La Triple A: El Subcomisario y el Terror Estatal

27/02/2025

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La historia de Argentina en la década de 1970 está marcada por una violencia política que dejó cicatrices profundas, y entre los capítulos más oscuros se encuentra el accionar de la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como la Triple A. Este grupo parapolicial, que sembró el terror antes del golpe militar de 1976, ha sido objeto de debate y revisión histórica, especialmente en lo que respecta a sus orígenes y a la implicación del gobierno de Juan Domingo Perón. Mientras la memoria colectiva ha asimilado las atrocidades de la dictadura militar, el período previo, entre 1973 y 1976, permanece en una zona más difusa, donde las figuras políticas señeras a menudo se han mantenido al margen de la crítica. Sin embargo, investigaciones recientes, como el libro "Perón y la Triple A" de Sergio Bufano y Lucrecia Teixidó, arrojan luz sobre una etapa donde la violencia estatal no solo fue tolerada, sino activamente impulsada, desvelando la verdadera trama detrás de uno de los episodios más trágicos de la historia argentina. Este artículo se adentrará en la complejidad de aquellos años, buscando responder a la pregunta crucial sobre uno de sus actores principales: el subcomisario de la Triple A, y desentrañar cómo el Estado se convirtió en un instrumento de represión mucho antes de lo que la historia oficial nos ha contado.

¿Quién es el subcomisario de la Triple A?
Perón firmó los nombramientos de los principales organizadores de la Triple A. A uno de ellos, el subcomisario Rodolfo Almirón –que luego se recicló en España como guardaespaldas de Manuel Fraga- lo tuvo en su custodia personal. Alentó golpes de mano contra los gobernadores díscolos de la izquierda peronista.
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Rodolfo Almirón: El Subcomisario en el Corazón de la Triple A

En el entramado de la Alianza Anticomunista Argentina, pocos nombres resuenan con la misma resonancia que el del subcomisario Rodolfo Almirón. Este personaje, cuyo nombre es clave para entender la estructura y operación de la Triple A, no era un actor periférico; por el contrario, se encontraba en el núcleo mismo de la organización. El texto que nos sirve de base es contundente al señalar que Perón "firmó los nombramientos de los principales organizadores de la Triple A". Y entre ellos, destaca Almirón, a quien el propio Juan Domingo Perón "lo tuvo en su custodia personal", una cercanía que subraya la confianza y el rol estratégico que este subcomisario desempeñaba en las esferas de poder. La figura de Almirón no solo es relevante por su participación en la represión interna de Argentina, sino también por su posterior vida. Tras el oscuro período de la Triple A, Almirón logró "reciclarse en España como guardaespaldas de Manuel Fraga", una figura prominente de la política española post-franquista. Esta capacidad de mimetizarse y reubicarse en la política internacional es un testimonio de su habilidad para operar en las sombras y de las conexiones que pudo haber forjado. A pesar de la impunidad que ha rodeado los crímenes de la Triple A, Almirón fue uno de los pocos, si no el único, en enfrentar la justicia, siendo extraditado de España a Argentina. Su detención, aunque tardía y en el ocaso de su vida, representó un rayo de esperanza para las víctimas y un reconocimiento, al menos parcial, de la responsabilidad que recayó sobre él y la organización que co-dirigió.

La Triple A: Un Arma del Estado en la Sombra

La Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) no fue un mero grupo paramilitar aislado; fue, según las investigaciones más recientes, una entidad financiada por el Estado y alentada por el propio gobierno de Juan Domingo Perón y, posteriormente, por el de su viuda, Isabel Perón. Operando entre 1973 y 1976, se estima que sus acciones criminales cobraron la vida de unas 900 personas, una cifra escalofriante que prefiguró la brutalidad que se desataría con la dictadura militar. La narrativa oficial, durante mucho tiempo, intentó desvincular a Perón de la Triple A, sugiriendo que el grupo comenzó a operar tras su muerte o que el general estaba "cercado" por figuras como José López Rega. Sin embargo, el libro "Perón y la Triple A" de Sergio Bufano y Lucrecia Teixidó desmantela esta versión, aportando documentación que demuestra una implicación directa del líder justicialista en la génesis y funcionamiento de esta maquinaria de terror. La investigación revela que la idea de Perón a su regreso en 1973, ya como un "león herbívoro", era la de apoyarse en los sindicatos ortodoxos para llevar adelante una política de concertación, chocando frontalmente con las aspiraciones revolucionarias de grupos como Montoneros. Este choque ideológico y de poder fue el caldo de cultivo para la represión. Los autores del libro enfatizan la dificultad que aún hoy existe para reconocer y analizar libremente este período, precisamente porque hacerlo implica "embestir figuras señeras que pueden ser dañadas", una clara alusión a la intocable imagen de Perón en ciertos sectores de la sociedad argentina.

