07/11/2023
Desde mi temprana afición por los libros, siempre he guardado un cariño especial por las librerías. Estos establecimientos, más allá de ser simples puntos de venta, han sido verdaderos templos del conocimiento, la imaginación y la cultura, transmitiendo sueños, historias e ilusiones a los pamploneses a lo largo de la historia. Es por ello que, dentro de nuestra sección «Comercios del Viejo Pamplona», me complace iniciar una serie de artículos dedicados a este gremio tan emblemático. En esta primera entrega, nos adentraremos en el devenir de las librerías de antaño (1905-1985), explorando su evolución y, en particular, descubriendo cuáles fueron las primeras en abrir sus estanterías a las publicaciones en euskera, un hito cultural de gran relevancia para la ciudad.

- Primeros Pasos: Imprentas, Librerías y Papelerías (1905-1935)
- La Consolidación del Gremio: Años 20 y 30
- El Resurgir de la Lectura: Librerías de los Años 40
- Diversificación y Crecimiento: Los Años 50 y 60
- Resistencia y Nueva Era: Tardofranquismo y Transición (1973-1985)
- Preguntas Frecuentes
- El Legado de las Librerías de Pamplona
Primeros Pasos: Imprentas, Librerías y Papelerías (1905-1935)
A comienzos del siglo XX, el panorama comercial de Pamplona mostraba una estrecha vinculación entre las imprentas, las librerías y las papelerías. Muchos establecimientos combinaban estas facetas, ofreciendo una amplia gama de productos que iban desde folletos y postales hasta libros, material de papelería y objetos de escritorio. Sin embargo, no todos brindaban los mismos servicios; algunos se centraban más en la impresión y el material de oficina, dejando los libros en un segundo plano.
Entre las imprentas-librerías más destacadas de principios de siglo se encontraba la de Nemesio Aramburu, inicialmente en la calle San Saturnino y luego, en los años 30, trasladada como Vda. de Aramburu a Carlos III, aunque manteniendo su librería de libros nuevos en la ubicación original. También figuraban Aramendía y Ónsalo en Héroes de Estella, Teodoro Bescansa (posteriormente Vda. de Bescansa) en Mercaderes, Erice y García (luego Jesús García) en Estafeta, y Goyeneche en Zapatería. Otros negocios como Hermanos Lizaso (que se convertiría en la Imprenta-Papelería Castiella) o las imprentas de Nicolás Marcelino, Patrocinio Remirez de Esparza, Juan Sanz y Vda. de Velandia, aunque vendían papel y objetos de escritorio, no ofrecían libros. Hijos de Montorio, en Calceteros, sí abarcaba las tres áreas: imprenta, librería y papelería, destacando como editora de postales.
La Plaza del Castillo, centro neurálgico de la ciudad, también albergaba importantes establecimientos. La librería científica de Roldan Pérez y Cía (más tarde Vda. de Roldán) y la papelería de Eusebio Rubio (conocido por sus postales) son ejemplos claros de la diversidad comercial de la época. Curiosamente, algunos estancos y librerías, como los de Faustino Urdaniz o Baldomero Zulategui, también editaban postales, a menudo con la colaboración de casas especializadas como la alemana Julius Nagelschmidt, que trabajaba para librerías locales.
La Consolidación del Gremio: Años 20 y 30
La década de los 20 y 30 trajo consigo la expansión y consolidación del gremio. Imprentas como las de Eduardo Albeniz, Higinio Coronas y Serafín Argaiz, todas ellas combinando también la librería y papelería, se sumaron al panorama. La ciudad vio el surgimiento de más imprentas en diversas calles, como Curia, Cuesta del Palacio, Nueva y Espoz y Mina, a las que se añadirían nombres como Ramón Bengaray y Francisco Indave. En cuanto a las librerías-papelerías, destacaban Vda. de Hijos de Alonso, Hijas de Díaz y Osteriz y Cía. Un nombre prominente de esta época fue Emilio García Enciso, con múltiples ubicaciones y servicios de imprenta y librería.
