30/03/2025
El 23 de febrero de 1981, España contuvo la respiración. Un golpe de Estado en ciernes, con el asalto al Congreso de los Diputados y la toma de Valencia por los tanques, parecía amenazar la recién nacida democracia. La versión comúnmente aceptada, convertida casi en un dogma, narra la acción de un grupo reducido de militares exaltados, nostálgicos del franquismo, cuyo intento fracasó gracias a la lealtad mayoritaria del Ejército a la Constitución y la decidida actuación del rey Juan Carlos I. Sin embargo, ¿es esta la verdad completa? Cuarenta y tres años después, el periodista y escritor Carlos Fonseca, en su libro ‘23F. La farsa’ (Plaza y Janés), desmantela esta narrativa edulcorada, ofreciendo una radiografía cruda de lo que él considera una investigación judicial amañada, un auténtico trampantojo diseñado para construir una verdad oficial que perdurase en los anales de la historia.

Fonseca no se limita a especulaciones; su obra se basa en una exhaustiva investigación que ha desenterrado fuentes inéditas y reveladoras. Entre ellas, se encuentran la totalidad del sumario judicial, el archivo personal de Alberto Oliart (entonces ministro de Defensa), las actas de la ejecutiva socialista y las transcripciones de decenas de llamadas telefónicas. Este material permite al autor realizar una verdadera autopsia de un proceso que, según su análisis, ocultó pistas de manera deliberada y descartó indicios cruciales, todo con el fin de evitar profundizar en la compleja red de complicidades que sustentó la asonada. La tesis central de ‘23F. La farsa’ es clara y contundente: si bien todos los condenados estuvieron implicados, hubo muchos otros que también lo estaban y su delito quedó impune, e incluso un número aún mayor que alentaron, promovieron y apoyaron el golpe hasta que su fracaso fue innegable.
- La Verdad Oficial vs. La Farsa Revelada
- Una Investigación a Medida: Los Pilares del Engaño
- Los Silencios Incómodos del Sumario
- ¿Quién era el "Elefante Blanco"?
- La Sentencia: Un Equilibrio Delicado
- Adolfo Suárez: ¿Causa o Excusa?
- El Silencio que Perdura: Cuatro Décadas de Ocultamiento
- Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Qué es el libro "23F. La farsa"?
- ¿Quién es el autor de "23F. La farsa"?
- ¿Qué nuevas revelaciones aporta el libro?
- ¿Por qué se considera la investigación del 23F una "farsa" según el autor?
- ¿Se identificó al "Elefante Blanco" en el libro?
- ¿Cuál fue el objetivo de la sentencia del 23F según el autor?
- Conclusión
La Verdad Oficial vs. La Farsa Revelada
Durante décadas, el relato oficial del 23F ha sido un pilar fundamental de la Transición española, presentando un escenario de unidad y resiliencia democrática. Esta verdad oficial se ha mantenido, según Fonseca, gracias a una persistente censura institucional sobre la documentación existente en los archivos oficiales, que a día de hoy sigue bajo llave. La versión que se ha inculcado es la de unos pocos militares descarriados que, ante la solidez de las instituciones democráticas y la firmeza real, no tuvieron ninguna posibilidad de éxito. Pero el libro de Fonseca desafía esta visión, argumentando que la realidad fue mucho más compleja y que el golpe no fue un hecho aislado de un grupo minoritario, sino el resultado de una conspiración más amplia que involucró a diversos estamentos, incluyendo civiles y militares de alta graduación.
El autor subraya que el proceso judicial posterior al golpe no buscó la verdad absoluta, sino una verdad conveniente. Se trataba de un ejercicio de contención, de una gestión de crisis que priorizó la estabilidad política sobre la rendición de cuentas plena. El objetivo, según Fonseca, era evitar una afrenta excesiva al estamento militar que pudiera derivar en nuevas tensiones, pero al mismo tiempo dar una imagen de justicia. El resultado fue una sentencia que no fue ni demasiado dura ni demasiado suave, un equilibrio precario que, para el autor, confirma la naturaleza de «farsa» del proceso.