Mitos y Realidades sobre la Triple A y el Peronismo

Para comprender mejor la complejidad de este período, es útil contrastar la narrativa oficial, que durante años dominó el imaginario colectivo, con la evidencia que emerge de investigaciones como la de Bufano y Teixidó:

Aspecto HistóricoNarrativa Oficial (Mito)Evidencia Documentada (Realidad)
Inicio de la Triple AComenzó a funcionar después de la muerte de Perón (julio de 1974), bajo el gobierno de Isabel Perón.Operó desde el regreso de Perón en 1973, con nombramientos y apoyo directo del gobierno peronista.
Rol de Juan D. PerónPerón estaba "cercado" por José López Rega y la derecha, ajeno a los crímenes de la Triple A.Perón firmó nombramientos de organizadores, alentó la represión y tuvo a Almirón en su custodia personal.
Origen de la ViolenciaPrincipalmente atribuida a la guerrilla de izquierda y la dictadura militar posterior.La violencia estatal y parapolicial fue activa y alentada por el gobierno democrático peronista.
Operación CóndorPlan coordinado de represión iniciado tras el golpe militar argentino de 1976.Antecedentes documentados desde principios de 1974, con reuniones y acciones coordinadas entre países del Cono Sur.

Perón y la Derechización del Gobierno: El Clima de Represión

El regreso de Juan Domingo Perón a Argentina en 1973, tras 18 años de exilio, fue un evento de masas, pero también el inicio de un período de alta tensión y viraje ideológico. Perón, al asumir la presidencia, se encontró con un país convulsionado por la acción de grupos armados y una juventud peronista revolucionaria que había interpretado su retorno como el inicio de una "patria socialista". Sin embargo, la visión del viejo general era otra, mucho más conservadora y alejada de las consignas de Montoneros. Este desencuentro, visible desde la masacre de Ezeiza el día de su regreso, donde la extrema derecha del movimiento impidió por las armas el acceso de Montoneros al palco, marcó el tono de lo que vendría.

Discursos y Advertencias

Desde sus primeros discursos, Perón dejó claras sus intenciones de poner fin a la agitación. "A los enemigos, embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo que cesen en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento", afirmó en su primer discurso. Estas palabras, lejos de ser retórica vacía, se tradujeron en una serie de políticas y acciones que sentaron las bases para la represión. Perón advirtió casi a diario a los Montoneros que debían "dejar a un lado la camiseta peronista" si mantenían sus posiciones. En su último discurso, el 17 de junio de 1974, la amenaza fue aún más explícita: "Intentamos hacerlo pacíficamente con la ley. Pero si eso no fuera suficiente, tendríamos que emplear una represión un poco más fuerte y más violenta también".

Reformas Legales que Legitimaron la Represión

El gobierno de Perón, en sus pocos meses de gestión, impulsó una serie de reformas legislativas que, bajo el pretexto de restaurar el orden y combatir el terrorismo, otorgaron herramientas legales para la persecución y el control, creando un marco propicio para la acción de grupos como la Triple A:

