08/02/2024
En el vasto universo de la filosofía política, pocas obras resuenan con la fuerza y la controversia como el Leviatán de Thomas Hobbes. Publicado en 1651, en un contexto de profunda agitación política y social en Inglaterra, este tratado no solo se erigió como una justificación audaz del Estado absoluto, sino que también sentó las bases teóricas del contrato social, una idea que transformaría para siempre la comprensión de la autoridad y la legitimidad del gobierno. Su título, evocador y enigmático, hace referencia al temible monstruo bíblico, una metáfora poderosa que encapsula la magnitud y el poder descomunal que Hobbes atribuía al Estado, una entidad capaz de imponer orden donde antes reinaba la anarquía.

El Leviatán, o La materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil, como se titula originalmente, es mucho más que un simple texto de filosofía. Es una respuesta visceral a la caótica realidad de su tiempo, la Guerra Civil Inglesa, que dejó una huella indeleble en la mente de Hobbes y lo llevó a concebir un sistema político que garantizara la paz y la seguridad por encima de todo. Su enfoque, marcadamente materialista y racional, rompió con las concepciones tradicionales y abrió el camino a un pensamiento político secular que sigue siendo objeto de estudio y debate en la actualidad.
- El Leviatán: Un Monstruo Filosófico para un Estado Absoluto
- La Naturaleza Humana: El Hombre como "Lobo para el Hombre" (Parte I: Del Hombre)
- El Nacimiento del Estado: El Contrato Social y el Soberano (Parte II: Del Estado)
- La Convivencia entre Poder Temporal y Espiritual (Parte III: Del Estado Cristiano)
- El Reino de la Oscuridad: Crítica a la Ignorancia y la Superstición (Parte IV: El Reino de la Oscuridad)
- El Legado Imperecedero de Leviatán en la Filosofía Política
- Preguntas Frecuentes sobre Leviatán
El Leviatán: Un Monstruo Filosófico para un Estado Absoluto
La elección del nombre «Leviatán» por parte de Thomas Hobbes para su obra más célebre no fue casual. A diferencia de los títulos meramente descriptivos de su época, Hobbes optó por un nombre poético y profundamente simbólico. El Leviatán, mencionado en el Libro de Job (Job 41:24 en la Vulgata), es una criatura de poder inmenso, inmune al miedo y rey sobre los soberbios. Esta referencia bíblica sirvió a Hobbes para ilustrar la naturaleza de su Estado ideal: una entidad tan abrumadora en su poder que nadie osaría desafiarla, garantizando así la estabilidad y el orden.
Lexicógrafos de la época sugirieron que el término «Leviatán» se asociaba con las raíces hebreas lavah (acoplar, conectar, unir) y thannin (serpiente o dragón). Esta etimología refuerza la visión de Hobbes de la fuerza política como una unidad compactada a partir de individuos separados. Al igual que el monstruo bíblico, el soberano de Hobbes es una unidad formidable, omnipotente, indestructible, inspiradora de temor y sin pactos que lo limiten. Su dominio es absoluto, y su propósito, la preservación de la vida bajo pena de muerte.
El Frontispicio: Un Símbolo del Poder Unificado
La portada de la primera edición de Leviatán, diseñada por Abraham Bosse bajo la dirección del propio Hobbes, es una obra de arte en sí misma y una representación visual magistral de las ideas centrales del libro. En ella, una figura gigante y coronada emerge del paisaje, sosteniendo en una mano una espada (símbolo del poder secular) y en la otra un báculo episcopal (símbolo del poder espiritual). Bajo esta imponente figura, se lee la cita de Job 41:24: «Non est potestas Super Terram quae Comparetur ei» (No hay poder en la tierra que pueda compararse con él).

Lo más llamativo del grabado es que el torso y los brazos del gigante están compuestos por cientos de pequeñas figuras humanas, todas de espaldas al espectador, fusionándose para formar el cuerpo del gran Leviatán. Esto simboliza la idea de que el Estado es una creación artificial, un cuerpo político compuesto por la unión de todos los individuos. La parte inferior del frontispicio se divide en un tríptico que muestra elementos equivalentes de poder secular y eclesiástico: un castillo frente a una iglesia, una corona frente a una mitra, un cañón frente a la excomunión, armas frente a la lógica, y un campo de batalla frente a tribunales religiosos. Al sostener los símbolos de ambos poderes, el gigante encarna la visión de Hobbes de un soberano que unifica y controla tanto la esfera civil como la religiosa, evitando cualquier división que pudiera llevar al conflicto.
