04/12/2022
Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha anhelado la libertad. La buscamos en la independencia económica, en la autonomía política, en la capacidad de tomar nuestras propias decisiones. Pero, ¿y si la verdadera libertad trasciende todo lo que conocemos? ¿Y si no se trata de libertad para hacer, sino de libertad de ser? La sabiduría ancestral nos invita a considerar una definición radical: la libertad total es la completa ausencia de miedo. Es la expansión de nuestro ser hasta incluirlo todo, un estado de amor total que disuelve cualquier barrera.

En nuestra búsqueda cotidiana, a menudo confundimos la libertad con la capacidad de defendernos o acumular poder. Sociedades enteras, como se menciona, intentan asegurar su libertad acumulando bombas, creyendo que así se protegerán de cualquier amenaza. Sin embargo, esta es una paradoja fundamental. ¿Cómo podemos ser libres si vivimos a la defensiva? Si experimentamos miedo, es porque creemos que hay algo externo capaz de herirnos o atacarnos. Esta creencia nos obliga a construir muros, tanto literales como metafóricos, impidiéndonos experimentar una verdadera liberación. La realidad es que la libertad no puede existir a nivel colectivo en países o sociedades hasta que cada individuo reconozca y abrace su propia libertad interior.
La Ilusión de la Libertad Terrenal
La noción de libertad en la Tierra, tal como la concebimos, es inherentemente limitada. No puede haber una libertad plena aquí porque, en esencia, nos defendemos constantemente. Podemos intentar escapar, buscar refugio en la naturaleza, pretender que somos libres al aislarnos de los demás. Pero, ¿qué sucede cuando la realidad externa irrumpe? Un asalto, una noticia devastadora, la inevitabilidad de la muerte. Estas situaciones nos recuerdan que nuestra percepción de libertad es frágil si depende de factores externos. La verdadera pregunta es: ¿De qué necesitamos ser libres? La respuesta es profunda: de enfermedades, del dolor, del odio, de los celos, de todo remordimiento. Cuando hablamos de libertad eterna, nos referimos a soltar todas nuestras cargas, a liberarnos de todo aquello que nos pesa y nos ata.
Es asombroso cómo la libertad está siempre a nuestro lado, esperando. Podemos ser libres en el instante en que lo decidamos. Son nuestras propias cadenas las que nos mantienen atados, cadenas forjadas por nuestras creencias y percepciones erróneas. Creemos que la causa de nuestros problemas y limitaciones reside fuera de nosotros. Pensamos: "Si esto cambia, si esta situación mejora, entonces seré libre". Pero esta perspectiva es un enredo entre causa y efecto. La antigua sabiduría nos revela que somos nosotros quienes fabricamos todo esto. Es una ilusión, un sueño dentro de un sueño. Estamos soñando, y al despertar, descubriremos que fuimos nosotros quienes inventamos cada detalle, cada personaje, cada circunstancia. Aquello que creemos que nos ataca es, en realidad, una proyección de nuestra propia creación.
La Sabiduría Ancestral: Somos Uno, Somos Divinos
Si la realidad que percibimos no es real, entonces debemos estar fabricándola. La fabricamos desde la perspectiva de lo que creemos ser. Al no conocer nuestra verdadera identidad, creamos ilusiones que se proyectan hacia nosotros. Pero, ¿qué sucede cuando llegamos a saber conscientemente lo que realmente somos? En ese momento, creamos la verdad. Este es el núcleo de la sabiduría ancestral: si existe una conciencia, solo puede haber una. Y si tú eres consciente, entonces tú debes ser toda la conciencia. Si eres toda la conciencia, pero te percibes como algo separado, es una percepción falsa. ¿Quién eres entonces? Literalmente, eres todas las cosas. Eres Dios, eres la totalidad de la conciencia. Es imposible que no lo seas.
Nuestra arrogancia nos lleva a negar nuestra propia divinidad. Nos sentimos sin derechos, culpables, cuando en realidad somos seres completamente perfectos. No hay nada en ti que deba ser corregido. Las cosas que has fabricado fuera de ti para defender una identidad falsa no pueden, en última instancia, llevarte al fracaso. La "paga del pecado" —es decir, la creencia en una identidad falsa y limitada— solo puede ser la muerte. Y ese es el proceso por el que pasamos: si nos aferramos a una identidad falsa, experimentaremos una "muerte falsa", que, mientras la creamos real, será muy dolorosa. Pero este dolor es tan solo un recordatorio de que hay mucho más allá de esta ilusión, un punto de inflexión en el que decimos: "No voy a hacer esto más".
