31/01/2026
En el complejo entramado de la vida pública, pocas expresiones generan tanta suspicacia y debate como la “rosca política”. Para muchos ciudadanos, evoca la imagen de acuerdos oscuros, manejos turbios y decisiones tomadas a espaldas de la gente. Sin embargo, para aquellos inmersos en el día a día de la gestión y el arte de gobernar, la “rosca” es un elemento fundamental, un oficio indispensable que permite concretar las grandes visiones y mantener la gobernabilidad.

Este artículo se sumerge en el corazón de este fenómeno, desentrañando su significado real, explorando las razones de su mala prensa y analizando las perspectivas de distintas figuras –desde reconocidos artistas hasta ensayistas y académicos– que han reflexionado sobre su importancia y sus desafíos. Más allá de la condena simplista, descubriremos que la “rosca política” es, en esencia, el saber práctico de hacer posible la política, un tejido de negociaciones, acuerdos y construcción de consensos que, aunque a menudo invisible, es vital para el funcionamiento de cualquier sistema democrático.
- ¿Qué es la Rosca Política en Esencia?
- La Percepción Pública vs. la Realidad del Oficio
- La Visión Crítica desde el Arte: El Indio Solari
- Un Análisis desde la Ensayística: Alejandro Katz y la Incompetencia Dirigencial
- Desentrañando la “Política con Minúsculas”: La Obra de Mariana Gené
- El Perfil del “Armador Político” Exitoso: Más Allá de la Ideología
- La Rosca en el Contexto Argentino: Desafíos y Peculiaridades
- ¿Es la Rosca Política Sinónimo de Ilegalidad?
- Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre la Rosca Política
- Conclusión: La Rosca, un Componente Ineludible de la Política
¿Qué es la Rosca Política en Esencia?
La “rosca política” puede definirse como el conjunto de negociaciones informales, acuerdos tácitos y cabildeos que se llevan a cabo entre actores políticos para construir mayorías, destrabar conflictos, asignar cargos o impulsar leyes. No se trata de un concepto formal ni de un procedimiento legalmente establecido, sino de una práctica inherente a la dinámica del poder y la toma de decisiones. Es el arte de la política “con minúsculas”, como la denomina la Dra. Mariana Gené en su obra, contrastándola con la política “con mayúsculas” que se ocupa de las grandes ideas y proyectos trascendentales.
Mientras la política “con mayúsculas” inspira y moviliza a través de visiones ideológicas y propuestas transformadoras, la política “con minúsculas” es la que se encarga de hacer que esas visiones sean factibles. Implica la habilidad de unificar intereses diversos, de ceder en algunos puntos para avanzar en otros, y de construir confianza entre adversarios. Es el lubricante que permite que la maquinaria estatal funcione, sorteando los obstáculos que la confrontación pura o la falta de acuerdo podrían generar.
La Percepción Pública vs. la Realidad del Oficio
La mala prensa de la “rosca política” no es casual. Proviene, en gran medida, de un discurso que es “muy amigable con el sentido común”, como señala Gené. Este discurso simplista crea una dicotomía fácil de entender: políticos “malos” que hacen “rosca” y ciudadanos “buenos” que la sufren. Los medios de comunicación, en su búsqueda de narrativas claras, y los propios políticos, en su afán por diferenciarse, a menudo contribuyen a esta percepción negativa.
Sin embargo, para quienes participan de ella, la “rosca” es un componente inevitable y muchas veces necesario. Los mismos políticos que públicamente la denostan, en privado, valoran a aquellos que son expertos en ella. La complejidad de los problemas públicos rara vez permite soluciones unívocas o impuestas; requiere negociación, adaptabilidad y la capacidad de forjar alianzas, incluso con aquellos con quienes se tienen profundas diferencias ideológicas. La dificultad radica en comunicar esta complejidad a una ciudadanía que demanda transparencia y rectitud, y que a menudo interpreta cualquier negociación como una maniobra ilegítima.

