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La Ciencia en el Espejo: Una Historia Reflexiva

03/12/2023

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Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha buscado comprender el universo y su propio lugar en él. Douglas Hofstadter, en su obra I am a Strange Loop, se maravilla ante la capacidad de un fragmento de materia para pensarse a sí mismo. Esta capacidad de autorreflexión, o reflexividad, es un concepto central que ha permeado la ciencia occidental, llevándola a un constante autoexamen. Inspirada en la noción de Pierre Bourdieu de "mirarse en el espejo" para desvelar lo inconsciente, este artículo se embarca en una reconstrucción histórica de cinco momentos cruciales de recursividad reflexiva dentro de la ciencia. Nuestro objetivo no es solo desentrañar el inconsciente, sino encontrar la "otredad diferenciada": el encuentro de la ciencia consigo misma, pero también con "otros" culturalmente diversos, minorías y desposeídos. Estos momentos, desde el "yo cartesiano" hasta el "yo polemizo", han transmutado la narrativa decimonónica de la ciencia hacia una nueva concepción que valora la complejidad, la transdisciplinariedad, la transculturalidad, la democratización y la normatividad. Acompáñanos en este viaje para comprender cómo la sociología del conocimiento y la reflexividad científica han sido la senda para esta profunda transformación.

¿Cuáles son los libros de la ciencia?
Mannheim, Karl. Ideología y utopía. Merton, Robert. Ciencia, tecnología y sociedad en la Inglaterra del siglo XVII. Merton, Robert. La Sociología de la ciencia. Prigogine, Illya. La nueva alianza. Metamorfosis de la ciencia. Tauber, Alfred. Science and the Quest for Meaning. Cfr.
Índice de Contenido

El Origen de la Reflexividad Científica: El "Yo Cartesiano" y el Credo Ilustrado

Aunque la reflexividad no es exclusiva de Occidente, el punto de partida de la ciencia moderna se encuentra en el cogito de Descartes. Al dudar de todo, Descartes se interroga a sí mismo y descubre el fundamento de su existencia: "pienso, luego existo". Sin embargo, esta dualidad entre lo pensante y lo corporal llevó a la cosificación del pensamiento en un método para distinguir ideas claras y distintas. Kant elevó este sujeto epistémico cartesiano a un nivel trascendente, capaz de ordenar el mundo, poniendo a la filosofía y la ciencia al mismo nivel que el universo mecánico de Newton.

Sin embargo, fue Hegel, influenciado por Vico, quien "destrascendentalizó" al sujeto, anclándolo en la contingencia de la cultura y la historia. Dilthey fundó la ciencia histórica, y Comte, con su razón sociológica, declaró la guerra a la filosofía y construyó la sociología sobre los cimientos newtonianos, buscando impulsar una ideología científica y la tecnificación del mundo. En el siglo XIX, la ciencia se consolidó como pilar de la sociedad ilustrada y secularizada, obteniendo reconocimiento y recursos.

El nuevo "credo ilustrado" de la ciencia decimonónica se basaba en los siguientes principios:

  • Sujeto-objeto: La creencia de que la naturaleza podía ser observada sin distorsión humana, con un observador "fantasma" y sin valores subjetivos.
  • Los hechos solo vienen de los datos: Los datos se reúnen en modelos y teorías para ser probados experimentalmente. Lo "fáctico" se buscaba como una verdad externa, una rareza que el científico desvela.
  • La realidad está ordenada: Un ente uniforme y sistemático, abierto al estudio por un método científico "tabú", con reglas explícitas ajenas a los caprichos del observador.
  • La fe en el progreso: Todo fenómeno natural era una progresión determinada por "leyes naturales". El universo era una máquina articulada, y el ser humano, tecnificador, transformaba su entorno para sus necesidades, impulsando valores de productividad, poder, egoísmo y competencia.

Este modelo, sin embargo, comenzaría a resquebrajarse desde dentro, abriendo paso a nuevas formas de entender la ciencia.

La Sociología como Espejo de la Ciencia: El "Yo Social"

La sociología se erigió como la última frontera del conocimiento científico, inicialmente dedicada a explicar lo social. Pero esta disciplina, con su potente mecanismo de recursividad, pronto comenzó a transmutar la narrativa de la ciencia. Alvin Gouldner, en La Sociología fundamental: renovación y crítica, describe el objetivo del sociólogo reflexivo: no eliminar la influencia, sino conocerla, lo que exige conciencia de sí mismo como conocedor y agente de cambio.

La sociología emergió de la sospecha frente a las teorías contractuales del siglo XVII y al utilitarismo individualista. Se enfocó en la colectividad como totalidad, buscando entender cómo las consecuencias no esperadas de las decisiones individuales producían integración o desintegración moral y social. Su reto inicial fue explicar esta dinámica en el contexto de la urbanización y el crecimiento industrial.