El Despertar: Dejar Morir la Falsa Identidad
El único propósito de nuestra existencia en esta ilusión terrenal, identificándonos como conciencia individual, es superar este proceso de autoidentificación para llegar a la identificación total. Esto está sucediendo en ti ahora y continuará hasta que se complete el proceso. La identificación que te das a ti mismo es lo único que eres; no hay una identificación separada de ti. Todas las demás cosas son reproducciones de la personalidad, no son reales. Solo la conciencia es real, y como toda la conciencia es una, tu identificación con lo que eres es idéntica a aquello con lo que te identificas y has proyectado. El que recibe latigazos es el mismo que usa el látigo. Esta es una verdad profunda y difícil de aceptar, pero fundamental para entender la libertad.
No existe la represalia en el sentido lineal, porque la conciencia no es lineal. A veces, al expandir tu conciencia y proyectar dolor hacia otros, lo sientes casi de inmediato. A medida que elevas la energía en tu cuerpo, te acercas a ser divino, simplemente para evitarte el dolor. La divinidad no es una cuestión moral o de disciplina; es la pura verdad que descubres automáticamente al reconocer que solo puedes herirte a ti mismo. No "llegas a ser" divino, ya lo eres. Se trata de la extensión de tu conciencia, y en esto, no puedes fracasar.
El Camino Hacia la Liberación: Soltarlo Todo
Entonces, ¿cómo ser libre? La libertad se logra superando o reconociendo que la muerte es una falacia. Todo miedo es, en última instancia, miedo a ser destruido, miedo a lo desconocido. La premisa es: "Tengo miedo, entonces debo protegerme". Pero a medida que abandonas más la identificación con lo terrenal, ganas más libertad y sientes menos miedo. Acepta que existe un plan divino, un plan de perfección que trae estos cambios en ti. Cuanto más sueltes y te desprendas de todo, más fluirá en ti la energía de la verdad. Esto es todo. No tienes control sobre nada, y en esa renuncia reside la verdadera dicha.
Si esta realidad no es real, ¿en qué momento dejarás de defenderla? El momento en que dejes de defenderte por completo, experimentarás la resurrección. Tu conciencia se elevará y ya no estarás atado a esta ilusión. Estás aquí simplemente debido a la identidad que te has adjudicado. ¿Cuántas "entidades" en proceso de transformación se necesitan para "salvar" la ilusión de dolor del mundo? ¡Una! Solamente tú. Por eso se enseña que eres el único que puede salvar el mundo. Como el mundo es, en última instancia, lo que tú percibes en él, su salvación no puede encontrarse fuera de ti.

Una parte de nuestra autoidentificación nos hace creer que podemos "tener" cosas y aferrarnos a ellas. Pero es imposible tener algo si ya lo tienes todo. Finalmente, "tener" es "ser". Yo soy, por lo tanto, poseo. Pensar que yo pudiera tener algo que tú no tienes es absurdo. ¿Existe la escasez? ¿Son algunas cosas buenas y otras malas? ¿En qué momento juzgas eso? La carga del juicio es terrible e increíble. Nuestra mente se cansa de organizar y discernir constantemente lo que es bueno de lo malo. El cansancio es una forma de muerte; no existe el cansancio real, como tampoco la enfermedad. Si estás tratando de clasificar las cosas en tu mente, con razón te sientes agotado.
La solución es simple: no juzgues. Déjalo a un lado. ¿No tienes opinión sobre nada? Excelente. No tengas ninguna. No tienes que participar en ello. En última instancia, la única opción que tienes es despertar y darte cuenta de que esto no es real. No hay una identidad propia. No hay separación. No soy diferente de ti; soy tú mismo. En el próximo nivel, nos estableceremos como una hermandad, el reconocimiento de una verdad única. Estamos combinando la fragmentación de la energía en la esencia del amor y el reconocimiento de la identificación mutua. El amor es esto: cuando te enamoras de alguien en la calle, es una identificación con patrones de energía iguales a los tuyos. Cuando llegas a tu propia realización, identificas todo lo que ves con el amor, porque solo te ves a ti mismo.
Preguntas Frecuentes sobre la Libertad Eterna
¿Puedo ser realmente "Dios" o "divino"?
Sí, la sabiduría ancestral afirma que eres toda la conciencia. Si eres consciente, eres parte de la única conciencia que existe. Negar tu divinidad es una forma de arrogancia y la raíz de tu percepción de culpa y limitación. No es algo que debas "lograr", sino algo que debes "recordar" o "reconocer". Ya eres perfecto y divino.
¿Significa esto que debo dejar de preocuparme por el mundo?
No se trata de indiferencia, sino de comprender la naturaleza ilusoria del mundo tal como lo percibimos. Al reconocer tu propia libertad y divinidad, dejas de defenderte y de proyectar miedo. Esto, paradójicamente, es la única forma en que el mundo puede ser "salvado", ya que su salvación no puede encontrarse fuera de ti. Tu transformación individual es la clave.