La Naturaleza Humana: El Hombre como "Lobo para el Hombre" (Parte I: Del Hombre)
Hobbes inicia su monumental obra con un análisis profundo de la naturaleza humana, presentándola desde una perspectiva materialista. Para él, la vida no es más que el movimiento de los miembros, y todo lo relacionado con la humanidad puede explicarse sin recurrir a conceptos inmateriales como el alma. Los deseos y apetitos, así como el bien y el mal, son meramente términos subjetivos que denotan lo que un individuo busca o evita. No existe un summum bonum, un bien supremo universal, ya que los deseos humanos son demasiado variados y contradictorios. Intentar construir una sociedad en torno a un bien supremo solo llevaría a la guerra civil.
Sin embargo, Hobbes sí identifica un summum malum: el miedo a una muerte violenta. Este miedo es el motor principal que impulsa a los hombres a buscar la paz y la seguridad. En ausencia de un poder común que los contenga, los hombres se encuentran en lo que Hobbes llamó el «estado de naturaleza». En esta condición anárquica, donde no hay leyes ni autoridad, la vida es una constante competencia por recursos escasos, impulsada por la desconfianza y la búsqueda de poder. Es un escenario de guerra de todos contra todos, donde cada individuo es un lobo para el otro.
«En tal condición no hay lugar para la industria, porque los frutos de esta son inciertos, y, en consecuencia, no hay cultivo de la tierra, ni navegación, ni uso de las mercancías que puedan ser importadas por mar; no hay edificaciones cómodas, ni instrumentos para mover y trasladar cosas que requieran mucha fuerza; no hay conocimiento de la geografía, ni registro del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad. Y lo peor de todo: un temor continuo y el peligro de una muerte violenta; y la vida del hombre, solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve».
Esta célebre descripción pinta un panorama desolador, pero es precisamente este terror a la anarquía lo que, según Hobbes, impulsa a los hombres a buscar una solución.

Para escapar de la miseria del estado de naturaleza, los hombres, guiados por la razón y el miedo a la muerte, deciden formar un contrato social. Este pacto no es entre los individuos y el soberano, sino entre los individuos mismos, quienes acuerdan ceder voluntariamente parte de su libertad y poder a una autoridad común. El propósito de este pacto es garantizar la seguridad individual y poner fin a los conflictos inherentes a los intereses egoístas. Así, el Estado (o República, entendida como res publica, cosa pública) surge como un poder organizado cuya función es regentar los asuntos públicos.
La libertad del individuo en la sociedad civil se ve reducida a aquellos espacios donde la ley no se pronuncia. Sin embargo, Hobbes contempla una excepción crucial: los individuos podrían rebelarse contra el soberano si este atentara contra su integridad corporal o su libertad física. Si el soberano no cumple con su parte del contrato (defender la vida y la paz de los individuos), el pacto se rompe. No obstante, este margen es muy estrecho, ya que Hobbes enfatiza la indivisibilidad del poder soberano. Para él, la separación de poderes, como la que más tarde se establecería en la Constitución de los Estados Unidos, es una receta para el conflicto y la inestabilidad.
Hobbes admite tres formas de gobierno legítimas: monarquía, aristocracia y democracia. No hay más, pues el poder soberano es indivisible y debe residir en una de estas. Las supuestas "malas" formas (tiranía, oligarquía, anarquía) son simplemente los mismos gobiernos vistos con descontento. Para Hobbes, la monarquía es la forma más práctica y eficiente. Argumenta que en una monarquía, los intereses públicos y privados del gobernante están intrínsecamente unidos: la riqueza y el poder del monarca dependen directamente de la riqueza y el bienestar de sus súbditos. En contraste, en democracias o aristocracias, la propiedad pública no se alinea tan directamente con la fortuna individual, lo que puede conducir a la corrupción, la ambición desmedida y, en última instancia, a la guerra civil. La censura, incluso de los medios y la libertad de expresión, es defendida por Hobbes si el soberano la considera necesaria para la preservación del orden público.