Aunque la sociología adoptó inicialmente fundamentos de las ciencias naturales (método científico, lo fáctico, exclusión de valores, demarcación sujeto-objeto), estos presupuestos pronto tambalearon. Los clásicos de la sociología notaron que el propio observador estaba inmerso en la lógica del cambio histórico, y que el objeto de estudio (la sociedad) era a la vez un sujeto, y el sujeto del conocimiento era al mismo tiempo el objeto. Esta relación netamente reflexiva fue particular de la sociología, ya que las ciencias naturales no cuestionaron tan directamente el esquema sujeto-objeto hasta el siglo XX, al considerar que la naturaleza era externa al sujeto.

La antropología, con su método etnográfico, fue un paso intermedio (sujeto-antropólogo / objeto-salvaje), aproximando a los humanos. Pero la sociología fue la primera disciplina donde el "europeo estudiaba al europeo", o el "hombre moderno estudiaba al hombre moderno". Esto dio lugar a una reflexión más profunda sobre el "conocimiento del conocimiento", despojando al sujeto epistémico de su aura de reflejo perfecto de la naturaleza y revelando al sujeto cotidiano, finito, contextual y contingente.

Cuando el Conocimiento se Vuelve Objeto de Estudio: El "Yo-Yo-Objeto"

La idea de que el conocimiento es un reflejo de la estructura social se remonta a la Ideología alemana (1845) de Karl Marx, quien postula que "el ser determina la conciencia". Para Marx, las ideas (ideología) pueden ser alienantes, justificando la dominación, o emancipadoras, buscando una sociedad igualitaria. Los límites del conocimiento dependen de cómo la sociedad se organiza para producir. Su noción del homo faber resalta la relación dialéctica entre el ser humano y la naturaleza, donde la transformación de una implica la transformación del otro.

Después de la Primera Guerra Mundial, pensadores como Max Scheler y Karl Mannheim retomaron esta idea del conocimiento como reflejo social. Scheler desarrolló la Wissensoziologie (sociología del conocimiento) como apoyo a su concepción antropológica. Mannheim, en Ideología y utopía (1927), distinguió entre ideología particular (interés específico) e ideología total (concepción del mundo determinada por el grupo social). Propuso definir "ideología" como "perspectiva", creyendo que existían diversas perspectivas con su propia verdad y falsedad, y que el sociólogo del conocimiento debía analizarlas, aunque él mismo privilegiaba una perspectiva crítica e intelectual.

La sociología del conocimiento dio un giro drástico en Estados Unidos con Robert Merton en Harvard. Merton, influenciado por la historia de la ciencia de George Sarton y la ética protestante de Weber, se interesó en la influencia del puritanismo en la ciencia. Abandonó los problemas epistemológicos para estudiar la ciencia como institución social, identificando el ethos que la caracteriza: valores, reglas y normas que incentivan el honor y el reconocimiento. El "paradigma mertoniano" (1940-1970) dio origen a dos ramas: el estructuralismo (influencia social en la estructura del conocimiento) y la sociología de la ciencia, que se interesó en la "caja negra" (producción y validación del conocimiento), llegando a posiciones constructivistas y relativistas bajo la influencia de Thomas Kuhn.

La hegemonía mertoniana comenzó a declinar con obras como The Scientist's Role in Society (1971) de Ben-David, que abrió la puerta a corrientes interaccionales enfocadas en los estudios internos de la ciencia. Así surgieron los Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología (ESCT) en Inglaterra, especialmente en la Universidad de Edimburgo, hostiles a la filosofía e historia tradicionales, y que concebían los artefactos tecnológicos, conceptos y teorías como construcciones sociales.

La Ciencia Bajo el Microscopio: El "Yo-Yo-Sujeto" y los Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología (ESCT)

La década de los setenta marcó el inicio de los ataques a la concepción mertoniana. Barnes y Dolby cuestionaron valores como el universalismo y la racionalidad, sugiriendo que la ciencia no es única en poseerlos y que opera en un contexto de "Big Science" (financiamiento estatal, enfoque industrial). Mulkay señaló que el constreñimiento científico no era social, sino cognitivo, llevando a un cambio de enfoque del estructural-funcionalismo a estudios más fenomenológicos de la ciencia como acción.

En 1976, David Bloor anunció el Programa Fuerte (PF) en la sociología del conocimiento científico, basado en cuatro principios:

PrincipioDescripción
CausalidadLos ESCT explican las creencias del conocimiento.
ImparcialidadLos ESCT son imparciales respecto a la verdad/falsedad o éxito/fracaso del conocimiento.
SimetríaEl mismo tipo de causalidad explica tanto la veracidad como la falsedad de las creencias.
ReflexividadLa misma explicación que se aplica a la ciencia, aplica a los propios ESCT.

