamente ligadas a la experimentación, la luz y, de manera crucial, al mundo de la edición y la difusión artística a través de publicaciones y galerías, elementos esenciales en el ámbito de los libros y las librerías.

Eusebio Sempere, nacido en Onil, Alicante, fue una figura fundamental en la renovación del arte contemporáneo español del siglo XX. Su trayectoria, marcada por la búsqueda constante y una sensibilidad excepcional, lo llevó a ser uno de los máximos exponentes del arte cinético y óptico en España. Su viaje artístico comenzó en una Valencia que, en los años cuarenta, ofrecía un ambiente cultural “provinciano y vulgar”, poco receptivo a las nuevas corrientes artísticas. Esta apatía cultural lo impulsó a buscar horizontes más amplios, llevándolo a un “exilio espiritual” en París en 1948.
El Exilio y la Lucha en París
La estancia de Sempere en París, aunque deslumbrante por el contacto con artistas de la talla de Vasarely, Soto, Arp, Chillida y Lucio Muñoz, fue también un periodo de “miseria” y “penuria”. Él mismo describió cómo tuvo que dedicarse a trabajos ajenos a la pintura, como pegar carteles, para subsistir. Esta etapa, aunque difícil, fue crucial para su formación, permitiéndole conocer de primera mano las vanguardias europeas, en particular el arte concreto y el cinetismo. A pesar de las dificultades económicas, su producción de gouaches en este periodo fue notable, destacando obras como el emotivo Estudio del cuadrado (1953), que ya contenía la semilla de sus futuros mundos. Es fascinante cómo sus formas no delatan la tragedia vital que experimentaba, manteniendo una pureza creativa ajena a la adversidad.
El retorno de Sempere a España en 1960 no estuvo exento de un “cierto fracaso personal”, al no haber alcanzado el éxito que anhelaba en París. Sin embargo, su llegada a Madrid coincidió con un auge del arte joven español y un creciente interés institucional por su obra. Fue en este contexto donde su talento comenzó a ser reconocido, un contraste con la indiferencia y las “frustraciones repetidas” que había experimentado en Valencia y París, incluso siendo desahuciado de una pensión.
Sempere y el Impulso de la Obra Gráfica en España
Una de las facetas más destacadas y, a menudo, subestimadas de Eusebio Sempere fue su fundamental labor en la difusión de la obra gráfica en España, especialmente a través de la serigrafía. Junto a su fiel colaborador Abel Martín, a quien conoció en París y con quien compartió un pequeño taller en Madrid, Sempere se convirtió en un pilar en la profesionalización de esta técnica, que por aquel entonces era prácticamente desconocida en el país y se reservaba al ámbito industrial. Su pericia en la serigrafía, perfeccionada en el taller del cubano Wifredo Arcay en París, les permitió estampar obras de grandes artistas y, más tarde, las suyas propias.

La colaboración con instituciones como el Museo Nacional de Arte Contemporáneo y, especialmente, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, fue decisiva. A partir de 1964, Sempere y Abel Martín se convirtieron en los estampadores habituales del museo conquense, realizando series de obra gráfica de artistas como Antonio Lorenzo, Manuel Millares, Gerardo Rueda, Gustavo Torner y Fernando Zóbel. Esta labor no solo contribuyó a la difusión de estas obras, sino que también elevó el estatus de la serigrafía a la categoría de arte, dejando una huella imborrable en el coleccionismo de arte abstracto en España.
Ejemplos de su maestría incluyen la carpeta Heráclito-nueve fragmentos – Torner-nueve serigrafías (1965), considerada un alarde técnico por sus complejos efectos de transparencias y tintas metalizadas. El propio Sempere, a pesar de su habilidad, no realizó su primera carpeta de serigrafías propia, Las cuatro estaciones, hasta 1965, debido en parte a las limitaciones económicas de sus primeros años. Su dedicación a la obra gráfica y su meticulosidad en cada impresión demuestran su compromiso con la perfección, llegando a afirmar: “Empiezo las serigrafías sin maqueta previa y voy superponiendo entramados lineales hasta que creo que están acabadas. Las impresiones las hace siempre Abel Martín. Yo hago cada color y consultamos antes de cada tirada todos los problemas, para llegar al resultado que yo deseo.”