Tabla Comparativa de Formas de Gobierno según Hobbes
| Forma de Gobierno | Descripción | Ventajas (según Hobbes) | Inconvenientes (según Hobbes) |
|---|---|---|---|
| Monarquía | El poder soberano reside en una sola persona. | Intereses públicos y privados del soberano alineados. Mayor estabilidad y decisión. Menos corrupción. | Posibilidad de sucesión conflictiva (aunque Hobbes propone reglas). Riesgo de tiranía si el soberano no cumple el pacto (raro, según él). |
| Aristocracia | El poder soberano reside en una asamblea de unos pocos. | Potencial para la sabiduría colectiva. | Intereses privados de los gobernantes pueden divergir del bien común. Mayor riesgo de facciones y corrupción. |
| Democracia | El poder soberano reside en una asamblea de todos los ciudadanos. | Participación ciudadana. | Intereses privados de muchos pueden llevar al caos. Riesgo de manipulación y anarquía. Menor eficacia en la toma de decisiones. |
La Convivencia entre Poder Temporal y Espiritual (Parte III: Del Estado Cristiano)
Una de las secciones más extensas y controvertidas de Leviatán es la que aborda la relación entre el poder espiritual y el poder temporal. Hobbes, profundamente marcado por los conflictos religiosos de su época, aboga por la total sumisión de la Iglesia al soberano civil. Su preocupación principal es evitar el caos que surgiría si alguna autoridad religiosa reclamara un poder superior al del Estado. Para Hobbes, la revelación divina, aunque creída por los cristianos, no puede ser conocida infaliblemente por otra persona que no sea el receptor directo. Es decir, si Dios habla a un individuo, ese individuo lo entiende, pero cuando lo transmite a otros, la certeza se pierde. Por lo tanto, es imposible saber con certeza lo que Dios quiere a menos que se manifieste directamente o por medio de un milagro, algo poco probable en la actualidad.

Dado que la demostración de una revelación divina es casi imposible para la mayoría, Hobbes concluye que la verdadera autoridad de la ley, incluso la divina, debe emanar del poder civil. Nadie está obligado a obedecer una voluntad que no sea ley, y solo el soberano del Estado tiene el poder legislativo. Esto significa que la promulgación de las leyes de las Escrituras es tarea del soberano civil, no de la Iglesia. Los Diez Mandamientos, por ejemplo, tienen fuerza de ley porque el pueblo de Israel los aceptó a través de la autoridad de Moisés, quien actuaba como soberano. Para Hobbes, los reyes cristianos son los pastores supremos de su pueblo, con el poder de instruir a la Iglesia y a sus súbditos. Esta postura fue una confrontación directa con el poder del Papado y las facciones religiosas que habían contribuido a la inestabilidad en Inglaterra.
El Reino de la Oscuridad: Crítica a la Ignorancia y la Superstición (Parte IV: El Reino de la Oscuridad)
En la cuarta y última parte de Leviatán, Hobbes lanza una crítica feroz a la Iglesia y a diversas instituciones y creencias que, según él, socavan el poder del soberano y perpetúan la ignorancia. El "reino de la oscuridad" no se refiere al infierno (en el que Hobbes no creía), sino a la oscuridad de la ignorancia, en oposición a la luz del verdadero conocimiento y la razón. Esta oscuridad es alimentada por la mala interpretación de las Escrituras, las tradiciones fabulosas de la mitología cristiana y las supersticiones que manipulan a las masas y desestabilizan el orden político.
Hobbes denuncia explícitamente el uso de la religión para fines de poder y control, acusando a la Iglesia de estar impregnada de cierto ateísmo en sus prácticas. Aunque intentó atemperar sus posiciones en un apéndice para evitar represalias eclesiásticas, su mensaje fue claro: la superstición y la manipulación religiosa son enemigos del Estado y de la razón, ya que crean divisiones y minan la autoridad del soberano, llevando potencialmente al caos del que el Leviatán busca proteger a la sociedad.
El Legado Imperecedero de Leviatán en la Filosofía Política
Leviatán no es solo una obra de su tiempo; es un texto de referencia que sigue siendo fundamental para comprender la política occidental moderna. Su impacto revolucionario se manifiesta en varios aspectos clave:
- Enfoque Secular: Hobbes fue uno de los primeros en proponer una visión del gobierno y la sociedad basada en la razón humana y la necesidad de evitar el caos, más que en la autoridad divina o la tradición. Esto marcó un cambio trascendental hacia un pensamiento político secular.
- Visión Mecanicista: Influido por los avances científicos de su época (como los de Galileo y Kepler), Hobbes aplicó una visión mecanicista a la naturaleza humana y a la sociedad. Concibió a los hombres como "materia en movimiento" y al Estado como una máquina artificial diseñada para funcionar de manera eficiente.