La Visión Crítica desde el Arte: El Indio Solari
La perspectiva de figuras como Carlos “Indio” Solari, referente musical y cultural, ofrece un contrapunto interesante a la visión académica y política. Solari, en sus declaraciones, expresa una profunda fatiga y dificultad para entender la “rosca política”. Desde su mirada, la política debería estar guiada por la virtud, la honestidad y la compasión, y no por las intrigas o los intereses particulares.
“Me cuesta creer que nuestras vidas sean resueltas de esa manera”, afirma Solari, reflejando el desencanto de una parte de la sociedad que anhela una política más transparente y menos transaccional. Él enfatiza la importancia de la cultura y el arte como formas de fortalecer la democracia y luchar contra las injusticias, sugiriendo que la verdadera revolución es un trabajo diario por los derechos humanos y la justicia social, más allá de los mecanismos de negociación que parecen escapar a la comprensión del ciudadano común. Su visión resalta la brecha entre la aspiración ética de la política y su pragmatismo diario.
Un Análisis desde la Ensayística: Alejandro Katz y la Incompetencia Dirigencial
El ensayista Alejandro Katz, por su parte, invita a una reflexión más matizada. Para Katz, no debemos “escandalizarnos por lo que llamamos rosca política” en sí misma, sino más bien por la “incompetencia de una dirigencia política que no encuentra la forma de resolver problemas básicos”. Su crítica no apunta al mecanismo de negociación, sino a la falta de capacidad y ética de quienes lo utilizan.
Katz subraya un “serio problema de cooperación” en Argentina, donde la acción colectiva en beneficio del conjunto se ve obstaculizada por conductas individuales y egoístas. Propone que el cambio hacia la cooperación se da a través del cumplimiento de las normas y la ley, y que es la clase dirigente la que debe imponer una conducta ejemplar. La “rosca” se vuelve problemática no cuando existe, sino cuando se utiliza para fines espurios o cuando la falta de liderazgo impide que se traduzca en soluciones efectivas para los problemas del país. El ascenso de figuras “mesiánicas” como Javier Milei, según Katz, es un síntoma de la irresponsabilidad de la clase política, que ha priorizado la confrontación sobre la resolución de problemas.
Desentrañando la “Política con Minúsculas”: La Obra de Mariana Gené
La investigación de Mariana Gené, plasmada en su libro “La rosca política”, es fundamental para comprender este fenómeno desde una perspectiva académica. Gené explora el “saber práctico” de los “armadores políticos”, figuras clave que, desde ministerios como el del Interior, tejen los acuerdos necesarios para la gobernabilidad. Su trabajo revela que, a pesar de las denuncias públicas, muchos exfuncionarios de diferentes partidos y épocas reivindican a figuras como Carlos Corach, ministro menemista, por su inteligencia, su disposición a negociar y su capacidad para cumplir la palabra.
Gené argumenta que la “política en minúsculas” es imprescindible para hacer realidad las grandes visiones de la “política en mayúsculas”. No es una condena, sino un esfuerzo por comprender por qué los “armadores” ocupan un lugar tan central y por qué gobernar supone tener expertos en el armado político. Su libro demuestra que esta faceta de la política, aunque a menudo oculta, es la que hace factibles los proyectos, agregando intereses y construyendo los consensos necesarios.

El Perfil del “Armador Político” Exitoso: Más Allá de la Ideología
¿Qué características definen a un “armador” exitoso? La investigación de Gené y las entrevistas a políticos de diversas trayectorias revelan que no se trata de ideología o de un saber técnico, sino de un saber práctico, una destreza que se adquiere a lo largo de extensas carreras políticas. Los “armadores” suelen ser personas con un largo recorrido, que han pasado por diversas instancias partidarias y estatales, y que han experimentado tanto victorias como derrotas.
Entre las virtudes más valoradas de un “armador” se encuentran:
- Generación de Confianza: Fundamental para aceitar las relaciones y permitir negociaciones entre pares.
- Rapidez e Inteligencia: Capacidad para leer el escenario político y actuar con agilidad.
- Ductilidad: Habilidad para negociar con todo el espectro político, tanto con aliados como con adversarios. La ideología está presente, por supuesto, pero la pragmática negociación exige flexibilidad.