La presencia de Sempere en librerías-galerías, como Concret Llibres en Valencia en 1965, donde coincidió con Gerardo Rueda, subraya la conexión de su obra con el mundo del libro y la difusión cultural. Los catálogos de sus exposiciones, como el de la Galería Juana Mordó en 1965, o su antológica en la Dirección General del Patrimonio Artístico en 1980, se convirtieron en valiosos documentos que permitían al público y a la crítica adentrarse en su universo artístico. Estas publicaciones eran, en sí mismas, piezas de coleccionismo y testimonio de su evolución.
Sempere y el Grupo de Cuenca: Un Encuentro Decisivo
El primer contacto de Sempere con Fernando Zóbel, quien más tarde fundaría el Museo de Arte Abstracto Español en Cuenca, fue crucial. Zóbel fue la primera persona que le compró obra a Sempere a su llegada a España, en un momento de gran dificultad. Esta relación inicial se forjó en la XXX Bienal de Venecia de 1960, donde Sempere acudió con varios relieves luminosos. La amistad con Zóbel, Gerardo Rueda y Gustavo Torner, conocidos como el “Grupo de Cuenca”, proporcionó a Sempere un “lugar apropiado” y un reconocimiento artístico que hasta entonces le había sido esquivo.
Sempere fue nombrado conservador honorario del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca desde su apertura en 1966. Su participación en la búsqueda de la sede del museo y su entusiasmo por la creación de un espacio para el arte abstracto de su tiempo son testamento de su compromiso. La “estética de Cuenca”, caracterizada por una “belleza exenta de toda agresividad” y una “vertiente lírica”, contrastaba con las tendencias informalistas y más dramáticas de la época, permitiendo a Sempere desarrollar su singular visión pictórica.

La casa de Sempere en Cuenca, en la Bajada de San Miguel, fue un reflejo de su personalidad artística: una “rara combinación de tradición y modernidad”, con objetos antiguos, mobiliario de diseño y obras de otros artistas. Este espacio íntimo también sirvió de inspiración para sus obras, como él mismo reconoció: “También influyen mucho en mí los viajes a Cuenca, el conocimiento de sus paisajes” y “Durante los viajes a Cuenca con Fernando Zóbel para organizar el Museo de Arte Abstracto teníamos ocasión de observar el paisaje castellano, que después servía mucho para inspirar mi obra”.
La Innovación Escultórica: De los Escaparates a las Rejas Móviles
Más allá de la pintura y la obra gráfica, Sempere exploró la tridimensionalidad con una coherencia sorprendente. Sus primeras esculturas, aunque hoy desaparecidas, datan de los años cincuenta. Sin embargo, su incursión metódica en la escultura se consolidó a su regreso a Madrid, especialmente en el taller “Arju” de Juan Centenera.
Un hito en su producción escultórica fue su participación en la confección de un escaparate para los grandes almacenes El Corte Inglés en 1963, junto a otros artistas como César Manrique y Manuel Rivera. Este proyecto, titulado poéticamente “Maquinaria Inútil”, fue el germen de sus futuras rejas-esculturas. En este escaparate, Sempere implementó la superposición de rejillas metálicas que, accionadas por motores, producían bellos efectos de moaré y movimiento. Él mismo lo describió como una “rebelión contra la máquina”, una máquina que “no valía más que para ser mirado”. Esta iniciativa generó un gran interés y, en ocasiones, “escándalo” entre los viandantes, demostrando la capacidad del arte para irrumpir en el espacio público y generar debate.
Sus esculturas posteriores, como el móvil Latido (1966) en el Museo de Cuenca o las enigmáticas Columnas (1974), evidencian su búsqueda de la “perfección” a través de efectos de irisación, brillo y juegos lumínicos. Sempere no se consideraba un escultor en el sentido tradicional, sino un artista que trataba “temas en tres dimensiones, empleando las sensaciones materiales en oscuro o claro”. Su obra escultórica se caracteriza por una “tridimensionalidad dinámica” que invita al espectador a experimentar la ilusión y el movimiento, a menudo impulsados por el aire o motores, convirtiendo la escultura en un espectáculo visual.