  • Reforma del Código Penal (enero de 1974): Diseñada específicamente para combatir el terrorismo, esta reforma amplió la definición de delitos, incluyendo la sustracción de personas, el secuestro extorsivo, amenazas, coacción, posesión y uso de material de guerra, explosivos y acciones de incentivo a la violencia. Más allá de la legítima necesidad de combatir la criminalidad, esta ley dotó al Estado de un arsenal legal que podía ser utilizado, y lo fue, de manera discrecional contra la disidencia. Estableció, además, una nueva jurisdicción y competencia de los tribunales nacionales para juzgar estos delitos, centralizando el poder judicial en esta materia.
  • Ley de Asociaciones Profesionales: Esta ley reforzó significativamente el poder de la "burocracia sindical" ortodoxa, la columna vertebral del movimiento peronista según Perón. Al establecer el sindicato único por actividad, extender los cargos electivos de 2 a 4 años y posibilitar que los sindicatos centrales interviniesen los sindicatos locales, se consolidó un control férreo sobre el movimiento obrero, marginando a las facciones más combativas o de izquierda. Además, se ratificó una ley de la dictadura de Onganía, que dejaba en manos de los dirigentes sindicales el manejo de los servicios de salud, un enorme caudal de recursos y poder.
  • Ley de Prescindibilidad: Esta medida permitió despedir sin causa, con un mes de indemnización, a cualquier funcionario del Estado y de las empresas públicas. Aunque presentada como una herramienta de eficiencia administrativa, su principal utilidad fue la de enfrentar y desarticular la agitación gremial y política dentro de la administración pública, eliminando voces disidentes y activistas sin necesidad de justificación.
  • Acta de Seguridad Nacional: Este decreto permitió castigar con penas de uno a tres años de prisión a los trabajadores que participasen de huelgas declaradas ilegales por el Ministerio de Trabajo. Fue una clara ofensiva contra el derecho a huelga y una herramienta para disciplinar a la clase trabajadora, especialmente a aquellos sectores que desafiaban la línea oficial del gobierno y la burocracia sindical.
  • Nueva Ley Universitaria (marzo de 1974): Esta ley prohibió explícitamente toda actividad política en la universidad. En un contexto de gran efervescencia estudiantil y militancia política, esta medida buscaba despolitizar las casas de estudio y eliminar los focos de resistencia y organización de la juventud de izquierda.

Censura y Relaciones Internacionales

La derechización del gobierno peronista no se limitó al ámbito interno. Dos días antes de que Perón asumiera, su yerno, Raúl Lastiri (presidente provisional), firmó un decreto que prohibía la importación de libros "tendientes a derogar la forma republicana y representativa del gobierno". Esta medida de censura masiva afectó no solo a autores como Mao o Trotski, sino también a figuras de la literatura universal como Camus, Jorge Amado, Tolstoi e incluso el renombrado Eduardo Galeano, revelando la amplitud de la purga ideológica. En el plano internacional, Perón no ocultó su afinidad con regímenes autoritarios. Consideró que la responsabilidad del golpe contra Allende en Chile "no fue de los militares sino de los guerrilleros", y recibió en traje de gala a Augusto Pinochet. También se entrevistó con el dictador paraguayo Alfredo Stroessner y el boliviano Hugo Bánzer, líderes de algunas de las dictaduras más sangrientas de la región. Estas conexiones, sumadas a un documento desclasificado de la CIA de 1976, que menciona una reunión en Buenos Aires a principios de 1974 entre oficiales de seguridad de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia para "preparar acciones coordinadas en contra de objetivos subversivos", revelan los antecedentes directos de lo que luego se conocería como la Operación Cóndor, un plan sistemático de coordinación represiva en el Cono Sur.

Montoneros y el Conflicto Interno del Peronismo

El regreso de Perón también significó el clímax de una relación ambigua con la juventud peronista, en particular con Montoneros. Estos grupos, nacidos de la fusión de elementos nacionalistas de derecha y marxistas, tomaron las armas bajo la consigna "La vida por Perón", creyendo que el líder llevaría a cabo una revolución socialista. Sin embargo, Perón, un estratega consumado, siempre concibió el peronismo como un movimiento reformista basado en la alianza de clases, no en la revolución. Desde su exilio en Madrid, había alentado la movilización de estos jóvenes, usándolos como una fuerza de presión para su retorno. Pero una vez en el poder, la distancia entre su visión y las aspiraciones de Montoneros se hizo abismal. Mientras los Montoneros gritaban "Perón, Evita, la patria socialista", el general se apoyaba en los sindicatos ortodoxos, la "columna vertebral" del movimiento, para una política de concertación. La masacre de Ezeiza fue el primer punto de quiebre público, donde la derecha peronista, con el aval de Perón, impidió por la fuerza que los Montoneros ocuparan los lugares de privilegio. El asesinato del jefe de la CGT, José Ignacio Rucci, atribuido a Montoneros (aunque nunca asumido por ellos), profundizó la ruptura. Perón, en privado, llegó a convocar a suboficiales leales para "defenderse de los zurdos", señalando a López Rega y Osinde para la organización. Como bien señala la Dra. María Matilde Ollier, "Montoneros y Perón se usaron mutuamente". Montoneros buscaba acumular poder y legitimidad, mientras Perón los utilizó para regresar al poder. Ambos, lamentablemente, "fogonearon la violencia", y la incapacidad de Montoneros para subordinarse a la voluntad de Perón tras su retorno, y abandonar los métodos armados, marcó su derrota política antes de la represión militar definitiva.

