¿Por qué la librería de Redu está en un granero renovado?

Redu: De Villa del Libro a Epicentro Cultural

17/12/2022

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Redu, un pintoresco y bucólico rincón en el corazón de las Ardenas belgas, ha sido durante casi cuatro décadas un faro para los amantes de la literatura, ostentando con orgullo el título de “villa del libro”. Sin embargo, este encantador pueblo, que una vez fue el epicentro de un floreciente comercio de libros, se encuentra hoy en una encrucijada, enfrentando el desafío de reinventarse en un mundo que cambia rápidamente. Su historia es un testimonio de la resiliencia comunitaria y la capacidad de adaptación, pasando de ser una localidad rural en declive a un vibrante centro literario, y ahora, buscando su próximo capítulo como un destino cultural y artístico que trasciende las páginas.

La narrativa de Redu es un espejo de muchos pueblos rurales que, en el siglo XX, vieron desaparecer sus fuentes de empleo tradicionales y cómo sus habitantes más jóvenes emigraban en busca de nuevas oportunidades. A mediados de la década de 1980, este destino parecía inevitable para Redu, una pequeña comunidad de apenas 400 habitantes en la Bélgica francófona. Sin embargo, lo que parecía una sentencia de desaparición se transformó en un extraordinario acto de renacimiento gracias a una idea audaz y un grupo de visionarios.

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El Origen de un Sueño Literario: Redu, la "Villa del Libro"

La chispa que encendió la transformación de Redu provino de Gales, específicamente de Hay-on-Wye, la ciudad comercial que Richard Booth, un excéntrico británico, convirtió en la capital mundial del libro usado en la década de 1960. Booth, con su visión y su masiva importación de libros de segunda mano, demostró que la literatura podía ser un motor económico y turístico para comunidades en declive. Su éxito inspiró a un movimiento global de “villas del libro”.

Fue Noel Anselot, un habitante a tiempo parcial de Redu y entusiasta visitante de Hay-on-Wye a fines de los años 70, quien ideó una estrategia similar para su propio pueblo. Vio el potencial en los graneros abandonados y las pintorescas calles de Redu como el lienzo perfecto para un nuevo comienzo. El fin de semana de Pascua de 1984 marcó el punto de inflexión. Alrededor de 15.000 personas, una cifra asombrosa para un pueblo tan pequeño, acudieron a Redu para explorar y comprar libros antiguos y usados, que se exhibían en puestos improvisados en las calles y en los viejos establos. Este evento no fue solo un éxito puntual; muchos de los libreros decidieron quedarse, y pronto se sumaron otros artesanos: un ilustrador, un encuadernador y un fabricante de papel.

Redu se convirtió en una comunidad ecléctica y contracultural, atrayendo no solo a bibliófilos, sino también a familias jóvenes. La escuela del pueblo, que antes languidecía, se llenó de nuevos estudiantes, y, en un detalle que simboliza la revitalización, Redu volvió a tener su propia panadería después de años. Como Miep van Duin, la decana de los libreros de la aldea, acertadamente concluyó en su breve historia del lugar, el pueblo “había renacido”. Durante un tiempo, Redu llegó a albergar 25 librerías, más librerías que vacas, según el chiste local, y miles de turistas pululaban por sus calles, convirtiéndolo en un imán literario.

El Crepúsculo de una Era: Desafíos Actuales de las Librerías

A pesar de su glorioso pasado, Redu enfrenta hoy un nuevo conjunto de desafíos. La alcaldesa de Libin, Anne Laffut, a la que pertenece Redu, reconoce que “la vida cambia, pero nada es la muerte de nadie. Las cosas evolucionan”. Sin embargo, la realidad actual es innegable: más de la mitad de las librerías han cerrado. Las razones son diversas y complejas: algunos libreros han fallecido, otros se han retirado porque el negocio ya no les permite ganarse la vida, y los que quedan, en su mayoría mayores de 70 años, miran el futuro con incertidumbre.

Paul Brandeleer, propietario de la Librairie Ardennaise y uno de los pioneros de la Pascua del 84, es un ejemplo de esta transición. A sus 73 años, vive de su jubilación. Su cartel, que antes decía “compra y venta” de libros usados, ahora tiene la palabra “compra” tachada. No quiere más libros. “Tengo 30.000 ejemplares que cuando ya no estemos van a ir a la basura”, lamenta, expresando una desazón compartida: “A ninguno de nuestros hijos le interesa seguir con el negocio.” Brandeleer se siente “el último de los mohicanos”, una metáfora que encapsula la sensación de una era que llega a su fin.

Bob Gossens, de 73 años, dueño de la Bouquinerie Générale, especializada en historietas, comparte una visión similar, aunque con un toque de humor galo. “Somos como Asterix: la última aldea que resiste contra todo”, dice, refiriéndose al Imperio Romano como las empresas tecnológicas globales. La digitalización y la omnipresencia de internet han erosionado su clientela. “Internet está destruyendo todo”, afirma. La mayoría de sus clientes son habituales que buscan ediciones raras, y los pocos nuevos que llegan, a menudo recorren el local “como quien va al museo”, observando los libros como artefactos de otra época, no como productos a adquirir. Gossens predice un “final de muerte natural” para las librerías del pueblo, sin dramatismos novelescos.

La comparación con otras villas del libro es reveladora. Miep van Duin, la primera presidenta de la Organización Internacional de las Villas del Libro, señala que las aldeas prósperas están en el Reino Unido, como Wigtown en Escocia, que organiza un prestigioso festival literario. “Si vas a una villa del libro en el Reino Unido en noviembre, a veces tenés que hacer fila para pagar”, dice van Duin. “Acá, cuando entran a comprar un libro fuera de temporada te dan ganas de besarlos.” Esto subraya la dura realidad económica y el desafío de atraer nuevos clientes en Redu.