- Proximidad y Conocimiento del Campo: Un profundo entendimiento de los actores, sus intereses y sus lenguajes.
- Alineamiento con el Liderazgo: La capacidad de tomar decisiones en nombre del Presidente o del líder, lo que otorga autoridad frente a los interlocutores.
Este perfil contrasta con la figura del “tecnócrata” puro, que si bien puede tener grandes ideas, necesita del “armador” para que estas se traduzcan en acciones concretas.
Casos Emblemáticos: Corach vs. Béliz
Para ilustrar el perfil del “armador” y su importancia, el libro de Mariana Gené analiza figuras clave que ocuparon el Ministerio del Interior. Dos ejemplos paradigmáticos son Carlos Corach y Gustavo Béliz, quienes ofrecen un contraste claro en el ejercicio de este oficio:
| Característica | Carlos Corach | Gustavo Béliz |
|---|---|---|
| Rol como 'Armador' | Arquitecto de relaciones políticas, tejedor de acuerdos | Figura "anti-política", con poca llegada a otros actores |
| Habilidades Clave | Sagacidad, habilidad estratégica, capacidad de llegar a acuerdos, mantener disciplina parlamentaria, amplio contacto con referentes nacionales | Tenía la confianza del Presidente (Menem), pero se auto-distanciaba de la "rosca" y la negociación |
| Percepción entre Pares | Muy valorado y respetado, considerado imprescindible por colegas de diversos partidos | Visto con desconfianza, no tomado como un par; su intento de diferenciación dificultó su trabajo |
| Efectividad en el Cargo | Alta, hizo posibles reformas y políticas económicas complejas (ej. contrapunto con Cavallo) | Baja en el rol de "armador" debido a su postura "anti-política", que eludía las condiciones necesarias para el trabajo eficaz |
| Contexto Político | Menemismo: necesidad de disciplina partidaria y alianzas para reformas profundas | También Menemismo: pero su enfoque dificultó la construcción de consensos necesarios en el espacio de negociación política |
Corach emerge como el arquetipo del buen operador, capaz de articular intereses y mantener la disciplina partidaria en tiempos de grandes reformas. Su capacidad para generar consenso y su “sagacidad” política lo hicieron invaluable. Béliz, por el contrario, al reivindicar una posición “anti-política” desde un espacio que exige precisamente la negociación, se convirtió en la contrafigura, demostrando la dificultad de operar eficazmente sin las destrezas inherentes al oficio de “armador”.
La Rosca en el Contexto Argentino: Desafíos y Peculiaridades
La “rosca política” en Argentina presenta particularidades que la hacen aún más compleja y, al mismo tiempo, más fundamental. Nuestro sistema político a menudo se caracteriza por una baja institucionalidad formal, lo que implica que muchas de las reglas que rigen las interacciones políticas no están escritas, sino que operan a través de códigos informales y relaciones de confianza.
Además, la sociedad argentina es descrita como “difícil de gobernar” debido a una sociedad civil muy activada y a la presencia de actores económicos y sociales fuertes. Esta complejidad social y la fragmentación política hacen que el arte de la “rosca” sea aún más crucial para lograr cualquier tipo de consenso y acción colectiva. La capacidad de un líder para tejer acuerdos se vuelve un activo indispensable en este escenario volátil.
El caso de Cambiemos (la coalición de gobierno de Mauricio Macri) es un ejemplo reciente de cómo la “rosca” puede ser crucial. En la campaña de 2015, hubo una sinergia exitosa entre el ala política (representada por figuras como Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, expertos en el armado) y el ala de comunicación y marketing político (liderada por Marcos Peña). Los primeros se encargaron de la “rosca”: buscar candidatos, armar alianzas (con el radicalismo, la Coalición Cívica), y negociar lugares en las listas. Los segundos unificaron la marca y los discursos.

Sin embargo, una vez en el gobierno, esta “alquimia potente” entró en cortocircuito. La marginación de los “armadores políticos” y de parte del radicalismo, en favor de un predominio de la comunicación, generó fricciones internas que, según algunos analistas, contribuyeron a las dificultades del gobierno para enfrentar la crisis. Esto subraya que, incluso para proyectos que se presentan como “nuevos” o “anti-política”, la habilidad de tejer acuerdos sigue siendo indispensable.