Es importante señalar que, en estos años, incluso periódicos y entidades realizaban trabajos de impresión para terceros, más allá de sus propias publicaciones, como La Tradición Navarra o Diario de Navarra, lo que demuestra la vitalidad del sector gráfico en Pamplona. En 1932, un establecimiento que marcaría un antes y un después en el panorama librero pamplonés, La Casa del Maestro, abría sus puertas. Fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe, se especializó en libros de texto, convirtiéndose en un referente para varias generaciones de estudiantes. Por otro lado, Antonio Leoz iniciaba su andadura con una tienda en la calle Mayor y un kiosco en la Plaza del Castillo, que luego se trasladaría a un local cercano, donde ha permanecido hasta la actualidad.
El Resurgir de la Lectura: Librerías de los Años 40
Tras la Guerra Civil, los años 40 vieron el nacimiento de lo que se convertiría en una de las mayores sagas de libreros de Pamplona: la familia Abarzuza. El amor por los libros, más allá del mero negocio, ha sido una constante en este apellido, que hoy, tras 70 años, sigue al frente de diversas librerías en la ciudad como Iratxe y Elkar (la antigua Xalbador).
El Bibliófilo y la Distribuidora Pamplonesa
Todo comenzó con el abuelo Andrés Abarzuza, quien, junto a su hijo Manuel, abrió la Librería Abarzuza-La Feria del Libro en la Bajada de Carnicerías, especializada en novelas de cambio. A finales de la década, Manuel y su esposa, Narcisa Apezarena, inauguraron su propia librería, El Bibliófilo, en la avenida de Carlos III. Este establecimiento funcionaba en parte como una biblioteca, ofreciendo servicios de préstamo y alquiler de libros, una práctica muy popular en la época. Posteriormente, la familia también fundaría la Distribuidora Pamplonesa de Publicaciones, ampliando su alcance en la distribución de libros, revistas y periódicos.

Librería Abarzuza: La Pionera del Euskera
Pero es en la historia de la Librería Abarzuza, tras el derribo del viejo caserón municipal en 1952, donde encontramos la respuesta a nuestra pregunta central. Andrés Abarzuza, junto a su hijo Víctor y su esposa Ceferina Fontellas, se trasladaron al número 81 de la calle Nueva, manteniendo el nombre comercial de Abarzuza-La Feria del Libro. Fueron años de férrea censura, donde estos libreros se arriesgaban vendiendo, a hurtadillas, libros prohibidos por el régimen, que llegaban camuflados en las facturas y se guardaban en trastiendas. Sin embargo, lo que realmente distingue a esta librería es que Abarzuza fue una de las primeras librerías en introducir publicaciones en euskera. Ceferina Fontellas, nacida en Pamplona pero criada en Beuntza, hablaba habitualmente en euskera, lo que sin duda influyó en esta valiente decisión de ofrecer literatura en la lengua local, en un contexto donde no era común. La librería, que también ofrecía papelería, se mantuvo abierta con la ayuda de sus hijos hasta finales de los 80. La tradición de Abarzuza continúa hoy día con Marcela Abarzuza, quien en 1993 recuperó el nombre para su librería en la calle Santo Domingo, especializada en temas de Navarra, euskera y Euskal Herria, manteniendo viva la llama de la lectura y la cultura vasca.
Librería Gómez y La Casa del Libro
Otros referentes de los años 40 incluyen la Librería Gómez, fundada por Felipe Gómez Alonso en 1942. Gómez fue una figura singular, desempeñándose como autor, editor, impresor, distribuidor, encuadernador y librero, todo en uno, desde su tradicional ubicación en la Plaza del Castillo. Su librería, que cerró en 2017, fue un pilar cultural en la ciudad. Por su parte, La Casa del Libro, fundada por Benito Echarte Elia en 1943, se convirtió en un punto de referencia para novelas y tebeos, que en aquellos años ofrecían una de las pocas vías de evasión. Al igual que Abarzuza y El Bibliófilo, también compraban, alquilaban y vendían libros usados, incluso los llamados “libros rayados”, una curiosidad de la época.