¿Cómo puedo soltar el miedo a la muerte?
El miedo a la muerte es el miedo subyacente a toda forma de miedo, el miedo a ser destruido o a lo desconocido. La libertad eterna implica reconocer que la muerte, tal como la entendemos, es una falacia. Cuando sueltas la identificación con tu falsa identidad (el "cuerpo" o el "ego"), experimentas un proceso de "muerte" que en realidad es un renacimiento, una resurrección de tu conciencia a un nivel superior, sin pasar por otra muerte física.
¿Es este proceso de despertar doloroso?
Puede serlo si te aferras a tu falsa identidad mientras avanzas hacia el nuevo nivel de conciencia. Tratar de identificarte en medio de una gran corriente de energía que expresa una verdad única puede ser difícil. Sin embargo, el dolor surge de la resistencia. Una vez que te abandonas por completo, el proceso se vuelve liberador y emocionante, porque te das cuenta de que no puedes fracasar y que ya estás en casa.
Conclusión: El Hogar Eterno ya Está Aquí
La vasta energía que se asimila en ti es transformadora. Finalmente, sucede a pesar de lo que pienses o hagas. Compartimos esa gloria, nos amamos y nos unimos en ella. Es un proceso precioso porque eres totalmente inocente. ¿Por qué protegerte o decir: "Sé que eso es verdad, pero prefiero quedarme en esto..."? Suéltalo, déjalo ir. El abandono total es emocionante. La única cosa a la que te aferras, o a la que podrías aferrarte, es la muerte. A ninguna otra cosa. En el momento en que lo sueltas todo, te vuelves eterno, ¡punto!
Te voy a construir una escalera que te lleva a las estrellas, y la puedes utilizar. La estoy haciendo de rayos de luz. Puedes subir a esa escalera ahora. Puedes ver el paraíso. ¡Cuán bellas son las luces! Mira, mira allí. Es hermoso. Espectacular. Cada vez que vienes a este lugar donde se llevó a cabo el cambio, estás recordando nuevamente. Te parece muy familiar. Has estado aquí antes. Por supuesto que has estado aquí antes. Estás recordando ahora. "Oh, sí, ahí, lo recuerdo". Lo recuerdo muy bien. Perfectamente bien. Toda la luz alrededor. Tú eres la luz. Es la verdad. Todo esto te resulta muy familiar, ahora lo recuerdas. No puedes fracasar. Ya estás en tu hogar. El fracaso no existe.
No puedes perder. Mientras más te das cuenta de esto, en la medida en que te llega más luz, llegas a la verdad. Es imposible que fracases. Te lo haces a ti mismo y lo haces por tu cuenta; da la impresión de estar solo aquí y de momento todo se abre para ti y ves la gloria por la que te encuentras aquí. Es muy agradable. Si no lo fuera, no te diría que lo es, aparte de que tú lo recuerdas muy bien. La ilusión que viene junto a la verdad que está aquí nos llega ahora. A veces, cuando despiertas y miras a tu alrededor y ves lo que está pasando, te parece cómico y te toca reírte por lo patético que es. Te tienes que reír de lo que las entidades se hacen a sí mismas. Lo cual no es verdad, pero pareciera que lo hacen.
Cada uno tendrá su propia noche oscura, pero no te quedes en eso. Di solamente: "¡GUAU, esto debe ser lo que se supone que suceda!". Esto es lo que se supone que suceda. Ya ha ocurrido, no hay nada nuevo al respecto. Es una fibra de la conciencia. Que no es lineal en ningún sentido. Lo que hiciste ayer no tiene absolutamente nada que ver con lo que haces ahora, nada, absolutamente nada. ¡Nada! Esa es la razón por la que estás aquí, porque recuerdas lo que pasó ayer. De hecho, si no lo recordaras, te sería imposible estar aquí. Estamos en el proceso de "des-establecerte". No vinimos aquí a facilitarte las cosas para que te parezcan aceptables en este infierno. Aquí está la verdad. Y da mucha dicha, porque se te permite fracasar por completo, para entonces poder ganar, de manera que no tengas que aferrarte. No tienes que hacer maniobras con las cosas para dar la impresión de que todo está bien. Las cosas no están bien. Esto es horrendo, increíblemente malo, es atroz. No me digas que las cosas están bien.
Puedes hacer algo al respecto, y solamente tú lo puedes hacer, porque fuiste tú quien lo inventó desde el comienzo. Si no puedes darte cuenta de eso, solo recuerda que no tienes control sobre ello. Esto te hará sentir bien y tú lo sabes. No tienes que aferrarte a nada. La única cosa a la que pudieras aferrarte o a la que ya estás aferrado es la muerte. A ninguna otra cosa, aquí solamente te aferras a la muerte. En el momento en que lo sueltas todo, te vuelves eterno, ¡punto!
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