El Legado de la Impunidad: Una Deuda Pendiente

A pesar de la abrumadora evidencia sobre los crímenes y la participación estatal en la Triple A, los responsables directos e intelectuales de esta organización han gozado, en su gran mayoría, de impunidad. Esta situación contrasta drásticamente con los avances en la justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar (1976-1983), donde numerosos represores han sido juzgados y condenados. La dificultad para investigar y condenar los crímenes de la Triple A radica, en parte, en la reticencia a "embestir figuras señeras" del peronismo, como señala el libro de Bufano y Teixidó. La idea de que la Triple A fue una creación de Perón, como sostiene Román Frondizi (hijo de una de las víctimas), es una verdad incómoda que muchos prefieren no explorar a fondo. La detención y extradición de Rodolfo Almirón fue un hito, pero su fallecimiento antes de una condena firme simboliza la esquiva justicia para las víctimas de este período. La impunidad de la Triple A no solo es una deuda con las víctimas y sus familias, sino también un obstáculo para una comprensión completa y sin sesgos de la historia reciente de Argentina, dejando un capítulo doloroso aún por cerrar en la memoria colectiva del país.

¿Quién es el subcomisario de la Triple A?
Perón firmó los nombramientos de los principales organizadores de la Triple A. A uno de ellos, el subcomisario Rodolfo Almirón –que luego se recicló en España como guardaespaldas de Manuel Fraga- lo tuvo en su custodia personal. Alentó golpes de mano contra los gobernadores díscolos de la izquierda peronista.

Preguntas Frecuentes sobre la Triple A y su Contexto

¿Qué fue la Triple A?

La Triple A, o Alianza Anticomunista Argentina, fue un grupo parapolicial y terrorista de ultraderecha que operó en Argentina entre 1973 y 1976, cometiendo secuestros, asesinatos y actos de violencia contra militantes de izquierda, sindicalistas y opositores al gobierno peronista. Estuvo financiada por el Estado y contó con el apoyo de figuras dentro del gobierno.

¿Cuándo operó la Triple A?

Sus acciones más notorias se desarrollaron entre mayo de 1973 (con el regreso de Perón) y marzo de 1976 (golpe de Estado militar). Aunque la historia oficial a menudo la sitúa principalmente después de la muerte de Perón, las investigaciones demuestran su actividad desde el inicio del tercer gobierno peronista.

¿Quién financiaba a la Triple A?

La Triple A era financiada por el Estado argentino, es decir, con fondos públicos, lo que le otorgaba un carácter de terrorismo de Estado en los gobiernos democráticos de Perón y su viuda, Isabel Perón.

¿Cuántas víctimas se atribuyen a la Triple A?

Se calcula que unas 900 personas fueron víctimas de los asesinatos y atentados perpetrados por la Triple A durante su período de actividad.

¿Qué papel jugó José López Rega en la Triple A?

José López Rega, ministro de Bienestar Social y figura de gran influencia sobre Juan e Isabel Perón, es considerado el principal ideólogo y organizador de la Triple A. Su cercanía con el poder le permitió utilizar recursos estatales para financiar y coordinar las acciones del grupo.

¿Por qué los crímenes de la Triple A siguen impunes?

A diferencia de los crímenes de la dictadura militar posterior, la mayoría de los crímenes de la Triple A permanecen impunes. Esto se debe a varios factores, incluyendo la complejidad de las conexiones con el poder político de la época, la dificultad para juzgar a figuras ya fallecidas y la reticencia de algunos sectores a investigar a fondo un período que podría dañar la imagen de figuras políticas históricamente veneradas.

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