Diversificación y Crecimiento: Los Años 50 y 60
Las décadas de los 50 y 60 vieron la continuidad de muchas de las librerías y imprentas históricas, como Albeniz, Aramburu, Bescansa o Castiella, que se adaptaban a los nuevos tiempos. A ellas se sumaron nuevos nombres, enriqueciendo el panorama librero pamplonés. Destacan Aranzadi y Castuera, junto a otras en el Casco Antiguo y el Ensanche, como Francisco Gurrea y David Pérez Ilzarbe. La proliferación de imprentas como Gráficas Irujo, Inocencio Madoz o José Azurza, demuestra el dinamismo del sector.
En cuanto a las librerías-papelerías, además de las ya mencionadas La Casa del Maestro, La Casa del Libro, Abarzuza, El Bibliófilo y Gómez, surgieron otras como José Aramendía en Plaza del Castillo, Petra Serrano en San Nicolás, o la Librería de Sánchez Escudero en el Ensanche. Un hito importante fue la apertura de la primera Librería Universitaria por parte de las Librerías del Norte de España, un paso crucial para el acceso a la bibliografía académica. El mercado de libros usados también florecía con establecimientos como Cecilia Aldaz y Fernando Areta. Hacia los años 60, la expansión de librerías a los nuevos barrios de Chantrea, Rochapea o Echavacoiz, junto a las propias librerías de los centros religiosos, evidenciaba el creciente acceso a la lectura en toda la ciudad.
Resistencia y Nueva Era: Tardofranquismo y Transición (1973-1985)
El período del tardofranquismo y la Transición española fue un momento de grandes cambios y desafíos para las librerías. Estos espacios, en ocasiones, se convirtieron en auténticas trincheras de la libertad de expresión.
El Parnasillo: Una Atalaya de Libertad
Inaugurada en 1973 en Paulino Caballero y luego trasladada a Castillo de Maya, El Parnasillo fue mucho más que una librería. Fue un valiente bastión de libertad, especialmente en los convulsos años de la Transición. Fundada por Javier López de Muniain, Lola Aldave y Antonio Sanz, esta librería fue objeto de agresiones y atentados por parte de la extrema derecha, el más grave en 1978, reivindicado por un autodenominado comando Adolf Hitler. El Parnasillo se convirtió en un símbolo de resistencia y un punto de encuentro para aquellos que buscaban ideas y publicaciones que desafiaban el status quo.
Auzolan: Impulso a la Cultura Vasca
El 27 de octubre de 1977, Auzolan abrió sus puertas en la calle San Gregorio. Fruto de la iniciativa de cinco amigos, su nacimiento se enmarcó en aquella efervescente época en la que los libros en euskera o sobre el País Vasco adquirieron un protagonismo destacado. Auzolan no solo vendía libros, sino que en 1984 creó su propia distribuidora, Yoar, y en 1997 se trasladó a un local más grande en la calle Tudela. Aunque cerró en 2018, Auzolan es recordada como una librería fundamental para la difusión de la cultura vasca y el euskera durante la Transición.

Xalbador (Elkar): Un Gigante de la Cultura Vasca
En 1984, donde antes se encontraba la tienda de baños Salinas, abría Xalbador, parte de un importante grupo cultural empresarial con raíces en San Sebastián (Bilintx, fundado en 1976). Este grupo no solo creó su propia distribuidora, Zabaltzen, sino también la editorial Elkar, que comenzó a producir material bibliográfico y discográfico en torno a la cultura vasca. Xalbador, que hoy forma parte de la cadena Elkar Megadenda, se convirtió en un referente para la literatura en euskera y la cultura vasca, contando incluso con la participación de miembros de la familia Abarzuza, como Patxo y Pablo, quienes continúan trabajando allí. Su historia es un testimonio del compromiso con la promoción de la lengua y la cultura vasca a través del libro.
Preguntas Frecuentes
A lo largo de la historia de las librerías de Pamplona, la evolución de la oferta cultural ha sido notable, especialmente en lo que respecta a la integración del euskera. Aquí respondemos a algunas preguntas clave sobre este tema:
¿Cuáles fueron las primeras librerías en introducir publicaciones en euskera en Pamplona?