¿Es la Rosca Política Sinónimo de Ilegalidad?
Una de las preguntas más recurrentes es si la “rosca política” implica necesariamente manejos oscuros o ilegales. La respuesta es compleja y requiere distinguir entre diferentes niveles de interacción. La negociación entre políticos está hecha de “toma y daca”, de dar algo a cambio de otra cosa para cerrar un acuerdo. Esto, en sí mismo, no es ilegal. Ejemplos como los Adelantos del Tesoro Nacional a cambio de acompañamiento en el Congreso son mecanismos legítimos, aunque difíciles de comunicar a la ciudadanía y a menudo malinterpretados.
La “rosca” es una combinación de persuasión, argumentación y, en ocasiones, coacción o presión. Se trata de un juego de poder donde se buscan puntos de encuentro y se utilizan las herramientas disponibles para lograr un objetivo. Es cierto que, como en cualquier ámbito de poder, pueden existir acciones que “rozan la ilegalidad y a veces no solo la rozan”. Sin embargo, la investigación de Gené sugiere que estas prácticas ilegales no son el “central” de la negociación política. La mayor parte de la “rosca” se mueve en el terreno de lo legítimo, aunque informal, y lo que es difícil de comunicar no es necesariamente ilícito.
Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre la Rosca Política
- ¿Por qué la rosca política tiene mala prensa?
- Principalmente por un discurso simplista que la asocia con manejos oscuros y una dicotomía fácil entre políticos “malos” y ciudadanos “buenos”. Los medios y la retórica política también contribuyen a esta percepción negativa al simplificar un proceso complejo.
- ¿Es la rosca política necesaria para la democracia?
- Según expertos y políticos, sí. Es el “saber práctico” que permite construir consensos, negociar, articular intereses diversos y hacer que las grandes visiones políticas sean factibles, lo que es esencial para la gobernabilidad y el funcionamiento democrático.
- ¿Qué es un “armador político”?
- Es un político con una larga trayectoria y un profundo conocimiento del campo, que posee un “saber práctico” para tejer acuerdos, construir confianza y negociar entre pares. Son figuras clave para que los proyectos políticos se concreten.
- ¿Cómo se diferencia la “rosca” de la corrupción?
- La “rosca” se refiere a las negociaciones informales y el “toma y daca” legítimo para construir acuerdos políticos. La corrupción, en cambio, implica el uso ilegal del poder para beneficio personal. Aunque pueden existir superposiciones, no son sinónimos; la mayor parte de la “rosca” se mueve en el terreno de lo legal, aunque sea difícil de explicar.
- ¿Por qué es difícil de comunicar la “rosca” a la ciudadanía?
- Porque sus mecanismos son informales, a menudo se basan en relaciones personales y acuerdos tácitos, y los resultados (como ceder en algo para lograr otra cosa) pueden parecer opacos o contrarios a los principios ideológicos puros, lo que choca con la demanda ciudadana de transparencia total.
Conclusión: La Rosca, un Componente Ineludible de la Política
La “rosca política”, lejos de ser un mero sinónimo de corrupción o de intrigas sin sentido, es una faceta esencial y pragmática de la política. Es el engranaje invisible que permite que las ideas se transformen en acciones, que las visiones se conviertan en realidades y que la gobernabilidad se mantenga en entornos complejos.
Si bien es comprensible la fatiga y el escepticismo que genera en una parte de la sociedad, es fundamental trascender la condena simplista para entender su verdadera naturaleza. Reconocer la importancia de los “armadores políticos” y de las negociaciones “con minúsculas” no implica avalar prácticas ilegales, sino comprender la complejidad inherente al ejercicio del poder y la construcción de consensos. Una democracia funcional requiere no solo de grandes líderes y proyectos, sino también de la habilidad de tejer acuerdos, de la ductilidad para negociar y de la capacidad de transformar la confrontación en cooperación. La “rosca política”, con sus luces y sus sombras, es un recordatorio constante de que la política es, ante todo, un oficio humano de negociación y posibilidad.
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