Redu se Reinventa: Hacia un Futuro Artístico y Cultural

Frente a este panorama, Redu no se rinde. La alcaldesa Anne Laffut se siente animada por el entusiasmo de quienes invierten en el futuro del pueblo, viendo un “cambio de mentalidad” entre las nuevas generaciones que buscan que Redu “salga adelante”. El profesor de geografía Maarten Loopmans, de la Universidad KU Leuven, sugiere que Redu debe “reinventarse y vender una nueva historia, más atractiva para nuestros días”.

Esta reinvención ya está en marcha. Hace unos seis años, Johan Deflander y Anthe Vrijlandt, una pareja de poco más de 50 años, se mudaron a Redu con la intención de abrir un local diferente. Sus amigos les advirtieron que era un error, preguntando si no era “el pueblo que está al borde de la muerte”. Sin embargo, ellos vieron una oportunidad para “superar la idea de una librería de segunda mano, vieja, mohosa y en quiebra”. Su local, La Reduiste, es un modelo de lo que muchos creen que es el futuro de Redu. Más allá de vender libros en varios idiomas, La Reduiste organiza veladas de jazz, proyecciones de películas, y sirve un excelente café expreso y cerveza belga. “La clave está en cómo lo contás, el relato que armás”, dice Deflander. “Nosotros podemos darnos el lujo de no quedarnos estancados en el pasado”, añade Vrijlandt. Para ellos, “el futuro está en el vínculo entre los libros y el arte en general”, aceptando “abrirse de la idea de vender exclusivamente libros”.

El museo Mudia, un museo de arte interactivo inaugurado en 2018 en una antigua vicaría, es un claro ejemplo de esta transición. Con obras de Picasso, Rodin y Magritte, Mudia ha consolidado la reputación de Redu como destino para escultores y pintores, marcando su evolución de “villa del libro” a “ciudad de las artes”. Roland Vanderheyden, quien trabajó como encuadernador durante décadas, ahora maneja una galería de arte con su esposa, Annie Kwasny, en lo que antes era su taller. A sus 75 años, están convencidos de que este es el camino a seguir para Redu, al que ven “en transición”.

El futuro de la escuela, un edificio de piedra señorial abandonado, es otro punto de convergencia para la comunidad. Una reunión convocada por la alcaldesa Laffut para discutir sus usos futuros atrajo a 70 personas, casi una cuarta parte de la población, demostrando un palpable entusiasmo por el porvenir del pueblo. La alcaldesa también destaca las ventajas geográficas de Redu, ubicado en la vasta región de bosques y colinas de las Ardenas belgas, lo que garantiza su atractivo para los amantes de la naturaleza, sumado a una buena gastronomía local y la cercanía con el Euro Space Center.

Tabla Comparativa: Redu en Transición

CaracterísticaRedu en su Apogeo (Años 80-90)Redu Hoy (2020s)
Número de LibreríasHasta 2512 o menos
Atracción PrincipalLibros usados y antiguosArte, cultura, naturaleza, gastronomía, y libros
Perfil de LibrerosPioneros con espíritu contraculturalVeteranos con jubilación, y una nueva generación innovadora
Modelo de NegocioVenta exclusiva de librosVenta de libros integrada con arte, eventos, café, y experiencias
Demografía de ClientesMiles de turistas bibliófilosClientes habituales, turistas de museo, amantes del arte y la naturaleza
Espíritu del Pueblo"Villa del Libro""Ciudad de las Artes" en transición

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Qué es una "Villa del Libro"?
Una "villa del libro" es un pueblo o aldea rural que se ha revitalizado y se ha hecho conocido por la concentración de librerías, especialmente de libros usados, atrayendo a turistas y bibliófilos. El concepto se originó en Hay-on-Wye, Gales.
¿Por qué Redu se convirtió en una "Villa del Libro"?
Redu se transformó en una "villa del libro" en la década de 1980 como una estrategia para combatir el declive rural. Inspirado en el éxito de Hay-on-Wye, un habitante local impulsó la idea de que los libreros se instalaran en los graneros abandonados, lo que atrajo a miles de visitantes y revitalizó la economía y la vida comunitaria.
¿Cuántas librerías quedan en Redu actualmente?
Actualmente, el número de librerías en Redu es de doce o incluso menos, dependiendo de cómo se cuente. Esto representa una disminución significativa desde su apogeo de 25 librerías.
¿Qué futuro le espera a Redu?
Redu se encuentra en un proceso de reinvención. Si bien el modelo de "villa del libro" tradicional está en declive, el pueblo está evolucionando hacia un destino más amplio centrado en el arte, la cultura, la gastronomía y la naturaleza. La nueva generación busca integrar los libros con otras experiencias culturales.
¿Qué otras atracciones ofrece Redu además de los libros?
Además de las librerías restantes, Redu ofrece el museo de arte interactivo Mudia (con obras de Picasso, Rodin, Magritte), galerías de arte, eventos culturales en locales como La Reduiste (jazz, cine), y su ubicación en las Ardenas belgas lo hace atractivo para los amantes de la naturaleza. También hay buena gastronomía local y está cerca del Euro Space Center.

La historia de Redu es un poderoso recordatorio de que las comunidades, al igual que los individuos, deben adaptarse para prosperar. Si bien los días de gloria de Redu como una villa puramente dedicada a los libros podrían no regresar en su forma original, su espíritu de resiliencia y su capacidad para abrazar nuevas ideas garantizan que seguirá siendo un lugar especial. La transición de "villa del libro" a "ciudad de las artes" y la cultura en general no es una señal de muerte, sino de una evolución natural y, quizás, inevitable, que permitirá a este encantador rincón belga escribir un nuevo y emocionante capítulo en su historia.

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