La Poesía de la Luz y la Mística del Paisaje
La creación de Sempere es una danza constante entre la racionalidad y la emoción. Sus gouaches, realizados sobre papel o tabla, se distinguen por formas “engañosamente objetivas” que, sin embargo, se alejan de la frialdad cinética para adentrarse en un universo de “coloridos naturalistas” y “visiones del paisaje” que cautivaron a sus contemporáneos. Zóbel, por ejemplo, llegó a decir que Sempere conseguía “unos verdes saturados, húmedos, que no tienen precedente en toda la historia de la pintura”.
El artista trabajaba con una paciencia casi obsesiva, construyendo retículas de líneas finas que revelaban un “esfuerzo denodado y titánico” por capturar el “secreto de los momentos y las cosas”. Su amor por el trabajo nocturno, una costumbre desde sus años en París, le permitía sumergirse en un estado de introspección donde la “noche” y el “vacío receptivo” se convertían en fuentes de inspiración. En sus propias palabras: “Durante la noche puedo dedicarme a mis pinturitas. Durante esas horas, con el ruido de la lluvia al golpear los cristales, sueño un poco y logro alejarme hasta no sé qué lugares, donde hay más paz, y ni las palabras ni los hombres de carne y hueso logran enturbiarlos”.
Sempere concebía el paisaje no solo como una representación externa, sino como una proyección de la “naturaleza profunda” del ser humano, donde se entrelazan temores, deseos, contradicciones y una “mística cotidiana”. Sus obras, con sus “contornos desvaídos” y efectos de trompe l’oeil, invitan a una reflexión sobre la relatividad de las certezas y la transformación de la forma en luz. Esta concepción lo conecta con la mística española y con la visión oriental del paisaje, donde “pintar un paisaje es retratar al hombre”, en una búsqueda de la armonía y la tensión inherentes a la existencia.
A lo largo de su carrera, Sempere recibió importantes reconocimientos, como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1980 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1983, consolidando su legado como uno de los artistas más influyentes de su generación. Su vida, marcada por la perseverancia y la constante experimentación, culminó en 1985, dejando un corpus de obras que continúa fascinando por su rigor técnico, su profundidad conceptual y su inconfundible poesía visual.
Preguntas Frecuentes sobre Eusebio Sempere
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| ¿Qué tipo de arte hacía Eusebio Sempere? | Eusebio Sempere fue un artista abstracto, considerado uno de los principales exponentes del arte cinético y óptico en España. También realizó obra gráfica, especialmente serigrafías, y esculturas tridimensionales. |
| ¿Cuál fue la importancia de su estancia en París? | Su estancia en París (1948-1960) le permitió entrar en contacto con las vanguardias europeas del arte abstracto y cinético. A pesar de las dificultades económicas, fue un periodo crucial para su formación y el desarrollo de su estilo, especialmente sus gouaches. |
| ¿Qué papel jugó Abel Martín en su carrera? | Abel Martín fue su fiel colaborador y socio en el taller de serigrafía. Juntos, fueron fundamentales en la difusión y el desarrollo de la obra gráfica en España, estampando tanto las obras de Sempere como las de otros artistas importantes. |
| ¿Qué relación tuvo con el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca? | Fue uno de los artistas clave del “Grupo de Cuenca” y conservador honorario del museo desde su apertura en 1966. Su amistad con Fernando Zóbel, Gerardo Rueda y Gustavo Torner fue fundamental para su reconocimiento y para la actividad editorial del museo, que publicó muchas de sus serigrafías. |
| ¿Qué son las “Maquinaria Inútil” y las rejas-esculturas? | “Maquinaria Inútil” fue el título de un escaparate que Sempere diseñó en 1963 para El Corte Inglés, considerado el precedente de sus rejas-esculturas. Estas obras tridimensionales utilizan superposiciones de rejillas metálicas que, al moverse, crean efectos visuales de moaré y luz, explorando el movimiento y la percepción. |
| ¿Qué técnicas utilizaba en sus pinturas? | Principalmente trabajaba con gouaches sobre papel o tabla, utilizando tiralíneas para crear sus características formas reticulares. No empleaba óleo ni acrílicos, y fijaba sus obras con un barniz. |
| ¿Qué premios y reconocimientos recibió Sempere? | Entre otros, recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1980 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1983. |
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