La simetría y la reflexividad, en particular, fueron revolucionarias. Bruno Latour, sin embargo, criticó la falta de compromiso con la simetría en algunos trabajos del PF. Los estudios empíricos del PF, como los de Shapin y Barnes, mostraron cómo los intereses (inicialmente de clase, luego más amplios) mueven las normas de investigación, no al revés. A diferencia de la Escuela de Frankfurt, el PF veía los intereses formándose dentro de la misma práctica científica.

Otra rama de los ESCT fue la escuela de Bath, liderada por Harry Collins, que enfatizó la flexibilidad interpretativa de los resultados experimentales. Sostenían que hay una gran diversidad de interpretaciones de lo empírico, y que los debates se resuelven por acuerdos influenciados por contextos políticos y económicos. Su trabajo se centró en documentar esta flexibilidad, analizar los procesos de acuerdo (negociación, replicación) y relacionar el acuerdo científico con el contexto político.

Los estudios de laboratorio, con un enfoque etnográfico (Latour y Woolgar en Laboratory Life, Knorr-Cetina en The Manufacture of Knowledge), trataron al investigador como un antropólogo inmerso en la vida del laboratorio. Descubrieron que la ciencia no opera con normas universales, sino con reglas circunstanciales que emergen de la comunicación, argumentación y negociación entre colegas. La actividad científica se reveló como una práctica política, donde los intereses se mezclan con técnicas metodológicas, datos empíricos, carreras profesionales, deseos de reconocimiento y recursos económicos.

Finalmente, los estudios de análisis del discurso, influenciados por la etnometodología (Lynch, Mulkay, Woolgar, Ashmore), mostraron que la realización de la ciencia no es puramente teórica, sino que implica habilidad y destreza. La práctica científica, al igual que otras prácticas sociales, contiene mecanismos rutinarios. La visión reflexivista de Mulkay, Woolgar y Ashmore incluso exploró las paradojas inherentes al texto científico, sugiriendo "Nuevas Formas Literarias" para asumir la inevitable paradoja de no poder posicionarse desde una perspectiva privilegiada.

Todas estas líneas de investigación confluyeron en la "teoría del actor-red" (Latour, Law), que concibe a un "actor-red" interactuando en un proceso de negociación y conflicto social. Esta teoría afirma que los avances científicos y tecnológicos son resultado de complejas redes donde interactúan seres humanos y recursos no humanos. La ciencia y la tecnología son vistas como asociaciones, donde comprender los hechos es comprender a las personas y las estrategias de poder para imponer interpretaciones de la realidad. Esta narrativa resalta la importancia de los contextos en la recreación de la ciencia y la tecnología.

La Batalla por la Verdad: La "Guerra de las Ciencias"

El giro radical de la Escuela de Edimburgo y los ESCT hacia el constructivismo provocó un conflicto abierto con los defensores de los criterios normativos de la ciencia, conocido como la "guerra de las ciencias". El libro The Golem: What Everyone Should Know About Science (1993) de Harry Collins y Trevor Pinch, que compara la ciencia con un monstruo poderoso pero tonto y peligroso, fue un detonante. Argumentaron que los experimentos científicos a menudo eran "invenciones" producto de relaciones sociales y de poder, y que la ciencia no era diferente de otras prácticas sociales.

La reacción no se hizo esperar. Físicos como Steven Weinberg (Dreams of the Final Theory, 1992) y biólogos como Lewis Wolpert (The Unnatural Nature of Science, 1992) defendieron que las teorías científicas son útiles y descubren un mundo real. La "gran declaración de guerra" fue la publicación de Higher Superstition (1994) de Paul Gross y Norman Levitt, quienes descalificaron a los constructivistas como la "izquierda académica" con problemas de actitud y autoridad.

El conflicto escaló con el famoso "escándalo Sokal". En 1996, el físico Alan Sokal publicó un artículo intencionalmente falso, "Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity", en la revista de estudios culturales Social Text. Tras su publicación, Sokal reveló el engaño, exponiendo lo que consideraba una falta de rigor en la revista. Este ataque se amplificó con el libro Imposturas intelectuales (1998) de Sokal y Jean Bricmont, que criticaba el relativismo y la "ciencia posmoderna" al señalar el uso erróneo de conceptos científicos por pensadores franceses como Derrida o Lacan. La controversia, ampliamente cubierta en medios como el New York Times, intensificó la batalla y las críticas a la ética de Sokal.

Hacia una Nueva Narrativa de la Ciencia: El "Yo Polemizo" y la Cultura Unitaria

Michael Lynch propuso una valiosa solución a la "guerra de las ciencias": el debate y la discusión no deben ser una aniquilación, sino "desencuentros" que fortalecen hermenéuticamente a quienes polemizan. Citando a Michael Walzer, "Polemizo, luego existo" (I complain, therefore I am), se sugiere que la polémica es una forma de afirmación humana que posibilita el reconocimiento mutuo. Esto implica que la ciencia debe transitar hacia una "cultura unitaria" que polemice constantemente sus principios y descubrimientos.