La Versión Oficial vs. La Tesis de Carlos Fonseca
| Aspecto | Versión Oficial Comúnmente Aceptada | Tesis de "23F. La Farsa" |
|---|---|---|
| Causa del Golpe | Acción de un grupo reducido de militares exaltados. | Conspiración con múltiples implicados, muchos impunes. |
| Fracaso del Golpe | Lealtad mayoritaria del Ejército y actuación del Rey. | Falta de adhesión de otros Capitanes Generales, no por lealtad plena. |
| Investigación Judicial | Completa y justa, determinando a los culpables. | "Amañada", incompleta, diseñada para ocultar complicidades. |
| La Sentencia | Resultado justo de un proceso legal. | Estratégica: ni muy dura ni muy suave, para evitar conflictos futuros. |
| Documentación | Accesible y suficiente para entender lo ocurrido. | Sometida a censura institucional y aún bajo llave. |
Una Investigación a Medida: Los Pilares del Engaño
Carlos Fonseca no solo afirma que la investigación fue "amañada", sino que detalla los mecanismos y las omisiones que la hicieron así. Uno de los puntos más críticos que destaca es la forma en que se trató a los militares de alta graduación que, si bien no se sumaron activamente al golpe, se movieron en una ambigüedad calculada durante las primeras horas. A muchos de ellos se les permitió testificar por escrito, lo que les brindó un tiempo precioso para preparar sus respuestas y, lo que es aún más preocupante, ponerse de acuerdo entre ellos para construir una versión coherente y exculpatoria. Esta laxitud contrasta con la rigurosidad que se esperaría en un caso de semejante trascendencia nacional.
Además, el autor critica la falta de una investigación a fondo sobre el papel de instituciones clave. Por ejemplo, el recién creado CESID (Centro Superior de Información de la Defensa), el servicio de inteligencia español, no fue objeto de un escrutinio profundo. ¿Por qué no se investigó su actuación en las horas previas y durante el golpe? ¿Qué información manejaba y cómo la gestionó? Estas preguntas, esenciales para desentrañar la trama completa, quedaron sin una respuesta satisfactoria en el sumario.
Los Silencios Incómodos del Sumario
La investigación amañada del 23F se caracterizó, según Fonseca, por sus notables ausencias y omisiones. Un ejemplo flagrante es la ausencia de los pinchazos telefónicos correspondientes a las siete primeras horas del golpe. La primera intervención telefónica que consta en el sumario fue registrada pasada la 1:15 de la madrugada, un momento posterior a cuando el Rey Juan Carlos I ya había desarticulado el golpe con su mensaje televisivo. Las llamadas previas, que hubieran sido fundamentales para identificar a todos los implicados y entender la coordinación de la asonada, simplemente no aparecen. De haber existido, no hay ni rastro de ellas en el expediente judicial.
Otro silencio elocuente se refiere al domicilio de Juan García Carrés, una figura clave en la trama civil del golpe. A pesar de haber sido detenido la misma madrugada del 24 de febrero, su vivienda no fue registrada. Y esto es aún más sorprendente si se considera que, según el autor, García Carrés tenía en su poder unas cintas con las grabaciones de todas sus conversaciones, un material que podría haber arrojado luz definitiva sobre las complicidades civiles y los entresijos de la conspiración. La no incautación de estas pruebas es una anomalía que apunta directamente a una voluntad de no ahondar en ciertas direcciones.
El caso de Sabino Fernández Campo, entonces secretario general de la Casa del Rey, es igualmente revelador. Fernández Campo, quien pilotó desde Zarzuela todos los movimientos del monarca en aquellas horas críticas, parecía conocer algunos de los entresijos de la asonada. Sin embargo, en un nuevo y claro ejemplo de ocultación que Fonseca ve como premeditada, su nombre ni siquiera aparece en la sentencia, ni se le permitió acudir a la vista oral para testificar. Su testimonio, sin duda, habría sido de un valor incalculable para comprender la magnitud y la profundidad de la trama golpista.
¿Quién era el "Elefante Blanco"?