- Fundamentos del Contractualismo: Aunque su defensa del absolutismo ha sido criticada, Hobbes sentó las bases del contrato social, una teoría que postula que la legitimidad del gobierno deriva del consentimiento de los gobernados. Esta idea influiría profundamente en pensadores posteriores como John Locke y Jean-Jacques Rousseau, quienes la desarrollarían en direcciones diferentes.
- Justificación del Absolutismo Basado en el Consenso: A diferencia de las justificaciones divinas del poder, Hobbes argumentó que un poder absoluto es necesario y que su legitimidad proviene de un acuerdo racional de los individuos para evitar la anarquía.
- Realismo Político: Hobbes retó a sus contemporáneos a ver la política "tal como es, no como nos gustaría que fuera". Su mirada sombría y realista sobre la naturaleza humana, egoísta y temerosa de la muerte, se convirtió en un pilar del realismo político, influyendo en la tradición inaugurada por Maquiavelo.
Thomas Hobbes (1588-1679), nacido en Westport, Inglaterra, vivió una época de gran inestabilidad que forjó su pensamiento. Estudió en Oxford, pero desarrolló un interés en las ciencias naturales y el humanismo. Sus viajes por Europa lo expusieron al racionalismo y al empirismo, enriqueciendo su obra. La Guerra Civil Inglesa fue el catalizador de su temor al caos y su convicción en la necesidad de una autoridad absoluta como el "mal menor" frente a la anarquía. Su legado es inmenso, no solo en la filosofía política, sino en la ética, la religión y la epistemología, influyendo a generaciones de pensadores y conformando nuestra visión del Estado y la soberanía.
Preguntas Frecuentes sobre Leviatán
¿Qué es el "estado de naturaleza" según Hobbes?
El "estado de naturaleza" es una condición hipotética de la humanidad sin leyes, gobierno ni autoridad. Hobbes lo describe como un estado de "guerra de todos contra todos" (bellum omnium contra omnes), donde los individuos actúan impulsados por el egoísmo, el miedo y la búsqueda de poder. En esta situación, la vida es "solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve", y no hay lugar para la moralidad, la justicia ni el progreso.

¿Por qué Hobbes defiende un "soberano absoluto"?
Hobbes defiende un soberano absoluto como la única forma de escapar del estado de naturaleza y garantizar la paz y la seguridad. Para él, el poder debe ser indivisible y sin límites para ser efectivo. Cualquier división de poder, o cualquier restricción significativa al soberano, podría llevar a disputas internas y, en última instancia, al regreso de la anarquía. El soberano absoluto es la encarnación del Leviatán, el poder necesario para mantener a raya los instintos más destructivos de la humanidad.
El contrato social en Leviatán es un pacto mutuo entre los individuos, no entre los individuos y el soberano. Para escapar del miedo y la violencia del estado de naturaleza, los hombres acuerdan voluntariamente ceder parte de su libertad y su derecho a gobernarse a sí mismos a un poder superior, el soberano. Este contrato es la base de la sociedad civil y del Estado, cuya función principal es asegurar la paz y la autoconservación de sus miembros mediante la imposición de leyes y el castigo.
¿Cómo influyó la Guerra Civil Inglesa en la obra de Hobbes?
La Guerra Civil Inglesa (1642-1651) tuvo una influencia profunda y directa en el pensamiento de Thomas Hobbes. Al vivir en un período de extrema inestabilidad política, guerra y caos, Hobbes desarrolló un profundo temor a la anarquía y la disolución del orden social. Esta experiencia lo llevó a la convicción de que la única forma de evitar tal desastre era establecer un poder soberano fuerte y absoluto, capaz de imponer la paz y la seguridad, incluso a expensas de las libertades individuales.
¿Qué relación establece Hobbes entre la Iglesia y el Estado?
Hobbes establece una relación de total subordinación de la Iglesia al Estado. Para él, cualquier autoridad religiosa que reclame un poder superior o independiente al del soberano civil es una amenaza para la unidad y la estabilidad del Estado. Hobbes argumenta que las interpretaciones religiosas y la revelación divina no pueden ser una base para la ley civil, y que la autoridad para promulgar leyes, incluso las basadas en las Escrituras, reside exclusivamente en el soberano. Los reyes cristianos son considerados los pastores supremos de su pueblo, con el derecho de instruir a la Iglesia y a sus súbditos para mantener el orden y evitar divisiones.
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