Según la información disponible, la Librería Abarzuza, regentada por Víctor Abarzuza y Ceferina Fontellas en la calle Nueva a partir de los años 50 (tras el derribo del viejo caserón municipal en 1952), fue una de las primeras en introducir publicaciones en euskera. La propia Ceferina, al ser hablante de euskera, jugó un papel crucial en esta decisión. Posteriormente, durante la Transición, librerías como Auzolan (1977) y Xalbador (Elkar) (1984) tuvieron un papel fundamental en la difusión y el protagonismo de los libros en euskera y sobre el País Vasco.
¿Cómo ha evolucionado la venta de libros en euskera en Pamplona?
La venta de libros en euskera en Pamplona ha pasado de ser una oferta inicial y quizás limitada en librerías pioneras como Abarzuza, a adquirir un protagonismo destacado durante la Transición con la aparición de librerías especializadas como Auzolan y Xalbador (Elkar). Hoy en día, cadenas como Elkar cuentan con numerosas librerías físicas y tiendas online, ofreciendo un extenso catálogo de publicaciones en euskera, incluyendo cómics, literatura infantil, adaptaciones para el aprendizaje y obras de ficción y no ficción, lo que demuestra una evolución hacia una mayor accesibilidad y diversidad.
¿Qué tipos de libros en euskera se recomiendan para principiantes?
Para quienes desean iniciarse en la lectura en euskera, se recomienda comenzar con materiales accesibles que faciliten la comprensión y mantengan la motivación. Las opciones ideales incluyen:
- Libros para txikis (ipuinak): Cuentos infantiles con lenguaje básico y tramas sencillas, perfectos para familiarizarse con vocabulario y frases elementales.
- Libros adaptados al nivel de aprendizaje: Diseñados para niveles A1, A2, B1 de euskaltegis, suelen incluir CD de audio, glosarios de vocabulario y ejercicios de comprensión. Cubren diversas temáticas (aventuras, suspense, etc.).
- Cómics y novelas gráficas: Un formato dinámico y divertido. Las imágenes facilitan la comprensión del texto, y el lenguaje suele ser coloquial y con frases cortas, lo que ayuda a seguir la historia y adquirir expresiones cotidianas.
Además, se aconseja leer noticias o artículos breves en periódicos o revistas en euskera para adquirir vocabulario actual y del día a día.
¿Es posible encontrar cómics en euskera fácilmente?
Sí, es posible encontrar cómics en euskera. Aunque la variedad puede no ser tan extensa como en otros idiomas, existen opciones disponibles en librerías especializadas en cultura vasca, como las tiendas Elkar, y también en plataformas de venta online. Los cómics, como las aventuras de Tintín traducidas al euskera (como Castafioreren BitxiaK), son una excelente manera de disfrutar de la lectura en este idioma, gracias a la combinación de imágenes y textos concisos que facilitan la comprensión.
El Legado de las Librerías de Pamplona
La historia de las librerías de Pamplona es un reflejo de la evolución cultural y social de la ciudad. Desde las imprentas-librerías de principios de siglo hasta los modernos establecimientos de hoy, estos comercios han sido mucho más que puntos de venta de libros. Han sido espacios de encuentro, de debate, de descubrimiento y, en muchos casos, de resistencia. La valentía de libreros como Ceferina Fontellas, al introducir publicaciones en euskera en tiempos difíciles, o la de El Parnasillo, al convertirse en una atalaya de libertad, demuestran la profunda conexión entre el libro y el espíritu de una comunidad.
El reciente cierre de librerías históricas como Gómez y Auzolan, aunque doloroso, nos recuerda la impermanencia de estos espacios físicos, pero también la perdurabilidad de su legado. Las historias que se acumularon en sus anaqueles, los consejos sabios de sus libreros y las ilusiones que transmitieron, siguen formando parte de la memoria colectiva de Pamplona. Este viaje por los comercios del Viejo Pamplona es un homenaje a todos aquellos que, con su pasión por los libros, han enriquecido nuestras vidas y han mantenido viva la llama de la lectura en la ciudad.
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