La razón es que la realidad es mucho más compleja de lo que se pensaba, lo que exige dar cabida a voces de diferentes disciplinas y transgredir las fronteras para conformar una ciencia transdisciplinariedad. Esta nueva narrativa ha emergido desde diversos frentes:

  • Desde la física: La teoría de la relatividad de Einstein y el principio de incertidumbre de Heisenberg cuestionan la posición neutra del observador, mostrando que cada observación arroja resultados diferentes.
  • Desde las matemáticas: El teorema de la incompletitud de Gödel desafía la idea de las matemáticas y la lógica como sistemas cerrados y completos, demostrando la existencia de proposiciones que no pueden probarse como verdaderas o falsas dentro del propio sistema.
  • Desde la química: La teoría de las estructuras disipativas de Prigogine, y el "orden a través de las fluctuaciones", acentúan el desorden, la contingencia y la auto-organización, concibiendo un universo que se constituye y reconstituye permanentemente sobre principios de probabilidad e incertidumbre. Prigogine propone un "reencantamiento del mundo", no como mistificación, sino como derribo de las murallas entre humanos y naturaleza, asumiendo el compromiso y el contexto de cada observación.

Esta nueva narrativa se sustenta en principios fundamentales:

PrincipioDescripción
Observador SituadoReconocimiento de que toda observación está intrínsecamente ligada al contexto y compromiso del observador.
ComplejidadEl universo es una danza de elementos interactuantes capaces de autoorganizarse, rompiendo con la visión mecanicista.
DemocratizaciónEn una "época posnormal" de incertidumbre, las decisiones científicas deben ser tomadas de forma democrática.
TransdisciplinariedadNecesidad de romper fronteras disciplinarias, formando redes de trabajo que incluyan simétricamente a científicos y humanistas para resolver problemas.

La reflexividad desemboca en el reconocimiento no solo de los científicos "blancos, europeos y varones", sino de la diversidad de científicos de otras culturas, minorías raciales y mujeres. En América Latina, esto ha delineado un campo de "Estudios de Ciencia y Tecnología" que aborda los intereses particulares de la región en su horizonte cultural e histórico, enriqueciendo y complejizando aún más la narrativa global de la ciencia.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Qué es la reflexividad en la ciencia?

La reflexividad en la ciencia se refiere a la capacidad de la propia ciencia de examinarse, cuestionarse y analizar sus fundamentos, métodos, valores y cómo su conocimiento se construye y se relaciona con la sociedad. Es un proceso de auto-observación y crítica constante.

¿Cómo cambió la Sociología la percepción de la ciencia?

La Sociología introdujo la idea de que el conocimiento científico no es solo un reflejo objetivo de la realidad, sino que está condicionado socialmente. Al estudiar la sociedad, la sociología se dio cuenta de que el observador es parte del fenómeno observado, rompiendo la rígida distinción sujeto-objeto y revelando que los científicos y sus prácticas están inmersos en contextos sociales, culturales e históricos.

¿Qué es el Programa Fuerte en la Sociología del conocimiento científico?

El Programa Fuerte (PF), desarrollado por la Escuela de Edimburgo, es una propuesta para estudiar el conocimiento científico utilizando principios sociológicos. Sus cuatro pilares son: causalidad (explicar las creencias científicas socialmente), imparcialidad (tratar la verdad y la falsedad de forma simétrica), simetría (usar el mismo tipo de explicación para el éxito y el fracaso científico) y reflexividad (aplicar estos mismos principios a la propia sociología de la ciencia).

¿Qué fue la "Guerra de las Ciencias"?

La "Guerra de las Ciencias" fue un intenso conflicto intelectual a mediados de los años 90 entre académicos de las ciencias naturales y los Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología (ESCT). Los científicos ortodoxos criticaban a los ESCT (a menudo llamados "constructivistas" o "posmodernos") por lo que consideraban un relativismo excesivo que socavaba la objetividad y la autoridad de la ciencia. El "escándalo Sokal" fue un punto álgido de esta confrontación.

¿Qué implica la nueva narrativa de la ciencia?

La nueva narrativa de la ciencia implica un cambio de paradigma que reconoce la complejidad, la incertidumbre y la naturaleza situada del conocimiento. Aboga por un observador que asume su contexto y compromiso, promueve la transdisciplinariedad (romper fronteras entre saberes), la democratización del conocimiento (toma de decisiones inclusiva) y el reconocimiento de la diversidad de voces y culturas en la producción científica. Busca una "cultura unitaria" que polemice y se autoexamine constantemente, en lugar de una ciencia dogmática.

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