Uno de los grandes enigmas del 23F ha sido siempre la figura del "elefante blanco", esa persona de alto rango que, tras la entrada de Tejero en el Congreso, debía tomar el mando del golpe y liderar la situación. Pese al convencimiento generalizado de que había una figura superior orquestando los movimientos, el autor de "23F. La farsa" admite que, a estas alturas, sigue sin saber con certeza quién era este misterioso personaje. Carlos Fonseca es categórico al afirmar que no cree que fuera Alfonso Armada, a pesar de que este se ofreció para presidir un gobierno de concentración. La persistencia de esta incógnita, más de cuatro décadas después, subraya la incompletitud de la verdad judicial y la eficacia del velo de silencio que se impuso.
Lo que sí tiene claro Fonseca es el papel de Antonio Tejero. Lejos de ser un "tonto útil", un mero peón sin conocimiento de la magnitud de la operación, Tejero fue encomendado con la tarea de tomar el Congreso, y así lo hizo. Su implicación era directa y consciente, aunque quizás no estuviera al tanto de todas las claves y ramificaciones del plan. El golpe fracasó no por una "lealtad" monolítica del ejército, sino porque, salvo el Capitán General Milans del Bosch en Valencia, ningún otro Capitán General se sumó a la operación de manera efectiva. Fonseca recuerda que el jefe militar de Madrid, el general Guillermo Quintana Lacaci, llegó a reconocer tiempo después que si la capitanía de Madrid se hubiera levantado, el resto de capitanías generales habrían seguido sus pasos. Esto sugiere que la adhesión no era un hecho, sino una posibilidad que se disipó por la falta de un liderazgo claro y unificado en las horas críticas.
La Sentencia: Un Equilibrio Delicado
El resultado final de la "farsa" judicial fue una sentencia que, según Carlos Fonseca, se diseñó con un propósito estratégico muy específico. No fue ni demasiado dura, para evitar que el estamento militar la considerara una afrenta y reaccionara con nuevas tensiones, ni demasiado suave, para no alentar una segunda asonada. Este delicado equilibrio buscaba cerrar el capítulo del golpe sin abrir heridas más profundas en un momento de gran fragilidad política para España. La condena recayó sobre los implicados más evidentes y algunos cabecillas, pero se evitó a toda costa ahondar en las ramificaciones más amplias y en los nombres de aquellos que, desde la sombra o con una ambigüedad calculada, pudieron haber estado detrás o haber apoyado el intento de desestabilización.
Esta sentencia, por tanto, no fue el reflejo de una investigación exhaustiva que buscaba la verdad absoluta, sino más bien un instrumento político para gestionar la crisis y consolidar la Transición. Se priorizó la estabilidad sobre la transparencia total, y de ahí que muchos cabos quedaran sueltos y muchas preguntas sin una respuesta convincente. La "verdad oficial" que se construyó a partir de esta sentencia es, para Fonseca, una versión parcial e interesada de los hechos.

Adolfo Suárez: ¿Causa o Excusa?
El clima político previo al 23F era de gran inestabilidad. Los movimientos para intentar desalojar a Adolfo Suárez de la Moncloa eran constantes y provenían de diversas facciones. El PSOE, por ejemplo, ya había presentado una moción de censura en 1980 y planeaba otra para la primavera de 1981, confiando en sumar el apoyo de algunos diputados de UCD descontentos. Suárez, además, ya no contaba con el favor del Rey, quien lo había elegido para liderar la Transición apenas unos años antes. En este ambiente convulso, algunos grupos temían que Suárez convocara elecciones anticipadas, lo que los pillaría con el pie cambiado y sin preparación.
Sin embargo, la dimisión de Suárez, anunciada por sorpresa, cambió el tablero político. Lógicamente, uno podría pensar que, si el problema principal era Suárez, su dimisión habría abortado cualquier intento golpista. Pero el golpe se produjo igualmente, lo que lleva a Fonseca a una conclusión contundente: "Si ha dimitido, el problema de Suárez se ha acabado, pero el golpe se produce; cabe deducir que Suárez más que el problema era la excusa". Esta afirmación sugiere que el golpe tenía raíces más profundas y objetivos más allá de la mera figura del presidente, aprovechando la debilidad política del momento para intentar un cambio de régimen.
