11/08/2022
En el vasto universo de la literatura y la filosofía, algunas obras trascienden su formato para convertirse en verdaderos laberintos de pensamiento, invitando al lector a un viaje profundo y transformador. Tal es el caso de «El Libro de los Pasajes» (Das Passagen-Werk) de Walter Benjamin, una obra monumental e inconclusa que, más allá de ser un simple texto, se erige como un complejo diagrama del pensamiento, un «pasaje» en sí mismo hacia la comprensión de la modernidad y la historia.

A menudo, cuando pensamos en cómo se escribe un pasaje de un libro, imaginamos la fluidez narrativa o la construcción de ideas coherentes. Sin embargo, Benjamin nos ofrece una visión radicalmente diferente. Su método, casi un enigma, implica desentrañar palabras y llevarlas a otros diagramas conceptuales, donde las iniciales de sus definiciones revelan el nombre del autor y el título de la obra de la que se extrae un pasaje. Este enfoque no es una mera curiosidad literaria, sino un reflejo de su método filosófico: la construcción de conocimiento a partir de fragmentos, citas y yuxtaposiciones, buscando revelar las conexiones ocultas que el tiempo lineal tiende a borrar.
¿Qué es «El Libro de los Pasajes»?
«El Libro de los Pasajes» es la obra más ambiciosa y extensa de Walter Benjamin, dedicada a analizar la vida urbana y la cultura del París del siglo XIX, especialmente sus pasajes cubiertos, que él veía como arquetipos de la modernidad capitalista. No es un libro tradicional con una narrativa continua, sino una vasta colección de notas, citas, reflexiones y fragmentos, organizados temáticamente en “convolutos” (cuadernos). Benjamin trabajó en ella durante más de trece años, desde 1927 hasta su muerte en 1940, dejándola inacabada.
La intención de Benjamin era construir una imagen dialéctica de la modernidad, utilizando el método del montaje para iluminar la relación entre el pasado y el presente. Para él, el París del siglo XIX, con sus pasajes, su arquitectura, su moda y su publicidad, era un “colectivo onírico”, un sueño del que la humanidad necesitaba despertar. La obra es, en esencia, un intento de «leer» la historia a través de sus desechos, sus ruinas y sus fantasías, desentrañando las promesas fallidas del progreso y la teleología.
La Enigmática Teleología en el Pensamiento de Benjamin
El pensamiento de Walter Benjamin sobre la historia es, en su mayor parte, antiteleológico. Esto significa que rechaza la idea de que la historia avanza hacia un fin predeterminado, un propósito o un destino final. Su crítica al concepto de progreso, tan arraigado en el siglo XIX, lo lleva a desconfiar de cualquier noción de un hilo conductor o un sentido intrínseco de la historia. Para Benjamin, el progreso es una “falsa promesa de porvenir” que conduce a la catástrofe, una temporalidad “continua, vacía y homogénea”. Él, por el contrario, concibe la historia como una serie de interrupciones radicales, un salto fuera de esa continuidad.
Sin embargo, y aquí reside una de las paradojas más fascinantes de su obra, en sus escritos se encuentran menciones al término «teleología» que sugieren un uso excepcional y profundamente original del concepto. Benjamin no la rechaza por completo, sino que la reinventa, dándole un giro que desafía las interpretaciones convencionales. Estas menciones, casi recónditas, como la «teleología sin fin final» y el «momento teleológico del despertar», nos invitan a una relectura de su filosofía de la historia.

«Teleología sin Fin Final»: Una Ruptura con el Propósito
Una de las pistas más reveladoras sobre la peculiar relación de Benjamin con la teleología se halla en una carta a su amigo Gershom Scholem de 1920, donde menciona un plan para uno de sus ensayos políticos con el título “Teleología sin fin final”. Esta formulación, aparentemente contradictoria, es clave para entender su postura. En su ensayo “Para una crítica de la violencia”, Benjamin explora esta idea, aunque no de forma explícita.
La teleología tradicional implica un fin (télos) y un propósito (Zweck) que se proyecta hacia un final temporal (End). Benjamin, sin embargo, despoja a la teleología de este “fin final”. En su crítica a la violencia, distingue entre la violencia que instaura el derecho (que busca un fin, como en el terror revolucionario o el control estatal) y una violencia sin objetivos, pura y revolucionaria, que no pretende instaurar nada, sino destruir lo que el derecho instituye. Esta última, que él llama “divina”, no se inscribe en la lógica de “medios-fines” ni persigue un propósito ulterior.
La ruptura con el “círculo mítico-jurídico” de la violencia se daría con la apertura de una línea temporal cuyo comienzo coincide con la destrucción de toda dinámica instauradora de fines y sentido sobre la historia. Es un tiempo que se despliega en la ausencia de fines, una teleología que refiere al fin del sentido histórico. Esta es la esencia de la «teleología sin fin final» de Benjamin: no la ausencia de un final, sino la ausencia de un final predeterminado o con un sentido lógico en el tiempo continuo.
Las «Flechas Opuestas» del Fragmento Teológico-Político
Otro texto crucial para entender la teleología benjaminiana es el «Fragmento teológico-político». Aquí, Benjamin rechaza explícitamente la teleología histórica al afirmar que la venida del Mesías no puede ser proyectada desde un tiempo histórico. El Reino de Dios, dice, “no es el télos de la dynamis histórica, y no puede plantearse como meta. En efecto, desde el punto de vista histórico, el Reino de Dios no es meta, sino que es final”.
La paradoja surge cuando Benjamin introduce la analogía de las “flechas opuestas”: si una flecha indica la meta de la dynamis profana (la búsqueda de la felicidad de la humanidad en libertad), y otra la dirección de la intensidad mesiánica, el orden profano puede, contradictoriamente, promover la llegada del Reino mesiánico. Esto no implica una dialéctica hegeliana de resolución, sino una “aproximación silenciosa”. Lo profano no es una categoría del Reino, sino una categoría de su aproximación. Es una suerte de acuerdo o “negociación” entre órdenes que, en principio, no coinciden, una teleología que ilustra la divergencia de fuerzas opuestas que, sin embargo, pueden confluir en un final imprevisible.
La Teleología del Sueño y el Despertar de la Historia
La segunda mención clave de la teleología se encuentra directamente en «El Libro de los Pasajes», vinculada al concepto de «despertar». Benjamin propone una analogía entre el sueño y la vigilia individuales y los procesos históricos del colectivo. Así como los sueños esperan secretamente el despertar, el colectivo onírico (la humanidad sumida en el sueño de la historia) aguarda su propio despertar.

Este “momento teleológico” del despertar se enmarca en tres pilares conceptuales:
- Teoría del despertar: Una transposición de procesos orgánicos y psicológicos individuales a una escala social. La arquitectura, la moda, el urbanismo son expresiones oníricas colectivas, análogas a cómo el estado del estómago puede influir en los sueños individuales.
- Imagen dialéctica: El corazón de la teoría del despertar. Es una dialéctica en suspenso, que detiene el tiempo histórico en lugar de desplegarlo. Estas imágenes, que constelan elementos contradictorios (lo nuevo habitando las ruinas del pasado), son el medio para detonar el despertar. El historiador, como un psicoanalista del colectivo, busca estas huellas en la memoria urbana y cultural.
- Giro copernicano: Benjamin califica su concepto de despertar con este término. Así como la Tierra no es el punto fijo alrededor del cual giran los astros, el pasado “lo que ha sido” no es un tiempo fijo. En cambio, es un “saber-aún-no-consciente” que está en órbita, susceptible de ser movilizado en la trama dialéctica del despertar. El pasado llama al presente, no para volver a ser, sino para ser redimido y concluir su historia inacabada.
El objetivo es que el sujeto histórico, que es presa del sueño, alcance la conciencia lúcida de que está dentro de un sueño. El despertar de la historia es favorecido por la conciencia de la textura onírica del pasado que persiste en el presente. La teleología del despertar no se refiere a una línea temporal continua que conduce a un término cronológico, sino a una imagen que interrumpe el sueño. Es el “ahora de la cognoscibilidad” propiciado por la imagen dialéctica que revela al sueño como tal, cortando su secuencia temporal.
El Peligro de la Falsa Escapatoria en el Sueño Histórico
Benjamin no solo se ocupa de la estructura del despertar verdadero, sino también del peligro de una ilusión, un paso en falso, un final engañoso en la secuencia onírica. A través de ejemplos como el cuadro “Pensamientos y visiones de una cabeza cortada” de Antoine Wiertz o el relato de Ambrose Bierce sobre un ahorcamiento, Benjamin ilustra la “creencia” en una escapatoria que, en realidad, marca la fatalidad misma. Esta es la fatalidad de una época, de una generación que no supo reconocer su propio sueño.