El Silencio que Perdura: Cuatro Décadas de Ocultamiento
Una de las críticas más incisivas de Carlos Fonseca en su libro es el persistente silencio institucional que rodea el 23F. Si bien en los años inmediatamente posteriores al golpe, el miedo a una nueva asonada militar podía justificar la reticencia a revelar toda la información, el autor critica duramente que, cuatro décadas después, este silencio adquiera "tintes de encubrimiento". Ninguno de los gobiernos que se han sucedido desde entonces ha mostrado la voluntad política necesaria para esclarecer todas las implicaciones del golpe. La documentación clave permanece inaccesible para los investigadores, con la justificación oficial de que se trata de un hecho juzgado con una sentencia firme, que elevan a la categoría de verdad irrefutable.
Sin embargo, Fonseca advierte: "Pero la verdad judicial no es toda la verdad". Esta frase encapsula la esencia de su obra y su crítica al sistema. Una sentencia judicial, por firme que sea, se basa en las pruebas presentadas y aceptadas en un momento dado, y no siempre abarca la totalidad de los hechos o las motivaciones ocultas. La negativa a abrir los archivos y permitir una investigación histórica completa y sin restricciones impide desentrañar las verdaderas dimensiones del 23F y mantener viva la sombra de la duda sobre un episodio crucial de la historia reciente de España.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
Aquí respondemos a algunas de las preguntas más comunes sobre el libro "23F. La farsa" y los eventos que aborda.
¿Qué es el libro "23F. La farsa"?
"23F. La farsa" es un libro del periodista y escritor Carlos Fonseca que analiza el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en España. La obra sostiene que la investigación judicial de este evento fue "amañada" para ocultar la verdadera extensión de las complicidades y construir una "verdad oficial" incompleta y conveniente.
¿Quién es el autor de "23F. La farsa"?
El autor es Carlos Fonseca, un reconocido periodista y escritor español, también conocido por otras obras de investigación histórica como "Trece Rosas Rojas".
¿Qué nuevas revelaciones aporta el libro?
El libro se basa en fuentes inéditas como la totalidad del sumario judicial, el archivo personal del ministro de Defensa Alberto Oliart y transcripciones de llamadas telefónicas, aportando una visión crítica sobre las omisiones y manipulaciones de la investigación oficial, y sugiriendo la implicación de muchas más personas de las que fueron condenadas.
¿Por qué se considera la investigación del 23F una "farsa" según el autor?
Fonseca argumenta que la investigación fue una "farsa" porque se diseñó para condenar al menor número de implicados, ocultar pistas (como la ausencia de pinchazos telefónicos clave o la no investigación de ciertas figuras) y evitar profundizar en todas las complicidades. El objetivo era crear una "verdad oficial" que protegiera la estabilidad política.
¿Se identificó al "Elefante Blanco" en el libro?
No, Carlos Fonseca admite en el libro que, a pesar de su investigación, la figura del "elefante blanco" (quien debía tomar el mando del golpe) sigue sin ser identificada con claridad. El autor descarta que fuera Alfonso Armada.
¿Cuál fue el objetivo de la sentencia del 23F según el autor?
Según Fonseca, la sentencia del 23F fue un equilibrio estratégico: ni demasiado dura (para no provocar una afrenta a los militares), ni demasiado suave (para no alentar una segunda asonada). Su objetivo principal fue gestionar la crisis y cerrar el capítulo del golpe, más que revelar la verdad completa de todos los implicados.
Conclusión
La obra de Carlos Fonseca, "23F. La farsa", se erige como un testimonio crucial en la búsqueda de una comprensión más profunda de uno de los momentos más críticos de la historia contemporánea española. Al desmantelar la verdad oficial y exponer las grietas de la investigación judicial, el autor invita a la reflexión crítica sobre cómo se construyen y mantienen los relatos históricos. Su minucioso trabajo, basado en fuentes hasta ahora inaccesibles, no solo arroja luz sobre las complicidades y silencios del 23F, sino que también plantea interrogantes fundamentales sobre la transparencia y la rendición de cuentas en la Transición. En un momento en que el acceso a la información histórica sigue siendo un desafío, libros como este son indispensables para asegurar que la "verdad judicial" no sea el único relato aceptado y que la sociedad pueda conocer todas las aristas de su pasado.
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