Para Benjamin, la Modernidad es esa generación que se concibió a sí misma en un “despertar ilustrado”, creyendo transitar hacia una civilización segura, pero que en realidad se dejó engañar por una ensoñación: la confianza en el sentido teleológico de su propio progreso. La “factura catastrófica” de este sueño del siglo XIX fue pagada por la generación de principios del siglo XX, que despertó en la horca de la técnica, los nacionalismos y el belicismo. El “orden onírico de lo onírico” debe ser reconocido para que el soñador-historiador pueda cortar con su sueño y dar con la imagen dialéctica que detone el verdadero despertar.
Comparación: Teleología Tradicional vs. Teleología Benjamina
| Aspecto | Teleología Tradicional | Teleología Benjamina (sin fin final / del despertar) |
|---|---|---|
| Concepto de Fin | Fin predeterminado, objetivo, meta a alcanzar (Ziel) | Sin fin predeterminado, interrupción, final (Ende) |
| Naturaleza del Tiempo | Lineal, continuo, acumulativo, homogéneo | Discontinuo, ruptura, heterogéneo, «ahora de la cognoscibilidad» |
| Movimiento Histórico | Progreso garantizado hacia un ideal o propósito | Interrupción, salto fuera de la continuidad, riesgo de catástrofe |
| Agente del Cambio | Fuerzas causales, voluntad humana, desarrollo lógico | Imágenes dialécticas, fuerza débil mesiánica, irrupción imprevisible |
| Función del Historiador | Reconstruir la secuencia lógica de los hechos | Interpretar el sueño del pasado, reconocer el potencial disruptivo |
Preguntas Frecuentes sobre la Teleología en Benjamin
- ¿Es Walter Benjamin completamente antiteleológico?
- No, aunque su pensamiento es esencialmente antiteleológico en su crítica al progreso y a un sentido final de la historia, Benjamin utiliza y reinterpreta el concepto de teleología de formas excepcionales, como la «teleología sin fin final» y la «teleología del despertar».
- ¿Qué significa «teleología sin fin final»?
- Se refiere a una teleología despojada de un propósito predeterminado o un sentido lógico final. Implica un final que no es el resultado de una progresión lineal, sino una interrupción o un corte radical, como la violencia revolucionaria que no busca instaurar un nuevo orden sino destruir el existente.
- ¿Cómo se relaciona la teleología con el concepto de «despertar» en Benjamin?
- La teleología del despertar es la posibilidad de un verdadero final del «sueño histórico». Se refiere al «momento teleológico» en que la humanidad, a través de la «imagen dialéctica», reconoce la textura onírica de su pasado y rompe con la secuencia temporal continua, logrando una conciencia lúcida.
- ¿Qué es la «imagen dialéctica»?
- Es un concepto central en la filosofía de la historia de Benjamin. Se trata de una constelación de elementos contradictorios del pasado que, al ser reunidos en el presente, detienen el tiempo y revelan el «saber-aún-no-consciente» del colectivo, provocando una suerte de relámpago de conocimiento que puede conducir al despertar.
- ¿Por qué el «giro copernicano» es importante para Benjamin?
- Benjamin utiliza esta analogía para explicar su cambio de perspectiva sobre la historia. Así como Copérnico demostró que la Tierra no es el centro inmóvil, Benjamin argumenta que el pasado no es un punto fijo. Es un tiempo en órbita, un material vivo que puede ser movilizado y transformado por el historiador para provocar el despertar de la conciencia histórica.
La Relevancia de los Pasajes de Benjamin Hoy
El estudio de la obra de Walter Benjamin, y en particular de «El Libro de los Pasajes», sigue siendo de vital importancia para comprender las complejidades de la modernidad y la historia. Su enfoque fragmentario y su redefinición de conceptos como la teleología y la dialéctica nos ofrecen herramientas poderosas para analizar nuestro propio tiempo, un tiempo de ruinas y promesas incumplidas, de sueños colectivos y la constante necesidad de despertar.
Los «pasajes» de Benjamin, no solo los arquitectónicos, sino los conceptuales, nos invitan a una lectura activa, a un desciframiento constante. Nos enseñan que la historia no es un camino lineal hacia un fin preestablecido, sino un campo de batalla de fuerzas en tensión, donde el pasado, lejos de estar muerto, sigue latiendo en el presente, esperando ser redimido o, en su defecto, reconocido como parte de un sueño del que aún podemos despertar. Su obra es, en última instancia, una profunda reflexión sobre la memoria, el olvido y la posibilidad de una auténtica liberación a través de la conciencia histórica.
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